El mismo Hola, el mismo Adiós/ The Same Hello, the Same Goodbye.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   Estoy en la puerta. La aldaba cuelga tranquila; pesada de hierro; pesada de corazón.

   Soy incapaz de emitir un sonido. Mi voz enmudecida grita tu nombre, pero no oyes. O te haces el sordo.

   El mismo Hola cada vez que lo intento. El golpe de la aldaba, tus pasos detrás de la puerta, un suspiro y te vas sin decir nada: el mismo Adiós de hace un año o de hace dos, ya no recuerdo cuándo.

   Y puede que no haya que decir. Nada que pensar. Todo pasó y todo dejó de pasar. Tú y yo repitiendo las mismas historias, las mismas frases, durmiendo la misma noche, soñando distintos sueños y rozando, acariciando y mintiendo.

   Pero me empeño cuando me entra la melancolía. Evoco tu aroma y como poseído camino hasta tu puerta. Y veo la aldaba de hierro, y toco a la puerta. Cada uno de sus llamados es un latido de mi corazón. Cada uno de tus pasos es una palabra que quiero decirte: hola, cómo estás, el mundo cambia y nosotros seguimos aquí…

   Pero la puerta no se abre. Y tú no estás. Tu corazón ya no está en mis manos, tu vida no me pertenece. Ya no hay nada que nos ate, salvo el mismo Hola en tu aldaba y el mismo Adiós en tu mudez.

   Debo irme, lo sé. Debo dejarte atrás para siempre. Lo sé. Lo sé.El corazón está vacío y tu paciencia atacada. Mi imaginación se colapsa pensando en lo que pudo haber sido y en lo lejos que hubiéramos ido juntos, despertándonos a la vez cada mañana, despidiéndonos cada noche, espalda contra espalda y aveces corazón con corazón.

   Estoy en la puerta. El mismo saludo, la misma despedida. Quizá hoy pueda soportarlo mejor que ayer. Quizá hoy sea la última vez que vea la aldaba solitaria y toque a tu puerta y diga el mismo Hola a través de la puerta, y a través de la puerta, oiga el mismo Adiós de tu mudez.

La Navidad de Ricky/ Ricky’s Christmas.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

   Freixenet, con la que hemos celebrado tantas alegrías, busca estas Navidades llegar más cerca de nuestros corazones lanzando una campaña para poder elegir qué anuncio hecho con la creatividad de cualquiera de nosotros, puede formar parte de su siempre esperada felicitación navideña.

   Ricky Merino es un joven comunicador que vive el día a día de nuestra sociedad, dura e imparable, y que intenta abrirse paso con valentía y mucho corazón, en el siempre difícil mundo de la Creatividad. Y lo hace concursando con un spot navideño para la campaña de Freixenet 2012 que pido desde aquí sea visto y sea votado, si os gusta tanto como a mí.

   Muchos merecen una oportunidad para vivir sus sueños, y Ricky Merino es uno de ellos. Es tal cual se muestra en el vídeo: encantador, bullanguero, tierno, educado y dedicado, un ejemplo real de las jóvenes generaciones que están sufriendo, quizá más que nadie, en estos tiempos tan duros. Y que es capaz de ver hacia el futuro con una sonrisa y, sobre todo o más que todo, con un soplo de esperanza.

   Así es la Navidad de Ricky: lista para brillar. Y así esperamos que sea a través de nuestro apoyo, si llega hasta el final en esta carrera junto a Freixenet.

   ¡Ah! Por cierto: Muchas Gracias de su parte. Y de la mía, sin duda.

En la ciudad/ At the City.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

   Llueve.

   La ciudad es un caos así. Sirenas, todos de mal humor, y los torpes al volante y los más listos conduciendo.

   Pozas de agua que empapan al transeúnte. Y paraguas chorreantes y todo mojado: la ropa, los zapatos, el ánimo y el corazón.

   Hasta que llego a casa.

   Llueve. Y estás en la ventana viendo cómo cae sobre las aceras, cómo acaricia los cristales.

   La chimenea encendida y un aroma a roble y a hogar tibio y esponjoso. Lleno de sonrisas.

   Entro. Te giras. Me sonríes. Y te acercas.

   Nos tomamos de la mano sin decir nada y me acercas al fuego. Revuelves mi cabello y el agua se evapora con el contacto de tu piel, sedosa y ambarina, por la que apenas pasa el tiempo, que nunca es mucho tiempo.

   Y no hay ruido, no hay malos humores, no hay prisas, no hay explicaciones.

   Sólo el arrullo de las cosas menudas. Que tienen tu nombre y el mío. Y una chimenea encendida y el reflejo de la ciudad en los ventanales mojados.

   En la ciudad estás tú. Y yo lo tengo todo.

   Qué felicidad.

Noviembre/ November.

El día a día/ The days we're living

St. Elmo’s Fire.

Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

Quince años tenía y ellos estaban allí, y David Foster con su música, y muchos sueños por soñar y dejar atrás.

No hay día como hoy/ Not Day But Today.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Caminan de la mano.

   Se miran.

   Y a veces se hablan.

   Prefieren besarse.

   El viento los sigue de cerca. Y el remolino de hojas doradas tapizan la alfombra por donde su amor pasa.

   Se sonríen.

   Sólo están ellos dos. Hoy.

   Solos. De la mano. Callados.

   No hay día como hoy. Porque están juntos.

   El destino es incontrolable. Nadie sabe qué pasará mañana. Y aunque confían en sus almas, la historia se reescribe en cada latido de sus corazones que laten al unísono.

   No sueñan. Van de la mano. Y el día lleno de ocaso, y el otoño con ellos.

   No hay mañana, porque no hay día como hoy. Juntos casi sin decirse nada. Sonriendo. De la mano.

   Y se miran. Y se dicen tantas cosas con los labios llenos de sonrisas. Y el tiempo se detiene en las pupilas, en los hoyuelos de sus mejillas, en el susurro de cada respiración.

   No hay día como hoy.

   Nadie sabe del futuro. No se preocupan de lo que será. No tienen tiempo. Están demasiado ocupados siendo lo que son, viviendo el hoy, celebrando la alegría de estar juntos. Caminando bajo una lluvia de hojas secas, surcando el camino del amor.

   No hay día como hoy.

   Puro presente. Pura felicidad.

En el mundo real/ In The Real World.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Silencio. Sólo se oye el susurro de la respiración. Y el bamboleo suave del pecho subir y bajar. Y el roce de las sábanas. Y a veces el lento movimiento del dormido.

   Hace algo de frío. No hay calefacción. No la necesitaban hasta hace poco. El calor hacía sudar las ventanas; y las gotas caían sobre un cuello y sobre el otro, entre los labios abiertos y los brazos y las piernas. Y se acurrucan arrugando el edredón, y se acercan más y más, sintiendo en el sueño la caricia de la compañía y ese roce lento del placer saciado.

   El sol se asoma poco a poco. El amanecer es perezoso y atraviesa las rendijas de las cortinas como pidiendo disculpas. Aún no tiene fuerza suficiente como para rasgar el sueño de los amantes y calentar el día, pero la tendrá. Y puede que deshaga algo más que el sueño y el abrazo y la camaradería.

   Por eso se toma su tiempo. Y ellos también.

   Sin preguntas, sin dudas. Un encuentro y otro más. La vida de cada uno aparcada justo detrás de las palabras; jamás escondida pero sí suspendida: no puede haber mentiras en un abrazo febril, en una búsqueda que parecer haber llegado a su fin. Tampoco ninguna sombra ni ningún pasado: el tiempo se diluye en el amor sin calendarios, en las palabras no dichas, en los besos robados al sueño y al descanso.

   En el mundo real la vida se haya estacionada en el hueco que hay entre los dos amantes. Todavía es noche, todavía es una posibilidad. En el mundo real sólo los separan las sábanas y sus propias pieles, que se abren como flores, que se entregan como palomas mansas. Y no hay nada más.

   En el mundo real no hay soles, no hay mañanas. Ni hay finales ni hay porqués. Nada se dice y todo se sabe. El amor rueda indefenso y se atrapa indemne con la fuerza de un abrazo, con el sabor de un beso. Y se acuna, después de la locura y el éxtasis, regándolo con lágrimas de pura felicidad.

   Sin embargo, poco a poco el día avanza y el sol comienza a entrar desesperado por las ventanas. Indefensos, dormidos, serenos. Salvajes en el sentimiento, únicos y libres. Hasta que abran los ojos. Y dejen entrar el ritmo del reloj y de la vida en la habitación.

   Pero mientras tanto ellos están inmersos en un mundo libre, lleno de sueños que se tocan y de vidas que se saborean sin hartazgo. Mientras tanto, el mundo real los protege y los hace eternos.

   Hasta que despierten y todo vuelva a empezar.