Anduriña.

Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   El aire huele a humedad, salitre y cerrazón. Parecía que no habían abierto aquella puerta en años. Pero no era así. Los postigos se abrían cada mañana y se cerraban al caer la tarde, encerrando en su interior el último rayo de luz y la última bocanada de aire del mar.

   La lareira está encendida. Fuego lento, como la vida que pasa sin que nos demos cuenta. Hay una mesa recién puesta; flores secas; y un par de copas esperan incitadoras a ser bebidas por la soledad.

   Y está ella.

   Como la recordaba. O casi. Con sus mismos ojos de cielo líquido y las misma pestañas transparentes.

   No me reconoce, entre atareada y celosa. O porque no quiere. O porque no puede.

    A saber.

   He venido tantas veces buscándola, entre intrigado y ansioso. Y preocupado. Soñador.

   Imaginaba una y mil veces ese pelo liso y largo, revuelto por las algas y las conchas vacías. Y su voz de oleaje y susurro. Bella y libre, como las gaviotas.

   Y con mal carácter. Encendido y chispeante, divertido. Como las gaviotas.

   La llamaban Anduriña, joven y pizpireta, llena de vida; esa vida brillante que encerramos todos a los quince años. Llena de ensueños, loca por aventuras. Repleta de mar largo y horizonte sin fin.

   Yo me fui de allí antes que ella; a estudiar; a formarme; a hacer algo de mi vida. Ella se quedó aquí hasta que no pudo más y le salieron alas en los pies, aletas en la espalda. Y cogió una nasa y se fugó una noche, entre lágrimas saladas y rabia contenida, envuelta en algas y en mal humor; cansada, supongo, de esa vida suspendida y del maltrato y de la largueza de unos días iguales como noches sin luna y sin objetivos.

   Todos murieron. Todos los que conocieron alguna vez a Anduriña. Menos yo y alguno más que ya no viene por aquí; el pueblo parece perdido en ese espacio del tiempo de bocadillos de chocolate, salto a la comba y risas sin sentido. Poca gente desea volver a un lugar que le recuerda lo que fueron una vez, o lo que son realmente: seres frágiles.

   Pero yo quería a Anduriña, a mi manera callada, como si debiera pedirle permiso. Cada año me acordaba de ella; cada año la dibujaba con su pelo de paja y sus ojos de agua líquida hasta que me olvidé de ella y de mí.

   No sé si la lejanía me formó o fui yo que me empeñé en seguir un sueño que no era el mío. Ya no lo sé. Pero cuando me reencontré la encontré de nuevo a ella, en un hueco anclada cerca de mi corazón. Y la busqué, vaya si la busqué, debajo de la tierra, surcando el cielo azul y amarillo de nuestra infancia, olvidando que la vida nos cambia a todos, nos moldea y nos maltrata tanto o más que la niñez. Y que quizá la Anduriña que buscaba sólo existiera en mi memoria de cera derretida.

   Ya no cuento las veces que he vuelto al pueblo. El puerto parece dormido y sin embargo sigue rico en pescado y en mariscos frescos. La playa de arena mojada sigue siendo plateada y gris, llena de agua y de berberechos. Y las casas desconchadas como a veces están los recuerdos.

   Pensé rehabilitar la casa de mi infancia como quien construye un pasado que ya ha ocurrido. Y lo hubiese hecho si ella estuviese allí, caldeando el ambiente con su sonrisa de sirena y su carácter de gaviota rabiosa. Era tan joven…

   Y yo también.

   Hasta hoy. De la chimenea se escapaba una especie de humo blanco, como si fuese un hechizo. Y los goznes de aquellas puertas recuperadas parecían ser usados día a día. Y la mesa puesta como esperando a alguien. Y ella de espaldas, con el pelo color de plata revuelto de conchas y algas; delgada y enjuta; hacendosa y distraída, como a los quince años.

   – Anduriña…

   Y mi voz, que no era mi voz, sale de mí sin haber pedido permiso. Oigo una risa cascada como el tiempo frágil que ha pasado entre los dos.

   – He vuelto, sí.

   Y se gira y veo una sonrisa luminosa y triste, y unos labios pálidos y cansados, y una mirada de cielo líquido algo opacos pero igual de hermosos. Como eran a los cinco años y a los dieciséis.

   El aire huele a humedad y a secretos callados que no importan. Y a vida pasada. La de ella y la mía. Y a mar que entra a raudales por la puerta, y a sol y a salitre. Se acerca a mí y me toma de la mano. Y me sienta a la mesa y me da de beber. Y se sienta conmigo. Y no dice nada más.

   Y a mí me basta ese silencio. Y su vida de gaviota. Y mi vida ya ida y vuelta a empezar.

Bailemos/ Shall We Dance.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Bailemos.

   Dejemos que el día oscuro, las nubes de lluvia y el cansancio se diluyan entre nuestros brazos.

Cierra los ojos y piensa en una noche de luna, llena de estrellas, con el rumor del oleaje al fondo y el suelo de mármol esperando nuestros pasos.

Y miles de velas encendidas y ramos de hortensias y gardenias a nuestro alrededor.

Y tu risa y la mía.

Y el peso de tu cuerpo entre mis brazos. Y tu mano apoyada en mi espalda.

Bailemos con los ojos abiertos.

Y tu sonrisa y la mía reflejadas en la mirada.

Y tus pasos volátiles y los míos. La tierra hecha mar y el cielo uno con nuestros movimientos.

Bailemos hoy que todo parece acabar.

Para empezar de nuevo. Juntos muy juntos.

Tú y yo.

Es suficiente/ Enough Is Enough.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Las cosas (tontas) que me recuerdan a ti/ These Foolish Things.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

 

   Sentado en un piano-bar, pienso en ti.

   Estoy solo. El murmullo de las conversaciones bajo el sonido del piano; la dulce melodía que todo lo engarza; y una cerveza algo tibia ya sobre la mesa.

   Sentado miro hacia afuera. Hay una terraza. Algunas personas están allí al abrigo del ronroneo de la gente que va y viene; beben sus copas y pican en las aceitunas y en las almendras con piel.

   Las manos del pianista me recuerdan a ti. Largas y firmes, traslúcidas y suaves. Acostumbradas a un trabajo fino, a una actividad por lo demás intermitente y voluntaria.

   La sonrisa cuajada de estrellas que acabo de oír me recuerda a ti. Aire expulsado desde dentro, un ronroneo y finalmente una liberación, como en el amor.

   La soledad me recuerda a ti. Cuando te dabas la vuelta y, espalda contra espalda, nos sumergíamos en nuestros mundos internos.

   El perfume que ha dejado al pasar una sombra te atrae hasta mí. Qué milagro los sentidos primarios, que tan fuertes son sin embargo; no te veo, no te escucho, pero gracias a ese aroma te siento y te dibujo y hasta noto tu mano por mi pelo y un tirón de orejas cuando me portaba mal contigo.

   Cuántas cosas tontas me recuerdan a ti.

   El pianista sigue desgranando notas. Con su camisa impoluta, su pantalón oscuro ajustado y perfecto. Apenas sonríe , dueño de esa facultad de ser el centro de las miradas sin llamar la atención. Con sus melodías congela el espacio y lo dirige adónde desea. Las canciones que apenas oímos enzarzados en nuestras conversaciones, influyen en nuestro ánimo mucho más de lo que creemos y nos arrullan en la sombra, engañándonos.

   Eso me recuerda a ti. La habilidad detrás de la noche, el justo punto de engaño y verdad.

   Y la soledad me recuerda mucho a ti. Esa sensación de vacío algo opresivo, esa confirmación de estar abandonado a pesar de la compañía.

   Voy a pedir un cóctel o algo. Pero un Manhattan me recuerda a ti, y un Gin-tónic también, con tu boca de fresa posándose en los bordes de la copa. Y un Martini con cebollitas, un Margarita con la sombrilla que usamos para guarecernos de la tormenta de un sol tropical y la Mimosa de un brunch lento después del amor.

   Cuántas cosas tontas me recuerdan a ti.

   Se hace de noche; las estrellas pueden pender como la luna en el vacío oscuro; pero la ciudad está muy cerrada, y en la noche sólo veo reflejos amarillos de las farolas encendidas.

   Me recuerdan a tus ojos de gato hambriento, a tu sed sin control y a mi entrega absurda… Esas cosas tontas que me unieron a ti.

   La iluminación se aquieta; se hace suavidad, abriendo el camino de la caricia y del roce. La música sigue desliando melodías de amor y desamor, de acercamiento y dejadez.

   Esas cosas que me recuerdan a ti.

   Y yo. Sentado en un piano-bar, solo sin compañía, hablando con las sombras de un pasado que parece no haber quedado atrás.

   Y el pianista me sonríe y cabecea. Como si me leyera el pensamiento, escoge una canción que he intentado evitar. Pero ahora qué más da…

   Esas cosas tontas que me recuerdan a ti.

   Otra vez.

Blumine.

Música/ Music

Una farsa (el amor)/ (Love is) A farce.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Hubo un instante, hace nada, en que pensé que mi amor podría ser suficiente.

   El amor, amor, que rompe barreras y cree en imposibles y hace lo imposible y logra lo imposible. Menos tú.

   Al menos no el mío, no el mío por ti.

   Sé que me quieres. Como a un cachorro. Con ese cariño absurdo que nace de la inconsciencia, que no significa nada.

   Yo no te quiero así. To te amo con los ojos abiertos y el corazón en la mano. Con el mundo girando sobre tu eje, el orto en tu mirada y el ocaso en tu sonrisa.

   Te amo con esa sensación que hace la vida posible, y los sueños carne y deseos también. Yo siento por ti esa farsa callada que llamamos amor.

   Tú permaneces mientras yo evoluciono. Del sobresalto a la ansiedad, de la ansiedad al sueño, del sueño a la necesidad, de la necesidad a la obsesión por tocarte, por olerte, por abrazarte, por hablarte, por besarte, por llenarte y por vaciarte. Y tú permaneces mientras yo me enciendo y me apago, pasando de la luz a la oscuridad, de la chispa a la ceniza.

   Una farsa es el amor. El amor no correspondido. El amor que sólo es usado y dejado de lado.

   Y ya me ves, a mi edad, enredándome en esta red de quimeras. Mientras tú pareces llevar otro camino, embarcado en otros sueños de los que te despertarás, como yo, de un mazazo.

   Pero eso será cosa tuya. Y esto es cosa mía.

   Menuda farsa el amor, amor, que rompe barreras y cree en imposibles y hace lo imposible y logra lo imposible. Menos tú.

   Y ya me ves a mi edad, enredándome en esta red de quimeras, humo y vacío. Y dolor.

   ¿Y no es una ironía? ¿Dónde están los payasos para amenizar este desastre? ¿Dónde están con sus bromas heridas y festejar así mi corazón desamparado?

   Hubo un instante, hace nada, en que pensé que mi amor podría ser suficiente…

   Pero no ha sido así.

   Y ahora no hay nadie aquí. Nadie. Ni siquiera tú, que eras la razón de mi vida.

   De la farsa de mi vida.

   ¿Dónde está el amor, amor, que tanta maravillas traía?

   No lo sé. Sólo sé que es una farsa. Una farsa que, aún a mis años, engaña.

Tengo que decirte algo…/ We need to talk.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   – Tengo que decirte algo…

   Pongo la mesa. Los platos, los cubiertos, un pequeño arreglo de flores; un par de copas.

– ¿Qué será?

Arreglo un poco el mantel, algo arrugado en una esquina.

– ¿Has traído la leña?

– Sí.

– ¿Y la tarta…?

– Sí.

Me distraigo un momento. Me acerco al candelabro y enciendo las velas.

– ¿Qué te parece?

Le pregunto mientras tengo una copa vacía entre las manos.

– Que ya no te quiero…

Algo se rompe. Bajo la mirada.

Mi corazón hecho trizas sobre el suelo.

Y silencio.