En soledad/ Alone.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Todo lo que tengo, que es mucho. Esta casa que crece con las horas; los coches aparcados en el garaje; la ropa en los vestidores; la fama que va y viene; el trabajo que parece agotarse y florecer más adelante; esta ciudad enorme que a todos acoge y a todos vomita al mismo tiempo, tan lejos de lo que fui y tan cerca de lo que soy. Y tu silencio que llena el espacio, y tu ausencia que todo lo marca.

   Todo lo que tengo, que es mucho, no es nada. Nada porque no te tengo a mi lado.

   No sé de dónde soy ni adónde voy. Mis sueños se han disuelto no sé dónde, pero lejos de ti. Y de mí.

   Un gran jardín que esconde en su umbría el reflejo de una persona que no soy yo. O que fui. Contigo.

   Todo lo que quise, que fue mucho, y que he sido yo, no une al corazón y a la mente, ni siquiera al corazón y al sentimiento.

   Y me he quedado mudo en esta soledad que me rodea.

   Toda la belleza que parece rodearme; toda la algarabía de esas comparsas de aduladores, que se disuelven tan pronto notan el más íntimo cambio; todo el sinsentido que usé para ensordecer mi propia voz… Nada hace que vuelvas a mí. Nada hace que hayas huido de mí y que ahora me encuentre así: solo.

   Yo soy yo y nadie más. Un sólo solo, lleno de vacío. Jugando a los ecos del silencio pues ni los muebles me hablan. Sólo me recuerdan lo que fue una vez y ya no es. Y yo, siendo yo, viviendo en soledad.

   Sin ti.

   Solo.

   Rodeado de gente, de cosas, de vacío.

   Sin ti.

   En soledad.

   Todavía.

El fulgor de la luna/ Moonlight.

El mar interior/ The sea inside

   a Chus, que quería un cuento de encuentros y desencuentros y de esperanzas.

   Ambos miraban la eterna luna brillar suspendida en el vasto cielo desnudo. Apenas se veían estrellas, capturadas por ese fulgor plateado que parecía llenarlo todo: la blancura de los fiordos, enormes y serenos, callados y extrañamente familiares; el sereno bogar del barco, que surcaba las frías aguas con esa peculiar seguridad de las cosas fáciles; y el abrazo callado en el que ambos estaban envueltos en el rumor de la noche noruega.

   Nadie lo hubiera creído, ni ellos mismos pensado, que un viaje así pudiese unirlos; que la brevedad de la vida, fulgurante como la luna polar, tuviese reservada para esas vidas aburridas un cambio que, como la llama que enciende un fósforo, estaba destinado a durar en el rumor de la memoria; en los recuerdos de la piel y el murmullo de los tactos. Nadie hubiese apostado por ese despertar mutuo como un rayo; nadie, ni ellos mismos, hubiese sido capaz de pensar que un sentimiento como aquel pudiese nacer en las frías avenidas del mar en Noruega, flanqueados por las brillantes masas de agua congelada, lamidas a perpetuidad por un océano insomne como el millar de besos que aquella noche compartían.

   Era un milagro, breve y conciso. Tan preciso como una espada bien afilada, aquello que los mantenía unidos ante el fulgor de la luna quedaría grabado en unos corazones ansiosos por el brusco despertar; sedientos por saberse necesitados de cariño; necesidad de saberse amado y de extasiarse en el sentimiento que se hace acto, y el acto, una obra perdurable.

   En ese viaje apenas si hubo palabras, porque los ojos hablaban por ellos y el latido de la sangre en sus arterias. Cada caricia era una declaración de independencia; cada beso traía aparejado un olvido deseado y la ardiente locura de saborear hasta el cansancio, hasta la extenuación, aquella pasión que parecía haberlos fundido en un solo pensamiento, en un solo cuerpo. Y el mar noruego arrullaba con su murmullo de masa líquida el camino de sus caricias, y el brillo de la luna tatuaba en sus memorias no sólo la pasión colmada, que sí; no sólo el ansia derramada, que también; si no un sentimiento más callado de tanto que gritaba, y que era un amor infinito encerrado entre los hielos del tiempo y que llevarían por siempre en cada paso, en cada latido, en cada casa en la que pernoctasen, en cada sueño que soñasen.

   Porque aquel viaje hizo que despertasen de sus vidas regulares y descubrieran un potencial de singularidad que sólo está reservada para los amantes alocados, para las pasiones pudientes y para los sueños lejanos.

   Se amaron en las noches noruegas y se besaron y se comieron y se conocieron sin decirse nada, porque la palabra quebraría el hechizo y la realidad escaparía detrás de la luna, cuyo fulgor plateaba la mirada profunda, la boca casi cerrada y las lágrimas de felicidad y pasión colmada que los atajaba aquella noche…

   La misma luna solitaria brilla en cada una de sus ventanas. Ambos miran ese reflejo del invierno en la ventana, con la luna hecha un boceto enorme en el cielo suspendido y separado por la distancia y la historia común y el día a día. Desde el día que se separaron no han dejado de pensar uno en el otro. Cada mañana es un dolor por abandonar el lecho, porque en el sueño se saben juntos, gozados y plenos, y no hay niños que atender ni parejas que soportar, ni un trabajo aburrido al que acudir para poder ahorrar y pensar en un nuevo viaje donde la magia se muestre de nuevo y envuelva a los amantes de la distancia. La distancia… Pensar en ella de noche, bañados por el fulgor de la luna, les abre el corazón y lo expone en su tabanco de tiempo perdido. La distancia es tan dolorosa como el despertar, pues está henchida de realidad, y lo cotidiano es lo que acaba por definirnos y nos hace similares al resto. Aunque ellos se tenían en el pensamiento y en las fibras escondidas de un corazón, y en la laguna inundada del sueño y en la plateada ribera del recuerdo. Y eso los hacía distintos, aunque interpretasen un papel de cotidianidad día tras día.

   Promesas, promesas… La vida se escapa en sueños irrealizables. El Atlántico se asoma a una ventana; el Mediterráneo en la otra: de una punta a otra de un país inmenso, el mundo que separa a los amantes noruegos se achica hasta hacerse añicos en noches como ésta, en que la luna brilla en medio del universo, plateando con su fulgor unas esperanzas que reverdecen a pesar del tiempo y la distancia; en los amantes apresurados; en los amigos presurosos; en la pareja que vive en otra dimensión su vida en común, su vida de pequeños problemas y de gran amor, amor que tatúa las venas hasta hacer daño y que asciende al corazón hasta el infinito… Cinco años han pasado ya, y cada mes, con la luna, el recuerdo de los fiordos transparentes, el rumor del oleaje de aquel mar en calma y el frío de un país que les brindó cobijo y sentido, parece acercarles, parece hacerles sentir que la vida es digna y que puede ser.

   Cada noche sueñan, con el fulgor de la luna, en que pueden encontrarse…,y que ese día está ya a la vuelta de la esquina.

A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside

Tom Ford: dueño de su estilo/ Tom Ford: his OWN style.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

 

De la cadena OWN, un documental que ahonda en las pasiones, en los recovecos y nos acerca más a la persona y al creador de maravillas que es Tom Ford. Un homenaje, una propaganda, una justificación, pero a la vez, un entendimiento más profundo de la complejidad de la creación artística y de los impulsos que nos llevan  a ella.

¿Qué soy para ti?/ What Am I to You?

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   ¿Crees que te quiero lo bastante?

   ¿Me quieres tú?

   ¿Y qué es bastante?

   ¿Y cómo es quererse?

   A mí me late el corazón bum, bum, bum cada vez que te veo. Y me sube hasta la boca y me lleno de besos para ti.

   Cuando pienso en ti se me alborotan las ideas, me salen por los oídos. No oigo nada porque están llenos de tu nombre y la lengua se me traba contando las letras, y ver, sólo veo tu perfil asomado a la ventana, tu sonrisa de planeta y medio y tu mirada de manzana.

   Y siento mariposas en el estómago revoloteando y haciéndome cosquillas, así que tengo una sonrisa enganchada a los labios hasta que me duele la boca.

   Y mientras duermo sueño que me acaricias y me abrazas hasta faltarme el aliento. Y me despierto pensando en ti muy adentro, enrollado en mi cabeza, latiendo en mis sienes sin control alguno.

   ¿Crees que te quiero lo bastante?

   Pues no me mientas. No me digas que sí cuando es no. No vayas allá cuando quieres ir aquí. No me digas que deseas tumbarte cuando quieres bailar y cuando quieras dormir no me salgas conque no importa ya lo harás más tarde.

   ¿Me quieres tú?

   Pues no juegues con mi corazón, que no es de goma. Rebota cuando te tengo cerca, y en tus manos es de cristal. Y aunque se llene de mariposas revueltas, tú eres el único que parece darle sentido a esta locura de quererte. Así que no juegues con mi confianza, que aún es más frágil que mi corazón.

   Porque sin confianza no puedo vivir.

   ¿Qué es quererse?

   Es aceptarse. Es comprenderse. Es olvidarse para luego y tenerse siempre en la mente. Y sonreír entre lágrimas y abrazarse sin sentido y besarse en la oscuridad y a pleno sol. Y gritar el nombre deseado hasta quedarse sin palabras.

   Así te quiero. Como un cariño de vidente, evidente y decidido.

   Y eso eres para mí. Todo.

   ¿Me quieres tú?

   Y si me quieres entonces, ¿qué soy para ti?

El sonido de una puerta al cerrarse/ The sound of a close door.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Los días idos/ The days gone, Medicina/ Medicine

   a las Mosqueteras: Lucía Canedo, Uxía Ferrer y Mar Lale. Sin ellas nada hubiese sido posible y nada sería lo que fue.

   Mañana se cierra una etapa más de mi vida laboral. Corta pero intensa, que ha expandido mis horizontes, me ha mostrado otra cara de la administración de la Sanidad, lejos del Pasillo de la Salud Perdida, pero conectada de forma directa aunque ignota, que pasa desapercibida pero que nos envuelve como un manto cada vez que nos ponemos al mando del restablecimiento de la Salud.

   Hace siete meses me dieron un contrato en la administración hospitalaria. Mi responsabilidad era establecer con qué parámetros de Seguridad actuábamos los profesionales en el hospital; detectar errores; analizarlos y aportar soluciones brillantes, es decir baratas y eficaces. Nosotros, en España quiero decir, no tenemos una concepción clara de la Seguridad en la actividad diaria, y por ende de la Calidad en el servicio. En general, porque hay profesiones donde esto se lleva a rajatabla como la aviación; y la calidad es un factor princeps en el sector turístico, claro. Pues eso, pero más aún. Aunando la exquisita vigilancia del detalle de los pilotos y la excelencia en la administración de cuidados del sector servicios, el objetivo actual de nuestra Sanidad es conseguir el siempre difícil maridaje entre calidad y seguridad y actividad diaria, y así desplegar la Excelencia.

   Como pueblo no estamos acostumbrados a la consecución de la Excelencia. Y sin embargo en nuestra Historia nos abruman los ejemplos. Que somos un pueblo que se mira el ombligo es una gran verdad, pero también una obviedad. Todos lo hacen. Lo curioso es que creemos que los demás no cometen errores, no son impuntuales, son ascetas de la política y de lo público, y que hacen todo perfecto. Eso es falso; tan errado como la imagen que los españoles dentro del país tienen de España, su país. Lo que sí diferencia a muchos de esos países con los que nos comparamos es que ellos sí saben apreciar la Excelencia, tiene casi un don natural para absorber los mejores atributos de sus trabajadores y aúpan a los mismos a conseguir resultados mejores, a acercarlos a la Excelencia. Nosotros, no. Al que es bueno lo sacamos porque necesitamos colocar al que recomendamos y así. Es ahí donde nos diferenciamos, pero en lo demás, no.

   En ese tiempo eso es lo que he querido desarrollar. Inconscientemente al principio, llenando los baches de mi ignorancia teórica con mi natural tendencia a la observación y a la acción inmediata; basándome en mi experiencia hospitalaria y en mi afán de sonreír a pesar de soltar las frases más lapidarias que puedo, fui consiguiendo escalar peldaños en una labor que empecé de cero. Pero de cero patatero. En ese camino tuve la suerte inmensa de verme rodeado de un grupo maravilloso de mujeres inteligentes, trabajadoras, apasionadas y con las ideas más claras que las mías; que me aceptaron con reservas, supongo (yo lo haría), pero con calidez. Juntos conseguimos en tan poco tiempo lo que nadie pensaba posible, y sentamos las bases de un camino que necesitaba más tiempo del que nos dieron, y que seguro veremos marchitar en breve.

   Hace siete meses me dieron una oportunidad. No me lo pusieron fácil. Pero yo no me fijo en esos detalles. La oficina que me asignaron estaba llena de papeles, desordenada, tenía una gotera enorme que se convirtió en una pared-cascada que sirvió para más de una broma y carecía de calefacción. Pero tenía un ventanal extraordinario y era inmensa como un sueño inconcluso. La limpié y ordené yo mismo. En un día aquello parecía otra cosa. Los jefes directos, a los cuales debía el favor y la confianza que habían depositado en un perfecto extraño y novel en esas materias, debieron preguntarse qué habían hecho al asignarme tamaña labor. Confieso que ni me puse a pensar en eso.

   Esas personas, la mayoría ya no están, me abrieron una puerta. Y la tarea era ingente. Pero como la ignorancia es atrevida y apasionada, me lancé como pude a la tarea. Conocía el terreno, no en vano llevo trabajando en ese hospital doce años, y lo más importante, la gran mayoría de la gente me conocía a mí y ya sólo por eso, y una megadosis de encanto que tengo cuando más quiero, me ayudaron siempre, siempre, y desde aquí lo agradezco de corazón.

   En este tiempo he estado haciendo cursos para ponerme al día por las tardes, cada mañana trabajaba en los enredos del mundo del papel, y una vez a la semana hacía guardias en la UCI. Reuniones, palabrotas, cansancio, orgullo herido y a veces comido a bocados, tonterías escuchadas, proyectos apasionantes, resultados variables, esperanzas rotas, sueños apetecibles, proyectos que se han hecho realidad, lentos y ajustados a la realidad de cada servicio hospitalario, y muchas experiencias inenarrables han pasado en apenas medio año; tantas cosas y ninguna, que hoy me han sobresaltado, echando la vista atrás, y que me dejan anonadado. El equipo del que formaba parte era extraordinario: lo que pedía lo hacían fácil, y eso no es nada fácil. Yo he intentado estar a su altura, aunque sé que apenas les llegué al tobillo. Ha habido buenos momentos; nos hemos reído y nos hemos indignado y nos hemos divertido y hemos sido sarcásticos e incrédulos a partes iguales; hemos descubierto partes desconocidas de nosotros y nos hemos aceptado con una facilidad pasmosa y un cariño verdadero. Extrañaré nuestras reuniones semanales y los sueños que tejimos una vez con los hilos de la realidad.

   La Seguridad Asistencial es un mundo enorme. La consecución de la Excelencia en el trato al paciente, es decir a nosotros mismos, requiere una dosis de aceptación, de humildad y de adaptación. No es fácil, pero una vez absorbido, hace nuestro trabajo más sencillo, nos desfoga de la presión a la que nos vemos abocados en momentos de máxima presión asistencial, mínimo sueldo y recortes brutales. La Seguridad y Calidad asistencial busca conseguir los mejores resultados con el mínimo de esfuerzo, y que esos resultados sean siempre perfectos, dentro de los límites probabilísticos en los que la Medicina se mueve, claro. Es decir, el mínimo daño al paciente, la máxima cobertura al profesional de la salud y esa ligera alegría que nos llena por el trabajo bien hecho. Y a pesar de no ser nada sencillo, me asombró lo generoso que fueron conmigo mis colegas, que se prestaron a mis propuestas con una confianza infinita. Les debo mi lealtad y mi agradecimiento. Ellos me han permitido haber conseguido tanto en tan poco tiempo y me han regalado una imagen de mí mismo como médico que yo era incapaz de ver: me miran con respeto, como a un igual. Y eso es extraordinario para alguien que siempre ha hecho las cosas de forma diferente, que nunca ha encajado en los moldes establecidos de la sociedad.

   Pero mañana esa puerta se cierra. ¿Cómo llegué a gozar de esta oportunidad? Lo ignoro. Pero en el camino quedan la confianza que depositaron en un perfecto desconocido personas que tenían cierto poder político y un ánimo único que espero se reproduzca en el camino que comienzan mis sucesores (mi trabajo ahora lo van a hacer dos colegas distintos): durante medio año he vivido un pequeño milagro de la única forma en la que estos se experimentan: ignorándolo. Y todos, desde la Subdirección de Calidad del SERGAS hasta la antigua dirección hospitalaria; desde mis tres mosqueteras a las que les debo lo mucho que conseguimos, a todos mis amigos y colegas: médicos, enfermeros, auxiliares y celadores, esa pequeña semilla ha preñado en mí un mundo distinto de la Asistencia que puede que tenga que explorar más y mejor.

   Pero todo sueño acaba; toda experiencia deja su fruto y pasa de largo. No podría expresar qué se siente cuando pensamos que nuestro trabajo no se aprecia, o cuando se considera insuficiente. No podría decir qué sentí cuándo se me dijo que ya no era necesario y que dos personas ocuparían ahora mi lugar. Si soy sincero, ni rabia sentí, ni decepción. Lo primero que pensé fue en lo obvio: estaba en la calle. Y después, días después, analizando lo que habíamos hecho, buscando una justificación para hacer ver que sí era válido (justificación inútil: decisiones políticas lo son siempre), me di cuenta que es lo que tenía que suceder. Las puertas se abren para cerrarse después. Y sólo queda ese sonido lastimero de un tiempo que ha pasado, el conjunto de sueños que han quedado atrás, conseguidos o no, y el cúmulo de posibilidades que nunca conocerán una oportunidad.

   Eso es vida. Y si ha de ser, así será.

   Pero el eco continúa resonando un instante más… Hasta mañana, quizá.

A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside