Olvidando para recordar/ Don’t you remember?
El mar interior/ The sea inside, Música/ Music
Te llevo en el pensamiento. Casi no hay día que no piense en ti. Y cuando no lo hago, me entra un alivio de medio mundo, porque a veces pareces una carga pesada en el corazón.
Te fuiste dejando las cosas en el aire, lazos desatados sin orden ni concierto, sin avisos o explicaciones. Y eso hace que me ate mucho más a ti. Porque intento entender qué ha ocurrido, porqué eres como eres; porqué, si una vez me amaste, fuiste capaz de irte sin volver la vista atrás, sin una llamada, resignado y cruel.
Porque yo miro hacia atrás, sí, constantemente. Olvidando para recordarte de la mejor manera posible. Porque me he dado cuenta que si no consigo curar las heridas que me has dejado, que nos hemos dejado, jamás abandonarás mi corazón, nunca te amalgamarás con el resto de mi vida, y cargaré con el fardo del pesado resentimiento hasta que me haga daño, hasta que se transforme en callo y encalle mi corazón para siempre.
¿De verdad nunca has pensado ni un momento en mí? ¿Dónde fue a parar la risa, la complicidad, esa caricia oculta, ese disfrute mudo? ¿En qué parte de tu vida naufragué sin remedio y maldije mi suerte para que dejaras de amarme o de tolerarme o de buscarme?
Muchas veces, en este ejercicio masoquista, he intentado encontrar las piezas perdidas, esos eslabones que consigan completar las imágenes congeladas que tengo de nosotros dos. Con la esperanza de entenderte y así aprehenderte, en nombre de un amor que nunca fue de mi propiedad, rebusco hasta la obsesión cada momento, cada caricia y cada secreto y sólo he encontrado un resentimiento inmundo, un pesar que hunde aún más a mi corazón agotado.
Y me he dado cuenta que, en el ejercicio del olvido, recordar es muy importante. Y valorar lo que una vez se tuvo y se ha perdido; aquello que se creyó tener (casi es lo mismo) y la realidad que rompe todo sueño impregnándolo de sed de justicia egoísta, de heridas profundas, dolorosísimas e inútiles, y de una sombra que se ha apoderado por completo de mí.
Para romper ese maleficio que fue tu ingrata partida me esfuerzo, dentro del constante olvido en el que te he arrojado, en recordar los instantes de soberbia alegría, casi de placer; el roce de una piel, el aliento de unos labios y la dulzura y salinidad de un mar insomne. Para romper el lazo que me ata al resentimiento y a tu nombre, debo recordar cómo te amaba (porque yo sí te amaba) y cómo ese amor preñó sueños absurdos, intenciones coloreadas de sepia y una ilusión que prendió en tu mirada, en esa fugaz e inquieta mirada que nunca me vio realmente.
¿Te volveré a ver? ¿Cómo es posible que en una ciudad tan pequeña nunca nos hayamos encontrado? Me dicen que te han visto; que tu belleza es aún mayor si cabe; que pareces feliz… ¿Te hacía tanto daño, entonces? ¿Este rencor que quiero exorcizar, que me une hasta en el sueño a ti, sólo a mí me pertenece y por eso te fuiste de mi lado? No lo sé…
Dudas que van y vienen, que se establecen día a día en la base de mi pensamiento y que se debilitan cuando, en medio del olvido, consigo recordar tu rostro cincelado, tus ojos de miel y desierto, tu dedicación al cuerpo y al trabajo de la vida; y una increíble entrega al día a día, llena de desesperación y de una secreta indolencia.Y aunque muchas veces me he reprochado mi dejadez, mi inseguridad, mi falta de tacto, quien huyó fuiste tú; quien selló sus labios, escondió su belleza y me arrojó a la nebulosa del silencio fuiste tú. Y aún así…
Después de todo este tiempo en el que creo que no has pensado jamás en mí, yo he perdido mi vida entre deseos, sueños muertos y flores marchitas. Y eso me ha hecho daño: nada me interesa, y mi amargura profunda me nace en la mirada y me quita alegría y salud. Y eso debe acabar por fin hoy.
Deseo olvidarte, pero para hacerlo debo rememorarte al completo: cada detalle, cada mohín y manía, cada palabra malsonante o tierna. Y dejarte libre. Libre de mis recuerdos, claro, pero sobre todo de mi resentimiento. Porque te quiero bien, Piernas de Alambre. Aún en lo más recóndito del alma mía, existe un corazón que late y latirá siempre por ti y te querrá bien, y te deseará único y brillante, con toda la vida por delante y el destino a tus pies.
Así que te dejo libre, Piernas de Alambre… ¿Recuerdas cuando te llamé así por primera vez? Esas piernas tan poderosas como garabatos que se clavaban en la tierra… Y esa espalda donde secuestrar un millón de caricias, y ese pecho expandido donde merendábamos fruta y miel y amor de mediodía.
¿Volveré de nuevo a verte alguna vez? Espero que sí. Y no será como hube imaginado hasta ahora, mi ego rompiendo un silencio ridículo lleno de improperios que ya no te interesan. Quiero volver a verte para saber que estás bien, que el amor que me han contado anida de verdad en tu vida, y que sonríes esta vez con alegría, con dientes de fruta madura y esperanza en la mirada… Ya ves, a pesar de todo, de mi orgullo herido, de mi resignación y de mi oscuro resentimiento, te quiero bien, siempre te he querido: en la distancia, en la cercanía y en la soledad… ¿No te acuerdas de nada?
Pero ya no importa. Ahora ya nada importa.
Olvidando para que el recuerdo sea libre y para que yo mismo consiga remontar otros cielos, otras planicies, y llegue a ser libre de un veneno que lleva tu nombre y de un recuerdo de piel que lleva tu olor.
Ojalá quisieras amarme de nuevo; ojalá pudiera amarte mejor. Pero ya es tarde para eso…
Ahora sólo toca olvidar con los ojos alegres, anegados en lágrimas de lo que nunca se ha tenido, pero con la esperanza puesta en la elusiva felicidad. Porque ya no hay tinieblas que me borren el camino, ese camino que va, paso a paso, en dirección opuesta a tu corazón.
Vete en paz, Piernas de Alambre, esa paz que nunca te ha importado recibir de mi parte, pero que para mí es muy importante. Porque permitirá que te olvide en el día a día para siempre, y me liberará de mi propia memoria y de mi rencor, que quiero lejos de mí y muerto para siempre.
Y porque quiero encontrarme contigo alguna vez y abrazarte y besarte y decirte lo bello que atesoras y lo importante que eres para el mundo, porque has formado parte de mi vida, de mis llantos de amor.
Te quiero, Piernas de Alambre, no me avergüenza decirlo (nunca lo he hecho). Pero es hora ya que te libere de ese fardo de resentimiento que te ha unido a mí por todo este tiempo. Y aunque nunca sepa porqué huiste de mí…, ya no me hace falta saberlo. Ya no necesito más una aclaración que nunca tendré.
Olvidando para recordar con cariño, con paz y sin orgullo herido. Qué paradoja… Pero sólo así seré libre. Y quiero serlo, por siempre, de ti.
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Tu voz/ Your voice.
El día a día/ The days we're living
Nunca te había llamado. Nuestra relación, hasta ese momento, había sido más impersonal, intercambio de correos electrónicos, algo de chateo por el teléfono; poco más.
Pero notaba algo. Algo en ti que me atraía irremediablemente.
Tus fotos, ese atractivo evidente, esa mirada comprensiva en la que se adivinaba una chispa de bondad. Ciertos ademanes educados. Y aquel torso maravilloso abierto al sol.
Pero ha sido oír tu voz hoy, a través del teléfono, y el corazón me dio un vuelco y lo supe de inmediato.
Nada me cabía por dentro. Los pulmones respiraban al revés y no sabía dónde ponerme. La caricia que de mis oídos llegó a mi corazón, impregnó toda mi alma, dejándola desubicada. Las palabras no salían de mi boca, que sólo estaba abierta esperando un beso imposible.
Tu voz de seda y caricia, serena y algo achispada; llena de un vigor y de un entusiasmo contagioso, se clavó en mi vida como un recuerdo indeleble: oscura, aterciopelada y jovial, joven y estupenda.
Si nos enamoramos del amor, yo me he enamorado de tu voz, que es poema para mis oídos y calor para mi corazón deshecho.
Si nos enamoramos de lo que vemos, tu voz se ha grabado a fuego en mis arterias y te llevan a todas las zonas de mi cuerpo, que se llenan de ti en la distancia y que salen de mí en un destello de placer.
Tu voz de menta y de canela; de suave murmullo y risa fácil; de sueño y de sorpresa, me pilló desprevenido, me dejó desatendido y me arrojó al mar de un amor en la distancia que se contenta con recuerdos.
Tu voz, encerrada en mi mente, alimentada por mi corazón, me ha enseñado el camino perdido de la ilusión y del amor.
Tu voz.
Primavera/ Spring.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're livingLos vídeos de Vodpod ya no están disponibles.
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Tal como era/ The Way He Was.
El día a día/ The days we're livingRobert Redford, en una entrevista realizada por la revista Time en la que se sintetizan 10 preguntas y en las que habla sobre su nueva película The Conspirator sobre el juicio posterior al asesinato del presidente de los EEUU, Abraham Lincoln, y sus posturas por todos conocidas que, con la evolución intelectual y personal que nos aporta el tiempo que vivimos, hace que siga siendo tal como era.
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– Soy Gilbert Cruz con Time y estoy en la compañía de un hombre cuyo currículum es demasiado vasto para resumirlo en un listado: fundador del Instituto Sundance y el Festival de Cine de Sundance; actor; productor; conservacionista; y director del nuevo drama ambientado en los tiempos de la Guerra Civil [Norteamericana] The Conspirator. Robert Redford, muchas gracias por estar aquí con nosotros hoy.
– Gracias por esta presentación.
– Este año se conmemoran 150 años de la Guerra Civil, un tiempo en que nuestro país se hallaba muy dividido… ¿Seguimos siendo en algún sentido una nación dividida?
– Tristemente, lo somos. El leit motiv que Lincoln usaba para mantener la Unión de nuestro país era: «Una nación dividida no puede ponerse nunca de pie». Y yo creo plenamente en ello. Vimos lo duro que fue durante la Secesión, y desafortunadamente esas circunstancias no se han diluido con el tiempo que ha pasado. El marco de la película es obviamente la Unión de este país y el asesinato de su Presidente, un marco histórico muy conocido y entendido. Pero dentro de ese período existe un capítulo no tan estudiado, que sólo conocen unos pocos (si es posible): el juicio a Mary Surratt y la relación establecida entre este hecho y el abogado que se ve forzado a defenderla, un ex soldado de la Unión… Cómo evoluciona la relación entre estos dos personajes permite establecer paralelismos con nuestro hoy (Guantánamo, la disposición del Habeas Corpus) aunque eso es algo que yo no pretendía pero que el público y la crítica parecen establecer pues florecen por sí mismos.
– ¿Existió algún momento en su carrera en la que creyó que podía dejar bien marcado el mensaje de sus películas en la audiencia que las disfrutaba?
– Bueno, cuando era más joven inocentemente pensaba que el mensaje de una película, cuando triunfaba y quedaban patente, podría cambiar el rumbo del pensamiento de la audiencia… Pero no. No creo que las películas tengan ese alcance, salvo quizá en el área de la Moda. Así que no espero nada de eso… Aunque, siéndole sincero, sí llegué a pensar que el cambio de mentalidad, de forma de ver el mundo, podría haber sido posible con mis películas… Quizá El Candidato tuvo algo que ver en acabar eligiendo políticos por su aspecto físico, como ocurrió en su momento con Dan Quayle, que era un buen hombre, pero no estaba cualificado para el puesto que ocupó… Así que todo, en realidad, ha ido a peor.
– ¿Qué les dice a sus actores, como director, siendo usted mismo actor, a la hora de trabajar en una película? ¿Qué puede aportarles usted que otros directores no actores no sean capaces?
– No creo que deba decir nada hasta no saber cómo es el actor que va a interpretar un rol. Es necesario llegarlo a conocer bien. Y dejarles hablar. Y que hagan preguntas. Como director, se le debe una guía al actor, se le debe una explicación de cómo se ve la película y hacia dónde va dirigida, lo que se desea contar y cómo… Pero una vez que todo eso está hecho se acabó el diálogo, pues se corre el riesgo de profundizar demasiado en detalles sin importancia, lo que a la larga es una pérdida de tiempo y material. Como actor, llega el momento en que hay que parar la investigación y la interiorización y ponerse a trabajar, sencillamente actuando.
– Usted ha dicho que esta película es esencialmente independiente. Aún a pesar de ser una cinta de época, ambientada en la Guerra Civil Norteamericana, a las que siempre se les ha endosado una etiqueta de gran importancia para la audiencia del país… ¿Cómo ha cambiado Hollywood?
– Ha habido un cambio profundísimo y constante. Fluye al minuto, hacia el espacio de Internet y las redes. Y cómo esto va a moldear la forma de trabajar y de hacer películas aún no está del todo claro… Hollywood tal como lo conocíamos ya no existe. Es una calle. Está algo más abierto al cine independiente sólo porque algunas de estas películas triunfan y recaudan dinero. Hollywood es un negocio básicamente, y sólo depende de si una película recauda dinero o no.
– De usted es bien conocida su faceta conservacionista, su trabajo para la preservación del medio ambiente… ¿Cree que la actual Administración, que Norteamérica, están haciendo un buen trabajo, en la preocupación de aquello que vamos a dejar tras de nosotros?
– He estado haciendo esto hace ya más de 40 años. Y es una batalla pírrica debido al inmenso poder que tiene la industria energética derivada del petróleo. Son los responsables de la evolución de nuestra economía, de nuestro bienestar y de nuestro poder. Y eso es magnífico. Pero en cuanto al empleo indiscriminado y eterno de esa energía…, el tiempo se ha agotado. Y el planeta es lo único que tenemos y nos pertenece a todos. Así que tengo el convencimiento profundo de que debemos evolucionar hacia nuevas formas de energías alterantivas.
– Volviendo a la película The Conspirator. Aunque narra el asesinato de Abraham Lincoln, a éste nunca se lo ve en pantalla… ¿Por qué tomó esa decisión?
– Su rostro era tan característico y es tan bien conocido… Si se desea ser realista, si se aspira a ser auténtico, deberíamos conseguir un rostro semejante… Y eso es una batalla perdida, porque no hay una cara tan real como la del propio Presidente. Así que decidí no hacerlo, aparte que tampoco ése es el punto de vista de la película.
– Señor Redford, muchísimas gracias por hablar hoy con nosotros.
– Gracias a usted.
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Ese hombre/ Big Bad Handsome Man
Los días idos/ The days gone, Música/ Music
Ése que mira con descuidado interés. Ojos de negro pozo, profundos y misteriosos.
Un cigarrillo en la boca. Una barba de dos días, oscura como un mal secreto.
Esa boca entreabierta, con los labios carnosos esperando un beso. Sonrisa de fresa. Humo gris en la mirada.
Piel nívea, pecho de altiplanicie lleno de vello color noche. Botones abiertos casi olvidados, ojales despreocupados.
De pie, girado hacia mí. ¿Ves?
Ese hombre es mi hombre.
Tiene fuego en la piel; sus dedos cálidos hacen que me abra como una flor, que me olvide de mis afanes.
Todo lo consigue de mí. Y yo de él. Todo. Menos su corazón lleno de sangre. Y él se alimenta del mío.
Pasa las horas así, viendo la gente pasar. Callando secretos de aquellos que lo ven y lo buscan; escuchando historias y rumores; escondiendo mentiras y deseos en el pantalón, junto con mis sueños.
Ése que mira con pose estudiada, ése es mi hombre. Guapo a rabiar, sensual y único. Sus besos tatúan los viajes que hace sobre mi cuerpo; marcando mis sueños; sembrando cansancio y supremo placer.
Y se queda callado después del amor. Y enciende un cigarrillo en la noche color de oscuridad. Y todo se consuma en silencio. El llanto de la alegría, la tristeza de su fin. Me mira y se encoge de hombros. Me besa de nuevo, entre el humo del cigarrillo y su sudor.
Llora después del amor. Y llora mientras se viste dejándome atrás.
La camisa desabotonada. Los zapatos sin atar. Y una lágrima que se escapa por entre su pecho y llega a su cintura. Yo las seco con mis labios antes de que se marche.
Mirándome con esos ojos negros, aceitunas maduras, sonríe entre sus lágrimas que brillan en el claroscuro de la madrugada. Se encoge de hombros envuelto en belleza. Y apaga el cigarrillo en el cenicero que le ofrezco. Y se va.
¿Ves ese hombre? ¿Ése que mira buscando algo que no encuentra, con el pecho abierto y la sonrisa de fresa? Yo soy de ese hombre.
Pero yo para él no soy nadie. Nadie más que alguien más. Alguien que complace, a quien hace compañía.
Y llora. Llora después del amor. Y siempre se va. Y no dice nada.
Ese hombre, es mi hombre.


