Todos necesitamos Arte (en nuestra vida)/ Everybody Ought to Have Art (in their lives).

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Nada hay que me ofenda más que el argumento de que el público español no aprecia el Arte. Que no necesita de música, de fotografía, de escultura, de pintura, de belleza arquitectónica. Si hay algo en lo que estoy en contra es de esta visión tan reduccionista que nosotros mismos tenemos como pueblo. Nos odiamos a nosotros mismos, y eso se refleja en las estructuras de poder, en la toma de decisiones, en la calidad de los productos artísticos. Nos reducimos a meras comparsas, espectadores impávidos que ven desfilar ante ellos pavanas de histerismos, rosarios de griterío barato, programas de televisión llenos de mediocridad, con mucho griterío sin nada que decir, enseñando las miserias de la vida como si fuesen grandes trofeos, desoyendo la necesidad natural de búsqueda de alegría, de belleza.

   Las naciones verdaderamente grandes (y esto no tiene nada que ver con la actualidad) veneran el Arte, así en mayúsculas, y siempre tiene un hueco (enorme) para él. Da qué pensar que los países con mayor riqueza cultural del mundo estén hundidos como se encuentran, y da qué pensar que ambos maltraten en su día a día al Arte con mayúsculas. España e Italia han perdido el norte de su amor por el Arte y las consecuencias las pagamos diariamente.

   Eso no pasa en Algosajonia, por ejemplo. Ni en el mundo cirílico, ni en las austeras tierras norteñas. Ni en el último continente poblado, ni en Latinoamérica, donde siempre hay espacio para la música, el ritmo, ese semillero de artistas exóticos que aportan novedad y luz a nuestra existencia.

   Una vez se me dijo que en la televisión española la música no tenía cabida porque no generaba audiencias. Quizá no les damos la oportunidad de que las generen o no mimamos al público para que vuelvan a disfrutar de la maravilla de la diversión real, de la abstracción y de la educación que el Arte da a la vida. No puedo creer que los españoles odiemos la diversión, la música, el entretenimiento real. Puede haber espacio para lo que de unos años aquí embadurna nuestras casas sin duda, pero también puede (y debe) haber lugar para aquello que de verdad nos entretiene, nos evade, nos ensalza y nos educa. En un espacio de entrevistas, un artista puede promover su última creación, o puede recordarnos su quehacer anterior; podemos disfrutar de las obras que engalanan nuestros museos más famosos o que se confinan en nuestros teatros. En Madrid hay mucha actividad, y no me refiero a ésa llena de artistas comprados por las subvenciones, si no a toda la oferta, así en general, que puebla sus teatros y sus cafés, donde podemos encontrar verdaderas joyas aún no explotadas por la crítica o las adulaciones, y que podrían ser conocidas por el gran público que ve la televisión. Hay demasiado talento en nuestras calles como para maltratarlo de la forma en que estamos haciendo.

   Y no hace falta mucho dinero. Se me dirá que el ejemplo que aquí pongo es de la todopoderosa BBC y que los anglosajones nadan en dinero. Tonterías. Ellos han pasado y pasan por crisis como nosotros y nunca, nunca han perdido el norte del Arte. Todo lo contrario, le brindan pleitesía y jamás lo denigran, como hacemos nosotros. Y es ahí dónde se diferencian.  No hace falta gran presupuesto para inmortalizar el Arte, que se vende y se disfruta por sí solo. Pero sí un hueco donde brindarle aire y dejar que entre la luz.

   En nuestra sociedad, nuestros políticos nos han acostumbrado a la oscuridad, primero de las subvenciones y de las filtraciones (ellos suponen que saben lo que nos conviene) y después de los presupuestos, pero un país sin Arte es un país sin alma, y un país sin identidad es un país abocado al vacío. No se necesita mucho, sólo querer hacerlo. Lo demás ya viene por añadidura. Llámese mecenazgo, llámese evasión de impuestos, llámase prurito personal por pasar a la eternidad, siempre habrá, ante el éxito, bolsillos que se abran para auparlo.

   Mientras tanto, todos necesitamos Arte en nuestras vidas. Y, si pudiésemos, una sirvienta (vale, asistenta del hogar) también.

Por ti. Y por mí/ For You and I.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Por ti el mundo cambia. Por ti el corazón late al revés. Por ti no me miro al espejo para no sentirme perdido. Por ti dejé de pertenecerme un día.

   Por mí dejé de mentirme. Por ti dejé mis cadenas detrás. Y fui libre.

   Hasta que caí en tus brazos.

   Por ti despierto cada mañana. Tu peso cerca de mí, la huella de tu perfume y la señal de tu cuerpo a mi lado.

   Por mí la alegría de amarte y de dejarte entrar, hasta lo más íntimo. Y saberte único, lejos pero cerca, como una sombra que asombra y un rumor que acaricia.

   Por ti mis labios están en mis manos. Y cada dedo es un beso que te acaricia la espalda, que te masajea el cuello.

   Y por mí el mundo se expande hasta hacerse bello.

   Tú eres mi mundo. Y por mí el mundo es de plata y oro.

   Te quiero. Te deseo. Te sueño.

   Y por mí todo es infinito. Y rompe la ola del tiempo a tus pies.

   

Caricias/ Caresses.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Penumbra. Y la sombra de tu espalda se recorta en la distancia.

   La luna en su cimitarra, estrellas a su espalda. Y la silueta de tu rostro se dibuja en la ventana.

   Piel plateada hambrienta de besos. Besos salados, entre sudor y deseos. Y las manos que te buscan y te atraen hacia mí.

   Besos. Lentos de saliva blanca. Rodean las bocas, rodean los mentones, saborean las mejillas. Y las manos que atan tu espalda de plata. Y la luna en su cimitarra arropada por estrellas.

   Los dedos se pierden en la selva de tu cuerpo. Corren sin sentido buscando placer. Y el pecho firme entre el mío y el aire.

   Caricias que son desgarros. Desgarros que son ansias. Ansias que culminan en grito, abrazo y abandono.

   Nombro tu nombre en la penumbra. Y tu risa estalla en el silencio. Y nos encontramos una y otra vez en un vaivén de marea.

   Remolinos, meandros, aguas inquietas. Y deseos enloquecidos. Y besos, millones de besos.

   Pechos y espaldas, brazos y piernas enredados en un todo hambriento. Y el corazón que late pum, pum, pum, al arrebato.

   Caricias que te recorren. Caricias que me encuentran y me retienen. Y yo me dejo hacer…

   Suspiros. Laxitud, sudor y descanso. Uno sobre el otro y nadie más. Penumbra de dos cuerpos varados uno dentro del otro y nada más.

   La luna en su cimitarra se oculta en un mar de estrellas. La piel brilla en la penumbra gris. Y en las sombras tus jadeos y los míos, tu nombre y el mío se mecen hasta quedarse dormidos.

   Ahítos. Pero en perpetua búsqueda. Ansiosos de más.

   Caricias que me das y que te doy. Y la noche que pasa sobre nosotros y nos deja, desnudos, dormir un poco más.

Cerrando los ojos/ Closing eyes.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   El cansancio se retrata cerrando los ojos. Un baño de descanso parece llenarlos de repente. Como un telón de terciopelo bordado de estrellas. Y una alegría más parecida a una felicidad diminuta nos asalta con la magia de lo cotidiano y lo maravilloso.

   Cerrando los ojos vemos la vida pasar. La nuestra. Y pensamos en lo que debimos decir, en lo que debimos hacer; en nuestros errores y en el eco que tendrán en el futuro. Con los ojos cerrados el mundo pasa a ser nuestro planeta, y el interior se alza presuroso enfrente de nuestra vida y nos hace pensar e imaginar y sentir y volver a sentir aquello que más anhelamos olvidar a veces y a veces sólo recordar de puntillas.

   Cerrando los ojos pienso en ti. Y en lo que nos dijimos y en lo que callamos. Tras los párpados tu retrato se dibuja nítido: el brillo de tu mirada, la nariz ligeramente puntiaguda, esa sonrisa de estrella. Y el aroma de tu cuerpo desprendido y un latido en mi pecho y en el tuyo. Con los ojos cerrados puedo estar contigo de nuevo y todo parece ser lo que debió ser.

   El tiempo lo cura todo. El cansancio, la espera, el desamor. El orgullo quebrado, el aliento perdido y a veces también el amor. Cerrando los ojos te tengo cerca y todo parece quedar atrás; soy capaz de decirte lo que siento, de pedirte que te quedes, de hacerte sentir mejor.Puedo abrazarte y bailar cerca de ti, y susurrarte al oído lo que merecías escuchar y de darte cada uno de los besos que tatúan el amor que todavía te tengo.

   Con el cansancio extremo tu vida se acerca a la mía otra vez; nada parece haber sido lo que fue y es lo que debió haber sido. Y hay felicidad. En tu  sonrisa y la mía. Y hay paz. Aquella que se pierde con los ojos abiertos y el vacío en la cama, en la cocina y en el corazón.

   Todo pasa, todo. Pero hace ya más de un año y tú sigues aquí, en el centro de mi corazón, en el fondo de mis párpados, y te me revelas cada vez que, cerrando los ojos, quiero huir del cansancio de no tenerte más junto a mí.

   El tiempo todo lo cura, pero cada vez que cierro los ojos estás junto a mí. Y ya puede se primavera, ya puede llover por fin, ya puede haber una revolución de los astros, que cada vez que cierro los ojos aquí estás, sin haberte movido un ápice pero todo distinto, manteniendo las distancias, siendo lo más tú posible y yo tan diferente… El tiempo todo lo cura, menos el amor que siento por ti.

   Cerrando los ojos el cansancio de no tenerte se mitiga al recordarte. Y los errores que cometí se diluyen. Y el amor que nos teníamos reverdece de nuevo. Y el mundo parece ser lo que fue una vez y no debió cambiar.

   Cerrando los ojos una alegría parecida a la felicidad me inunda… Y estás junto a mí.

Flores en el jardín/ Blossoming Garden.

Arte/ Art, Música/ Music, Naturaleza/ Nature

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Nacer para perder(te)/ Born to lose.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   El que se va se aleja poco a poco.

   El que se va pierde el contacto de lo que queda detrás.

   La vida que conocía, en la que estaba inmerso; los amores cosechados, las amistades conseguidas, todo queda atrás, suspendido en el tiempo, en el tiempo que fluye para todos menos para la memoria del que se va.

   Nada es para siempre. La mañana, la tarde, el anochecer. Los sueños se diluyen en la realidad del día a día. Y las oportunidades también. Y el amor.

   Sobre todo el amor que te tengo.

   Nacer para perder, así ha sido mi vida. Nacer para ver cómo te alejas de mí. Nacer para perderte.

   Decir que te amo es casi una redundancia. Pero te amo. Y aunque te amo, no tiene importancia. No para ti.

   Nacer para amarte con los ojos cerrados y el cuerpo abierto. Para darte todo mi alma y el contenido de mi corazón.

   Te embadurnaste de mi vida; llenaste el hueco de tus manos de los besos que te daba y de la libertad que me pedías. Bebiste de mí hasta decirme basta.

   Nacer para perderte cada día. Al amanecer, en el aroma de la noche y entre las sábanas. Un minuto primero, después horas que se transformaron en meses y en años y en calendarios que quemábamos en la chimenea encendida. Como mi amor.

   Que no fue suficiente.

   Y lo supe cuando nos conocimos. Y cuando nos deseamos por primera vez. Había nacido para amarte. Pero también para perderte.

   Y no te culpo. Ya no busco responsables. Quizá fui yo; quizá fuiste tú. Quizá los dos. No lo sé.

   Los amigos preguntan; los conocidos me paran en la calle queriendo saber de ti. No lo sé. El que se va corta los lazos por más que jure mantener el contacto, por más que pretenda arrastrar esas cadenas. Y tú más que nadie.

   Y tú más que yo.

   Nacer para verte marchar. Nacer para saber que no dudará. A pesar de la entrega, a pesar del cariño; a pesar de la necesidad y del deseo.

   El que se va se aleja hasta que se pierde de vista. Así muere el amor también. Poco a poco hasta que dejamos de sentirlo en cada latido, en cada beso.

   El amor se acaba, el amor se pierde. Y todo lo demás.

   El que se va deja todo atrás. Todo. Y allí estoy yo. Que he nacido para amarte. Pero también para perderte.

   Y no has dado la vuelta ni una vez. No me has visto ni una vez.

   Nacer para perderte. A pesar de amarte todavía.

Viajera/ Traveler.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Mira la ventana. El paisaje cambia rápidamente a medida que el tren se desplaza. Como a veces queremos que la vida también pase.

   Ojos fijos, labios finos. Expresión meditabunda. No parece conocer a nadie excepto el paisaje, al que mira sin ver, perdida como está en sus pensamientos. O en sus ensoñaciones.

   ¿En qué pensará? ¿O en quién?

   ¿Qué puede haber de difícil en una vida joven que corre con el tren en marcha?

   Manos finas, un anillo de oro brilla en el dedo anular. A veces creemos que la vida es así, rubia y brillante como el oro, eterna como esa aleación que lo hace moldeable e imperecedero.

   Pero la vida no es así. Ni el amor que todo lo inspira.

   ¿Qué espera esa mujer? ¿Hacia quién va?

   Ensimismada, gesto de cansancio o de aceptación. Y la imaginamos llorando y la imaginamos rabiosa y la imaginamos sudorosa al lado del cuerpo deseado y la imaginamos risueña, cubierta de sol a la sombra de una encina.

   Y en silencio pasa los minutos como kilómetros. Y el tren corre veloz por la vía que nos lleva. Y ella callada, en esa lucha interior que se refleja en sus pupilas y en el cristal. Yendo y volviendo, un cuento de nunca acabar.

   Como el amor.

   Contigo ni sin ti.

   Y nada hay qué hacer si no esperar. Y a veces luchar y a veces aceptar que todo debe cambiar o que todo debe seguir igual para nunca, nunca, nunca quedar sin vida.

   Mirando por la ventana la viajera ve al paisaje cambiar. Y al corazón retratarse en sus ojos. Y a la espera continua en su corazón.

   ¿En quién pensará? ¿O en qué?