Te vi/ I saw you.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Iba por la calle en medio de mis cosas. Pensando.

   La música a todo meter por los auriculares.

   Me he acostumbrado a caminar así, al ritmo de lo que suene en mi teléfono. Más rápido o más lento; contemplativo o eufórico.

   Ahora no sabría hacerlo sin ese ruido armónico de fondo, que a veces me retrata y otras me reta.

   Iba por la calle en medio de mis cosas. Paseando. Y te vi.

   Salías de una cafetería. Con una sonrisa en los labios. Casual, despreocupada.

   Elegante y con desenfado. Y los ojos brillantes; un nuevo corte de pelo. Y una risa nueva.

   Y te vi.

   Me detuve. La música seguía saliendo por mis oídos. Pero yo no oía nada. Salvo el lamento quebrado de un día perdido. Y el eco de un corazón que creía dormido.

   Que creía dormido hasta que te vi.

   Y todo se volvió borroso. Tú ocupabas el centro del universo. Ajustándote el fular, apartando un mechón de la frente. Y esa sonrisa abierta. Que nunca tuviste para mí.

   Iba por la calle en medio de mis cosas, de las que te creía ya parte del pasado.

   Pero tuve que salir corriendo, con la música detrás de mí. Y llegar a casa y descubrir el cajón que guardo con tus cosas; las fotografías que nos hicimos juntos; aquellas que te robé mientras dormías. Y la belleza de cada amanecer entre tus brazos y el calor de las noches que pasaban resbalosas por tu espalda y el mundo que se deshizo cuando todo acabó.

   Cuando todo acabó para ti.

   Iba por la calle en medio de mis cosas hasta que te vi. Y todo pareció volver a empezar.

   Pero no.

   Sólo te vi. Y nada más.

Lo que encontré en ti/ What I found in you.

Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   Silencio.

   Tu respiración y la mía.

   La leña crepita en la chimenea. La lluvia golpea las ventanas.

   El viento azota los árboles, que se inclinan a su paso.

   Me acerco a ti.

   Callado, mirando hacia ninguna parte. Con las manos tamborileando sobre la tableta.

   Me sientes. Y sonríes.

   Sin decirme nada, me coges de la mano.

   Eso es lo que encontré en ti: compañía, sosiego, pasión, comprensión y silencio.

   Amor.

   Tú y yo. Y el resto queda afuera. Y el mundo en nuestro abrazo.

Corazón helado/ Cold, cold heart.

Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   Ya no sé lo que hacer para que te des cuenta de lo que te quiero.

   Te sientas ahí y haces que no me ves. Y me hablas y me dices cosas odiosas: que amas, que te aman; que te desean, que deseas. Y no te preocupas de mí, de lo que pueda sentir o hacer.

   Y yo me quedo en silencio oyéndote y sabiendo que la mitad de lo que dices es cierto y la otra mitad es un empeño en que me olvide de ti.

   Pero, ¿cómo podría? Si a nadie amo como te amo a ti. Si a nadie deseo tan bien como a ti. Si de tanto que suspiro el viento sale de mi boca buscando tus labios.

   Y tu corazón helado se hace el ciego y no siente las caricias con que intento derretirlo y los mimos que le harían feliz.

   Nadie te quiere como yo; nadie aceptaría cada una de las palabras de tu boca ni el latido de tu corazón helado como yo. Pero pasas de mí buscando sueños imposibles, tras mariposas que brillan como tú, fugaces, en medio de la noche.

   Pero cuando te despiertas a media mañana, con sabor a alcohol pasado y a deseos apagados, ¿por quién preguntas? Cuando el silencio puede más que todo el ruido que te rodea, ¿a quién buscas?

   Y sin embargo tu corazón helado juega conmigo como un juguete roto. Me enseñas tus labios, la morbidez de tus hombros y un mohín que deshace mi propio corazón, hecho de agua líquida que se evapora fácilmente.

   Corazón helado, he intentado todo lo que se me ha ocurrido. Te he socorrido todo lo que he podido. Y no me entiendes o no me quieres entender. Ni el arrullo de la siesta, ni el calor que sale de mí por ti consigue derretir tu corazón helado.

   ¿Y qué más puedo hacer? Lágrimas resbalan por mis mejillas. Los latidos de mi corazón apenas arañan mi pecho. Y tú sigues sin mirarme, sin darte cuenta, sin quererme.

   ¡Oh, corazón helado, eres cruel! Y te gusta serlo. Y yo ya no quiero ser más tu marioneta.

   Pero te quiero, te quiero hasta la enfermedad. Y ni aún así he conseguido derretir ni un poco el frío de tu corazón helado.

   Y aunque mi corazón me diga lo contrario, sé que debo irme. Por mí. Y por ti.

   No sé qué será de ti, y no quiero pensarlo. Porque amarte me detendría y por amarte me haría aún más daño.

   Adiós, corazón helado. Me muero por tenerte, pero más muero a tu lado.

Nunca sabrás (II)/ You’ll never know (II).

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Si no lo sabes ahora, nunca lo sabrás.

   Si eres incapaz de ver lo que vibra por ti, nunca sabrás lo que te ama.

   Si no consigues oír los latidos de un corazón entregado, nunca sabrás adónde llega la felicidad.

   Cada vez que me miras, cada vez que me hablas; cuando te acercas para susurrarme una tontería; cuando me abrazas sin sentido y me llamas en la lejanía, te amo.

   Te amo cuando estás callado y algo huraño, con esa mirada hosca y esa boca fruncida de niño pequeño. Te amo cuando sales corriendo en busca de un sueño y regresas herido o triunfante o cansado o inquietante. Te amo con cada latido de mi corazón y con cada pestañeo de tus ojos.

   Y si no eres capaz de darte cuenta hoy, nunca lo harás. De nada servirá que te nombre mil veces en la noche sin luna; de nada servirá que busque el abrigo de tus brazos cuando haga frío. Si no sabes lo mucho que te quiero, nunca lo sabrás.

   Y sería una pena desperdiciar tanto amor apresado; sería un dolor ver cómo se esfuma en la historia un sentimiento que nos haría engrandecer y nos daría la libertad. La tuya de mí y la mía de ti, para siempre.

   Si no lo sabes ahora, nunca lo sabrás.

   Si no sabes cómo mi corazón late por ti, nunca sabrás el bien que sería y el bien que me darías.

   Si no lo sabes hoy, nunca sabrás lo que es amar y ser amado. Y todo se perderá al final.

Si así lo deseas/ If it be your will.

Arte/ Art, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   Encontrarte ha sido una sorpresa. Y una alegría.

   Entre el humo del tabaco y la bruma de la noche, verte en aquella barra atestada y reconocerte, a pesar del tiempo que ha pasado, no lo podía creer.

   ¿Cuántos años? No lo sé. El mundo era nuevo, era otra cosa que esto que nos rodea,y todo parecía cándido y quizá lo era entre tus brazos de nieve crujiente y tu risa de canción.

   Pero ahí estabas. Como si no hubiese pasado un minuto y sin embargo nada es lo mismo. Nada. Salvo lo que siento por ti y lo que pasó entre tú y yo.

   La cercanía, tu perfume. Sigues usando el mismo. Sigues siendo igual. Tu risa sorprendida, mis ojos asombrados. Y un abrazo que duró más de lo permitido, y la cercanía de tu pelo en mis labios y de tus manos en mi cuello.

   Tus ojos brillantes, sin embargo velados por los años y la vida pasada. Y sin embargo tan bellos como aquella vez, cuando los pintaba una y otra vez, usando óleo fresco sobre la piel y pastel sobre tu rostro. Cada uno de tus pliegues, cada uno de tus recodos, y los dedos navegando con la suavidad del aceite y el color de la vida.

   Claro que me acuerdo. No lo he olvidado. Ni tú tampoco.

   No tenías compañía; la soledad parecía una capa que cubría tu sonrisa vibrante y tus ademanes lentos. Yo tampoco. Ni siquiera sé qué hacía en ese bar; quizá estaba esperándote. Como hice una vez, hasta dejarme la piel ajada y el ánimo destruido.

   Cuando te fuiste dejé de pintar. Ni un trazo, ni un boceto. Los días pasaban y no hablaba. Mi mudez ataba a mi pensamiento, y el carboncillo rodaba por mis dedos inmóviles e ineptos. Hasta que un rayo me partió la crisma y me di cuenta que me habías dejado. Y comenzó esta locura de retratarte hasta la saciedad en cada postura creíble, en cada momento que compartimos juntos. Una y otra vez, en cada trazo, en cada variación de color, tus ojos aparecían vidriosos y tu boca abierta como un la de un pez, y tu pelo cubierto de escamas y las alas de la huida emergiendo como ramas de tu espalda y de tu corazón. Corazón de espinas…

   Pero todo eso lo olvidé al verte. Después de tanto tiempo, tanto como el primer día. Estabas allí y yo también y nos vimos, y nos sonreímos y nos abrazamos y rodamos por las paredes y nos llenamos de pintura mientras se desprendía la pasión y todo volvía a ser como al primera vez. Cuando éramos más jóvenes y creíamos en la eternidad, al menos del amor. Pero todo pasa…

   Y esta mañana, al rayar el alba, hablamos. Entre el resuello y el sudor, tu piel tan brillante y tersa, y el sabor de tus labios como si no hubieses envejecido. Y tu voz era la misma y tus ideas las mismas, y tu amor, igual. La luz quería llegar a nuestro mundo, revuelto de sábanas y caballetes desordenados, con olor a tu perfume y a óleo y trementina. Y con la luz quizá la sabiduría de los años que han pasado. Y la historia que nos ha traído por separado aquí.

   Sonó un teléfono. Un mensaje de texto. Y la sonrisa desdibujada y la burbuja rota. Y hablaste como aquel día,  y me dijiste casi las mismas palabras, llenando de razones la incomprensión del abandono y justificando sin necesidad el vacío de una huida.

   Si así lo deseas…

   Desde la cama me viste recoger los restos de mi piel entre las sábanas. Porque los de mi corazón escapaban de mis ojos, que siguen admirando una belleza única y un deseo incombustible, que ninguna decepción ni ningún tiempo ido ha conseguido apagar, y un amor, amor, que ha podido con todo. Incluido conmigo.

   Si así lo deseas, vete ya…

   Y me besaste en los labios con candidez. Y me abrazaste con retazos de una pasión tatuada en la cama. Y tu voz, pegada a los oídos que ya se han acostumbrado al vacío de tu ausencia y al hueco de la soledad.

   – Me están esperando…

   Como yo.

   Y te fuiste sin vestirte. Y dejaste tras de ti un juego de lágrimas. Y con ellas he hecho una acuarela que lleva tu nombre, y te he vuelto a retratar tras años de querer olvidarte.

   Si así lo deseas, podrás venir a verme. Y comerte mis labios a bocados. Pero nunca más podrás herir a un corazón cansado. Cansado de amor por ti.

Este corazón mío/ This heart of mine.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Puede ser muchas cosas. El día de sol, el viento que ruge en nuestros oídos. Tu cercanía.

   O que estamos bailando.

   ¡Cómo me gusta bailar!

   Sentirte cerca, así junto a mí, con tu calor y el mío, y los latidos del corazón que parece que salen de mi boca.

   Este corazón mío, que me hace feliz, porque te siente cerca. Este corazón mío que es feliz, porque estás junto a mí.

   Y el sol brilla, y las nubes se alejan, y el viento nos eleva más allá del horizonte, juntos y juntos y juntos hasta el día sin fin.

   Ven, te digo. Ven, te beso. Ven, te abrazo. Y este corazón mío baila de gozo y salta en mi pecho. Siéntelo, bum, bum, bum, relleno de felicidad como un pastel de crema, de esa crema que me sabe a tus labios y a tu piel abierta y deseada.

   Ven, baila conmigo el vals de mi corazón que late bum, bum, bum cera del tuyo…

   Y pueden ser muchas cosas que justifiquen la inmensa felicidad que siento. Pero este corazón mío lo sabe, lo sabe demasiado bien: eres tú.

   Nunca te alejes de mí ni de este corazón mío que late bum, bum, bum, sólo por ti.

Vestidos de domingo /Put On Your Sunday Clothes.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music