En el mundo real/ In The Real World.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Silencio. Sólo se oye el susurro de la respiración. Y el bamboleo suave del pecho subir y bajar. Y el roce de las sábanas. Y a veces el lento movimiento del dormido.

   Hace algo de frío. No hay calefacción. No la necesitaban hasta hace poco. El calor hacía sudar las ventanas; y las gotas caían sobre un cuello y sobre el otro, entre los labios abiertos y los brazos y las piernas. Y se acurrucan arrugando el edredón, y se acercan más y más, sintiendo en el sueño la caricia de la compañía y ese roce lento del placer saciado.

   El sol se asoma poco a poco. El amanecer es perezoso y atraviesa las rendijas de las cortinas como pidiendo disculpas. Aún no tiene fuerza suficiente como para rasgar el sueño de los amantes y calentar el día, pero la tendrá. Y puede que deshaga algo más que el sueño y el abrazo y la camaradería.

   Por eso se toma su tiempo. Y ellos también.

   Sin preguntas, sin dudas. Un encuentro y otro más. La vida de cada uno aparcada justo detrás de las palabras; jamás escondida pero sí suspendida: no puede haber mentiras en un abrazo febril, en una búsqueda que parecer haber llegado a su fin. Tampoco ninguna sombra ni ningún pasado: el tiempo se diluye en el amor sin calendarios, en las palabras no dichas, en los besos robados al sueño y al descanso.

   En el mundo real la vida se haya estacionada en el hueco que hay entre los dos amantes. Todavía es noche, todavía es una posibilidad. En el mundo real sólo los separan las sábanas y sus propias pieles, que se abren como flores, que se entregan como palomas mansas. Y no hay nada más.

   En el mundo real no hay soles, no hay mañanas. Ni hay finales ni hay porqués. Nada se dice y todo se sabe. El amor rueda indefenso y se atrapa indemne con la fuerza de un abrazo, con el sabor de un beso. Y se acuna, después de la locura y el éxtasis, regándolo con lágrimas de pura felicidad.

   Sin embargo, poco a poco el día avanza y el sol comienza a entrar desesperado por las ventanas. Indefensos, dormidos, serenos. Salvajes en el sentimiento, únicos y libres. Hasta que abran los ojos. Y dejen entrar el ritmo del reloj y de la vida en la habitación.

   Pero mientras tanto ellos están inmersos en un mundo libre, lleno de sueños que se tocan y de vidas que se saborean sin hartazgo. Mientras tanto, el mundo real los protege y los hace eternos.

   Hasta que despierten y todo vuelva a empezar.

Poesía en japonés/ Japanese Poetry.

Arte/ Art, Literatura/Literature

Las nubes

parecen olas.

¡Quiero ver a un pescador

para preguntarle y saber

dónde está el mar!

*

Por un olvido,

pesando que aún existe,

se pregunta dónde está

aquel que ya no está.

¡Qué tristeza!

(Tsurayuki, Tosa Nikki, ‘Diario de Tosa’, 935 DC)

***

«Iroha»

Aunque la hermosura brilla,

se pierde. Así,

en este mundo en el que vivimos,

¿quién, pues, permanecerá eternamente?

Tras cruzar hoy

los profundos montes de lo pasajero,

no volveré a tener sueños frívolos

ni me embriagaré nunca más.

(Dayshi ,774-834)

***

Sobre una fría estera,

esta noche de blanca helada

en que canta el grillo,

bajo las ropas

que sólo cubren la mitad de mi lecho,

¿debo dormir solitario?

(Go-Kyôgoku, S. XII)

***

¡Si pudiera ser para siempre!

Pero no conozco sus intenciones…

Y esta mañana, mis pensamientos

bullen en desorden

como mi negra cabellera.

(Horikawa, S. XI)

***

A la llanura del océano

he salido a remar,

y al mirar las blancas olas del piélago,

las tomo por el eterno

viaje de las nubes.

(Fujiwara no Tadamitchi , 1096-1164)

***

¡Por un brazo como almohada,

sólo para el sueño

de una noche de primavera,

sería una pena que mi nombre

estuviera en boca de todos!

(Suwo, 1046-1068)

***

Desde que me acuesto solitaria,

sollozando,

hasta que despunta el día,

cuán larga es la noche,

¿acaso tú lo sabes?

(La madre de  Mitchitsuna, S.X)

Confía en mí/ Trust in me.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Trust in Me. Etta James.

   Ven, sentémonos. La brisa de la ría ha llegado y me revuelve el pelo. Te acercas e intentas apaciguarlo; tarea vana. Me río y te ríes.

   Ven, sentémonos frente a frente. Quiero verte bien, al completo.

   A veces creo que me puede tu belleza. Si pudiese, acariciaría tu cuerpo entero por toda la eternidad. No hay nada que no me guste: desde tu sonrisa de ángel a tus pies tan bien hechos. No dejaría ni una parcela de piel sin besar, ni una caricia perdida ni un suspiro escondido. Si pudiese, anidaría en tu cuerpo para siempre.

   Te he violentado. Al menos no dices nada. Sí, es un poco precipitado. ¡Claro! Si alguien me lo dijese a mí, no lo creería. Pero soy yo quien lo está diciendo, y te lo estoy diciendo a ti. A nadie más. Mi atención se centra en cada expresión de tu rostro, en el brillo de tus ojos, en la fuerza de tus manos, en la caricia de tu compañía. El mundo se hace pequeño y se esconde dentro de tu boca, de donde lo sacaría saciándolo a besos. Nada importa fuera de este espacio que hay entre los dos; niños jugando, abuelos mirando, mujeres coqueteando con desconocidos, hombres que intentan llamar la atención casi desnudos en esta tarde de sol. Nada importa que no seas tú y lo que siento cada vez más fuerte, lo que se escapa por mis poros junto con el sudor; lo que sueño pensando en tu cercanía, y aquello más escondido de fraternal, de divino, de inmaterial.

   Te tomo la mano. Me sorprende su delicadeza y su tamaño. Parece poder abarcar un tramo del universo. Sonríes. Sonríes relajando el aire que se entromete entre tú y yo. Y apretas tu mano en la mía y la acercas hasta tus labios y depositas en ella un beso.

   Me pongo colorado. Se me suben todos los tonos del arcoiris. Miro hacia otro lado, hacia la ría mansa en esta hora en que comienza a lamer sus orillas; hacia la bandada de gaviotas que revolotean siempre buscando alimento, carnaza con la que sortear el universo de la tarde; un perro que pasea a su dueño por la orilla porticada. Qué cosas. Yo que me derrito por ti y soy el primero que se deshace… Qué cosas.

   Puedes confiar en mí. Sí. Has pasado por muchas cosas: el amor y sus entretelas, una vida dedicada a un trabajo que florece en esplendor; decepciones varias; sueños rotos a veces, a veces cumplidos con una plenitud más similar a la culminación que al progreso; y ahora una aventura loca, una apuesta fuerte, un golpe de la vida…

   ¿Por qué? Por muchos motivos. Por ninguno en particular. Porque estamos aquí, juntos, en esta tarde de sol y viento, oyendo a la ría llegar y a mi corazón retumbar por tu cercanía. Porque a pesar de mi propia vida, aquí te la entrego y la pongo enterita a tus pies. Porque sé que tú mereces un amor, amor, que pueda liberarte, que te dé alas; un motivo para seguir luchando, un sentido a la mañana prendida de deseo y a la tarde inconclusa hasta llegar a casa, la cena puesta, el baño tibio y la sonrisa en las cortinas abiertas al mar.

   Puedes confiar en mí. Porque también sé de dolor, de la soledad, de la vergüenza de amar sin ser correspondido, del desastre de la desconfianza, del veneno de la traición, del infortunio y del fracaso. Y porque, aún sabiéndolo, estando a tu lado confío ciegamente en el Destino que nos ha unido esta tarde, en el océano que divide ilusiones y hermana nuestras historias, parecidas más donde simulan diverger.

   Llevo tu mano y la mía hasta mi boca. Y acerco esa mano tan hermosa hasta mis labios. Deposito en ellos un beso de saliva, que se evapora rápidamente, y llevo ese beso al centro de mi pecho, donde mi corazón desbocado no ceja de gritar de algarabía, no deja de pronunciar tu nombre.

   Y te miro a los ojos sin desviar la mirada ni un solo segundo.

   Y sonríes. Y yo también. Y entiendes. Y yo también.

   Te levantas. Ese cuerpo inmenso se desplaza como flotando, fluye líquido hasta inundarme por entero. Y te acercas a mí. Tus ojos abiertos como planetas, tu sonrisa llena de ideas que no logro descifrar. Sueltas mi mano y llevas tus palmas a mi rostro. Y lo acercas al tuyo. Y sonríes. Y sonríes más al acercarnos… Noto el suave aliento cálido inundar mis labios, y un beso llena mi boca y la abro sediento buscándote a ti…

   Confía en este cariño. Confía en este amor como lo hago yo. En que todo saldrá bien; en que no será fácil ni quiero que lo sea; en que estaremos juntos hasta terminar el arrullo de los días.

   Sí, amor amor, confía en mí.

Dormilón/ Sleepyhead.

El día a día/ The days we're living

A Otto y Lolo.

– Hola, dormilón.

– Msñsñsmsñ…

– ¿Estás cómodo?

– Mmm…Me he quedado dormido…¿Qué hora es?

– Hora de comer…

– ¿Ya?

– Sí…

– ¿Y por qué no me despertaste antes? Estaba tan cómodo…

– ¿Sí?

– Sí…Mmmm… Tu regazo está tibio y es blando y me gusta tu perfume…Me he quedado traspuesto sintiendo el latido de tu corazón y tu respiración… Eres mi mejor almohada.

– Podrías quedarte así para siempre.

– Para siempre cerca de ti.

– Si.

– ¿Comemos?

– Voy a darte un beso….

– Mmm…Mejor me quedo así.

– Anda, anda, dormilón. Vamos a comer.

– Espera… Que te no lo he dicho aún.

– ¿Qué cosa?

– Te quiero, vida mía.

– ….

– Será mejor que vayamos a comer, ¿no?

– Sí…

– Y no te olvides.

– ¿De qué?

– De que te quiero.

– … Y yo a ti.