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Mes: abril 2011
Tal como era/ The Way He Was.
El día a día/ The days we're livingRobert Redford, en una entrevista realizada por la revista Time en la que se sintetizan 10 preguntas y en las que habla sobre su nueva película The Conspirator sobre el juicio posterior al asesinato del presidente de los EEUU, Abraham Lincoln, y sus posturas por todos conocidas que, con la evolución intelectual y personal que nos aporta el tiempo que vivimos, hace que siga siendo tal como era.
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– Soy Gilbert Cruz con Time y estoy en la compañía de un hombre cuyo currículum es demasiado vasto para resumirlo en un listado: fundador del Instituto Sundance y el Festival de Cine de Sundance; actor; productor; conservacionista; y director del nuevo drama ambientado en los tiempos de la Guerra Civil [Norteamericana] The Conspirator. Robert Redford, muchas gracias por estar aquí con nosotros hoy.
– Gracias por esta presentación.
– Este año se conmemoran 150 años de la Guerra Civil, un tiempo en que nuestro país se hallaba muy dividido… ¿Seguimos siendo en algún sentido una nación dividida?
– Tristemente, lo somos. El leit motiv que Lincoln usaba para mantener la Unión de nuestro país era: «Una nación dividida no puede ponerse nunca de pie». Y yo creo plenamente en ello. Vimos lo duro que fue durante la Secesión, y desafortunadamente esas circunstancias no se han diluido con el tiempo que ha pasado. El marco de la película es obviamente la Unión de este país y el asesinato de su Presidente, un marco histórico muy conocido y entendido. Pero dentro de ese período existe un capítulo no tan estudiado, que sólo conocen unos pocos (si es posible): el juicio a Mary Surratt y la relación establecida entre este hecho y el abogado que se ve forzado a defenderla, un ex soldado de la Unión… Cómo evoluciona la relación entre estos dos personajes permite establecer paralelismos con nuestro hoy (Guantánamo, la disposición del Habeas Corpus) aunque eso es algo que yo no pretendía pero que el público y la crítica parecen establecer pues florecen por sí mismos.
– ¿Existió algún momento en su carrera en la que creyó que podía dejar bien marcado el mensaje de sus películas en la audiencia que las disfrutaba?
– Bueno, cuando era más joven inocentemente pensaba que el mensaje de una película, cuando triunfaba y quedaban patente, podría cambiar el rumbo del pensamiento de la audiencia… Pero no. No creo que las películas tengan ese alcance, salvo quizá en el área de la Moda. Así que no espero nada de eso… Aunque, siéndole sincero, sí llegué a pensar que el cambio de mentalidad, de forma de ver el mundo, podría haber sido posible con mis películas… Quizá El Candidato tuvo algo que ver en acabar eligiendo políticos por su aspecto físico, como ocurrió en su momento con Dan Quayle, que era un buen hombre, pero no estaba cualificado para el puesto que ocupó… Así que todo, en realidad, ha ido a peor.
– ¿Qué les dice a sus actores, como director, siendo usted mismo actor, a la hora de trabajar en una película? ¿Qué puede aportarles usted que otros directores no actores no sean capaces?
– No creo que deba decir nada hasta no saber cómo es el actor que va a interpretar un rol. Es necesario llegarlo a conocer bien. Y dejarles hablar. Y que hagan preguntas. Como director, se le debe una guía al actor, se le debe una explicación de cómo se ve la película y hacia dónde va dirigida, lo que se desea contar y cómo… Pero una vez que todo eso está hecho se acabó el diálogo, pues se corre el riesgo de profundizar demasiado en detalles sin importancia, lo que a la larga es una pérdida de tiempo y material. Como actor, llega el momento en que hay que parar la investigación y la interiorización y ponerse a trabajar, sencillamente actuando.
– Usted ha dicho que esta película es esencialmente independiente. Aún a pesar de ser una cinta de época, ambientada en la Guerra Civil Norteamericana, a las que siempre se les ha endosado una etiqueta de gran importancia para la audiencia del país… ¿Cómo ha cambiado Hollywood?
– Ha habido un cambio profundísimo y constante. Fluye al minuto, hacia el espacio de Internet y las redes. Y cómo esto va a moldear la forma de trabajar y de hacer películas aún no está del todo claro… Hollywood tal como lo conocíamos ya no existe. Es una calle. Está algo más abierto al cine independiente sólo porque algunas de estas películas triunfan y recaudan dinero. Hollywood es un negocio básicamente, y sólo depende de si una película recauda dinero o no.
– De usted es bien conocida su faceta conservacionista, su trabajo para la preservación del medio ambiente… ¿Cree que la actual Administración, que Norteamérica, están haciendo un buen trabajo, en la preocupación de aquello que vamos a dejar tras de nosotros?
– He estado haciendo esto hace ya más de 40 años. Y es una batalla pírrica debido al inmenso poder que tiene la industria energética derivada del petróleo. Son los responsables de la evolución de nuestra economía, de nuestro bienestar y de nuestro poder. Y eso es magnífico. Pero en cuanto al empleo indiscriminado y eterno de esa energía…, el tiempo se ha agotado. Y el planeta es lo único que tenemos y nos pertenece a todos. Así que tengo el convencimiento profundo de que debemos evolucionar hacia nuevas formas de energías alterantivas.
– Volviendo a la película The Conspirator. Aunque narra el asesinato de Abraham Lincoln, a éste nunca se lo ve en pantalla… ¿Por qué tomó esa decisión?
– Su rostro era tan característico y es tan bien conocido… Si se desea ser realista, si se aspira a ser auténtico, deberíamos conseguir un rostro semejante… Y eso es una batalla perdida, porque no hay una cara tan real como la del propio Presidente. Así que decidí no hacerlo, aparte que tampoco ése es el punto de vista de la película.
– Señor Redford, muchísimas gracias por hablar hoy con nosotros.
– Gracias a usted.
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Ese hombre/ Big Bad Handsome Man
Los días idos/ The days gone, Música/ Music
Ése que mira con descuidado interés. Ojos de negro pozo, profundos y misteriosos.
Un cigarrillo en la boca. Una barba de dos días, oscura como un mal secreto.
Esa boca entreabierta, con los labios carnosos esperando un beso. Sonrisa de fresa. Humo gris en la mirada.
Piel nívea, pecho de altiplanicie lleno de vello color noche. Botones abiertos casi olvidados, ojales despreocupados.
De pie, girado hacia mí. ¿Ves?
Ese hombre es mi hombre.
Tiene fuego en la piel; sus dedos cálidos hacen que me abra como una flor, que me olvide de mis afanes.
Todo lo consigue de mí. Y yo de él. Todo. Menos su corazón lleno de sangre. Y él se alimenta del mío.
Pasa las horas así, viendo la gente pasar. Callando secretos de aquellos que lo ven y lo buscan; escuchando historias y rumores; escondiendo mentiras y deseos en el pantalón, junto con mis sueños.
Ése que mira con pose estudiada, ése es mi hombre. Guapo a rabiar, sensual y único. Sus besos tatúan los viajes que hace sobre mi cuerpo; marcando mis sueños; sembrando cansancio y supremo placer.
Y se queda callado después del amor. Y enciende un cigarrillo en la noche color de oscuridad. Y todo se consuma en silencio. El llanto de la alegría, la tristeza de su fin. Me mira y se encoge de hombros. Me besa de nuevo, entre el humo del cigarrillo y su sudor.
Llora después del amor. Y llora mientras se viste dejándome atrás.
La camisa desabotonada. Los zapatos sin atar. Y una lágrima que se escapa por entre su pecho y llega a su cintura. Yo las seco con mis labios antes de que se marche.
Mirándome con esos ojos negros, aceitunas maduras, sonríe entre sus lágrimas que brillan en el claroscuro de la madrugada. Se encoge de hombros envuelto en belleza. Y apaga el cigarrillo en el cenicero que le ofrezco. Y se va.
¿Ves ese hombre? ¿Ése que mira buscando algo que no encuentra, con el pecho abierto y la sonrisa de fresa? Yo soy de ese hombre.
Pero yo para él no soy nadie. Nadie más que alguien más. Alguien que complace, a quien hace compañía.
Y llora. Llora después del amor. Y siempre se va. Y no dice nada.
Ese hombre, es mi hombre.
A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.
Arte/ Art, El mar interior/ The sea insideSe me olvida/ I just forget.
El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside
Esta mañana antes de irme me quedé unos segundos observándote.
Aún dormías. Sé que te gusta la oscuridad profunda, mas toleras un poco de luz de la ventana porque sabes que a mí me aterra la noche cerrada. Qué tranquilidad esos momentos teñidos de amanecer. El alba se despereza como lo hago yo a tu lado. Y procuro ser sigiloso para que no te des cuenta. Y me muevo como un gato callado pensando en muchas cosas pero cuidando muy mucho no despertarte. Mi cabeza se llena de citas, reuniones, imaginando lo que puede salir mal (porque siempre hay algo que sale mal) y cómo resolverlo antes de que ocurra y asumiendo mil movimientos hasta el baño, hasta la ducha; el agua que corre y la ventanuca abierta al alba. Y siempre procuro no estorbar tu sueño tan preciado, ese que hace que tu belleza permanezca inalterada pese al tiempo y que me descubre, cuando la contemplo, un mundo maravillado que habita junto a mí.
Hemos estado muy liados con nuestras propias vidas. Apenas te veo. Y cenamos a veces en silencio, a veces entre el ruido ensordecedor de aquello que nos ha pasado al final del día. Y damos por sentado la presencia del otro al llegar la tarde; una cena con amigos quizá y una excursión de fin de semana que puede culminar en amor o entre enfados a veces y algunos olvidos que nos dan risa.
Hemos estado demasiado encerrados en nosotros mismos. Pero así es la vida de los adultos. Hemos dejado atrás aquello que parecía no acabarse nunca, la despreocupación de vivir, la ilusa seguridad en un mañana, y empezamos a jugar el juego de las parejas ocupadas, de la hipoteca y los muebles, y los sueños que se cumplen sólo pagando a plazos unas letras que vienen siempre de visita a fin de mes.
Y no es que esté mal. Así son las cosas de los seres humanos. Mi último sueño es vivir en una hermosa casa blanca a orillas del mar; tener la suficiente seguridad como para afrontar cualquier capricho nuestro o del destino; la madurez justa, la juventud adecuada y la salud de hierro para seguir viviendo junto a ti esta danza extraña de la vida, esta experiencia sin límites fijos que llamamos a veces vida que se vive.
Pero eso no justifica que te pierda de vista. Que te compre un detalle en un viaje y que te lo pongas sin saber que, gustándote, te sienta bien; enterarme a última hora que tu sobrino se rompió un bracito y que lo has acompañado toda la tarde en Urgencias hasta que le colocaran un yeso, y ser el último de la familia en firmárselo porque mi trabajo de ocho a no sé cuándo me impidió verlo antes.
La vida ajetreada no es óbice para que mi vista deje de ver el cielo estrellado o el cielo de tus ojos cuando me llamas para cenar; o cuando, acostados, buscas mi pecho que ya no me afeito porque te encanta perderte en él. Tu vida de líos no es suficiente para sentirte llegar a veces tarde, abrir la ducha y limpiar tus frustraciones o tus éxitos, y entrar oliendo a limpio y a perfume en el lago de nuestra cama, cuyo oleaje hace que me acerque hasta ti y beba de tu piel desnuda, de tus ansias sujetadas hasta sentirme cerca.
Pero esta mañana, antes de irme, aprovechando que el alba guiñaba un ojo a través de nuestra ventana, te vi de cerca. Pude acariciar dulcemente ese perfil único, el dibujo de tus párpados cerrados, el suave aleteo de tus labios algo resecos, el bello reflejo de una frente que piensa en el sabor del sueño. Esta mañana, tras mucho batallar sin sentido, verte bañado de novedad trajo a mi corazón todo lo que te quiero; hizo que aflorara en mis ojos y en mi sonrisa todos los recuerdos que atesoramos juntos, esas tardes de locura bajo el sol, con la arena revuelta en nuestros cabellos y en nuestras espaldas, y el arrullo del mar llegando a nuestros oídos; los copos de nieve helada danzando sobre el cielo de invierno y aquella vez, angustiosa, en la que ambos esperamos el resultado de una prueba que puso a prueba la fuerza de estar juntos.
Hemos pasado por mucho, estamos inmersos en mucho juntos, pero nada justifica que a veces se me olvide lo que te quiero, lo que me preocupo por ti, lo que deseo de bueno para ti. Y aunque la cotidianidad forme parte de nosotros, las compras en el supermercado, la renta, el gimnasio, la dieta, los arranques de celos, las palabrotas, el fútbol, los días que se diluyen unos tras de otros, y que todo esto sea una forma de demostrarte lo mucho que te quiero y me ocupo de ti, nada justifica que se me olvide decirte todos los días que te amo.
Porque te amo con todas las letras, con todo el corazón.
Y esta mañana, cuando el alba asomaba entre los dos, antes de levantarme a sumergirme en el vaivén del día, te vi durmiendo, descansando con esa tranquilidad, con esa dulzura tan tuya, y me recordó la primera vez que descubrí ese rostro de mañana, ese cuerpo plegado sobre una almohada y la inmensa alegría que me regalaste aquella mañana, y todos los días siguientes, mientras tejemos sin cesar el hermoso tapiz de los días de nuestra vida… Que tuve que reprimir un deseo enorme de despertarte y de abrazarte y de acariciarte y de quedarme para siempre encerrado entre tus brazos de agua.
Te amo, te dije. Te quiero, te dije. Te deseo, musité. Hoy y mañana, como ayer y antes de ayer.
Y me prometí a mí mismo no olvidar, cada vez que te vea, decírtelo. No olvidarlo nunca más.
Principiantes/ Beginners.
El mar interior/ The sea insideUn lugar para Eric/ A Place for Eric.
Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature
La nueva novela de Eric Arvin es una sorpresa.
Woke Up in a Strange Place es un relato sobre un viaje, y como tal, lleno de sorpresas, descubrimientos y lecciones que aprender. Es un libro iniciático y poético, embellecido por una prosa fluida y sonora, de resultas que parece un largo poema en donde todas las escenas se mezclan y bailan una coreografía dictada por el amor, el aprendizaje y la libertad.
Todo escritor alberga dentro de sí un mundo único, lleno de reverberancias, de ecos de todo aquello que sueña o conoce y que atesora a lo largo de su vida. Woke Up in a Strange Place resume el maravilloso universo de Eric Arvin y nos enseña todo aquello que el autor ha aprendido a lo largo de su muy difícil vida, y nos regala un rayo de esperanza y de gracioso libertinaje a la vez. Es un libro que nos descubre aquello que puede estar detrás del negro olvido de la muerte, aquello que puede ser (y quién sabe no será) un viaje maravilloso que empieza, como el relato, en el mismo final.
Joe es el protagonista de este libro lleno de poesía. Un personaje desestructurado cuya única misión es buscarse, conseguirse y amarse por completo. Sólo personas de la talla de Eric Arvin son capaces de darse cuenta que el amor hacia nosotros mismos, el completo, transigente, irrevocable e infinito amor hacia lo que somos, cómo somos y hemos hecho, es la llave a la liberación y a la felicidad. Woke Up in a Strange Place nos descubre un mundo onírico, con nubes de algodón de azúcar, océanos de libertad, praderas infinitas de cielos color malva; personajes alados, animales humanos, neblinas torturadas, cantos engañosos, libertinos parajes en la que todos los sexos se reconocen y se disfrutan, y personajes todos que se redimen, todos, en el simple acto de aceptarse a sí mismos, de entenderse y de quererse.
Es un libro optimista pero no dulce; es un libro firme pero fluido, lleno de una prosa maravillosa, rítmica, que navega dulcemente entre los meandros de sentimientos torturados, olvidos que se recuerdan y recuerdos que cobran vida. Leer Woke Up in a Strange Place es una experiencia onírica y sensorial, como hundir la cabeza bajo el agua y sacarla llena de energía y de gozo. Eric Arvin nos regala la posible felicidad, no sin pruebas, nunca tras atajos, y nos transforma a todos sus lectores en ese Joe que, con una confianza de cachorro, va uniendo uno a uno los trozos de su vida, y descubriendo que la vida es maravillosa en uno y otro lado, como lo es este relato de desde la primera línea a la última.
Eric Arvin busca su lugar. Y seguro lo conseguirá.
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The new novel of Eric Arvin is a surprise.
Woke Up in a Strange Place is a story of a journey, and like so, plenty of surprises, discoveries and lessons to learn.
It is an initiatory tale, filled with a beautiful and poetic prose, so we are immersed in an ocean of scenes full of a choreographed dance dictated by Freedom and Love.
Any writer lodges within himself an unique world built with echoes of what he dreamed and he learned throughout life. Woke Up in a Strange Place summarizes the wonderful universe of Eric Arvin and inside it we find everything the author has learned throughout his very difficult life in the form of a ray of hope and graceful libertinism. It is a book that discovers us what might be behind the black curtain of death, a wonderful trip that begins, like the story, at the very end of the road. Joe is the main character of this poetic story. A unstructured character whose unique mission is to look for and to obtain the real truth, the real love: that one we have to give to ourselves.
Only people of the stature of Eric Arvin are able to realize that love towards ourselves, the complete, irrevocable and infinite love towards which we are, how we are and what we have done, is the key to liberation and happiness. Woke Up in a Strange Place discovers an oniric world, a world fills with clouds of sugar, oceans of freedom, infinite mallow prairies; winged characters; animal-humans; tortured fogs, deceptive songs; libertine places in which all the sexes are accepted and enjoyed, and redeemed characters, all, in the simple act to accept themselves as themselves, understood and loved.
It is an optimistic but nonsweet book; it is a firm but fluid story; written with a wonderful and musical prose, that sails sweetly between meanders of tortured feelings, remembrances relived and lost memories recovered. To read Woke Up in a Strange Place is an oniric and sensorial experience, like sinking the head under the water and removing it full of energy and joy. Eric Arvin gives happiness to us, not without challenges, never after short cuts, and transforms all of us into Joe, the character that, with a puppy confidence, ties one by one the pieces of his life, and discovers that Life is wonderful in both sides of the spectrum, as we do with this novel.
Eric Arvin is looking for his place in Literature. And he will obtain it for sure.

