Nunca sabrás (II)/ You’ll never know (II).

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Si no lo sabes ahora, nunca lo sabrás.

   Si eres incapaz de ver lo que vibra por ti, nunca sabrás lo que te ama.

   Si no consigues oír los latidos de un corazón entregado, nunca sabrás adónde llega la felicidad.

   Cada vez que me miras, cada vez que me hablas; cuando te acercas para susurrarme una tontería; cuando me abrazas sin sentido y me llamas en la lejanía, te amo.

   Te amo cuando estás callado y algo huraño, con esa mirada hosca y esa boca fruncida de niño pequeño. Te amo cuando sales corriendo en busca de un sueño y regresas herido o triunfante o cansado o inquietante. Te amo con cada latido de mi corazón y con cada pestañeo de tus ojos.

   Y si no eres capaz de darte cuenta hoy, nunca lo harás. De nada servirá que te nombre mil veces en la noche sin luna; de nada servirá que busque el abrigo de tus brazos cuando haga frío. Si no sabes lo mucho que te quiero, nunca lo sabrás.

   Y sería una pena desperdiciar tanto amor apresado; sería un dolor ver cómo se esfuma en la historia un sentimiento que nos haría engrandecer y nos daría la libertad. La tuya de mí y la mía de ti, para siempre.

   Si no lo sabes ahora, nunca lo sabrás.

   Si no sabes cómo mi corazón late por ti, nunca sabrás el bien que sería y el bien que me darías.

   Si no lo sabes hoy, nunca sabrás lo que es amar y ser amado. Y todo se perderá al final.

Vestidos de domingo /Put On Your Sunday Clothes.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Algo inesperado/ Something unexpected.

El día a día/ The days we're living

   Me ha pasado.

   No lo esperaba. ¿Cómo hacerlo?

   Después de lo que había ocurrido, de todo ese dolor que se drenó sin saber, dejando un hueco lleno de vacío.

   No lo esperaba.

   Otra vez.

   Pero ha sido verte y el mundo dio la vuelta.

   Ha sido verte y mi corazón se abrió de par en par y te dejó entrar sin pedirme permiso. Y sólo dibuja sonrisas en mi boca.

   Llegaste e inundaste la habitación. Tus ojos llenaron de luz el jardín y se posaron en los míos y sonreí.

   Balbucí no sé qué cosas. Nos presentaron y no me salían las palabras. Reíste con esa boca de fresa y me tragué de inmediato la vergüenza. Y como algo inesperado, me ocupé por completo de ti dejando a los demás de lado, olvidándome de ellos y centrándome en ti.

   Reías. Sólo reías. Y de tu boca salían palabras de cadencia suave y mucha complicidad. Me tocaste y alteraste la orografía de mis sentidos. Mis nervios estallaron en una rara alegría que nunca habían sentido. Y me llevé tu palma a mi boca, y deposité en ella un beso que era más que un agradecimiento.

   Reías. Y caminábamos juntos. Los demás no eran los demás; la música sólo sonaba para nosotros. Y supe que tu corazón y el mío bailaron uno junto al otro hasta el amanecer.

   No sé qué me ocurrió al verte. Ignoro qué has hecho. Pero ya no me importa. No quiero saber quién fui una vez. Cada vez que te miro a los ojos renazco,  y de los restos en los que crezco nacen nuevas esperanzas que tienen tu nombre.

   Y ries. Y sigues riendo con mis tonterías, con las palabras a medio acabar, con las torpezas mantenidas, con las frases terminadas en asombros y en besos y en abrazos callados.

   ¡Nunca me había sentido así! Y tú eres la causa.

   Y ahora no me importa dónde estoy ni qué es lo que hago. Sólo ver tu rostro aniñado, sólo oír tu voz de poema y sentir de cerca el abrazo de tu espalda es lo único que me hace falta.

   Porque juntos hacemos una canción que nadie más escucha. Y que es sólo para los dos.

   Algo inesperado ha pasado: me he enamorado de ti.

   ¡Qué felicidad!

Oh, Happy Day!

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Todos necesitamos Arte (en nuestra vida)/ Everybody Ought to Have Art (in their lives).

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Nada hay que me ofenda más que el argumento de que el público español no aprecia el Arte. Que no necesita de música, de fotografía, de escultura, de pintura, de belleza arquitectónica. Si hay algo en lo que estoy en contra es de esta visión tan reduccionista que nosotros mismos tenemos como pueblo. Nos odiamos a nosotros mismos, y eso se refleja en las estructuras de poder, en la toma de decisiones, en la calidad de los productos artísticos. Nos reducimos a meras comparsas, espectadores impávidos que ven desfilar ante ellos pavanas de histerismos, rosarios de griterío barato, programas de televisión llenos de mediocridad, con mucho griterío sin nada que decir, enseñando las miserias de la vida como si fuesen grandes trofeos, desoyendo la necesidad natural de búsqueda de alegría, de belleza.

   Las naciones verdaderamente grandes (y esto no tiene nada que ver con la actualidad) veneran el Arte, así en mayúsculas, y siempre tiene un hueco (enorme) para él. Da qué pensar que los países con mayor riqueza cultural del mundo estén hundidos como se encuentran, y da qué pensar que ambos maltraten en su día a día al Arte con mayúsculas. España e Italia han perdido el norte de su amor por el Arte y las consecuencias las pagamos diariamente.

   Eso no pasa en Algosajonia, por ejemplo. Ni en el mundo cirílico, ni en las austeras tierras norteñas. Ni en el último continente poblado, ni en Latinoamérica, donde siempre hay espacio para la música, el ritmo, ese semillero de artistas exóticos que aportan novedad y luz a nuestra existencia.

   Una vez se me dijo que en la televisión española la música no tenía cabida porque no generaba audiencias. Quizá no les damos la oportunidad de que las generen o no mimamos al público para que vuelvan a disfrutar de la maravilla de la diversión real, de la abstracción y de la educación que el Arte da a la vida. No puedo creer que los españoles odiemos la diversión, la música, el entretenimiento real. Puede haber espacio para lo que de unos años aquí embadurna nuestras casas sin duda, pero también puede (y debe) haber lugar para aquello que de verdad nos entretiene, nos evade, nos ensalza y nos educa. En un espacio de entrevistas, un artista puede promover su última creación, o puede recordarnos su quehacer anterior; podemos disfrutar de las obras que engalanan nuestros museos más famosos o que se confinan en nuestros teatros. En Madrid hay mucha actividad, y no me refiero a ésa llena de artistas comprados por las subvenciones, si no a toda la oferta, así en general, que puebla sus teatros y sus cafés, donde podemos encontrar verdaderas joyas aún no explotadas por la crítica o las adulaciones, y que podrían ser conocidas por el gran público que ve la televisión. Hay demasiado talento en nuestras calles como para maltratarlo de la forma en que estamos haciendo.

   Y no hace falta mucho dinero. Se me dirá que el ejemplo que aquí pongo es de la todopoderosa BBC y que los anglosajones nadan en dinero. Tonterías. Ellos han pasado y pasan por crisis como nosotros y nunca, nunca han perdido el norte del Arte. Todo lo contrario, le brindan pleitesía y jamás lo denigran, como hacemos nosotros. Y es ahí dónde se diferencian.  No hace falta gran presupuesto para inmortalizar el Arte, que se vende y se disfruta por sí solo. Pero sí un hueco donde brindarle aire y dejar que entre la luz.

   En nuestra sociedad, nuestros políticos nos han acostumbrado a la oscuridad, primero de las subvenciones y de las filtraciones (ellos suponen que saben lo que nos conviene) y después de los presupuestos, pero un país sin Arte es un país sin alma, y un país sin identidad es un país abocado al vacío. No se necesita mucho, sólo querer hacerlo. Lo demás ya viene por añadidura. Llámese mecenazgo, llámese evasión de impuestos, llámase prurito personal por pasar a la eternidad, siempre habrá, ante el éxito, bolsillos que se abran para auparlo.

   Mientras tanto, todos necesitamos Arte en nuestras vidas. Y, si pudiésemos, una sirvienta (vale, asistenta del hogar) también.

Primavera/ Spring.

El día a día/ The days we're living

Sólo un momento/ It Only Takes a Moment.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Susurros.

   Párpados caídos. Brazos abandonados, piernas descansadas.

   Silencio.

   El pecho se llena de aire. Y se vacía. Y vuelve a empezar.

   Labios sellados por los que escapa el aliento.

   La tele encendida y muda. Figuras van y vienen en technicolor o en blanco y negro. Una película antigua brota de su pantalla.

   La chimenea crepita. La leña parece adormecerse.

   – Quisiera decirte algo…

   – Mmmm… ¿Ahora?

   – Sí… Sólo llevará un momento.

   – … Está bien. ¿Qué será?

   – Te quiero.

   Silencio.

   Ojos abiertos. Pupilas dilatadas. Labios húmedos. Brazos que recobran su fuerza. Piernas que abrazan otras piernas.

   Y un beso.

   ¡Qué felicidad!