Esta tarde/ Today.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Botellas bajasHay ruido. Platos que van y vienen, conversaciones innecesarias, silencios enormes como agujeros negros. Y el piano.

   La gente gesticula a veces con pasión. Y en la terraza con calefacción, alguien se lleva a la boca un cigarrillo casi terminado. Como si fuese una noche de amor.

   El tintineo del cristal al ser llevado a la boca; los que sorben el café caliente; aquellos que, delicadamente, posan la cucharita sobre la taza, como si ésta fuera a romperse.

   Un té, por favor.

   Un menta-poleo.

   Un roibós con caña de azúcar, cola de caballo y anís estrellado.

   (Siempre hay un excéntrico en el local.)

   Y el piano desgranando canciones de amor que nadie escucha.

   O quizá no.

   Él se ríe. Y de sus ojos se desprende escarcha. Hace frío y coge las manos de su amante, que parece algo distraído ante el brillo de esa mirada.

   ¡Qué ilusión de amor!

   Un camarero espera algo impaciente, como que tiene más que hacer. Pero los amantes pasan de él y de todos en realidad, salvo del piano, que parece mecer con sus notas el inicio de su relación.

   ¡Oh! Los descubrimientos magníficos, los primeros roces que se resuelven entre sonrisas; los remordimientos que se diluyen en un beso y se almacenan luego, cuando la magia termina.

   Y también los recuerdos que comienzan a acumularse al enamorarse y olisquearse y saborearse y mecerse entre arrullos. Como el suave arpegio del piano, que simula un corazón al galope.

   Cómo se sonríen esa tarde mientras afuera parece que quiere llover. Los amantes no se dan cuenta, ni pretenden hacerlo, que el camarero se ha ido con aire de desespero: en la felicidad no entran problemas ajenos, ni los propios, que se diluyen en esas miradas calladas, en esos labios que se mueven sin decirse nada y se pliegan para darse un beso.

   Que hay gente, parece decirse uno, algo azorado. Pero a su amante poco le preocupa el ruido de fondo, el crepitar de la chimenea, el lento planeo de esa tarde. Porque está enamorado. Y eso es lo único que le interesa.

   Esta tarde es lo único que importa.

   Y el local atestado, como ruido de fondo que nadie escucha. Y las gotas de lluvia que comienzan a caer. Y el piano que sigue, con sus notas pegajosas, envolviendo una historia que comenzó una noche atrás y que continuará, quién sabe, quizá por siempre.

Las cosas (tontas) que me recuerdan a ti/ These Foolish Things.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

 

   Sentado en un piano-bar, pienso en ti.

   Estoy solo. El murmullo de las conversaciones bajo el sonido del piano; la dulce melodía que todo lo engarza; y una cerveza algo tibia ya sobre la mesa.

   Sentado miro hacia afuera. Hay una terraza. Algunas personas están allí al abrigo del ronroneo de la gente que va y viene; beben sus copas y pican en las aceitunas y en las almendras con piel.

   Las manos del pianista me recuerdan a ti. Largas y firmes, traslúcidas y suaves. Acostumbradas a un trabajo fino, a una actividad por lo demás intermitente y voluntaria.

   La sonrisa cuajada de estrellas que acabo de oír me recuerda a ti. Aire expulsado desde dentro, un ronroneo y finalmente una liberación, como en el amor.

   La soledad me recuerda a ti. Cuando te dabas la vuelta y, espalda contra espalda, nos sumergíamos en nuestros mundos internos.

   El perfume que ha dejado al pasar una sombra te atrae hasta mí. Qué milagro los sentidos primarios, que tan fuertes son sin embargo; no te veo, no te escucho, pero gracias a ese aroma te siento y te dibujo y hasta noto tu mano por mi pelo y un tirón de orejas cuando me portaba mal contigo.

   Cuántas cosas tontas me recuerdan a ti.

   El pianista sigue desgranando notas. Con su camisa impoluta, su pantalón oscuro ajustado y perfecto. Apenas sonríe , dueño de esa facultad de ser el centro de las miradas sin llamar la atención. Con sus melodías congela el espacio y lo dirige adónde desea. Las canciones que apenas oímos enzarzados en nuestras conversaciones, influyen en nuestro ánimo mucho más de lo que creemos y nos arrullan en la sombra, engañándonos.

   Eso me recuerda a ti. La habilidad detrás de la noche, el justo punto de engaño y verdad.

   Y la soledad me recuerda mucho a ti. Esa sensación de vacío algo opresivo, esa confirmación de estar abandonado a pesar de la compañía.

   Voy a pedir un cóctel o algo. Pero un Manhattan me recuerda a ti, y un Gin-tónic también, con tu boca de fresa posándose en los bordes de la copa. Y un Martini con cebollitas, un Margarita con la sombrilla que usamos para guarecernos de la tormenta de un sol tropical y la Mimosa de un brunch lento después del amor.

   Cuántas cosas tontas me recuerdan a ti.

   Se hace de noche; las estrellas pueden pender como la luna en el vacío oscuro; pero la ciudad está muy cerrada, y en la noche sólo veo reflejos amarillos de las farolas encendidas.

   Me recuerdan a tus ojos de gato hambriento, a tu sed sin control y a mi entrega absurda… Esas cosas tontas que me unieron a ti.

   La iluminación se aquieta; se hace suavidad, abriendo el camino de la caricia y del roce. La música sigue desliando melodías de amor y desamor, de acercamiento y dejadez.

   Esas cosas que me recuerdan a ti.

   Y yo. Sentado en un piano-bar, solo sin compañía, hablando con las sombras de un pasado que parece no haber quedado atrás.

   Y el pianista me sonríe y cabecea. Como si me leyera el pensamiento, escoge una canción que he intentado evitar. Pero ahora qué más da…

   Esas cosas tontas que me recuerdan a ti.

   Otra vez.

Ahora/ Now.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   La niebla cae lentamente. Suaviza un atardecer de rosa y oro. En la ventana, restos de lluvia de días atrás.

   Dentro hay silencio. La televisión emite imágenes sin sonido. Mudez que queda rota por la caricia suave de una mano sobre la otra. El frufrú de la seda contra los cuerpos y el cálido abrazo de una manta de lana que nos cubre a medias.

   Miro por la ventana sucia y veo el horizonte velado y lleno de colores encendidos. El invierno anuncia la primavera, como el amor que nace entre los dos. Y una estrella lejana parece que brilla para ti y para mí.

   Siento el aliento breve con cierto sabor a café. Un cosquilleo sube por mis brazos rodeados por tus brazos. Tus dedos tamborilean una melodía sobre mi piel. Y siento que me estremezco.

   El amor ha llegado para quedarse ahora. Ahora que estamos juntos y todo parece perfecto, suspendido en un instante de plata y oro, entre el silencio de las palabras y la algarabía de nuestras manos.

   Dejo de ver por la ventana, puesto que el atardecer está encerrado en tu mirada. Que parece serena y teñida de azul y rosa, llena de promesas y de pasión y de paz posterior y de nada.

   Me gusta que no me prometas nada. Que de ti sólo emerjan tactos, caricias y ganas.

   Acerco mi cara a tu rostro. Siento el cosquilleo del vaho de tus labios, que se despliegan como un mapamundi de maravillas.

   Y sonríes.

   Sonríes.

   Y el mundo se detiene. Ahora.

Río de luna/ Moon river.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Un río de luna llega hasta nosotros.

   Echados ambos en el sofá, a través del cristal de la noche en calma, sus rayos platean nuestra piel, que nada sabrosa entre nuestro abrazo.

   Hemos sido amigos antes que amantes. Y como amigos nos besamos y como amantes nos acariciamos bajo la luz lunar.

   Tus dedos y los míos jugando al escondite. Tu sonrisa y la mía, tras besos pequeños  buscados en los cuellos, en los labios. Nuestra respiración rítmica, nuestro pensar profundo.

   Juntos bajo el río de la luna pienso en todo lo que nos ha llevado hasta aquí. Y en todo lo que puede suceder.

   En nuestra primera noche juntos, la luna nos bautiza, y remoja nuestro encuentro con un río plateado que se cuela por la ventana sin cortinas, y nos encuentra a ambos con los ojos abiertos.

   Qué vértigo que nada tiene que ver con el amor, aunque del amor sea fruto. Juntos a partir de hoy; juntos de día y de tarde, de noche de reencuentro y de mañana inolvidable, compartiendo desayunos y gastos, y ciertas preocupaciones y ciertas riñas. Sin más adonde huir que a nuestra única habitación; sin más reencuentro que en nuestro lecho.

   Tú y yo hoy juntos. Y la luna es testigo de nuestras caricias, de nuestras esperanzas; y baña nuestro amor con su presencia de plata, fisgona, inquieta, pálida y fría.

   Me acurruco más entre tus brazos. Si no fuese por ti, cuán larga la noche y cuán solitaria. Pensarlo por un momento me aleja de ti y lo rechazo. Ya vendrán días de separaciones y de distancias; ya vendrán días en los que apenas sintiendo el peso del cuerpo en la cama nos daremos por satisfechos y nos amoldaremos a la cotidianidad de la felicidad. Pero hoy saberte lejos me da escalofríos y tiemblo sólo de pensarlo. Me acurruco entre tus brazos y tú, sorprendido, los abres y me apretas contra tu pecho todavía más.

   Un río de luna llega a nuestras pieles y dibuja sombras en nuestros rostros. E ilumina la sonrisa preciosa de tus labios y tus ojos de transparente cristal. Qué bello eres. Porque estás a mi lado, porque estamos juntos, porque transformamos una amistad de júbilo en un amor apasionado, y una pasión en un querer sólo apaciguado por el compromiso, embebido en la cotidianidad y que empieza hoy, bañado por el río de la luna, en la noche que corre, veloz, por la ventana.