Este corazón mío/ This heart of mine.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Puede ser muchas cosas. El día de sol, el viento que ruge en nuestros oídos. Tu cercanía.

   O que estamos bailando.

   ¡Cómo me gusta bailar!

   Sentirte cerca, así junto a mí, con tu calor y el mío, y los latidos del corazón que parece que salen de mi boca.

   Este corazón mío, que me hace feliz, porque te siente cerca. Este corazón mío que es feliz, porque estás junto a mí.

   Y el sol brilla, y las nubes se alejan, y el viento nos eleva más allá del horizonte, juntos y juntos y juntos hasta el día sin fin.

   Ven, te digo. Ven, te beso. Ven, te abrazo. Y este corazón mío baila de gozo y salta en mi pecho. Siéntelo, bum, bum, bum, relleno de felicidad como un pastel de crema, de esa crema que me sabe a tus labios y a tu piel abierta y deseada.

   Ven, baila conmigo el vals de mi corazón que late bum, bum, bum cera del tuyo…

   Y pueden ser muchas cosas que justifiquen la inmensa felicidad que siento. Pero este corazón mío lo sabe, lo sabe demasiado bien: eres tú.

   Nunca te alejes de mí ni de este corazón mío que late bum, bum, bum, sólo por ti.

Algo inesperado/ Something unexpected.

El día a día/ The days we're living

   Me ha pasado.

   No lo esperaba. ¿Cómo hacerlo?

   Después de lo que había ocurrido, de todo ese dolor que se drenó sin saber, dejando un hueco lleno de vacío.

   No lo esperaba.

   Otra vez.

   Pero ha sido verte y el mundo dio la vuelta.

   Ha sido verte y mi corazón se abrió de par en par y te dejó entrar sin pedirme permiso. Y sólo dibuja sonrisas en mi boca.

   Llegaste e inundaste la habitación. Tus ojos llenaron de luz el jardín y se posaron en los míos y sonreí.

   Balbucí no sé qué cosas. Nos presentaron y no me salían las palabras. Reíste con esa boca de fresa y me tragué de inmediato la vergüenza. Y como algo inesperado, me ocupé por completo de ti dejando a los demás de lado, olvidándome de ellos y centrándome en ti.

   Reías. Sólo reías. Y de tu boca salían palabras de cadencia suave y mucha complicidad. Me tocaste y alteraste la orografía de mis sentidos. Mis nervios estallaron en una rara alegría que nunca habían sentido. Y me llevé tu palma a mi boca, y deposité en ella un beso que era más que un agradecimiento.

   Reías. Y caminábamos juntos. Los demás no eran los demás; la música sólo sonaba para nosotros. Y supe que tu corazón y el mío bailaron uno junto al otro hasta el amanecer.

   No sé qué me ocurrió al verte. Ignoro qué has hecho. Pero ya no me importa. No quiero saber quién fui una vez. Cada vez que te miro a los ojos renazco,  y de los restos en los que crezco nacen nuevas esperanzas que tienen tu nombre.

   Y ries. Y sigues riendo con mis tonterías, con las palabras a medio acabar, con las torpezas mantenidas, con las frases terminadas en asombros y en besos y en abrazos callados.

   ¡Nunca me había sentido así! Y tú eres la causa.

   Y ahora no me importa dónde estoy ni qué es lo que hago. Sólo ver tu rostro aniñado, sólo oír tu voz de poema y sentir de cerca el abrazo de tu espalda es lo único que me hace falta.

   Porque juntos hacemos una canción que nadie más escucha. Y que es sólo para los dos.

   Algo inesperado ha pasado: me he enamorado de ti.

   ¡Qué felicidad!

Lo que pienso/ What I am thinking.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   No me preguntes lo que pienso, por favor.

   Porque no sabría qué contestarte.

   Podría decir que me pierdo en el pasado, cuando nos conocimos en aquella playa enorme, los dos pequeñuelos y divertidos, y que esos recuerdos me hacen feliz. O podría responderte que me fundo en el futuro, que intento vislumbrar aunque no lo consiga.

   Todo con tal de no mentirte ni decirte la verdad.

   Cómo llueve, ¿no? El tiempo es una buena excusa para el silencio. Ese silencio tranquilo, lleno del sopor del conocernos demasiado. Y también vale para desdibujar lo que sentimos y hasta lo que pensamos. Que hoy viene a ser lo mismo.

   Cuánta belleza. Eso fue lo primero que me dije al verte. Ni un día desde aquel día. Y la misma sonrisa y la misma picardía. Y la voz suave y esos hoyuelos y esa mirada de desierto. Eras tú después de tanto tiempo y allí estaba yo, admirándote.

   Cuánta alegría. Eso fue lo que noté en ti. La risa de cielo abierto y la confianza restaurada como si nunca se hubiese perdido. Qué maravilla…

   En el local, un pianista comienza a desgranar viejas canciones de amor. Nos acercamos para susurrar y disfrutar de la música.

   El perfume asciende de tu piel y llena mis recuerdos y llega a mi corazón, que se suelta de sus amarras y navega solitario por los mares del tal vez.

   Y dejo de luchar contra lo evidente.

   Aún te amo.

   Así que no me preguntes lo que pienso. No esta vez, por favor. Porque tú eres feliz, tus ojos sonríen, tu piel brilla mojada por la lluvia y el futuro que se abre ante ti. Y yo estoy a tu lado como lo estuve una vez y dejé de estarlo al darme cuenta que te amaba.

   Como lo hago ahora.

   Y ya no lucho, ya no le impongo al corazón barrera alguna. Salvo el silencio. Ya que de nada serviría decirte lo que siento, lo que llevo apretujado entre la boca y el alma… Parece que siempre llego tarde contigo, muy tarde en verdad.

   Así que no me preguntes lo que pienso, que no quiero mentirte. Y hablemos del tiempo y de la felicidad de las abejas. Y de la belleza de un mundo que parece destruirse, y de la esperanza que trae consigo el atardecer.

   Hablemos de todo para llenar de ruido el latido de mi corazón. Hablemos de ti y de él y de todo lo demás, y deja de hurgar en mi corazón herido, y deja de preguntarte cómo es posible, cómo todo sigue sin cambiar.

   Cómo puedo aún amarte. Igual.

El que se fue/ The one that got away.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Puede ser.

   O no.

   Puede ser.

   O no.

   Todo cambia. Todo. Menos el corazón. El mío congelado, que parece piedra transparente, hielo.

   Tú lo has hecho así. A tu imagen y semejanza.

   Y el tiempo pasa. Pasa por sobre todos. Menos por lo que siento.

   Puede ser.

   Y lo es.

   Aún te amo.

   Tantos años, tantas aguas perdidas río abajo y sigo aquí. Pensando en ti como quien se sorprende de vivir.

   La vida, esa jugadora de dados, esa ruleta rusa. Esa tramposa que nos hace creer que olvidamos, hasta que me trae de nuevo a ti.

   El que se fue todo lo pierde. Él cambia por irse, ya no es el mismo. Pinta colores divergentes, refracta con la vida que vuelve a encontrar.

   Eso te ha pasado a ti. Por irte. Con todo. Y con todos.

   Menos conmigo.

   Me transformé en piedra, mi corazón en un puño sangrando por ti. Y cuando te fuiste, me lo tragué de un bocado. Y me supo mal: a sangre, a dolor y a llanto.

   Una vez ido quedé sin nada, pues tú eras mi mundo. Y mira qué hiciste. Te fuiste sin importarte nada. Y, como el que se fue, me dejaste atrás sin importarte, sin una pizca de remordimientos.

   Y nada fue igual desde ese día. Hasta hoy. Que has regresado.

   Puede ser.

   O no.

   Puede ser.

   Y lo es. Que desde que el mundo es mundo, aquel que ama continúa su letanía del abandono para luego llenarse de dolor y finalmente de olvido, perdiendo de vista el amor, saboreando el dolor y dejando atrás al que se fue.

   Menos yo.

   Aún te amo. Y, por eso, no quiero saber más de ti.