Se me olvida/ I just forget.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Esta mañana antes de irme me quedé unos segundos observándote.

Aún dormías. Sé que te gusta la oscuridad profunda, mas toleras un poco de luz de la ventana porque sabes que a mí me aterra la noche cerrada. Qué tranquilidad esos momentos teñidos de amanecer. El alba se despereza como lo hago yo a tu lado. Y procuro ser sigiloso para que no te des cuenta. Y me muevo como un gato callado pensando en muchas cosas pero cuidando muy mucho no despertarte. Mi cabeza se llena de citas, reuniones, imaginando lo que puede salir mal (porque siempre hay algo que sale mal) y cómo resolverlo antes de que ocurra y asumiendo mil movimientos hasta el baño, hasta la ducha; el agua que corre y la ventanuca abierta al alba. Y siempre procuro no estorbar tu sueño tan preciado, ese que hace que tu belleza permanezca inalterada pese al tiempo y que me descubre, cuando la contemplo, un mundo maravillado que habita junto a mí.

Hemos estado muy liados con nuestras propias vidas. Apenas te veo. Y cenamos a veces en silencio, a veces entre el ruido ensordecedor de aquello que nos ha pasado al final del día. Y damos por sentado la presencia del otro al llegar la tarde; una cena con amigos quizá y una excursión de fin de semana que puede culminar en amor o entre enfados a veces y algunos olvidos que nos dan risa.

Hemos estado demasiado encerrados en nosotros mismos. Pero así es la vida de los adultos. Hemos dejado atrás aquello que parecía no acabarse nunca, la despreocupación de vivir, la ilusa seguridad en un mañana, y empezamos a jugar el juego de las parejas ocupadas, de la hipoteca y los muebles, y los sueños que se cumplen sólo pagando a plazos unas letras que vienen siempre de visita a fin de mes.

Y  no es que esté mal. Así son las cosas de los seres humanos. Mi último sueño es vivir en una hermosa casa blanca a orillas del mar; tener la suficiente seguridad como para afrontar cualquier capricho nuestro o del destino; la madurez justa, la juventud adecuada y la salud de hierro para seguir viviendo junto a ti esta danza extraña de la vida, esta experiencia sin límites fijos que llamamos a veces vida que se vive.

Pero eso no justifica que te pierda de vista. Que te compre un detalle en un viaje y que te lo pongas sin saber que, gustándote, te sienta bien; enterarme a última hora que tu sobrino se rompió un bracito y que lo has acompañado toda la tarde en Urgencias hasta que le colocaran un yeso, y ser el último de la familia en firmárselo porque mi trabajo de ocho a no sé cuándo me impidió verlo antes.

La vida ajetreada no es óbice para que mi vista deje de ver el cielo estrellado o el cielo de tus ojos cuando me llamas para cenar; o cuando, acostados, buscas mi pecho que ya no me afeito porque te encanta perderte en él. Tu vida de líos no es suficiente para sentirte llegar a veces tarde, abrir la ducha y limpiar tus frustraciones o tus éxitos, y entrar oliendo a limpio y a perfume en el lago de nuestra cama, cuyo oleaje hace que me acerque hasta ti y beba de tu piel desnuda, de tus ansias sujetadas hasta sentirme cerca.

Pero esta mañana, antes de irme, aprovechando que el alba guiñaba un ojo a través de nuestra ventana, te vi de cerca. Pude acariciar dulcemente ese perfil único, el dibujo de tus párpados cerrados, el suave aleteo de tus labios algo resecos, el bello reflejo de una frente que piensa en el sabor del sueño. Esta mañana, tras mucho batallar sin sentido, verte bañado de novedad trajo a mi corazón todo lo que te quiero; hizo que aflorara en mis ojos y en mi sonrisa todos los recuerdos que atesoramos juntos, esas tardes de locura bajo el sol, con la arena revuelta en nuestros cabellos y en nuestras espaldas, y el arrullo del mar llegando a nuestros oídos; los copos de nieve helada danzando sobre el cielo de invierno y aquella vez, angustiosa, en la que ambos esperamos el resultado de una prueba que puso a prueba la fuerza de estar juntos.

Hemos pasado por mucho, estamos inmersos en mucho juntos, pero nada justifica que a veces se me olvide lo que te quiero, lo que me preocupo por ti, lo que deseo de bueno para ti. Y aunque la cotidianidad forme parte de nosotros, las compras en el supermercado, la renta, el gimnasio, la dieta, los arranques de celos, las palabrotas, el fútbol, los días que se diluyen unos tras de otros, y que todo esto sea una forma de demostrarte lo mucho que te quiero y me ocupo de ti, nada justifica que se me olvide decirte todos los días que te amo.

Porque te amo con todas las letras, con todo el corazón.

Y esta mañana, cuando el alba asomaba entre los dos, antes de levantarme a sumergirme en el vaivén del día, te vi durmiendo, descansando con esa tranquilidad, con esa dulzura tan tuya, y me recordó la primera vez que descubrí ese rostro de mañana, ese cuerpo plegado sobre una almohada y la inmensa alegría que me regalaste aquella mañana, y todos los días siguientes, mientras tejemos sin cesar el hermoso tapiz de los días de nuestra vida… Que tuve que reprimir un deseo enorme de despertarte y de abrazarte y de acariciarte y de quedarme para siempre encerrado entre tus brazos de agua.

Te amo, te dije. Te quiero, te dije. Te deseo, musité. Hoy y mañana, como ayer y antes de ayer.

Y me prometí a mí mismo no olvidar, cada vez que te vea, decírtelo. No olvidarlo nunca más.

Principiantes/ Beginners.

El mar interior/ The sea inside

Un lugar para Eric/ A Place for Eric.

Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

La nueva novela de Eric Arvin es una sorpresa.

Woke Up in a Strange Place es un relato sobre un viaje, y como tal, lleno de sorpresas, descubrimientos y lecciones que aprender. Es un libro iniciático y poético, embellecido por una prosa fluida y sonora, de resultas que parece un largo poema en donde todas las escenas se mezclan y bailan una coreografía dictada por el amor, el aprendizaje y la libertad.

Todo escritor alberga dentro de sí un mundo único, lleno de reverberancias, de ecos de todo aquello que sueña o conoce y que atesora a lo largo de su vida. Woke Up in a Strange Place resume el maravilloso universo de Eric Arvin y nos enseña todo aquello que el autor ha aprendido a lo largo de su muy difícil vida, y nos regala un rayo de esperanza y de gracioso libertinaje a la vez. Es un libro que nos descubre aquello que puede estar detrás del negro olvido de la muerte, aquello que puede ser (y quién sabe no será) un viaje maravilloso que empieza, como el relato, en el mismo final.

Joe es el protagonista de este libro lleno de poesía. Un personaje desestructurado cuya única misión es buscarse, conseguirse y amarse por completo. Sólo personas de la talla de Eric Arvin son capaces de darse cuenta que el amor hacia nosotros mismos, el completo, transigente, irrevocable e infinito amor hacia lo que somos, cómo somos y hemos hecho, es la llave a la liberación y a la felicidad. Woke Up in a Strange Place nos descubre un mundo onírico, con nubes de algodón de azúcar, océanos de libertad, praderas infinitas de cielos color malva; personajes alados, animales humanos, neblinas torturadas, cantos engañosos, libertinos parajes en la que todos los sexos se reconocen y se disfrutan, y personajes todos que se redimen, todos, en el simple acto de aceptarse a sí mismos, de entenderse y de quererse.

Es un libro optimista pero no dulce; es un libro firme pero fluido, lleno de una prosa maravillosa, rítmica, que navega dulcemente entre los meandros de sentimientos torturados, olvidos que se recuerdan y recuerdos que cobran vida. Leer Woke Up in a Strange Place es una experiencia onírica y sensorial, como hundir la cabeza bajo el agua y sacarla llena de energía y de gozo. Eric Arvin nos regala la posible felicidad, no sin pruebas, nunca tras atajos, y nos transforma a todos sus lectores en ese Joe que, con una confianza de cachorro, va uniendo uno a uno los trozos de su vida, y descubriendo que la vida es maravillosa en uno y otro lado, como lo es este relato de desde la primera línea a la última.

Eric Arvin busca su lugar. Y seguro lo conseguirá.

 

*******

The new novel of Eric Arvin is a surprise.

Woke Up in a Strange Place is a story of a journey, and like so, plenty of surprises, discoveries and lessons to learn.

It is an initiatory tale, filled with a beautiful and poetic prose, so we are immersed in an ocean of scenes full of a choreographed dance dictated by Freedom and Love.

Any writer lodges within himself an unique world built with echoes of what he dreamed and he learned throughout  life. Woke Up in a Strange Place summarizes the wonderful universe of Eric Arvin and inside it we find everything the author has learned throughout his very difficult life in the form of a  ray of hope and graceful libertinism. It is a book that discovers us what might be behind the black curtain of death, a wonderful trip that begins, like the story, at the very end of the road. Joe is the main character of this poetic story. A unstructured character whose unique mission is to look for and to obtain the real truth, the real love: that one we have to give to ourselves.

Only people of the stature of Eric Arvin are able to realize that love towards ourselves, the complete, irrevocable and infinite love towards which we are, how we are and what we have done, is the key to liberation and happiness. Woke Up in a Strange Place discovers an oniric world, a world fills with clouds of sugar, oceans of freedom, infinite mallow prairies; winged characters; animal-humans; tortured fogs, deceptive songs; libertine places in which all the sexes are accepted and enjoyed, and redeemed characters, all, in the simple act to accept themselves as themselves, understood and loved.

It is an optimistic but nonsweet book; it is a firm but fluid story; written with a wonderful and musical prose, that sails sweetly between meanders of tortured feelings, remembrances relived and lost memories recovered. To read Woke Up in a Strange Place is an oniric and sensorial experience, like sinking the head under the water and removing it full of energy and joy. Eric Arvin gives happiness to us, not without challenges, never after short cuts, and transforms all of us into Joe, the character that, with a puppy confidence, ties one by one the pieces of his life, and discovers that Life is wonderful in both sides of the spectrum, as we do with this novel.

Eric Arvin is looking for his place in Literature. And he will obtain it for sure.

Me he habituado a ti/ I’ve grown accustomed to you.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Siempre he ido de aquí para allá. Conociendo y siendo conocido, olvidando y siendo olvidado. Lugares, rincones, habitaciones, camas o espejos. Animales queridos, personas quizá valiosas, quizá pesadas. Todo quedaba atrás.

Hasta que te conocí a ti.

De naturaleza bondadosa, algo pesada y risueña. Sonríes de continuo, escondiendo malamente un optimismo de mundo y medio. Y esos ojos chiquitos y brillantes, enmarcados por unas pestañas tupidas y oscuras, y una naricilla de ciervo, pequeña y preciosa.

Cierro los ojos y tu risa retumba en mi memoria y el olor de tu piel al acercarte, y el sonido de tus pisadas en el suelo, el pesado ademán de un brazo sobre los hombros, un mohín apreciativo y un claro de luna en la playa, bajo el puerto.

Puedo dibujar los rincones más escondidos de ese cuerpo de gacela; sé a qué saben tus labios, y el agua de mar de tus lágrimas ocultas bajo el eterno ulular de tu respiración. Puedo evocar tu voz de ave, el silencio con el que empezamos el amor del cuerpo, y la mirada oblicua, cansada y caída al terminar. Y el sudor entre las sábanas y el viento entre las cortinas, entre nuestras pieles y nuestras risas.

No habré conocido personas como tú en este mundo que rebota, y sin embargo… Tu voz, tu perfil, ese pelo castaño, esos hombros redondeados, esa espalda de río… ¿Por qué te extraño tanto? ¿Por qué no sales de mis sueños? ¿Por  qué te empeñas en clavarte en mi pensamiento; aún más, en cada latido de mi corazón?

No habré saboreado yo otras vidas más fascinantes, más divergentes. Y sin embargo… El recuerdo de tus besos, el roce de tus dedos debajo de mi piel, el fantasma de tu sombra tras de mí y a mi lado, cogiéndome de la mano caminando al atardecer…

Me he habituado a ti. Poco a poco, como el lento navegar de un riachuelo hasta su destino, has horadado en el lecho tu camino hacia mi corazón y te has quedado para siempre. Cada latido me regala un hábito efímero, una palabra dicha en el claroscuro del amanecer, una caricia que todavía me estremece y un sentimiento que me enciende…

Yo, que siempre he ido de aquí para allá, conociendo gente y olvidando vidas, me he acostumbrado a tu saludo diario, a tus enfurruñamientos vespertinos, a tus mohines divinos y a tu risa de plata. Me he habituado al aire que respiras y a ocupar un espacio cerca de tu corazón. Me he descubierto queriendo compartir las horas del día, gozar de los momentos nocturnos, contemplar la salida de las estrellas y el lento arrullo del amanecer, rodeado por tu sonrisa, por la luz de tus lindos ojos, por la serena belleza de tus gestos y tu corazón.

Yo, que siempre he ido de aquí para allá, olvidándolo todo, lugares, rincones, habitaciones, camas o espejos, me he habituado al peso de tu cuerpo en la cama, al aliento de tu compañía al mediodía, al suave susurro de tu respiración sobre mi hombro. Y aunque el mundo es inmenso y rico, he de confesar que nada me parece más precioso que bailar entre tus brazos, nada sabe mejor que tus besos y nadie me ha querido sin pedirme nada, nada de nada, como tú lo has hecho… Nadie puede negar, ni yo mismo he de confesar, el hermoso hábito en el que has convertido mi vida.

Me he habituado a ti, a tu presencia y calor; me has cambiado tanto, tanto, que casi no me hallo en tu ausencia.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

Mundo raro/ Crazy World.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Miro por la ventana el atardecer blanco. No lo había visto antes. Lleno de niebla y nubes de gasa, el sol palidece hasta alcanzar un color blanco traslúcido, nacarado, casi transparente. Las colinas verdean con sus colores matizados por esa luz inusual, lenta y fría.

Qué mundo raro.

Cuántas luchas encierra, cuántos deseos que se cumplen o que se reprimen, que se frustran y a veces escuecen. Cuántos desencuentros, la mayoría por contradicciones banales. Cuántas esperanzas encierra, cuántos sufrimientos y cicatrices deja.

A veces tierno y delicado, la mayoría de las veces cruel e inmisericorde, cuánto lo amamos sin embargo y cuánto daño le hacemos, en una reciprocidad que alarma.

Intento ver hacia atrás, y el pasado me sale al encuentro lleno de errores y de orgullo herido. Intento vislumbrar más allá, al futuro incierto, y sólo consigo ver la luna en cimitarra latiendo plateada en el fresco de la noche… Mundo raro, que nos dejas amar hasta saciarnos, que nos niegas el placer de seguir queriendo y nos regalas el dolor de las rupturas, de las separaciones bruscas, del fin. Y sin embargo…

Mundo raro, lleno de enfermedades y de quimeras, de desperfectos y de bellezas que quitan el aliento.

Mundo raro, cómo me enloqueces. He intentado poseerte tantas veces, mundo inasible; he intentado asentarme, mundo desequilibrante. Y aquí estamos. Tanto tiempo ha pasado, tantos días de amor gozado y perdido, de amor añorado, que a veces pierdo el sentido del tiempo, el arrullo de tu viento suave, y descubro la primavera en pleno invierno sin asombrarme siquiera.

Mundo raro, que habitas dentro de mí. Que incitas al amor y al deseo, a la pérdida y la melancolía. Cuántas contradicciones, bello mundo, plagado de niebla y rocío, de días claros y noches frías, de agua y aire, tierra y cielo… Cuántas veces he querido poseerte, mundo raro, y cuántas veces te has escapado de entre los dedos…

Y veo la bella luna platear tranquila un trazo en la noche  abandonada de estrellas. Y aunque amo sin recibir respuesta, mundo raro, sigo aquí. Rodeado por tus bellezas y tus oscuridades, por la serena luz de la mañana y el abrigo de una sombra por la tarde.

Bello mundo, mundo raro. Sensible y cruel. Intento atajarte, cervatillo libre; intento comprenderte. Y mientras mi vida navega por tus venas, mi corazón enamorado sigue latiendo minuto a minuto sin esperar nada más que silencio, ese silencio que más se parece a ti, mundo raro, porque no hay canción de respuesta, porque lo que amo no me pertenece ni nunca lo hará…

Mundo raro, a veces me pregunto por qué estamos aquí… Quizá sólo sea por ti…

Un buen día/ A great day.

El día a día/ The days we're living

You Make My Dreams. Hall & Oates.

¿Sabéis lo que se siente cuando nos despertamos completamente asombrados, el sol a raudales por la ventana abierta y es viernes?

Pues eso.

La primavera entró retumbando desde ayer, y esta mañana amaneció envuelta en trinos de pájaros y olor a tostadas y café. Zumo de naranja de bote, no importa. Y la mejor sonrisa estampada en la cara. En la mía y en la suya.

Qué bien.

¿Sabéis lo que se siente cuando inspiramos profundo y todo se libera? Hay música detrás de nosotros y todo sonríe, el vendedor de la ONCE aunque no le compremos el cupón, el del Chino sin saber por qué, y hasta la pesada de la vecina metiche nos parece adorable de simpática.

Pues eso.

Y eso se debe a ti. Has hecho mis sueños realidad y has transformado un jueves en un fin de semana, y una noche solitaria, en una festividad a dos.

Qué maravilla.

Ese pelo sedoso, esa caída de pestañas, esos ojos chispeantes. Y la sonrisa de mundo abierto. Y esos brazos de pulpo y esas piernas de gigante; garabato insuperable; compañía callada y parlanchina a la vez.

¿Sabéis cómo sonríe la mañana, las cigarras calladas, el olor a verde y a flores? ¿Y la música saliendo de cualquier parte inundando el corazón? ¿Y bailar, bailar sin sentido ni control por las calles, sobre las aceras, a la sombra de los árboles?

Pues eso.

Has hecho un milagro de mi vida. Y me has despertado a la luz del día, a la mañana eterna, a la primavera recién estrenada. Has hecho que hoy sea un buen día.

Qué felicidad.

Escondiendo estrellas/ Hiding stars.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Hiding My Heart. Adele.

Lo conocí un día de esos que deseamos que acabe de una vez. Nada estaba bien. Desde que me levanté todo había estado al revés: las tostadas, la leche derramada, un lío de trabajo, una comida atroz. El sol escondido entre nubes, algo de niebla que se pega a la piel y a los huesos. Y ahora con esto de la ley del cigarrillo, ni tuve un minuto para dar una calada a escondidas.

Sólo deseaba llegar a casa de una vez. Ni siquiera pasaría por el gimnasio. Sólo quería que aquel día acabase por fin, encerrado en mi casa, enterrado en mi edredón, comiendo helado copiosamente, sorbiendo por los ojos de tristeza al ver la tele que nos ponen diariamente, maldiciendo un día igual que otro pero más desastroso y caótico que de costumbre.

Así que un prólogo como este no puede enmarcar nada bueno. Pero así fue cómo lo conocí. En una esquina cerca de mi portal, estaba llevando una caja muy pesada al contenedor de basura; la luz parecía cegarle el camino, porque se dirigía a mí sin contemplaciones. Aquellos brazos que podían con la mitad del universo, afanados como estaban en equilibrar el dudoso peso de aquella caja y un viento que se levantó de repente en este desastre de primavera no le impidieron seguir su camino. Que fue el de tropezar por completo conmigo, arruinando mi traje arrugado ya y mis pocas ganas de chiste.

En aquel estropicio de polvo, viento y sol, levantó la vista después de contemplar el desorden de desperdicios en la calle, y sin limpiarse la mano la extendió para saludarme. Levantó la vista. Yo estaba a punto de reventar toda la frustración acumulada en aquel torpe insensible…Hasta que tropecé con una sonrisa luminosa y unos ojos alegres, castaños y verdes, y la frente llena de sudor, el pelo a mechones por el esfuerzo y un brazo fornido y delicado a la vez, con una mano tersa y firme.

Yo no hablé y pensó que era mudo. Se limpió en las caderas el polvo de las manos y comenzó a hacer gestos extraños con ellas. Yo me reí de su lenguaje de signos; gracias a Dios oía perfectamente. Pero su visión, aquella sonrisa, y esa barba de un día me había quitado el aliento. Por un momento el sol cambió de lado, el planeta giró y yo quedé patas arriba. No podía apartar mi vista de él; quizá un poco bajito, es cierto, pero con esos pómulos y aquella sonrisa, no estaba para remilgos.

Nos saludamos después de un instante que le debió parecer eterno. O estaba delante de un idiota o no había explicación. Pronto me apresté a sacarlo de su error.

Le sonreí con una risa que había estado mucho tiempo agazapada bajo el cúmulo de pequeñas frustraciones del día que terminaba. Él sonrió de nuevo y se disculpó otra vez. Qué divino sonido el de su voz. Por mí, podía seguir excusándose el resto de la tarde. Pero no era plan.

Señalando mi traje, no le di importancia. Estaba yo para fijarme en eso ahora, vamos. Después de presentarnos, nos dedicamos a recoger todo el estropicio. No quiso ayuda pero yo ya estaba a ello y, total, el traje iba a ir derecho al tinte, así que nada perdíamos.

Con mi ayuda acabó en un periquete, aunque he de admitir que apenas hice esfuerzo. Él pareció arreglarlo en un pestañeo. Yo sólo le sonreía lelo y a él eso le resultaba gracioso, así que el mundo pareció por fin encajar como debería haber sido desde la mañana y yo estaba feliz.

Acabamos algo cansados y le invité a un café. Un cerveza, una clara, un bocadillo de jamón. El asunto era invitarle y no dejarle ir. Le pareció gracioso y justo que me invitase por haber invadido mi espacio. A mí me daba la mismo, que yo le daba permiso para muchas otras cosas.

Reímos. Y volvimos a reír.

En el bar nos acercamos poco a poco. Todo en él era maravilloso: su pelo castaño, sus ojos verdosos, esa sonrisa de anuncio. Y unos hombros de infarto que sólo invitaban a ser tocados, a ser mordisqueados, a guarecerse en ellos.

Durante una pausa de silencio se acercó a mí y me besó suave al principio, después con cierta ansia. Aquellos labios carnosos, tibios y húmedos aplacaron mi sed. Aquel gesto de apremio y deseo borró mis pensamientos, me dejó sin habla y con ganas de abrazarlo. Ni siquiera me acordaba cómo se llamaba. Ni siquiera me importaba su pasado. Porque yo era su presente y seguro su futuro. Porque tras ese beso yo me lo imaginé todo, hasta un anillo en el dedo, un par de perros y un crío ronroneando de hambre.

Aquella noche en mi cama deshecha, conseguimos remontar el mundo, cambiarlo de sentido; después de un invierno de soledad, éste partía tras la primavera más brillante, el verano más amable, un otoño cuyo frío haría que caminásemos de la mano bajo las hojas caídas…

Mucho nos prometimos mientras rozábamos nuestras pieles, mientras descubríamos mundos encerrados en pliegues y en honduras. Qué maravilloso su peso sobre mí, el tacto de su piel pálida, el beso largo sobre su pecho, el sueño del cansancio que durmió sobre el mío agotado…

Hasta la mañana.

Cuando desperté, ahíto de amor como de sopresa, no lo encontré a mi lado. Lo imaginé duchándose, con el beso del agua recorriendo los mismos senderos que mis labios, recordando el lunar en la espalda, las cosquillas en la pelvis, el ímpetu de la novedad envuelto en los nervios de lo desconocido… Me desperecé en cama, sintiendo de nuevo sus manos y las mías y colmándome de deseo. En las sábanas quedaba una fotocopia de su olor. Aún era muy temprano, y el sol comenzaba a despuntar por el horizonte, escondiendo las estrellas que habían desfilado durante el amor. Qué maravilla…

Pero no me di cuenta hasta más tarde que el agua de la ducha no corría. Durante unos segundos, el silencio pareció agazapado en los recuerdos de la noche anterior. Hasta que la soledad pudo más, y su mudez, despertó mis alarmas.

Me levanté corriendo, dejando aquellas sábanas que olían aún a su cuerpo detrás de mí hechas un lío como mi corazón, y recorrí el piso entero llamándolo por el nombre que me dio durante las embestidas de un amor alucinado, de un amor único que habíamos encontrado…

Ni una respuesta. Ni un resto de piel.

Volví al cuarto desmoronado; el lío de sábanas en el suelo; el amanecer llegando a su fin y entrando por la ventana con descaro. Ya casi no había estrellas, y aquellas que habían escapado, ahora se escondían en mi cama, en mis manos, en esos sueños que quería darle.

Recorriendo con la mirada el naufragio de mi abandono, encontré aquella camiseta azul que llevaba pegada a la piel. Me la acerqué a la cara…Aún olía a él. A ese desconocido sin nombre que me mintió su nombre, seguro, y la historia con la que me conquistó de inmediato…

No se despidió. Ni le importó dejar en aquella cama un trozo de corazón destrozado y una miríada de sueños estrujados entre su espalda y mi pecho desnudo.

Me senté en el borde de la cama. El sol cubría mi desnudez con su color dorado y su calidez. Hoy no llegaría tarde. Hoy quizá fuese como debería ser siempre. Así son las probabilidades de las cosas: cuando el corazón se encoge de dolor todo parece sonreír y todo parece ser fácil, fácil para los demás. Seguía teniendo su camiseta en las manos…

Abrí el balcón y salí al frío de la mañana. Aquella tela deslavada, en la que su olor impregnado estaba, apenas detenía la sangre que brotaba de mi corazón hecho trizas. Qué importaba. La lancé a la luz dorada, al vacío de la calle, al extremo opuesto de mi corazón.

Y entré en mi habitación y me fui a duchar. Escondiendo mis lágrimas como hacía unas horas antes desplegaba las alas de mi imaginación.

Así es la vida, creo…

Me vestí con una tristeza sin igual. Mi piel lo extrañaba, mis sueños lo dibujaban una y otra vez… Aparté de mí esos pensamientos y los escondí, junto con las estrellas, en lo más profundo de mi corazón. Aquel ser sin nombre se hundía así en el océano de lo que nunca será…

Mi corazón roto y yo salimos de nuevo a la calle, con la luz de un nuevo día dándonos caza y yo, qué quieren que les diga, me dejé atrapar…