El día a día/ The days we’re living
A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.
El día a día/ The days we're livingLa fuerza de lo vulnerable/ The strong core of Vulnerability.
El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Lo que he visto/ What I've seen
To Jeff Ballam, for show it to me.
Vamos a empezar. Hace un par de años, Anette … me llamó, pues iba a dar una conferencia y se encontraba bastante preocupada sobre cómo describirme en el pequeño programa de eventos de ese día. Le pregunté en dónde estaba la duda y ella me respondió que me había oído anteriormente y me iba a catalogar de investigadora, pero que bien mirado eso sonaba aburrido e irrelevante y penaba que nadie acudiría al evento.. Sin embargo, lo que más le gustaba de mi forma de expresar mis ideas es que intento hacerlas amenas, como si estuviese contando una historia, por lo que preferiría presentarme como una Cuentacuentos… Al oírla, mi parte científica saltó de inmediato y reaccioné:¡¿Me vas a presentar como una qué?! Y ella seguía: Te voy a presentar como una Cuentacuentos… Y yo, incrédula, sólo pude decirle: ¿Por qué no me presentas como Pixie la Maga y tan contentos?… De todas maneras, le pedí que me dejase pensarlo un instante… Verdad es que soy una contadora de experiencias y que investigo sobre ellas para poder extraer datos que, en el fondo, esconden el alma de una historia así que…Quizá sea una Cuentacuentos, después de todo. Así que, al final, le pedí que me presentase de ambas maneras: como una Investigadora Cuentacuentos… Y se echó a reír diciéndome: Si no existe tal cosa…
Así que soy una investigadora que cuenta cuentos, y hoy vamos a hablar sobre cómo expandir la percepción y os contaré historias sobre mi investigación que han hecho que expanda mi propia percepción y que han cambiando profundamente la forma en la que vivo, amo y trabajo y la maternidad. Y en este punto es donde mi historia empieza:
Si no puedes medirlo, no existe.
Cuando era una principiante, mi primer profesor de técnica de investigación, me dijo esto: si no puedes medirlo, entonces no existe. Y pensé que estaba bromeando. Le insistí y el respondió con rotundidad. Deben entender que yo era ya Trabajadora Social, y poseía un máster en la materia e iba a empezar el doctorado en Trabajo Social… Así que mi vida estuvo rodeada hasta ese momento de personas que creían que el caos era lo adecuado, que el desorden era lo deseado y yo era más del tipo de pensar que si la vida era un desastre lo mejor era ordenarla, organizarla y clasificarla en compartimentos estancos… Así que encontrarme por fin con alguien que pensaba como yo, que necesitaba que el mundo tuviese un orden para poder alcanzar los objetivos fijados, como era conseguir un mar de sobresalientes (lo que era un mantra para mí), estaba encantada. Porque si bien estaba interesada en tópicos muy desordenados, ahora podría reordenarlos y podría medirlos y hacerlos científicamente significativos, poder diseccionarlos, hacerlos entender y poder transmitirlos a los demás con la mayor facilidad posible.
Vergüenza y Miedo.
Así que, con lo primero que empecé, fue con la Conexión (Contacto). Porque, después de 10 años trabajando como Trabajadora Social, nos damos cuenta que establecer contacto, que tener una conexión es el motivo, el porqué estamos todos aquí. Es lo que da propósito y brinda sentido a nuestras vidas, no importa las experiencias pasadas, lo que somos en la actualidad, la conexión, la habilidad de sentir el contacto con los demás de forma real, es el verdadero motivo de nuestras vidas. Así que empecé con la Conexión… ¿Saben esa situación en la que, al hablar con nuestro jefe, nos da una larga lista de nuestras cualidades pero al final describe otras que no son tanto y que llama «oportunidades para crecer y mejorar», con lo cual sólo pensamos en esos defectos y no en las 37 cosas buenas que nos dijo previamente? Pues algo así me pasó a mí con mi investigación. Cuando preguntaba por el amor, sólo conseguía respuestas sobre desamor y corazones rotos; cuando investigaba sobre el sentido de pertenencia, sólo respondían contando lo que sufrían al ser segregados, y cuando preguntaba sobre conexión y contacto, las personas sólo hablaban de separación y divisiones… Así que muy rápidamente, alrededor de 6 semanas desde el comienzo de mi investigación, entré en un estado de conexión imposible con mi labor debido a que no podía entender nada de lo que veían o decían al respecto. Así que revisé de nuevo mi investigación, intentando encontrar el punto exacto que se me escapaba, y sucedió que era la Vergüenza. Y la vergüenza es fácilmente entendible como el miedo a la falta de conexión, a que hay algo en nuestro interior que los demás ven y que nos hace poco merecedores de esa conexión, de ese contacto. Todo lo que puedo decir sobre esto es universal, todos sentimos este miedo, y sólo aquellos que no lo tienen son incapaces de sentir empatía por los demás y, por lo tanto, son incapaces de establecer conexiones con ellos. Y nadie quiere hablar de ello, y cuanto menos hablemos de ello, más incapacidad para remontar esta situación tendremos en el futuro.
Lo que hay debajo de esta vergüenza, de este yo no valgo lo bastante, todos lo conocemos: ni soy la más lista, ni la más delgada, ni al más guapa; no conseguiré el ascenso adecuado; lo que subyace es una dolorosísima Vulnerabilidad, esta idea en la que, para dejar que la conexión se produzca, debemos mostrarnos tal cual somos. Y yo odiaba la Vulnerabilidad. Entonces lo encontré: esta es la idea, este es el motivo de mi investigación. Acumularía los datos necesarios para demostrar que la Vulnerabilidad no es útil y que debe ser vencida. Pensé que en el plazo de un año podría ser capaz de desmenuzar el concepto de vergüenza y comprender en su totalidad el de vulnerabilidad, demostrar su ineficacia y terminar m investigación siendo más sabia y completa.
Me sentía preparada, por lo que empecé llena de ilusión y de energía… Pero, ¿saben qué? Aquello no terminó nada bien. Así que puedo hablarles sobre la vergüenza horas enteras, aunque no tenemos tanto tiempo para eso, pero lo que sí puedo contarles es lo que subyace debajo de todo esto. Y esto es quizá una de las cosas más importantes que haya aprendido nunca en una década de investigación continua. Ese año de plazo se transformó en seis, en miles de historias, cientos de entrevistas sin fin, de grupos de estudio; llegó un punto en que la gente me enviaba sus diarios y me confesaban sus historias personales… En fin, cientos de miles de datos en seis años, que me permitieron conocer a fondo qué es la vergüenza y cómo actúa… Escribí un libro, publiqué mi teoría…, pero había algo que no encajaba, que estaba mal.
Sentido de valía.
Si cogía a todas las personas que había entrevistado y los dividía en un grupo que tenían un elevado sentido de su valía, con un arraigado sentido de amor y de pertenencia, y otro grupo con gran sentido de lucha por encontrar amor y por sentir esa pertenencia, la única variable que los distinguía es que le primer grupo tenía un elevado concepto de sí mismos, creían a pies juntillas que merecían ese amor y ese sentido de pertenencia, es decir, creían que lo merecían, que lo valían. Eso era todo: ellos se creían merecedores de todo… Y para mí, el reto fue darme cuenta que la única cosa que nos aleja del sentido de Conexión es el miedo a no ser merecedores de ella. Y eso era algo que, tanto profesional como personalmente, debía entender mejor de lo que lo hacía. Así que separé todas aquellas entrevistas en las que encontré ese sentimiento de Merecimiento, de Valía, y me centré en ellos exclusivamente para encontrar qué punto en común tenían todas aquellas personas… Y bueno, tengo una serie de costumbres muy arraigadas sobre mi método de trabajo que merecerían una nueva conferencia, así que tomé todas esas entrevistas y la archivé en una carpeta que denominé Los del Corazón Pleno, porque esta gente vivie con toda intensidad y con todo su corazón su día a día. Y los analicé concienzudamente durante cuatro días. Mi marido se marchó de casa con los niños porque desarrollé una especie de locura a lo Jackson Pollock entre lecturas, relecturas y escritura embebida como estaba en mi modo de investigación. Y esto es lo que encontré:
Coraje. Compasión. Conexión.
Lo que todas esas personas tenían en común era el Coraje, y aquí quisiera hacer un inciso: Coraje no es lo mismo que Valentía. Pues Coraje proviene del latín core: que significa corazón y se empleaba como expresión de aquello que se contaba con todo el apasionamiento, con todo el corazón. Y estas personas se caracterizaban por ser Imperfectas; tenían la Compasión de ser amables primero consigo mismos y después con los demás, pues no podemos ser compasivos con los demás mientras no lo seamos con nosotros mismos, y al final, estas personas tenían Conexión como resultado de ser Auténticas: eran capaces de dejar atrás la imagen que ellos tenían de aquello que deberían ser para abrazar ser lo que en realidad eran, que es algo que se debe hacer de raíz si queremos conseguir Conexión.
Y la otra cosa que este grupo tenía en común era:
Coraje. Compasión. Conexión. Vulnerabilidad.
Ellos abrazaban completamente la Vulnerabilidad. Ellos creían que aquello que los hacía vulnerables los hacía a la vez bellos. Nunca se refirieron a que la Vulnerabilidad fuese una cualidad cómoda pero tampoco dolorosa, si no sólo necesaria. Asimismo comentaban la importancia de ser capaces de decir «Te quiero» primero, la importancia de hacer algo sin tener ninguna seguridad ni garantías de su validez, el poder de respirar profundamente antes de que el médico dijese un diagnóstico tras realizar una mamografía, el poder de invertir en una relación que podría o no funcionar bien… Ellos pensaban que todo esto era fundamental… Pero yo personalmente pensaba que era un error, y me sentía traicionada. No podía creer que hubiese levantado una investigación enorme para poder predecir un resultado determinado que se pudiese medir y controlar, y ahora el resultado de ésta me decía a la cara que aquello que quería controlar y medir no podía ser y que la Vulnerabilidad era el centro de todo y que era incapaz de ser medida o de ser controlada si se quería vivir una vida plena. Así que me sentí discretamente:
Depresión.
Aunque en realidad fue un horror y de mayores proporciones. Aunque he de decir que, a pesar de que yo le llamase Depresión, mi terapeuta osa llamarlo:
Despertar Espiritual.
Cosa que suena muy poética pero puedo asegurarles que yo lo que tuve fue una depresión de caballo. Así que tuve que dejar toda mi investigación un lado y buscar terapia. Y ahora déjeme decirles la única forma que se tiene de saber cuánto te conocen y quieren tus amigos más cercanos, y es cuando se les comenta que necesitamos ayuda profesional y se les pide recomendaciones…. Varios de mis amigos reaccionaron así: «¡Uff! Yo no quisiera ser tu terapeuta»… Y yo, asombrada, no paraba de preguntarles exactamente qué significaba eso. Y ellos respondían:»No, vamos, es un decir, vamos… No lleves tu vara de medir al pobre que te atienda»…
Pero bueno, al final conseguí una terapeuta: Diana. Y en nuestra primera cita, traje conmigo la lista de cómo las personas con corazón vivían su vida y me senté en su consulta, nos saludamos y eso, y esto es una terapeuta que va a ver a otra terapeuta (porque también necesitamos de eso) para sobreponernos de la…
Depresión/ Búsqueda Espiritual
Así que le dije que allí estaba, con una batalla interior bastante grande, y le expliqué que tenía un problemas con la Vulnerabilidad y que sabía que ella era el centro del Miedo y la Vergüenza y el sentido de valía pero al mismo tiempo, parecía ser el lugar del que todo emanaba: la Alegría, la Creatividad, el Goce, el Amor… Y que creía que tenía un problema y que necesitaba ayuda. Y le dije: «Pero eso sí: nada de problemas familiares, nada de esa mierda de traumas infantiles… Sólo necesito estrategias de combate, ¿queda claro?» Entonces ella hizo así con la cabeza y le dije: «Es malo, ¿verdad? Y ella sólo respondió: «No es ni malo ni bueno. Sólo es lo que es.» Y yo me dije en voz alta: «¡Dios mío, esto va a ser un horror!»
Y fue y no lo fue a la vez.
Me llevó un año. ¿Sabéis cuando una persona sabe que la Vulnerabilidad y la Ternura es lo importante y que plegarse a ellas es la clave de la vida? Pues bien: a) Yo no era así y b) No salgo de copas con gente así. Para mí, ese año fue un período de una larga y continua pelea. La Vulnerabilidad me pegaba, y yo le respondía… Perdí la batalla, pero con esa pérdida recuperé toda mi vida de nuevo.
Así que volví a mi investigación tratando de entender en lo posible al grupo de los de la Vida Plena , qué caminos toman, qué decisiones adquieren, cómo lidian con la Vulnerabilidad y porqué yo era incapaz de aceptar ese estado y si me hallaba sola en ese campo minado en el que luchaba…
Y esto es lo que aprendí:
Nosotros ignoramos a la Vulnerabilidad.
Entonces lancé una pregunta por Twitter y Facebook. Quería saber qué significaba para la gente Vulnerabilidad y qué los hacía sentirse vulnerables. En hora y media tenía 150 respuestas. Y es que quería saber qué pensaba la gente sobre esto. Ejemplos: Pedirle a mi marido ayuda porque estoy enferma; Iniciar una relación sexual con mi marido o con mi mujer; ser dejado de lado; pedirle a alguien para salir; esperar la llamada del médico con los resultados de un examen; despedirse de alguien, ser despedido… Este es el mundo que vivimos, vivimos en un mundo vulnerable. Y una de las formas que tenemos para enfrentarnos a ese delicado equilibrio es ignorar que esa fragilidad existe. Y creo que hay una vasta evidencia de cómo ignoramos lo evidente: tenemos una sociedad con un alto índice de endeudamiento, de obesidad, de adicción a drogas y medicamentos, la mayor en la historia de EEUU.
Y el problema fundamental que me reveló mi investigación es que no podemos ignorar selectivamente los problemas que tenemos, no podemos separar y decir aquí está la Vulnerabilidad, la Vergüenza, la Decepción…, y no quiero sentir nada de esto. Voy a tomarme un par de cervezas y una magdalena de plátano para olvidar. Porque no quiero sentirme así. No podemos ignorar estos sentimientos que son tan poderosos sin anular a su vez las emociones contrarias. D e tal manera que, cuando ignoramos esos sentimientos ignoramos TODO: el gozo, la gratitud, la Felicidad, y nos sentimos miserables y buscamos un propósito de vida y nos sentimos de nuevo vulnerables y vamos y nos tomamos un par de cervezas y la magdalena de plátano. Convirtiéndose en un ciclo peligroso.
Una de las cosas que debemos reflexionar es Cómo y Por qué Ignoramos. Y no se presenta sólo como adicciones. Otra manera es que nos volvemos despóticos con nuestras creencias:
Hacemos de lo inseguro algo cierto y real.
La Religión ha pasado de ser una creencia en algo inmaterial a un hecho real y táctico. Yo tengo razón, tú no y por eso te callas. Cuanto más vulnerables nos sentimos, más miedo tenemos, y cuanto más miedo, más vulnerables nos volvemos. Así es como los políticos actúan ahora. Ya no hay discuross ni discusiones para llegar a acuerdos. Ahora sólo hay cruce de acusaciones que sólo buscan una manera para descargar el dolor y la incomodidad.
Queremos ser Perfectos.
Y así quiero ser yo: perfecta. Pero no es cierto, porque lo que en realidad hacemos es cambiar la grasa del culo por la del rostro que espero que dentro de unos 100 años miren atrás y digan: ¡pero qué hacía esta gente! Y, lo más peligroso, hacemos de nuestros hijos algo perfecto. Desde que nacen sólo nos fijamos en lo perfectos que son y pensamos que nuestra labor es mantener en lo posible esa perfección irreal… Pero no: lo que deberíamos hacer es hacerles ver que son imperfectos, que están aquí para mejorar, pero que, sobre todo, son queridos por esas imperfecciones y no por la promesa de perfección que presentan, y que ellos son necesarios tal como son para la vida que vivimos. Ése es nuestro trabajo como padres. El día que una generación completa de niños criados así llegue al mundo, todo cambiará.
Pretendemos.
Pretendemos que todo loque hacemos no afecta a nadie más que a nosotros. A todos los niveles: personales, laborales, en la política. Creemos creer que todo loquee hacemos no tiene impacto alguno en los demás. Pero sí lo tiene. Yo le diría a los gobiernos y grandes empresas: «Hey, esta no es la primera vez que nos enfrentamos con graves problemas. Sólo queremos que seáis auténticos y que digáis que os habéis equivocado y que lo sentís. Y que lo arreglaremos.»
Pero os dejo con otra salida: Esto es lo que he encontrado: Dejar que los demás nos vean. Profundamente. Que vean nuestra vulnerabilidad. Amar con todo el corazón aunque no haya garantía alguna para ese amor. Y eso, déjenme decirles como madre, es algo doloroso y difícil. Disfrutar de la gratitud y del goce. Es la única manera que, en los momentos más difíciles, cuando nos preguntamos si seremos capaces de enfrentarnos a todo, que la vulnerabilidad nos ayude a ello.
Y lo más importante de todo: es que somos suficiente con ser nosotros mismos y nadie más. Pues, cuando estamos realmente seguros de que somos suficiente con lo que somos, partimos de un lugar sereno, que nos permite escuchar en medio de los gritos, y seremos capaces de una mayor ternura con los que nos rodean y con nosotros mismos…
Esto es todo lo que tengo que decoros. Y muchas gracias.
Tom Ford: Moda sensual/ Tom Ford: Sensual Mode.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're livingHonor: paraíso perdido/ Honor: paradise lost.
El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music
En estos nuestros días del S. XXI se ha perdido el Honor. En algún lugar entre la sana ambición, la correcta educación y el valor de la palabra, lo hemos perdido. Tanto, que hoy ensalzamos el deshonor y ridiculizamos su contrario con una desfachatez asombrosa.
En la actualidad, los valores que antes se admiraban no tienen sentido. Tanto es así, que nos asombramos que alguien se dirija a nosotros con un mínimo de educación o que muestre la más leve galantería, una bonhomía ligera como un beso en la distancia. Hoy se mira como debilidad, como un defecto de personalidad y, de forma también inexplicable, como una falta de ambición y de sueños.
Demasiado acostumbrados estamos en las televisiones, en las mañanas al salir a la calle, en nuestras relaciones familiares, en nuestros mundos personales a tal desajuste, que nos asombramos cuando alguien cede ante nosotros su puesto en un asiento, cuando nos sonríen porque sí, cuando destaca por encima de todo una amabilidad que no es debilidad sino grandeza, un elevado bienestar propio que se resume en delicadeza y en sereno clamor. Un alma estable es sutil y firme al mismo tiempo, dueña de una aleación única que la hace al mismo tiempo flexible e imperecedera, perspicaz y olvidadiza, astuta y, sin embargo, pausada, bienhechora, imperfecta y magnánima a la vez.
Qué poco cariño nos tenemos a nosotros mismos cuando dejamos pasar personas que merecen la pena, gentes cuya talla moral raya lo absoluto, lo perfecto. La bonhomía, el honor, obrar con justicia, lamentarse y errar, enmendar esos errores, seguir en el camino pese a todo, lleno de consideración por cuanto nos rodea: planta, animal o individuo, sin un pensamiento indigno hacia los demás (porque son sus iguales), sin esperar nada malo de la vida, pero aceptando su ración al final con hidalguía… La palabra dada, la responsabilidad que a ella va adherida, la cortesía y la sonrisa, son bienes tan escasos, nuestra talla moral es tan baja hoy en día, que no abundan ejemplos a los que seguir y, aquellos que lo son, se alejan de nosotros, heridos muchas veces pero sobre todo cansados de saber que un mundo así, vacuo, enorgullecido de serlo, e hipócrita no merece (porque no merece) que caminen por él.
Acabo de leer, después de muchos años, Los tres mosqueteros y Veinte años después, de Alejandro Dumas. Los valores que estas dos novelas contienen, llenas de pasión y de delicadeza pero a la vez de brutalidad y coraje, resumen el mundo que hemos perdido. Un mundo en donde el honor bien entendido (todo llevado a su extremo es un error en sí mismo) era el eje de la existencia, donde el orgullo de hacer bien el trabajo, la palabra dada, la adhesión a un código de actuación y los buenos modales envolvían la vida y hasta la justificaban. El ambiente retratado en esas obras de ficción, mejorado y tallado con el paso de los siglos, sobrevivió casi hasta nuestra época, ampliándose, extendiéndose, dejando de ser el bien de unos pocos para ser la vara de medir de toda la sociedad. Pero en algún punto de esa evolución hacia la globalización hemos perdido la ruta, hemos desandado el camino.
Bien sea hablar gratuitamente mal de alguien: un familiar, un conocido, un desconocido; bien sea considerándolo poseedor de nuestros mismos defectos sólo que potenciados; o un ser inferior (física, intelectual y culturalmente); o por sencilla maledicencia, nos vemos rodeados de una sociedad hipócrita y maldita, que reniega lo mejor de sí misma en dos extremos que se tocan: la indiferencia más absoluta y la ansiedad más metiche.
Esta no es la sociedad en la que yo vivo. Yo vivo en aquella en la que se le da una oportunidad al Otro, en la que se cumple con la palabra dada; en la que, pese a todo, confía en la buena voluntad de los demás; en la que la Libertad campa a sus anchas mas no el libertinaje; en la que la Igualdad es ley, mas no el igualitarismo; en la que el Honor tiene su puesto, así como la Ambición, la Voluntad, la Sapiencia y la Decepción. No soy como los demás. No me interesa serlo. Soy yo: un hombre de honor. Porque digo lo que pienso, porque procuro cumplir con mi deber según mi código de valores; que no reniego de nadie; que no se deja manipular por nadie; que confía hasta que deja de hacerlo; que no olvida, rencoroso inflexible, pero que no deja de dar otra oportunidad, como se la han dado a él más de una vez; que anhela la Perfección sin alcanzarla nunca, lleno de Educación nacida de dentro y jamás impuesta; y que hace su labor, que es ayudar a los demás, lo mejor que puede hasta cuando no quiere, porque los remordimientos llegan y no le dejan dormir.
No sé si vivo en una realidad paralela. Si es así, me importa y mucho: me gustaría que la realidad reflejase todo lo que tenemos de bueno, porque todos tenemos algo bueno que ofrecer, y que las buenas maneras, una sonrisa, la palabra dada, la Bonhomía en sí, el Honor, ese paraíso perdido, vuelvan a ser lo que eran y valgan su peso en individualidad, en comunidad y en mundo.
Para aquellas personas tan bajas que creen que, en susurros soto vocee, arreglan el mundo; para aquellas equivocadas que juzgan la realidad por los ojos con los que ven; para aquellos que creen firmemente que no todo está perdido, el Honor late en mí, sin menosprecio ninguno mas sin una pizca de falsa modestia tampoco, desde el día que nací hasta el día en que me muera. Y así seguiré, y aquí seguiré, pese a todo o gracias a todo, vivo y tan cabezón como siempre.
Gracias.
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Río de luna/ Moon river.
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Un río de luna llega hasta nosotros.
Echados ambos en el sofá, a través del cristal de la noche en calma, sus rayos platean nuestra piel, que nada sabrosa entre nuestro abrazo.
Hemos sido amigos antes que amantes. Y como amigos nos besamos y como amantes nos acariciamos bajo la luz lunar.
Tus dedos y los míos jugando al escondite. Tu sonrisa y la mía, tras besos pequeños buscados en los cuellos, en los labios. Nuestra respiración rítmica, nuestro pensar profundo.
Juntos bajo el río de la luna pienso en todo lo que nos ha llevado hasta aquí. Y en todo lo que puede suceder.
En nuestra primera noche juntos, la luna nos bautiza, y remoja nuestro encuentro con un río plateado que se cuela por la ventana sin cortinas, y nos encuentra a ambos con los ojos abiertos.
Qué vértigo que nada tiene que ver con el amor, aunque del amor sea fruto. Juntos a partir de hoy; juntos de día y de tarde, de noche de reencuentro y de mañana inolvidable, compartiendo desayunos y gastos, y ciertas preocupaciones y ciertas riñas. Sin más adonde huir que a nuestra única habitación; sin más reencuentro que en nuestro lecho.
Tú y yo hoy juntos. Y la luna es testigo de nuestras caricias, de nuestras esperanzas; y baña nuestro amor con su presencia de plata, fisgona, inquieta, pálida y fría.
Me acurruco más entre tus brazos. Si no fuese por ti, cuán larga la noche y cuán solitaria. Pensarlo por un momento me aleja de ti y lo rechazo. Ya vendrán días de separaciones y de distancias; ya vendrán días en los que apenas sintiendo el peso del cuerpo en la cama nos daremos por satisfechos y nos amoldaremos a la cotidianidad de la felicidad. Pero hoy saberte lejos me da escalofríos y tiemblo sólo de pensarlo. Me acurruco entre tus brazos y tú, sorprendido, los abres y me apretas contra tu pecho todavía más.
Un río de luna llega a nuestras pieles y dibuja sombras en nuestros rostros. E ilumina la sonrisa preciosa de tus labios y tus ojos de transparente cristal. Qué bello eres. Porque estás a mi lado, porque estamos juntos, porque transformamos una amistad de júbilo en un amor apasionado, y una pasión en un querer sólo apaciguado por el compromiso, embebido en la cotidianidad y que empieza hoy, bañado por el río de la luna, en la noche que corre, veloz, por la ventana.




