El mar interior/ The sea inside

Pregúntame otra vez/ Ask Me Again.

11142348_662840753862684_1666556091_n Sabes que no me gusta repetir lo que digo. Soy de una pieza, es decir de una palabra. Cuando la esculpo la cumplo. Cuando la digo no la retiro. Y sin embargo, por ti hago una excepción que me llena de mundo y me hace enorme como un océano sin nombre.

Pregúntame otra vez. Toma mi mano y llévala al corazón y suspira cada palabra que hemos compartido esta noche callada. Toma mi corazón, abierto por ti, y, en tu boca, llena de besos cada una de sus fibras y hazle decir, otra vez, lo que le da vida, lo que le mantiene feliz.

Tú eres lo único que mueve mi mundo. Haces girar cada uno de mis latidos, y te siento en la yema de los dedos, en la cumbre de mi piel.

Tú eres lo único que me hace sentir vivo, lo único que me importa tras esta noche mágica, tras este día de amor.

Así que pregúntame otra vez si te amo. Si te lleno de besos, si te abrazo hasta que el cielo se apague. Pregúntame si podría estar contigo toda la vida, y más allá, o más acá, en la orilla de la playa y en la falda del bosque de tus ojos. Pregúntame si estaba vivo antes de conocerte y si necesito mil palabras para saber que te quiero.

Pregúntamelo aquí, al borde del abismo. Aquí, en medio de la plaza mayor. Llena de niños y de adultos, de abuelos y de madres, y de sobrinos y primos y amigos y enemigos sin nombre. Por favor, pregúntame otra vez si te amo.

Y yo lo gritaré con la ayuda de todos los vientos, con el arrullo de cada canción.

Pregúntame otra vez si te quiero y yo te responderé cada vez, una y otra vez, que te amo. Con el corazón y la cabeza y los dedos y los abrazos. Una y otra vez, cada vez que lo dudes hasta que no lo olvides, hasta que lo hayes seguro. Con la sonrisa dispuesta, con los brazos abiertos. Y siempre, siempre con el corazón lleno de verdad.

Así que pregúntame otra vez. Y mil veces más te contestaré con el corazón: Sí, amor, te quiero.

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El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Bésame, bésame una vez más/ Kiss me once, Kiss me twice.

tumblr_md4z4by3RN1qadx22o1_500 ¿Sabes? Ha pasado mucho tiempo.

¿Sabes? Hace mucho tiempo que no me siento así.

No sabes cuántas veces soñé contigo y te tuve en el pensamiento. No sabes cuánto lamenté perderte, cuánto lloré por ti y suspiré por ti y perdí el sueño.

¿Sabes? No hubo un día en que no pensara en ti. Al abrir los ojos, al acostarme, al encender la luz o cerrar una ventana, un recuerdo de ti, un aroma, el brillo de una sonrisa: mi vida me parecía vacía porque no estabas a mi lado y ese vacío, ¿sabes?, me impedía respirar.

Pero eso ya ha pasado.

Reencontrarnos ha sido una sorpresa. No lo esperaba. No imaginaba si quiera que ese mar de sentimientos siguiese vivo a pesar de la distancia, a lo largo de los años pasados. Pero aquí estaban intactos, escondidos detrás de mi corazón.

Ha sido demasiado tiempo. Y no ha sido nada. Oírte, oler tu perfume, sentir tu abrazo… Como el primer día. Como la primera vez.

Ha sido demasiado tiempo. Demasiado. Pero nunca más.

Así que bésame, bésame una vez más. Dime que me quieres y el mundo se abrirá a nuestros pies. Y bésame, bésame una vez más; bésame hasta que las estrellas se oculten y el mundo deje de girar.

Ámame como si no hubiese más tiempo; quiéreme como si no hubiese pasado ni un día sin estar juntos. Y bésame, bésame una vez más, pues nunca dejaré de extrañar el sabor salado de tus labios ni el arrullo sensual de tu piel.

Amor, bésame, bésame una vez más. Y abrázame, y hazme sentir único. Porque estamos juntos y el mundo se ha detenido y nuestra historia, ya por fin, es una sola.

¿Sabes? Ha pasado mucho tiempo, mucho, sin poder amarnos. Y la espera ha llegado a su fin.

Por eso bésame, bésame una vez más, y no nos separemos más, al menos hasta el fin del tiempo.

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El día a día/ The days we're living

Casi todo/ Fifty Percent.

   10707109_645630085535893_699107116_nNo comparto la noche con él.

   No me presenta como suyo. No intenta que le cuide o que le alimente. No pretende que le lave la ropa o que le escoja los zapatos a juego con su traje.

   No quiere llevarme al fin del mundo. Ni siquiera al bar de la esquina. Ni piensa llenarme de sueños ni colmarme de alegrías.

   Y sin embargo es mío. Cada minuto que paso con él, cada hora que me regala, es un paraíso que no tiene final. Su voz oscura, sus palabras sedosas, sus manos sedientas del placer que yo le doy; y sus silencios al final y el arrullo de sus brazos cuando de la locura que nos une ya no queda nada.

   No me pide nada. No le exijo nada. No pasará conmigo un día de fiesta, ni recordará mi cumpleaños ni me regalará rosas… Él es así.

   Es de otra. O puede que lo sea. Aunque calla, sé que tiene niños que mimar y un trabajo al que cuidar.

   Otra se ocupará de su ropa y de su peinado, de su manicura y de su dieta. Y se llamará su dueña, como si fuese un trofeo que exhibir, una presea que alcanzar.

   Pero es todo mío cuando atraviesa la puerta de nuestro paraíso. Y no hay memoria que lo aleje de mí, ni suficientes mañanas ni años enteros; cuando me abraza, el mundo se detiene y se llena de constantes sorpresas y de escondidos suspiros. Y su risa estalla en la cara pálida y sus ojos sonríen tras el hartazgo de nuestros cuerpos. Y yo me ocupo de su perfume, para que siempre huela a mí.

   Ella lo sabe. Ella me ignora. El mundo no sabe; el mundo no perdona. Por eso no salimos juntos de este paraíso, por eso nunca podré llevar su nombre en mi dedo, ni podré disfrutar su compañía a cielo abierto. Yo lo sé, y no lo pretendo ni lo espero. Yo sé quién es él y yo así lo quiero. Aunque al amanecer nunca me vea a su lado ni yo duerma seguro lejos de él.

   Porque lo amo. Y no busqué amarlo. Pero cuando toca, toca, y no hay lucha, sólo capitulación. Ay el amor que nos desbarata la vida y nos regala sorpresas, sorpresas que nos dan la vida.

   Como él.

   Y no me dice nada. Y sólo me abraza. Y no me cuenta qué le pasa ni cómo le va su vida; sólo suspira y me sonríe y me ama y me deja hacer. Ni soy suyo ni él es mío. Pero somos de los dos.

   Y no hay papel que indique que estamos juntos, y no hay lugar que sepa que nos queremos, salvo estas paredes y esta cama, que aún conserva grabado el calor de su costumbre, y los límites de mi piel.

   Soy casi feliz. O más de lo que hubiera podido serlo nunca. Lo tengo casi todo. Casi todo de él y de mí. Y no pido más a la vida, salvo seguir así. Porque no puede ser más de lo que me da y así es el mundo. Y mientras en él estemos juntos, tengo más que suficiente.

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¿Habrá amor después de ti?/ Is There Love After You?

Is There Love After You? . Michael Feinstein. 

   1545077_10202308584212751_183467500_nTu sonrisa. El sonido de tu voz. El brillo de tus ojos de miel.

   Tu manos grandes y fuertes, llenas de callos, y sin embargo hábiles y suaves, discretas y tan experimentadas.

   Tus caricias que eran notas de música en mi piel, y tus labios, agua para mi sed.

    ¿Habrá amor después de ti?

   Tu boca dulce, llena de carne y sensualidad. Y tu risa cálida y el arrullo de tu compañía dormida a mi lado. El peso de tu cuerpo sobre el mío, a mi lado, debajo de mí. Y el extraño magnetismo que nos unió.

   Ojalá pudiera romper mi corazón en pedacitos pequeños para comérmelos uno a uno y borrarte de mí. Ojalá pudiera limpiar cada uno de los poros de mi piel que huelen a ti y que te saben de memoria. Ojalá pudiera decir a alguien aquello que te he dicho sólo a ti, con un susurro de noche oscura: Te amo.

   ¿Habrá amor después de ti?

   No lo sé.

   Porque me he quedado seco. Ni siquiera tengo el sentido morboso de espiar, por el rabillo del ojo, aquello que pudiera haberme atraído alguna vez. Mi mente lo compara contigo, mi corazón que rebosa lo rebasa contigo, y dejo escapar esa pulsión  quedándome frío.

   Porque no hay amor como el tuyo. No hay amor como el que tuvimos. Pasión, deseo, sensatez, abandono, entrega, fusión, locura y abandono.

   Porque no hay nadie como tú, o parecido a ti, o similar al menos a ti: tus ojos oblicuos, el rosa granate de tus labios, ese mentón irreverente y cabezota… Ni esa forma única de querer, entre el egoísmo y la generosidad, entre la posesión y la desfachatez.

   ¿Habrá alguna vez un cielo distinto al nuestro? ¿Existirá algún día alguien que no me recuerde a ti, que no reverbere todo lo que siento por ti? ¿Habrá vida después de la muerte de nuestra historia infinita?

   ¿Habrá amor después de ti?

   No lo sé…

   Qué tristeza, la verdad.

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El día a día/ The days we're living

Tan simple como eso/ As simple as that.

As simple as that. Michael Feinstein.

ece65b3622f211e390a322000a9f1438_7 Este es mi sitio. Porque es el tuyo.

No me importa dónde estar, mientras estemos juntos.

No me importa saberte lejos, mientras vuelvas a mí.

No me importa estar lejos si tú estás aquí.

Somos un hogar pequeño; somos un hogar nuestro. Tan simple como eso.

Lleno de abrazos me ves besarte. Y yo cierro los ojos porque te imagino mejor, labios y pieles en ese encuentro delicado entre dos, que siempre termina en un furor de sábanas y risas.

Te pertenezco, tan simple como eso. Porque te amo. Tan maravilloso como todo esto.

Y ahora despiertas. Juro que he intentado no hacer ruido. El domingo se cuela por las cortinas transparentes. Qué bello el otoño en tu mirada. Y se me hincha el corazón llenándome de sangre la cara. Me tocas y se me revuelve el pecho. Y me sonríes, acunando mi alma.

Todo es así junto a ti. Tan simple como eso. Porque nos amamos.

Buenos días…

¡Qué felicidad!

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Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside

Viejos amigos/ Old Friends.

   Todo pasa. El amor que creíamos infinito llega a su fin. La decepción juega en nuestra contra. Y la lluvia llega y la soledad también.

   Y como viejos amigos, cuando el amor acaba y estalla a mis pies el mundo que creía maravilloso, estamos sentados juntos; como viejos amigos que somos, oye mis cuitas como rosarios sin fin y asienta con la cabeza y me sonríe a veces y me dice siempre, siempre cuando yo le repito que nunca más: Lo volverás a hacer.

   Y lo hago. Me enamoro, me entrego, me acorazo, me olvido, y todo vuelve a empezar. El dolor de la pérdida, el riesgo del abandono, la llegada de la soledad.

   Y volvemos al café donde nos encontramos y escucha de nuevo mis letanías, mi constate hambre, una búsqueda que parece no tener sentido: la vida es tan extraña, la gente cambia, nada permanece. Menos nosotros dos, y el camarero que nos observa con cara de otra-vez-están-aquí.

   Como viejos amigos me escucha. Le pido consejos que sabe que no oiré, y me tranquiliza oír su voz siempre firme, como si nada perturbase su día a día, el color de sus mañanas.

   Hasta que, ya pasado tantos años que ni recuerdo, me toma de la mano y me dice que me quiere, que me quiere muchísimo, pero que no me lo había dicho antes porque la vida es extraña, la gente cambia, nada permanece, excepto nosotros dos. Y yo seguiría siendo el mismo mientras esperaba que me diera cuenta, así como si fuera tan fácil, que aquello que buscaba en todas esas camas, en todos esos abrazos, lo tenía desde el principio en sus brazos, en su quietud, en la serenidad del que escucha y del que dice lo que piensa sin temor a ser reprochado e incluso a ser escuchado.

   Pero hoy caí en la cuenta que la vida es extraña, que el amor es caprichoso como una semilla al viento, que la gente cambia, que nada permanece, menos nosotros, viejos amigos.

   El bar está por cerrar. El camarero lleno de polvo nos mira con cara cansada. Espera que despierte de una vez y que vea cuánto me ama con ese amor callado que habla día a día y que yo no escuchaba, porque la vida es extraña, nada permanece y la gente cambia, excepto nosotros.

   Viejos amigos que se cogen de la mano y salen a la lluvia y a la intemperie. Y que no volverán a hacer lo que acostumbran a hacer nunca más.

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¿Por dónde empezar?/ Where Do You Start?

¿Por dónde empezar?

Pensé que estando solo me iba a ser más fácil: cambiar las cosas de sitio, esconder tu ropa, recoger tus libros y tus compactos, apilarlos en cajas sin nombre, esperando que el anonimato borrase del aire el perfume de tu piel. Pero me equivocaba.

¿Por dónde empezar este final? ¿Por dónde terminar una historia que parecía no tener fin, llena de esperanzas, de locuras sin nombre, de ilusiones apiñadas todas juntas en los límites de una cama, de un salón, de una ciudad inmensamente pequeña para el amor?

¿Por dónde empezar? ¿Dónde esconder el corazón que sigue latiendo con el ritmo de tu nombre, que sigue respondiendo al llamado de tu voz, ecos que retumban en el pecho que duele, duele una y otra vez, y que respira y que late?

No lo sé…

Pero algo tengo que hacer: ya no estás, te he invitado a irte de mi vida como quien deja un hogar abandonado, y te fuiste…Siempre me has hecho caso, y no sé porqué, pues siempre me he equivocado… Y sin embargo, era el momento, el momento en el que más te quería, y si no te dejaba marchar, te odiaría mucho más…Porque sí, te odiaría…

¿Por dónde empezar? No lo sé. Pero sí sé que no podíamos seguir así, escondiéndonos uno del otro usando mil excusas pequeñas que no tenían sentido; lamentando desencuentros que terminaban en gritos; ajustando mil reproches que sólo despojaban al amor de lo más íntimo y sagrado.

Nos perdimos en el viaje, y eso que juré estar siempre a tu lado. Dejamos de vivir juntos, de pensar juntos, de sentir juntos: en la cocina, en la cama, en el corazón. Y un beso era el roce de cuatro labios entreabiertos; y un guiño, la respuesta de una mota de polvo; y una sonrisa, un vago intento de alejar el porvenir.

Por nuestro amor sufrí mucho decidiendo este gran paso. Sufrí porque me hacías daño; y me hacía daño sufriendo por no querer ya quererte. Porque hasta llegué un día a desear no amarte. Pero sobre eso no tengo poder, como el de continuar amándote. Y no quería llegar a pensar en ti con rencor y erróneamente, y no quería ver destrozado un proyecto de locura que nació cinco años atrás y que ya no da más frutos, ni sombra ni cobijo.

¿Por dónde empezar nuestro final? Pidiéndote que te fueras; rogándote con los ojos que te quedaras; que olvidaras tus maletas, tus ojos y tus caricias, y que me dejaras solo… Sentidos contradictorios, mensajes sin cifrar, hechos muertos que rebotan sin sentido en un universo que, desgraciadamente, dejó de tener nuestros nombres.

Porque teníamos un mundo, uno muy nuestro, cargado de nuestro sudor, de nuestro olor y pareceres. Uno maravilloso que giraba con el ritmo de la luna; que fulgía en la noche oscura y clamaba en el sol abrasador de un verano sin límites. Y todo era bello: tus ojos de tierra, tu pecho de bronce, tus manos largas y sinuosas como ramas de árbol. Y las sonrisas que retumbaban en la habitación sin cuadros; que perseguían los sueños desnudos, que latían en nuestros corazones después de la lucha, una y otra vez, agotados ambos, agotado el reloj y despiertas las horas, pendientes de nuestros afanes.

¿Por dónde empezar? He guardado cada uno de tus recuerdos en cajas sin nombre para poder olvidarlos. He empacado cada una de tus ropas, dobladas una por una, planchadas y limpias, y las he envuelto en papel de seda para que no se dañen. He guardado los libros que me regalaste con polvos de talco y granos de arroz templado; tu música, tu sonrisa, tus vídeos; todo clasificado en los momentos y lugares que visitamos; en los recuerdos borrados que mil peleas ridículas diluyeron en nada… ¿Y qué he hecho? Nada, nada que no sea pensar en ti.

¿Cómo empezar a olvidarte?

Dímelo tú, que ya no estás aquí porque yo quiero. Dímelo tú, que continúas aquí, porque, aunque te odiaría, te sigo a amando y aunque te olvidase te recordaría siempre.

¿Dónde empezar a olvidarte?

Por mí, quizá.

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