Escribo palabras de amor

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Lo que he visto/ What I've seen

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©Enrique Toribio

 

Escribo palabras de amor. Pero ya no están de moda. Me siento y escribo como ensalmado. Me arrebata la poesía del sentimiento y escribo en requiebros sobre quebrantos del corazón.

Pero ya nadie lee palabras de amor. Se resume en figuritas, se pierde en abreviaturas. Porque vivimos en un mundo separado que rellena los espacios con imaginación desbordada. Y con angustia imaginada. Un silencio, una tardanza (todo es tan rápido en el amor ahora) nos angustia, nos hace sufrir. Y el amor no sufre, sólo espera, persevera y alcanza. Ya no tenemos paciencia para hablar de amor.

Pero yo escribo palabras de amor. Largos folios donde descubro el corazón henchido, donde desnudo una a una todas sus capas: la duda del comienzo, la alegría de la esperanza, la pasión de la certeza, la paz de la conquista, la serenidad de la espera agradecida, cuando una mano se posa en la otra y se acarician y se buscan y se besan. Así escribo sobre el amor, como un descubrimiento que revoluciona la vida y la hace distinta, que engaña y confiesa y nos lleva y nos trae, nos pone patas arriba y nos llena de intemperie y alegría. Nunca somos más vulnerables ni más poderosos como cuando estamos enamorados. Y eso merece líneas de recuerdo, palabras de evocación. Pero ya nadie lee palabras de amor.

Y paso hambre. Porque me alimento de los sentimientos que nacen en el corazón y nadie se acerca para regalarme ese pan de maravillas. Ya nadie quiere que su sentimiento quede escrito por siempre, desvaído por el paso del tiempo, anclado en la tinta violeta de la sangre enamorada. Y me voy apagando poco a poco, porque hay muy pocos que sobreviven a la modernidad de lo breve, a lo barato de nuestro día sin poesía, sin paciencia para leer, sin ánimos de seducir con las palabras escritas, con el sonido del amor rubricado en un página.

Y me da lástima. Y me da tristeza. Monto mi chiringuito a las seis de la tarde en las sombras de la Alameda, con el mejor papel, la caligrafía más fina, la tinta violeta para el corazón, la verde para la esperanza, la azul para la certeza, la dorada para la culminación y la entrega. Pero hay pocos clientes que quieran trasladar esa fantasía a su día a día; ya no quieren enamorar con palabras y hechos, si no con imágenes lejanas y falsa pasión.

Los días pasan. Y puede que algún día el requiebro de los poemas de amor vuelva a estar de moda; los folios perfumados, los paquetitos llenos de sorpresas aladas, y las palabras bien hilvanadas de un sentimiento que se despliega como una sorpresa delante de unos ojos ansiosos y un corazón desbordado.

Pero no es hoy, ni quizá mañana. Sólo sé que ya nadie lee palabras de amor. Y yo enmudezco día a día hasta quedar sin voz, y puede que sin esperanzas.

Del ocaso al amanecer

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Los días idos/ The days gone

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Así te quiero. Como la rotación de la tierra, entera sobre sí misma; como la singladura de la luna que se asoma allá, ¿ves?

El ocaso caliente, rojo y azul profundo, como tus labios y el roce de tu piel.

Tu cabello abandonado en la almohada, los ojos cerrados, la boca entreabierta y el cuerpo entregado. Así te quiero. Del anochecer a la mañana, cuando se enfría el verano y perla de rocío a las hojas.

Tu sudor y el mío bautizan nuestras pieles. Y nos besan chiquito. Y me hacen cosquillas, con tu corazón cerca del mío. Así es nuestra historia de amor: pequeña, aunque se extiende del ocaso al amanecer con una curva perfecta: la de tu cintura.

Me gusta cuando hablas, y también cuando me besas. Cuando callas, el arrullo de las estrellas se asoma por la ventana y te mece entre mis brazos hasta que llega el sueño. Del ocaso al amanecer somos un planeta único, sin lazos, sin más hermandades que nuestros abrazos, nuestros deseos entrelazados.

No hay más mundo que el nuestro, no más universo que tu mirada. Y la mía.

Cada segundo cuenta, cada sensación y también cada descanso. Del ocaso al amanecer soy tuyo y tú dueño del mundo. Reyes y siervos de nuestros corazones; manos llenas, pies desnudos y el amor arriba, brillando entre los dos del ocaso al amanecer.

Y oírte un hasta mañana y oírte un buenos días. Y la sonrisa tímida y la sábana volando entre las rodillas. Así somos tú y yo del ocaso al amanecer. Para volver a empezar, día a día, una vez más.