Ahora/ Now.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   La niebla cae lentamente. Suaviza un atardecer de rosa y oro. En la ventana, restos de lluvia de días atrás.

   Dentro hay silencio. La televisión emite imágenes sin sonido. Mudez que queda rota por la caricia suave de una mano sobre la otra. El frufrú de la seda contra los cuerpos y el cálido abrazo de una manta de lana que nos cubre a medias.

   Miro por la ventana sucia y veo el horizonte velado y lleno de colores encendidos. El invierno anuncia la primavera, como el amor que nace entre los dos. Y una estrella lejana parece que brilla para ti y para mí.

   Siento el aliento breve con cierto sabor a café. Un cosquilleo sube por mis brazos rodeados por tus brazos. Tus dedos tamborilean una melodía sobre mi piel. Y siento que me estremezco.

   El amor ha llegado para quedarse ahora. Ahora que estamos juntos y todo parece perfecto, suspendido en un instante de plata y oro, entre el silencio de las palabras y la algarabía de nuestras manos.

   Dejo de ver por la ventana, puesto que el atardecer está encerrado en tu mirada. Que parece serena y teñida de azul y rosa, llena de promesas y de pasión y de paz posterior y de nada.

   Me gusta que no me prometas nada. Que de ti sólo emerjan tactos, caricias y ganas.

   Acerco mi cara a tu rostro. Siento el cosquilleo del vaho de tus labios, que se despliegan como un mapamundi de maravillas.

   Y sonríes.

   Sonríes.

   Y el mundo se detiene. Ahora.

A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

En la penumbra/ In the Dark.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   En la penumbra nos acercamos lentamente.

   Siento tu aliento acariciando mis labios. Y el estallido de mi piel al contacto de tus manos.

   En la penumbra sólo estamos tú y yo.

   No hay un sonido salvo el vaho de tu respiración y la mía. Y el rocío de tu boca en mis pestañas.

   En la penumbra bailamos una canción que brota de nuestros corazones. Bum, bum, bum.

   Tu pecho y el mío juntos hasta fundirse en uno solo. Tu mejilla en la mía y el cuello extendido y un cosquilleo de perfume en mi nariz. Y los dedos como ríos diez y veinte y cuarenta entrelazados. Y el calor del roce y el frotar de la caricia.

   En la penumbra, en la que todo pasa, se detiene el tiempo y navegamos por ríos separados hasta encontrarnos en el romance de un beso.

   Y otro más.

   En la penumbra perdemos el sentido llegados al punto de no retorno. Y quemamos los puentes de la ternura alcanzando la pasión.

   Y sólo hay gemidos que se transmutan en silencio. Y el silencio que cae entre los dos, unidos como un garabato sin principio ni fin.

   En la penumbra brillan las sábanas cansadas.

   Y las espaldas hechas un lío y un mar de besos.

   En la penumbra todo se aquieta. Menos el amor.

Amargura/ Bitterness.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

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Mi vida es un erial:

flor que toco se deshoja;

que en mi camino fatal

alguien va sembrando el mal

para que yo lo recoja.

G.A. Bécquer, Rimas

¿Adónde va el amor? / Where’s going Love?

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

De la mano/ Hand by Hand.

El día a día/ The days we're living, Lugares que he visto/ Places I haven been

   Ayer paseaba por la calle. Atravesaba un jardincillo lleno de verdor y con árboles lanceolados y desnudos por el invierno. Hacía frío y un viento molesto soplaba testarudo.

   Me arrebujé en el abrigo. La enorme bufanda cubría mi cuello y parte de la cara. Sentía la piel tensa por el frío. Pero, a pesar del tiempo, se estaba bien por aquella calle verde, abrazado por el susurro de las ramas al chocar unas con otras y lleno del eterno baile de las hojas secas.

   Pensando en mis cosas, imbuido en mi propio mundo, algo anestesiado por problemas que no lo eran y preocupaciones inmerecidas, casi tropiezo con una pareja que, riendo, llevaba de la mano a un crío pequeñito. Sus zancadas de enano, todavía algo inestables, eran el motivo de las risas. La pareja se acercaba al pequeño, que lleno de razón seguía empeñado en caminar. Tan cabezota como el viento que arreciaba, el chiquillo iba de aquí para allá con un desequilibrio controladísimo, riéndose de sí mismo y de la felicidad que generaba en sus dos acompañantes.

   Los tres me sacaron de mi abstracción. Los estuve observando unos minutos, ralentizando el paso para no dejarlos atrás. La pareja reía desenfada con esa sonrisa que llena la boca y el corazón. En cuanto al niño, todo él era una sonrisa y parecía brillar siendo el centro de atracción. De la pareja, vistos desde atrás, poco podía decir. Uno era más alto y el otro decididamente bajo. Uno llevaba el pelo largo sujeto a una cola y el otro el cabello muy corto, a cepillo. Sus formas redondeadas, más suaves de lo esperado y cierto ademán llamaron mi atención. La pareja iba de la mano. Una manita dentro de otra. Una piel sonrosada por el frío protegida por la otra, más grande y enguatada. Dos abrigos negros anodinos, dos pares de botas con borreguito. Y risas, muchas risas. Y una voz.

   La pareja que paseaba con el chavalín hablaba de sus cosas cuando el niño no monopolizaba su atención. Y en todo el rato que estuve por esa calle antes de virar hacia la derecha, no pararon de demostrarse cariño. Se acercaban y se tocaban los hombros y las cinturas, con un fru-frú de material sintético y oscuro. Y las manos juntas, sin separarse nunca. A veces parecían mirarse y se sonreían. A veces parecía que se daban calor. A veces se separaban porque el niño se entrometía, con las manos unidas por sobre su cabecita peluda. Y caminaban sin descanso a través del jardín verde y susurrante, de ramas desnudas y hojas caídas.

   Finalmente los adelanté cuando el pequeño se entretuvo con una piedra del camino. Aprovechando el momento y aún de la mano, se acercaron y durante un segundo eterno, se dieron un beso lleno de cariño, con una cierta reminiscencia de pasión, pero delicado y fugaz, como novios nuevos. Y en ese momento me di cuenta que eran dos chicas que caminaban de la mano esa tarde por el parque, que eran pareja y que, decididamente, el chiquitín se parecía mucho a la bajita sin guantes. Al pasar a su altura volvieron a darse un beso y pude ver el brillo de una mirada, el ligero rubor de la alegría y cierto tono de costumbre y de misterio que sólo se teje entre dos personas que se aman, se comprenden y se aceptan.

   Cuántos recuerdos renacieron…

   Unos metros más adelante, cuando ya no se oían sus risas ni mi mirada miope podía apreciar más detalles de aquella escena privada, mi corazón comenzó a recordar. Mis pisadas eran las únicas que se oían en aquella calle desierta. Yo no tenía sonrisas que compartir ni misterios que descubrir; el sonido de mis pasos no traían consigo el reverbero de otros a su lado; nadie disfrutó conmigo el verdor del parquecillo, ni encaró conmigo el viento frío ni disfrutó conmigo la vida que latía en aquella familia que había dejado atrás.

   Suspiré. Sacando una mano del abrigo, extendí el brazo y la abrí buscando un peso, un contacto, un calor humano… Pero no había nadie.

   De la mano la vida parece mejor. De la mano parece que todo y a todos se puede hacer frente.

   Quizá.

   Pero yo no pude pasear ayer de la mano con nadie. Ni tampoco hoy. Y quién sabe si mañana.

Invierno/ Winter.

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