El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Lo conozco bien

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Lo espero. Llega un poquito tarde. No lo tiene por costumbre. Antes avisaba; un guiño por el teléfono, una palabra bonita; no necesita más. Ni él ni yo.

Me hizo fácil el amor. O eso pensaba. No sabía lo que era, ni siquiera qué debía hacer para amarlo. Durante un tiempo iba a tientas, como evitando sobresaltarlo mucho, que lo hacía: al mínimo contacto apartaba la piel y fruncía los labios cerrándolos contra los míos.

Aprendemos pronto que nadie nos apoya siempre, que todos tenemos un muñeco roto dentro del corazón. Supe muy pronto que esa espina clavada en el mío era él.

¿No sería estupendo llegar a comprender por completo a otro ser? Que la pasión no nos ciegue hasta el punto de disfrazarlo con sensibilidades que no tiene, con argumentos que nadie desea. ¿No sería más fácil entrar con los ojos abiertos en el amor?

Yo quería que me mimase, que se ocupase de mí, que me preguntarse al llegar el día qué tal estaba, que dejase flores en la mesa, que apagara la lamparilla de noche una vez hubiésemos acabado nuestro ritual de huida. Yo quería que fuese lo que había soñado. Pero no fue así. Necesité tiempo para conocerlo, para no esperar de él aquello que no estaba dispuesto a dar. Y era tan poco…

Lo conozco bien. Ahora. Cuando creo que se ha cansado de mí, cuando me veo y no le veo, cuando supongo que me apoya pero no lo demuestra.

No sé. Quizá pude haber hecho las cosas de otra manera, evitar forjarlo con una imagen idealizada que no era; forzarlo a una intimidad que lo intimidaba, hacerlo quererme cuando sólo deseaba admirarme; hacerlo amante cuando sólo deseaba ser amigo.

Y sin embargo… Fuimos felices juntos. Pudimos haber sido de ambos, pero él nunca quiso ser de mi propiedad. Y me acostaba con una frustración encerrada en el pecho mientras él dormía, y me despertaba con una esperanza vana que se deshacía de inmediato.

Quizá pude ser más el amigo que el amante; ese que poco importa, al que se olvida y se llama sólo cuando se lo necesita…

Estaría bien, me digo. Porque así puedo gravitar más a su lado. Pero él posee sus propias fantasías, sus verdaderos sueños, y yo nunca he formado parte de ellos.

Y debo darme cuenta que nadie se entrega en totalidad al amor; que todos tenemos leyes no escritas que afectan las fronteras de una relación de dos, y que todo amor no es más que una batalla llena de egoísmos.

Lo espero. No puedo hacer nada más. Quizá si hubiese sabido desde el principio cómo era realmente no me sentiría así, destrozado, mientras espero por él. Tal vez si le hubiese prestado más atención y mucha más a mí mismo, no estaría pendiente de su llegada…

El amor jamás es perfecto. Se desborda y mancha, y embota los sentidos y nos hiere… Y nos creemos generosos cuando en realidad nos quemamos en las llamas de un puro egoísmo…

¿Quién lo sabe? No importa que haya cambiado mi mundo patas arriba; que haya dejado un trabajo brillante por otro más mediocre; no importa que de la caricia matutina no reciba más que migas y que en la noche no tenga más energías que la de quedarse dormido. No importa que nunca me llame o me mande un mensaje cariñoso, que no me avise dónde se encuentra ni con quién está… He llegado a la conclusión más dolorosa: nunca le importó ser mío y nunca lo será.

Me ha llevado tiempo darme cuenta; me costó llegar a entenderlo. No lo justifico: me ha hecho daño. Supongo que es el destino de las personas no amadas. Ahora lo puedo decir: no me ha amado nunca, o lo ha hecho de una manera que me ha dejado frígido, inapetente.

Ahora que lo conozco bien, no era a mí a quién quería. O no como yo quería en verdad. ¿Es una locura saber sin saberlo, engañarse a sí mismo, obviar las señales más evidentes, cerrar los ojos a la realidad? Yo lo he hecho… Así que puede ser.

Llega un poquito tarde, como queriendo alargar una sentencia de muerte sobre algo que yace inerte a mis pies. Lo espero, aunque sé que no vendrá. Es demasiado valiente para conquistar y demasiado cobarde para despedirse. Así es él… Y así quise quererlo. Lo sé: lo conozco muy bien.

Miro el reloj. Me levanto lentamente. Pago, de más. Ya no me importa. La última vez, la primera… El amor no es esto… Quizá el desamor lo sea. Lo conozco muy bien.

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El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Fácil de amar/ Easy to Love.

Easy to Love. John Barrowman   

   Sé que te lo habrán dicho muchas veces.

   Muchas.

   Pero yo no.

   Así que déjame decirte lo que llevo dentro desde que te conozco, con esa sonrisa enorme que no te cabe en la boca y esos ojos que palidecen a las estrellas, ese pelo que cae hasta el fin del mundo y esa voz llena de terciopelo y plumas.

   Eres fácil de amar.

   Con tus movimientos de agua y tu mirada caída. Con tu risa inmensa y esa manera única que tienes de abrazar.

   Qué fácil eres de amar.

   Callas, hablas y el mundo se mueve. Todo se detiene para verte caminar; la mañana alumbra tu rostro al desayunar; la noche, se acuesta a tu lado para acariciarte lentamente.

   Eres fácil de amar. Y yo me dejo mecer en este sentimiento que me sale del pecho lleno de palabras no dichas, lleno de besos que te quiero dar.

   Porque seguro que te lo habrán dicho muchas veces y que yo no soy el único.

   Pero quiero ser el último.

   Eres tan fácil de amar, que las cabezas giran cuando te ven pasar, y el policía hace sonar su silbato y el cartero se equivoca de buzones y al del bar se le borran las cuentas al verte llegar.

   Y tienes el corazón más grande que conozco, y la melancolía más intensa, y lloras con las lágrimas más tristes y ríes con la gracia de un planeta nuevo. Y porque, cuando no hablas, tu mirada se llena de cariño y tus manos de caricias y tu pecho, en silencio, se llena de un aire tibio y hermoso.

   Eres tan fácil de amar que me he enamorado de ti.

   Por eso quiero que me dejes decírtelo, quiero que me quieras, quiero que bailes conmigo el resto de los días que quedan y darte amor a manos llenas, y un beso profundo de noche oscura y una mañana de día sin estrenar sólo para ti.

   Para ti, que eres tan fácil de amar.


I know, I know. People have told you many times.

Many.

But I don’t.

So let me say what I have inside me since I met you, with your big open smile and those eyes that put shame on stars, and your hair long as longer is the world and your voice full of obscure and sweet velvet touch.

You’re easy to love.

Your movements like ocean and your caress. Your charme so warm. And that unique way to hold me.

You’re so easy to love!

In silence, or speaking, world moves around for you. If you walk, everything stop for you; mornings only shine to watch you take your breakfast; nights just rest besides you to caress you gently and soft.

You’re easy to love. And I leave myself in this feeling that fills my chest full of never said words, burst of kisses I want to give to you.

And I know, I know for sure many times people have told you so and that I am not the only one to say it.

But I know for sure I’m going to be the last.

Because you have an open heart, and your melancholy like mist in your eyes, and your tears like rivers through your tender cheeks, and your smile so bright like the argent moon and the nearer stars. And because when you remain in silence, your looks full of tenderness and your chest, fill with air, just exhale sweet words of caress and warmth.

You’re so easy to love that I fell in love with you.

So please, let me say it; love me as I do. I want to dance with you until the days remain old and I want to give you my love hidden in my hands and in my lips. I want to give you all the dark nights and a brand new day just for you.

Just for you, because you’re so easy to love!

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Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Sólo un momento/ It Only Takes a Moment.

   Susurros.

   Párpados caídos. Brazos abandonados, piernas descansadas.

   Silencio.

   El pecho se llena de aire. Y se vacía. Y vuelve a empezar.

   Labios sellados por los que escapa el aliento.

   La tele encendida y muda. Figuras van y vienen en technicolor o en blanco y negro. Una película antigua brota de su pantalla.

   La chimenea crepita. La leña parece adormecerse.

   – Quisiera decirte algo…

   – Mmmm… ¿Ahora?

   – Sí… Sólo llevará un momento.

   – … Está bien. ¿Qué será?

   – Te quiero.

   Silencio.

   Ojos abiertos. Pupilas dilatadas. Labios húmedos. Brazos que recobran su fuerza. Piernas que abrazan otras piernas.

   Y un beso.

   ¡Qué felicidad!

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