Algo nuevo/ Something new.

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   A veces andamos ciegos por la vida. Carente de sentidos primarios y, por lo tanto, perdidos.

   Sin embargo yo sabía desde siempre, una voz pequeñita dentro de mi corazón, que encontraría aquella pieza perdida, el sueño que se hace realidad, el momento adecuado para ser feliz. Una vida nueva, una risa nueva, y una brillante claridad.

   No sabría decir cómo ni porqué, pero no hube sido feliz hasta que tú llegaste a mi vida. Mil primaveras tocaron mis dedos; los otoños amontonados se abrieron a mi piel y la esperanza, esa eterna perdedora, tiñó mi mirada para siempre cuando te acercaste y me sonreíste y cambiaste mi vida y me dijiste que todo podía ser realidad.

   A veces vivimos de espalda a la vida. Rodeados de Belleza pero ajenos a ella, en una perpetua noche en la que no encontramos el alba salvadora, la puerta cerrada que anhela la llave maestra y la caricia exacta para descongelar el corazón. Y yo vivía así, lejos de todo y de todos, con miedo a ser herido, con pavor de ser olvidado y usado y perdido en algún recodo de cualquier parte.

   Pero algo nuevo llegó a mi vida en tu mirada, y el cielo se tiñó de rosa y el sol acarició mi piel fría y la sonrisa de océano de tu boca me enseñó el camino a tus labios y el mundo se abrió, enterito, a mis pies.

   Y ese algo nuevo, esa maravilla caída del cielo y llena de dolor, de tactos y de melancolías, eres tú. Y qué bien le has hecho a mi vida, renovándola desde las raíces, haciéndomela querida, queriéndome desde el principio y teniéndome paciencia.

   Qué bello el riachuelo que toca nuestros pies, y el otoño que llega cargado de frutos maduros y pendulantes. Como nuestro amor. Como tu amor por mí, que sembró profundas raíces en la tierra de mi vida, y se ha quedado ahí para siempre. Las hojas doradas, el intercambio continuo de sueño y vigilia, y el navegar de tus labios por mi piel hasta llegar al puerto de mi boca, donde golfean desnudos hasta caer la noche, cargada de estrellas y de ciruelas, de sueños y de quimeras.

   Has deshecho todos mis miedos comiéndotelos completos. Me has tomado de la mano con pulso firme y la has llevado hasta tu corazón, encerrándolo en mi puño. Y con tu corazón en mi palma, descubrí que todo era nuevo, que todo era puro, que todo era único porque tú, lo mejor de mi vida, lo nuevo, estaría conmigo para siempre.

   Y pueden pasar muchas cosas; puede variar el viento y virar las naves; puede llegar el invierno (y llegará, bien lo sé); lloverá y el cielo se tornará gris y las lágrimas atracarán en nuestro puerto y el dolor acechará cerca. Lo sé. Pero no importa. No importa porque tú has vencido mis miedos, y besarte, tocarte, saberte cerca, hace que mi vida valga la pena; segura, asegurada por esto nuevo que habita entre nosotros y que eres tú: tus ojos de estrella, tu garganta de bacante, tus manos de espigas doradas.

   Siempre habrá, cada día, algo nuevo en mi vida, porque tus ojos se abrirán a mi lado, y nuevos sentimientos no conocidos aflorarán en nuestro lecho y en las pequeñeces que tejen los días que se viven; y la vida fluirá, como siempre ha debido ser, por mis venas y las tuyas, por toda la eternidad.

   Algo nuevo, algo único, algo sorprendente: tu amor ha hecho que la valentía florezca, que la pasión abrase y que la calma, siempre anhelada, acampe en mi vida para siempre.

   Cualquier cosa que ocurra, siempre habrá algo cierto en mi vida, algo que se mantendrá eternamente nuevo y verde: tú.

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¿Quiénes como nosotros?/ Whom like Us?

Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

XCV

Quiénes se amaron como nosotros? Busquemos

las antiguas cenizas del corazón quemado

y allí que caigan uno por uno nuestros besos

hasta que resucite la flor deshabitada.

Amemos el amor que consumió su fruto

y descendió a la tierra con rostro y poderío:

tú y yo somos la luz que continúa,

su inquebrantable espiga delicada.

Al amor sepultado por tanto tiempo frío,

por nieve y primavera, por olvido y otoño,

acerquemos la luz de una nueva manzana,

de la frescura abierta por una nueva herida,

como el amor antiguo que camina en silencio

por una eternidad de bocas enterradas.

Pablo Neruda, Cien sonetos de amor.

¿Ves?/ See?

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen

En agosto./ In August.

El mar interior/ The sea inside

Todo lo mejor quedó atrás. Contigo en la distancia. Mi propia vida que hoy no es más que la vida de otro. Y tus recuerdos.

Hoy ya no pienso en nada. Tengo la imaginación en blanco y el corazón mudo.

La piel se eriza, la respiración no contiene el aliento. Intento evocarte. Intento olvidarte. Pero el tacto no me deja, el oído me trae tu nombre y mi ojo te dibuja en mi corazón.

¿Qué hacer en la distancia? ¿Qué hacer ahora que agosto termina?

No lo sé…

Y todo quedó atrás, menos las palabras que te dije bajo el cielo encapotado, a través de unas gotas de lluvia que caían entre los dos.

Todo quedó atrás. Y conmigo. Dentro del corazón callado, que grita tu nombre. Detrás de los labios sellados, que lloran tu lejanía. Tras el silencio de mi mente, que no piensa, sólo siente.

En agosto te encontré y en agosto te perdí. En la canícula, en el rocío, en la llegada del alba tempranera. Era un sueño, lo sé. Pero eras tú. Y yo. Y nada más. Y el resto del mundo entre la orilla y nosotros.

Ahora no hay nada. Observo a mi alrededor y la casa está callada, es extraña, no es mía. Nada en lo que ella hay me recuerda a mí, que me he perdido, en agosto, con tu nombre. No me queda un recuerdo, empiezo de nuevo.

Pero mis sentidos se rebelan y con denuedo evocan tus latidos, la sangre corriendo por tus arterias, el calor de tu cuerpo cerca del mío, la compañía que hace al día placentero, a la noche eterna…. Mi cuerpo es mi memoria; mis sentidos, mi corazón y la distancia, en agosto, mi amor.

Mi amor…

Termina agosto y tú con él. Qué mes cruel que te me ha regalado y te me ha quitado así, sin más. Sin más…

Cierro los ojos y te veo…

Pero ya no estás.

Bella delicadez/ A Delicacy.

Arte/ Art, Música/ Music

Gustav Mahler (1860-1911)

Honor: paraíso perdido/ Honor: paradise lost.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   En estos nuestros días del S. XXI se ha perdido el Honor. En algún lugar entre la sana ambición, la correcta educación y el valor de la palabra, lo hemos perdido. Tanto, que hoy ensalzamos el deshonor y ridiculizamos su contrario con una desfachatez asombrosa.

   En la actualidad, los valores que antes se admiraban no tienen sentido. Tanto es así, que nos asombramos que alguien se dirija a nosotros con un mínimo de educación o que muestre la más leve galantería, una bonhomía ligera como un beso en la distancia. Hoy se mira como debilidad, como un defecto de personalidad y, de forma también inexplicable, como una falta de ambición y de sueños.

   Demasiado acostumbrados estamos en las televisiones, en las mañanas al salir a la calle, en nuestras relaciones familiares, en nuestros mundos personales a tal desajuste, que nos asombramos cuando alguien cede ante nosotros su puesto en un asiento, cuando nos sonríen porque sí, cuando destaca por encima de todo una amabilidad que no es debilidad sino grandeza, un elevado bienestar propio que se resume en delicadeza y en sereno clamor. Un alma estable es sutil y firme al mismo tiempo, dueña de una aleación única que la hace al mismo tiempo flexible e imperecedera, perspicaz y olvidadiza, astuta y, sin embargo, pausada, bienhechora, imperfecta y magnánima a la vez.

   Qué poco cariño nos tenemos a nosotros mismos cuando dejamos pasar personas que merecen la pena, gentes cuya talla moral raya lo absoluto, lo perfecto. La bonhomía, el honor, obrar con justicia, lamentarse y errar, enmendar esos errores, seguir en el camino pese a todo, lleno de consideración por cuanto nos rodea: planta, animal o individuo, sin un pensamiento indigno hacia los demás (porque son sus iguales), sin esperar nada malo de la vida, pero aceptando su ración al final con hidalguía… La palabra dada, la responsabilidad que a ella va adherida, la cortesía y la sonrisa, son bienes tan escasos, nuestra talla moral es tan baja hoy en día, que no abundan ejemplos a los que seguir y, aquellos que lo son, se alejan de nosotros, heridos muchas veces pero sobre todo cansados de saber que un mundo así, vacuo, enorgullecido de serlo, e hipócrita no merece (porque no merece) que caminen por él.

   Acabo de leer, después de muchos años, Los tres mosqueteros y Veinte años después, de Alejandro Dumas. Los valores que estas dos novelas contienen, llenas de pasión y de delicadeza pero a la vez de brutalidad y coraje, resumen el mundo que hemos perdido. Un mundo en donde el honor bien entendido (todo llevado a su extremo es un error en sí mismo) era el eje de la existencia, donde el orgullo de hacer bien el trabajo, la palabra dada, la adhesión a un código de actuación y los buenos modales envolvían la vida y hasta la justificaban. El ambiente retratado en esas obras de ficción, mejorado y tallado con el paso de los siglos, sobrevivió casi hasta nuestra época, ampliándose, extendiéndose, dejando de ser el bien de unos pocos para ser la vara de medir de toda la sociedad. Pero en algún punto de esa evolución hacia la globalización hemos perdido la ruta, hemos desandado el camino.

   Bien sea hablar gratuitamente mal de alguien: un familiar, un conocido, un desconocido; bien sea considerándolo poseedor de nuestros mismos defectos sólo que potenciados; o un ser inferior (física, intelectual y culturalmente); o por sencilla maledicencia, nos vemos rodeados de una sociedad hipócrita y maldita, que reniega lo mejor de sí misma en dos extremos que se tocan: la indiferencia más absoluta y la ansiedad más metiche.

   Esta no es la sociedad en la que yo vivo. Yo vivo en aquella en la que se le da una oportunidad al Otro, en la que se cumple con la palabra dada; en la que, pese a todo, confía en la buena voluntad de los demás; en la que la Libertad campa a sus anchas mas no el libertinaje; en la que la Igualdad es ley, mas no el igualitarismo; en la que el Honor tiene su puesto, así como la Ambición, la Voluntad, la Sapiencia y la Decepción. No soy como los demás. No me interesa serlo. Soy yo: un hombre de honor. Porque digo lo que pienso, porque procuro cumplir con mi deber según mi código de valores; que no reniego de nadie; que no se deja manipular por nadie; que confía hasta que deja de hacerlo; que no olvida, rencoroso inflexible, pero que no deja de dar otra oportunidad, como se la han dado a él más de una vez; que anhela la Perfección sin alcanzarla nunca, lleno de Educación nacida de dentro y jamás impuesta; y que hace su labor, que es ayudar a los demás, lo mejor que puede hasta cuando no quiere, porque los remordimientos llegan y no le dejan dormir.

   No sé si vivo en una realidad paralela. Si es así, me importa y mucho: me gustaría que la realidad reflejase todo lo que tenemos de bueno, porque todos tenemos algo bueno que ofrecer, y que las buenas maneras, una sonrisa, la palabra dada, la Bonhomía en sí, el Honor, ese paraíso perdido, vuelvan a ser lo que eran y valgan su peso en individualidad, en comunidad y en mundo.

   Para aquellas personas tan bajas que creen que, en susurros soto vocee, arreglan el mundo; para aquellas equivocadas que juzgan la realidad por los ojos con los que ven; para aquellos que creen firmemente que no todo está perdido, el Honor late en mí, sin menosprecio ninguno mas sin una pizca de falsa modestia tampoco, desde el día que nací hasta el día en que me muera. Y así seguiré, y aquí seguiré, pese a todo o gracias a todo, vivo y tan cabezón como siempre.

   Gracias.

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Brindemos/ Libiamo!

Arte/ Art, Música/ Music

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