De la mano/ Hand by Hand.

   Ayer paseaba por la calle. Atravesaba un jardincillo lleno de verdor y con árboles lanceolados y desnudos por el invierno. Hacía frío y un viento molesto soplaba testarudo.

   Me arrebujé en el abrigo. La enorme bufanda cubría mi cuello y parte de la cara. Sentía la piel tensa por el frío. Pero, a pesar del tiempo, se estaba bien por aquella calle verde, abrazado por el susurro de las ramas al chocar unas con otras y lleno del eterno baile de las hojas secas.

   Pensando en mis cosas, imbuido en mi propio mundo, algo anestesiado por problemas que no lo eran y preocupaciones inmerecidas, casi tropiezo con una pareja que, riendo, llevaba de la mano a un crío pequeñito. Sus zancadas de enano, todavía algo inestables, eran el motivo de las risas. La pareja se acercaba al pequeño, que lleno de razón seguía empeñado en caminar. Tan cabezota como el viento que arreciaba, el chiquillo iba de aquí para allá con un desequilibrio controladísimo, riéndose de sí mismo y de la felicidad que generaba en sus dos acompañantes.

   Los tres me sacaron de mi abstracción. Los estuve observando unos minutos, ralentizando el paso para no dejarlos atrás. La pareja reía desenfada con esa sonrisa que llena la boca y el corazón. En cuanto al niño, todo él era una sonrisa y parecía brillar siendo el centro de atracción. De la pareja, vistos desde atrás, poco podía decir. Uno era más alto y el otro decididamente bajo. Uno llevaba el pelo largo sujeto a una cola y el otro el cabello muy corto, a cepillo. Sus formas redondeadas, más suaves de lo esperado y cierto ademán llamaron mi atención. La pareja iba de la mano. Una manita dentro de otra. Una piel sonrosada por el frío protegida por la otra, más grande y enguatada. Dos abrigos negros anodinos, dos pares de botas con borreguito. Y risas, muchas risas. Y una voz.

   La pareja que paseaba con el chavalín hablaba de sus cosas cuando el niño no monopolizaba su atención. Y en todo el rato que estuve por esa calle antes de virar hacia la derecha, no pararon de demostrarse cariño. Se acercaban y se tocaban los hombros y las cinturas, con un fru-frú de material sintético y oscuro. Y las manos juntas, sin separarse nunca. A veces parecían mirarse y se sonreían. A veces parecía que se daban calor. A veces se separaban porque el niño se entrometía, con las manos unidas por sobre su cabecita peluda. Y caminaban sin descanso a través del jardín verde y susurrante, de ramas desnudas y hojas caídas.

   Finalmente los adelanté cuando el pequeño se entretuvo con una piedra del camino. Aprovechando el momento y aún de la mano, se acercaron y durante un segundo eterno, se dieron un beso lleno de cariño, con una cierta reminiscencia de pasión, pero delicado y fugaz, como novios nuevos. Y en ese momento me di cuenta que eran dos chicas que caminaban de la mano esa tarde por el parque, que eran pareja y que, decididamente, el chiquitín se parecía mucho a la bajita sin guantes. Al pasar a su altura volvieron a darse un beso y pude ver el brillo de una mirada, el ligero rubor de la alegría y cierto tono de costumbre y de misterio que sólo se teje entre dos personas que se aman, se comprenden y se aceptan.

   Cuántos recuerdos renacieron…

   Unos metros más adelante, cuando ya no se oían sus risas ni mi mirada miope podía apreciar más detalles de aquella escena privada, mi corazón comenzó a recordar. Mis pisadas eran las únicas que se oían en aquella calle desierta. Yo no tenía sonrisas que compartir ni misterios que descubrir; el sonido de mis pasos no traían consigo el reverbero de otros a su lado; nadie disfrutó conmigo el verdor del parquecillo, ni encaró conmigo el viento frío ni disfrutó conmigo la vida que latía en aquella familia que había dejado atrás.

   Suspiré. Sacando una mano del abrigo, extendí el brazo y la abrí buscando un peso, un contacto, un calor humano… Pero no había nadie.

   De la mano la vida parece mejor. De la mano parece que todo y a todos se puede hacer frente.

   Quizá.

   Pero yo no pude pasear ayer de la mano con nadie. Ni tampoco hoy. Y quién sabe si mañana.

Juan Ramón Villanueva

Un aspirante-a-todo-lo-que-sea, que vive en Santiago de Compostela; dedicado a vivir demasiado en su cabeza; con grandes amigos con los que compartir todo los aspectos de la vida, y que empieza a necesitar expandirse más allá de sus propio límites geográficos. Aspiring-to-everything-that-it-is, living in Santiago de Compostela; dedicated to live too much in his head; with great friends with which to share all aspects of life, and that begins to need to expand beyond his own geographic limits.

3 comments

  • Me encanta esta historia por sus personajes, una pareja de igual sexo que tantos prejuicios sigue despertando. Y que esta pareja de igual sexo pueda demostrar a todos que no hace falta tener un “padre y una madre”, que pueden dar amor igualmente dos personas de igual sexo sin ningún tipo de conflicto.Me gustan las parejas bien avenidas sin importar el sexo,que pueden educar a unos hijos ajenos a todos los comentarios, en donde el amor supere todos los escollos.Ayyy, jaja, sigo siendo una romántica a pesar de todo!!!

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