Come Septemebr. Natalie Imbrugila.
El día a día/ The days we’re living
De lectores/ About Readers.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Literatura/Literature, Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone
Esta tarde estuve comentando con una amiga 2.0 sobre las posibilidades que una trama pudiera tener. Ella está en el proceso de elaboración creativa, un lío amoroso y cruel a partes iguales, y quería saber mi opinión.
Como lector puedo darlo. Como aspirante a escribiente (eso de escritor está demasiado lejos como para tomarlo en consideración) me aventuro un poco más. Pero es en lo primero en donde me encuentro seguro. Y como tal intenté ayudarla.
Nada hay mejor para escribir que leer. Nada hay mejor para comprender nuestro mundo que entre las páginas idealizadas de un libro. No conozco mayor placer desde pequeños que las tapas abiertas de un libro, con sus grandes fotos y los pie de página ilustrativos, y las historias entrelazadas entre sus hojas.
Sé que en la sociedad actual (una redundancia, pues toda sociedad es actual en el constante presente en el que navegamos) prima más la información visual y auditiva, tendemos a la pereza y yo me incluyo. Pero sólo la comprensión de lo que vemos y escuchamos viene tamizado por lo que leemos: entendemos mejor lo que nos ocurre a nosotros y a los demás a través del lenguaje. No en vano nuestro primer impulso ha sido siempre coger un papel y empezar a garabatear nuestros sentimientos o las ideas confusas que buscan una explicación coherente. Incluso con la facilidad que tenemos ahora de grabar un vídeo, sin base en papel las ideas son inconexas y pierden su valor de transmisión y, más todavía, su fuerza catártica y aseverativa en nuestro interior.
Sin querer esta tarde me vi creando historias de ideas que ella me sugería y, a la vez, intentaba resolver los posibles problemas dramáticos a los que la historia la estaba llevando. Que es más fácil resolver problemas ajenos nos es algo que se me escapa. Pero había magia en ese intercambio de ideas, pues me sentía lector y escritor a partes iguales: podía verme escribiendo la trama y juzgándola; encontraba salidas versátiles a posibles baches argumentases; llevaba mi imaginación una velocidad sólo parecida a la de la luz.
Y ese proceso creativo sólo se debe al leer. Soy lector. Como soy médico. Como soy ser humano. No podría ser de otro modo. Y, como lector, sé que el mundo es más vasto de lo que nunca podré imaginar y que lo puedo comprender porque hallo razones a los vericuetos de mi vida, a veces justificaciones y las más, mi propio retrato en las líneas leídas en ocasiones con ansia, y otras, con cierto desdén.
Hoy es el Día del Lector. Yo lo ignoraba. Pero quizá sí haga falta recordarlo a veces. No hay paraíso que quede oculto fuera de las tapas de un libro. Ni una película sería lo que es, ni una canción lo que es, sin el soporte de una trama escrita, sin los sentimientos anotados, palabra por palabra, en una hoja de papel.
Mi primer amor está oculto entre las tapas de un libro. Y mi vida también.
Day After Day. Dean Martin.
Rubens_artist está lleno de sol. Sus fotografías reflejan la luz de las Islas Canarias, su hogar, y nos regalan, con ese toque tan suyo, ese pedacito de luz que sólo se ve en sus tierras.
La Naturaleza y el bosque creado por los hombres son de su interés. Los amaneceres y las puestas de sol son abanicos de color, que desprenden calor y alegría.
Rubens_artist transmite energía y alegría en su Instagram, y una educación esmerada y un saber estar que roba el corazón.
Lleno de sol, repleto de luz, su rincón es pura alegría y nos enseña, con esa ventanita tan poderosa, la belleza y la delicadeza de su talento y de su tierra.
Sergio De Luz: abrir los ojos/ Sergio De Luz: Open Your Eyes.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lugares que he visto/ Places I haven beenOpen Your Eyes. Snow Patrol
Otro de los descubrimientos en Instagram ha sido, para mí, Sergio De Luz. Sus formas desnudas, su estilo rudo sin apenas retoques, esconden sin embargo una técnica depurada y la sutileza más delicada en las imágenes que quedan prendidas en la retina una vez nos obliga a abrir los ojos ante sus creaciones.
Su trabajo como fotógrafo profesional es independiente de su labor en Instagram, más personal, en el que se nota una huida hacia lo sencillo (que no básico), un juego constante entre las sombras y, como su propio apellido indica, la luz.
Apenas hay cabida para el color. El mundo de Sergio De Luz es un constante claroscuro en el que las formas se desnudan, o se ofrecen en vaivén, llevadas y traídas por las mareas de la mirada.
Porque Sergio De Luz nos obliga a abrir los ojos ante la vida sugerida y retratada, descarnada pero juguetona, directa y sutil, sin afeites; a veces cargada de una cierta rabia contenida, y otras, de un dejarse ir sedoso y revelador.
Nada en Sergio De Luz nos deja indiferente: ni su pasión, ni su delicadeza, y mucho menos esas imágenes con las que retrata una vida en blanco y negro que, sólo a veces, por suerte o por casualidad, se puede llenar de color.
Carlos Puig Padilla: Mirada de terciopelo/ Carlos Puig Padilla: Velvet Eyes.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seenMadeleine Peyroux. Gentle On My Mind.
El mundo Instagram regala muchas sorpresas. Saca de nosotros, artistas no desarrollados, el impulso creativo y el hedonismo de ser vistos que de otra manera mitigaríamos sin dudar.
Pero dentro de esa miríada de amateurs, es decir amantes de la fotografía, esta aplicación de telefonía móvil nos permite descubrir el trabajo y el talento y la belleza de artistas que, de otro modo, pasaríamos por alto, al no reconocerlos.
A partir de hoy iré citando y nombrando aquellos que han captado no sólo mi atención, si no que me han enamorado con su talento magnífico y, por encima de todo, su sencillez y saber estar.
No es un secreto que adoro la Fotografía. Por este modesto blog he intentado mostrar el trabajo de personas que me tocan de cerca, que me hablan en imágenes y también en sensaciones y sentimientos. Enrique Toribio, Izak Amancio, Ralf Pascual o Valero Rioja me son muy queridos. Martín Gallego, Daniel Almeida o Arkaitz Morales no les van a la zaga. Creo con sinceridad que es la forma actual de Arte, nos acerca a la realidad de la que otras manifestaciones plásticas se alejan cada vez más, quizá en busca de una abstracción que se regodea de la comprensión (o de la supuesta aceptación) de unos pocos entendidos. Y nos regala verdaderos hallazgos técnicos y delicadezas a la mirada.
Carlos Puig Padilla es un descubrimiento. Es un portento de talento. Puede con todo y con todos. Con estilo propio, con una personalidad acusada y un mucho de buen gusto, su obra tiene la inmensidad de lo delicado, el toque sedoso y acariciante del terciopelo. Sus imágenes pletóricas de vida están, sin embargo, llenas de ternura, y arranca de lo cotidiano una poesía que se nos esconde a los demás. Es un mago de la luz y de la sensualidad, como Enrique Toribio. Pero mientras en Toribio las imágenes son carne pura, un movimiento congelado que escapa de la bidemensionlidad, en Carlos Puig Padilla son pura caricia, piel que invita al bocado, sensualidad sedosa, alma de terciopelo.
Admiro todo aquello que soy incapaz de ser. Me gusta saber cómo lo hacen no para imitarlos, si no para comprenderlos mejor. Así hice con la Medicina, y así me gusta acercarme a la Vida. Me gusta rendirla de homenajes porque ella me regala Belleza todos los días. Y en Carlos Puig Padilla encuentro una fuente divertida, irónica, menos despreocupada de lo que parece, más trabajada que ociosa, sensual y maravillosa, llena de luz y de poesía.
Diciendo adiós/ Saying Goodbye.
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Los días idos/ The days gone, Música/ Music¿Cómo decir adiós?
Cuando el mundo era nuestro (porque lo era) parecía una bienvenida continua. Luz, viento, sonrisas y caricias con los ojos abiertos.
Cuando lo perdimos empezamos a cerrar los ojos a la melancolía y el abandono nos comió las entrañas. Apenas hablábamos y quizá hasta nos saludábamos sin vernos. Como el mar en la orilla, apenas nos besábamos y fluíamos uno en la piel del otro temerosos de decir las palabras amargas, tragando la hiel de un orgullo vacío, y dejando pasar tras nuestra los días uno y otro, uno tras otro…
Pero confieso que aún te amo por las mañanas, cuando todo parece nuevo. En ese instante mágico en el que el sol ni calienta ni hace daño, ese espacio que habitas a mi lado se llena de alegrías e intento rozar con el dedo (sí, sólo con un dedo) cada uno de los recuerdos de tu espalda. Te dibujo y me dibujo, haciendo autorretrato de un amor que nos ha abandonado o que no nos deja marchar.
Aún te amo cuando llegas con cansancio y algo de ajetreo. Tus ojos y esa boca de corazón. Y el pecho latiendo y cierto abandono que ya no es nuestro, si no tuyo, como el adiós.
Y sé que sabemos que ya nada nos une. Pero sé que sabemos que, en realidad, la vida sigue pegándonos por la cabeza y el corazón. Ese cortocircuito que a veces sentimos a veces echa chispas y me descubro viéndote y a ti sonriéndome y un ademán pasa a ser lo que antes era una pasión desbocada, y las amarras de ese puerto que llamamos nuestra casa sigue tejiendo para nosotros una red que nos protege.
Aún me buscas por la noche cuando no puedes dormir. Y puedo ver tus ojos enormes brillar como faros en la distancia; alcanzas tus brazos y quieres apretarte a mí; y mi tranquilidad parece descansar en tu pecho y lentamente tu boca se va plegando hasta quedarse dormida… Mientras el corazón late.
Diciendo adiós descubro que aún te quiero. A mi manera, a la tuya. Extraño ya el sonido de tus pisadas, el eco sereno de tu respiración jadeante cuando subes por las escaleras, taimando tu espíritu alborotado con esas imposiciones absurdas en otra persona que no seas tú, y el aroma que aún perdura en tu piel muy de tarde, cuando todo parece entrar en una quietud tan lejana…
Diciendo adiós descubro que todo es difícil: quererte, vivir contigo, enojarte, olvidarte. Y renuncio a ello hasta la mañana siguiente, como esperando que el nuevo día me llene de una fuerza más titánica o más tiránica o más plácida o más amorosa, para hacerme navegar hasta el pomo de la puerta sin volver la vista atrás y poder cerrar este capítulo que lleva tu nombre, lleno de sol y de verano, y que sí, lo sé (y tú también) ha llegado a su fin.
Diciendo adiós aún te amo más… Y el mundo sigue girando, y en él, tú y yo.


