Swing, Robbie!

Lo que he visto/ What I've seen, Música/ Music

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Mirada de terciopelo/ Velvet Look.

Arte/ Art

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© Carlos Puig Padilla

Thiagosurfeiro: fresca mirada/ Thiagosurfeiro: A Fresh Look.

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen, Música/ Music

Sweet Disposition. The Temper Trap.

  d0857198e10211e283e322000a9f1948_7Nadie como Thiagosurfeiro para mostrarnos la belleza escondida y reflejada de una ciudad. No hay detalle, claroscuro y lozanía que no sepa reflejar, con esa mirada plateada, y que no sea atractiva.

   Thiagosurfeiro atrae a la superficie todo el potencial de belleza que guardan los rincones mil veces vistos de una ciudad. Nos hace contemplar, con esa fresca mirada suya, detalles que se pasan por alto, destellos que obviamos por comunes.

   Nada en la mirada de Thiagosurfeiro es baladí. Un palacio, una construcción secular o una esquina abandonada; es capaz de teñir de novedad cada refracción de luz, cada azulejo, un rastro de pintura desconchada y el inmenso mar plateado que surca sobre su tabla de surf.

   Y nada sabemos de él, nada que no deje traslucir cada uno de sus comentarios, siempre dispuesto, siempre educado, lleno de amabilidad y también, muchas veces, de picardía. Es un soplo de aire fresco en Instagram que no necesita más que sus fotos para envolvernos con el calor de su ánimo y la frescura de su mirada.

   Si hay algo que es Thiagosurfeiro es refrescante.

   Madrid es su ciudad. Pero La Coruña, su terruño y Galicia por ende, caen en su embrujo, y como podemos ver en su página, también todas las ciudades por donde pasa.

   Con el talento pasa lo mismo que con la Belleza: se ve, se siente, se descubre. Iago nos va desvelando poco a poco ese duende que lo destaca y que lo hará llegar, si él quiere, adonde desee.

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Sergio De Luz: abrir los ojos/ Sergio De Luz: Open Your Eyes.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lugares que he visto/ Places I haven been

Open Your Eyes. Snow Patrol

   6849aebc61215c593d6f6f3dfda02822Otro de los descubrimientos en Instagram ha sido, para mí, Sergio De Luz. Sus formas desnudas, su estilo rudo sin apenas retoques, esconden sin embargo una técnica depurada y la sutileza más delicada en las imágenes que quedan prendidas en la retina una vez nos obliga a abrir los ojos ante sus creaciones.

   Su trabajo como fotógrafo profesional es independiente de su labor en Instagram, más personal, en el que se nota una huida hacia lo sencillo (que no básico), un juego constante entre las sombras y, como su propio apellido indica, la luz.

   Apenas hay cabida para el color. El mundo de Sergio De Luz es un constante claroscuro en el que las formas se desnudan, o se ofrecen en vaivén, llevadas y traídas por las mareas de la mirada.

   Porque Sergio De Luz nos obliga a abrir los ojos ante la vida sugerida y retratada, descarnada pero juguetona, directa y sutil, sin afeites; a veces cargada de una cierta rabia contenida, y otras, de un dejarse ir sedoso y revelador.

   Nada en Sergio De Luz nos deja indiferente: ni su pasión, ni su delicadeza, y mucho menos esas imágenes con las que retrata una vida en blanco y negro que, sólo a veces, por suerte o por casualidad, se puede llenar de color.

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Carlos Puig Padilla: Mirada de terciopelo/ Carlos Puig Padilla: Velvet Eyes.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen

Madeleine Peyroux. Gentle On My Mind. 

 Captura-de-pantalla-2012-10-28-a-las-00.53.17El mundo Instagram regala muchas sorpresas. Saca de nosotros, artistas no desarrollados, el impulso creativo y el hedonismo de ser vistos que de otra manera mitigaríamos sin dudar.

   Pero dentro de esa miríada de amateurs, es decir amantes de la fotografía, esta aplicación de telefonía móvil nos permite descubrir el trabajo y el talento y la belleza de artistas que, de otro modo, pasaríamos por alto, al no reconocerlos.

   A partir de hoy iré citando y nombrando aquellos que han captado no sólo mi atención, si no que me han enamorado con su talento magnífico y, por encima de todo, su sencillez y saber estar.

   No es un secreto que adoro la Fotografía. Por este modesto blog he intentado mostrar el trabajo de personas que me tocan de cerca, que me hablan en imágenes y también en sensaciones y sentimientos. Enrique Toribio, Izak Amancio, Ralf Pascual o Valero Rioja me son muy queridos. Martín Gallego, Daniel Almeida o Arkaitz Morales no les van a la zaga. Creo con sinceridad que es la forma actual de Arte, nos acerca a la realidad de la que otras manifestaciones plásticas se alejan cada vez más, quizá en busca de una abstracción que se regodea de la comprensión (o de la supuesta aceptación) de unos pocos entendidos. Y nos regala verdaderos hallazgos técnicos y delicadezas a la mirada.

   Carlos Puig Padilla es un descubrimiento. Es un portento de talento. Puede con todo y con todos. Con estilo propio, con una personalidad acusada y un mucho de buen gusto, su obra tiene la inmensidad de lo delicado, el toque sedoso y acariciante del terciopelo. Sus imágenes pletóricas de vida están, sin embargo, llenas de ternura, y arranca de lo cotidiano una poesía que se nos esconde a los demás. Es un mago de la luz y de la sensualidad, como Enrique Toribio. Pero mientras en Toribio las imágenes son carne pura, un movimiento congelado que escapa de la bidemensionlidad, en Carlos Puig Padilla son pura caricia, piel que invita al bocado, sensualidad sedosa, alma de terciopelo.

   Admiro todo aquello que soy incapaz de ser. Me gusta saber cómo lo hacen no para imitarlos, si no para comprenderlos mejor. Así hice con la Medicina, y así me gusta acercarme a la Vida. Me gusta rendirla de homenajes porque ella me regala Belleza todos los días. Y en Carlos Puig Padilla encuentro una fuente divertida, irónica, menos despreocupada de lo que parece, más trabajada que ociosa, sensual y maravillosa, llena de luz y de poesía.

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Rupturas deliciosas/ Delicious Break-ups.

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen

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Lo que se llevó el verano/ Gone with the Summer.

Los días idos/ The days gone

   a7dee7f4f2e311e2b7a722000a9e5154_7Aún me acuerdo cuándo nos dijimos adiós.

   El verano llegaba a su fin y era una melodía de colores dulces, llenos de azafrán. Con sabor a tu boca y aroma a tus caricias.

   París era más París aquel verano. Sy luz más dorada, la arena más suave y el arrullo de los árboles embriagador. Todo era verde paseando de la mano por las calles; sorbiendo nuestros labios como helados derretidos, y pegados muy juntos, con ese calor suave y nada pegajoso de París en verano.

   Todo parecía ser eterno, como el rumor del Sena y sus casas flotantes. Fantaseábamos yendo a vivir en una de ellas, bailar el amor con la marea líquida y acompasar cada deseo al ritmo de las eternas ondas oscuras.

   Todo parecía brillar. Eso es lo que pasa cuando anida el amor. El desayuno, el almuerzo, la cena: respirábamos amor y amor bebíamos y merendábamos. Se nos quedaban mirando asombrados, como si dos amantes en París fuese una noticia. Pero éramos nosotros, lo sé, y llamábamos la atención: no nos descubríamos,  nos sabíamos de memoria, y aún así nos escalábamos, nos escondíamos y nos descubríamos a cada minuto.

   Aún me acuerdo de ese último verano, en París, cuando nos dijimos adiós.

   Nada ha sido igual desde entonces. y mira que he vuelto una y otra vez para buscarte. Y para hallarme. Y nada.

   Me sonreíste. Te sonreí. Sin decir una palabra me tomaste de la mano y me basaste la palma. Y después buscaste mis labios y los dejaste tatuados con tu sabor. Y seguías sonriendo. Y yo sin pronunciar una sílaba.

   Cogiste tu maleta, ladeaste la cabeza y me lanzaste un beso en la distancia. Intenté atraparlo pero fallé. Con inquietud busqué tus ojos y ya no pude encontrarte.

   La habitación se obscureció de repente y nada fue igual.

   Todavía recuerdo el sabor de París ese verano. Y el sabor de tu sonrisa y la luz de tu mirada. Era dorada y verde, como los parques y las enormes avenidas llenas de tiendas desapercibidas. Aún recuerdo el eco de mi corazón y el tuyo, uno junto al otro, de la mano, por las calles llenas de turistas y vacía de amantes, amantes como nosotros.

   Y recuerdo cada uno de tus silencios desde ese día en que nos despedimos en París. Ni una carta, ni una llamada, ni un recuerdo. Y mi corazón roto a orillas del Sena, flotando como una barca sin ancla, varada en un puente que ya no brilló jamás como en aquel verano.

   El verano que pasamos tú y yo juntos, y que jamás volvió a repetirse.

   Lo que se llevó el verano, y París, eres tú.

   Y mi corazón destrozado.

Foto: © Màxim Huerta