¿Qué clase de tonto soy?/ What kind of fool am I?

Los días idos/ The days gone, Música/ Music

¿Qué clase de hombre soy? Que no sabe del amor, que le cuesta decidirse, decir que sí, decir que no; lamentarse; angustiarse; relajarse; amar.

¿Qué juego juego conmigo y con los demás? ¿Qué sé yo del amor? Si viajo con una máscara que cubre mis defectos y mi inapetencia, que le importa un sentido lo mismo que un papel vacío y que besa unos labios con inapetencia y desgana.

¿Qué clase de tonto soy? Que no se ha enamorado nunca.

¿Seré el único al que le ocurre algo así? ¿Qué tipo de hombre soy, una concha vacía, un corazón que no late ni se integra ni se entrega ni se defiende ni se abandona?

Soy un payaso que nada sabe del amor. Que nada sabe de la vida, porque la vida es amor y todo está relacionado.

¿Por qué no puedo amar como cualquier otro hombre? ¿Por qué lo racionalizo todo, la sensualidad también y el abandono?

No lo sé…

Sólo sé que soy así. Me asomo al espejo y veo unos ojos que brillan sin sentido y una sonrisa que parece una mueca. Una máscara de arcilla que juega al juego de la evasiva y un corazón que, de tanto que no late, parece un juguete roto esperando a ser reparado.

¿Por qué no puedo ser un tonto al que le da lo mismo, amar hasta el tuétano, ser querido, ser mordido, ser abrazado, ser deseado y ser olvidado?

No lo sé.

¿Qué clase de hombre soy? Un tonto incapaz de enamorares, de abandonarse a otro corazón, de ser herido y curado, de ser soñado y abrazado. Frigidez de sentimientos, carencia absoluta de tactos.

¿Qué clase de tonto soy?

No lo sé…

Sólo sé que desde que te fuiste el mundo se ha detenido para mí. El tiempo pasa sobre todos y sobre mí. Y, como cualquier otro hombre, me despierto y me levanto, me aseo e ingiero mis alimentos, me acuesto e intento dormir sin soñar.

Estos labios que ya no quieren besar. Estos brazos que se han olvidado de abrazar. Esta vida que se ha olvidado de vivir y que se sabe incapaz, inmóvil e insensible a una caricia, a un beso, a un amor.

¿Qué clase de hombre soy?

No lo sé…

Sólo sé que tonto soy. Y que nada queda atrás.

El tiempo todo lo cura/ Time heals everything.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   a Christian Bendek, por su cumpleaños.

   Miro el reloj. Sus esquinas son cuadradas. Y sin embargo las agujas las pasan una y otra vez con una facilidad casi mágica.

   Mi vida tiene los bordes agudos.

   Dicen que la paciencia todo lo logra. Que la dedicación es necesaria para conseguir lo que deseamos. Eso se me olvida. Porque, como mi vida, mi memoria está llena de aristas, y recordar me hace daño.

   Hubo un día en el calendario en el que estabas tú. Y el mundo era una elipsis, una curvatura sensual. Estaba tu espalda, que era un monumento, y tus labios, que sabían a sal.

   Hubo un mes en el que estabas tú. Y las noches eran maravillosas, abrazados y enredados como garabatos sin final. Estaban tu pelo de ceniza y tus ojos ansiosos, las manos de espuma, y las sábanas de cristal.

   Hubo un año en el que estabas tú. Y estaba yo. Y el mundo era un pañuelo que llevábamos al cuello, tú y yo, lleno de besos y de caricias, y de amor. De un amor especial, mío y tuyo o algo así.

   O algo así que éramos yo y tú.

   No recuerdo cuándo tu amor comenzó a dolerme; cuándo noté el paso del tiempo. Y me abandonaste. Te fuiste una tarde sin decir adiós y el reloj se detuvo en su esquina cuadrada y los días dejaron de fluir lo mismo que tu amor.

   Y sé que el tiempo sigue corriendo. Las horas pasan y los días mueren y los meses caen del calendario como las hojas de los árboles y como las rosas marchitas. Y sé que el tiempo todo lo cura, desde la cordura hasta la sinrazón. Que la dedicación tiene sus frutos y la paciencia todo lo logra. Y que todo llega a su fin

   Yo eso lo sé. Pero quién se lo dice a mi corazón, lleno de espinas, en las que tu olor está enganchado, y el recuerdo de tu voz y el calor de tus dedos… ¿Qué día, qué mes, qué año será aquel en el que no te recuerde, aquel en el que no evoque el sonido de tus pisadas al llegar, el peso de tu cuerpo al levantarte de la cama, la mirada delicada de cada despedida?

   No lo sé.

   Dicen que el tiempo todo lo cura. Todo. Menos el amor que aún siento por ti.

Dirty Dancing: 25 años después./ Dirty Dancing: 25 years.

Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

 

La música de una vida (I)/ Life as Music (I).

Arte/ Art, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   Una vida viene definida por muchas variables. Todas importantes. Aunque unas más que otras. El lugar en donde nacemos y crecemos (que en muchos casos no es el mismo); el ambiente familiar; las dificultades diarias: el acceso al dinero, la pérdida de la Salud, y todas las menudencias de lo que acabamos llamando vida que se vive.

   Mis primeros recuerdos están unidos a la música. En mi familia no hay músicos, pero sí grandes amantes. Mi padre era cantor en las iglesias de niño, y a pesar de los años pasados y de quimioterapias varias, sigue conservando cierto encanto en su voz de terciopelo llena de potencia. Y mi madre, una gran aficionada a la radio. Como ya expuse en una  entrada anterior, pasaba las tardes oyendo radio Ideal, cadena donde se podían oír las mejores canciones melódicas y románticas de la época y de años pasados. Como fui al colegio desde muy temprano (apenas había cumplido los tres años), las tardes las pasaba haciendo los deberes (la tarea se llamaba por aquel entonces en el país donde Los Andes terminan) y siempre he sido muy curioso, aquellas canciones me arrullaban diariamente y de hecho se han convertido en parte importante de mi quehacer: todo lo hago más fácilmente, y mejor, con música que sin ella.

   En casa nunca faltaron enciclopedias y discos de vinilo, LPs la mayoría de las veces. Había una colección entera de la Orquesta Billo’s Caracas Boys, la mejor del continente Latinoamericano sin duda, ni de Celia Cruz en su época inicial y post-castrista con La Sonora Matancera, y Blanca Rosa Gil se disputaba el puesto de más escuchada con otros cantantes de igual envergadura como  Bienvenido Granda (el Bigote que canta), y el resto de sones cubanos y mejicanos (Daniel Santos, Pedro Infante, Olga Gillot, Luis Aguilé, entre tantos otros).

   Mi infancia osciló entre Los Bocheros y Nino Bravo; mi hermano, apenas un mocoso, bailaba En la fiesta de Blas con un ímpetu muy similar al del solista de La Fórmula V; en casa de mi prima, que poseía verdaderas joyas en 36′ gracias a su hermana mayor, Juan y Junior cantaban a Lo que el viento se llevó o Los Payos, María Isabel.

   Raphael tenía un hueco único, y Julio Iglesias hacía su agosto con la diáspora cantando Un canto a Galicia y, posteriormente, Río rebelde o Manuela. Gabi, Fofó y Miliki tenían su sitio con su Hola, don Pepito, el mismo que las baladas  tiernas de Rocío Dúrcal, que eclosionó con su asociación con Juan Gabriel, dando paso a la dama del escenario que había sido siempre;

el Dúo Dinámico templaba su galanura y sus canciones; Sara Montiel paladeaba melosamente canciones maravillosas que nadie ha vuelto a grabar jamás, José Luis Rodríguez saltaba del personaje televisivo El Puma a cantar Voy perder la cabeza por tu amor; Camilo Sesto, con su porte y su talento, enamoraba a quien le oía, y Armando Manzanero se cubría de gloria componiendo y cantando los mejores boleros de la época.

   En radio Ideal se colaba también música anglosajona, como los Eagles con su Hotel California, Engelbert Humperdick, que mi madre adoraba cantando Los ojos de la española, y los cantantes italianos, que brillaban en ese planeta que fue un tiempo ido: Domenico Modugno, Nicola DiBari, Adamo, entre muchos otros que nos regalaron preciosas melodías que palpitan en el recuerdo, y Charles Aznavourcuya Venecia sin ti sigue siendo una de las canciones de mi vida.

   Recuerdo vívidamente toda esa época en las que descubría un mundo palpitante: las hojas de los libros con sus fotos llamativas, la música melódica que me enseñó, tiempo después, a apreciar otros movimientos, como el Rock o el Rythm&Blues, un poco como Juan Luis Guerra con su merengue elegante me llevó a apreciar la salsa más picante de Celia Cruz o el merengue más arrabalero de Wilfrido Vargas, que ya mencionaré más adelante. Radio Ideal y las tardes eternas haciendo los deberes y viendo cómo mi madre planchaba o cosía o simplemente arreglaba el jardín, me dieron una idea del mundo única, es decir personal, que poco a poco fue expandiéndose y, también, minimizándose; me regalaron momentos de solaz inconsciente y de alegría contenida, y han forjado, aún con tanto tiempo ya ido tras mis espaldas, la persona que soy hoy.

   Hay muchos aspectos que pueden definir a una persona. Toda expresión artística (sí, el deporte también es una de ellas) lo hace. Y la música de una vida está ahí para ser recordada y para ayudar a crecer, por siempre, una y otra vez.

Una voz inimitable/ An unique voice.

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Muerto de amor

A Margarita Manso

¿Qué es aquello que reluce
por los altos corredores?

Cierra la puerta, hijo mío;
acaban de dar las once.

En mis ojos, sin querer,
relumbraban cuatro faroles.

Será que la gente aquella
estará fraguando el cobre.

Ajo de agónica plata
la luna menguante, pone
cabelleras amarillas
a las amarillas torres.

La noche llama temblando
al cristal de los balcones,
perseguida por los mil
perros que no la conocen,
y un olor de vino y ámbar
viene de los corredores.

Brisas de caña mojada
y rumor de viejas voces
resonaban por el arco
roto de la medianoche.

Bueyes y rosas dormían.
Sólo por los corredores
las cuatro luces clamaban
con el furor de San Jorge.

Tristes mujeres del valle
bajaban su sangre de hombre,
tranquila de flor cortada
y amarga de muslo joven.

Viejas mujeres del río
lloraban al pie del monte
un minuto intransitable
de cabelleras y nombres.

Fachadas de cal ponían
cuadrada y blanca la noche.
Serafines y gitanos
tocaban acordeones.

Madre, cuando yo me muera,
que se enteren los señores.
Pon telegramas azules
que vayan del Sur al Norte.

Siete gritos, siete sangres,
siete adormideras dobles
quebraron opacas lunas
en los oscuros salones.

Lleno de manos cortadas
y coronitas de flores,
el mar de los juramentos
resonaba no sé dónde.

Y el cielo daba portazos
al brusco rumor del bosque,
mientras clamaban las luces
en los altos corredores.

Variación.

El remanso del aire
bajo la rama del eco.

El remanso del agua
bajo fronda de luceros.

El remanso de tu boca
bajo espesura de besos.

Despedida

Si muero.
dejad el balcón abierto.

El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo.)

El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento.)

¡Si muero,
dejad el balcón abierto!

Cancioncilla
del primer beso

En la mañana verde,
quería ser corazón.
Corazón.

Y en la tarde madura
quería ser ruiseñor.
Ruiseñor.

(Alma,
ponte color de naranja.
Alma,
ponte color de amor)

En la mañana viva,
yo quería ser yo.
Corazón.

Y en la tarde caída
quería ser mi voz.
Ruiseñor.

¡Alma,
ponte color naranja!
¡Alma,
ponte color de amor!

Madrigal á cibdá de Santiago

Chove en Santiago
meu doce amor.
Camelia branca do ar
brila entebrecida ô sol.

Chove en Santiago
na noite escrura.
Herbas de prata e de sono
cobren a valeira lúa.

Olla a choiva pola rúa,
laio de pedra e cristal.
Olla o vento esvaído
soma e cinza do teu mar.

Soma e cinza do teu mar
Santiago, lonxe do sol.
Agoa da mañán anterga
trema no meu corazón.

Danza da lúa en Santiago

¡Fita aquel branco galán,
olla seu transido corpo!

É a lúa que baila
na Quintana dos mortos.

Fita seu corpo transido
negro de somas e lobos.

Nai: a lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¿Quén fire potro de pedra
na mesma porta do sono?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

¿Quen fita meus grises vidros
cheos de nubens seus ollos?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

Déixame morrer no leito
soñando con froles d’ouro.

Nai: a lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

Gacela del amor con cien años

Suben por la calle
los cuatro galanes,

ay, ay, ay, ay.

Por la calle abajo
van los tres galanes,

ay, ay, ay.

Se ciñen el talle
esos dos galanes,

ay, ay.

¡Cómo vuelve el rostro
un galán y el aire!

Ay.

Por los arrayanes
se pasea nadie.

Calles de fuego/ Streets of Fire.

Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

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Respóndeme, amor/ Answer me, my love.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   Los días han ido cayendo. Uno detrás de otro. Como quien no quiere la cosa.

   Y ya van dos meses.

   Silencio.

   Sesenta días de silencio. Ocho semanas de vacío.

   No estás en mi cama, no estás en mi casa. En todo a mi alrededor hay un hueco que grita tu nombre, que busca tu esencia, que intenta atrapar tu recuerdo. Porque hasta la memoria se olvida cuando no estás.

   Tanto tiempo sin saber de ti. Antes que lo sabía todo: vivías aquí, dormías aquí, respirabas aquí. El sabor de tu piel, el sonido de tu pelo, el suave ronquido de tu sueño. Todo. Y ahora nada. Ni un saludo, ni una llamada.

   Tenías dudas. O problemas. Conmigo. Sin mí.  O contigo, o por ti.

   Yo no.

   Y te pregunté porqué temías, qué hacía tu inseguridad en el ancla de nuestro lecho; cómo tomabas por pasajero el río de mis besos y que te sujetara la mano al dormir y que te escuchara hasta el alba sin sopor ni incomodidad. Y no supiste contestarme, salvo yéndote. Y la pregunta quedó aquí, en el aire, en el espacio vacío que dejaste.

   Respóndeme, amor. No más silencio. Que hasta los hiatos son más breves; que toda distancia aniquila el misterio, y el amor sin amor muere.

   Y aunque no quiero morir desfallezco por tu ausencia. Y mi esperanza se marchita con tu silencio.

   Dos meses ya. Los días han ido cayendo uno de tras del otro. Y sigo aquí, solo.

   Respóndeme, amor, para dejarlo todo atrás: este paréntesis ingrávido, este amor que sueña o un corazón roto.

   El mío por ti, amor. El mío, amor, sin ti, y con tu silencio.