Soñador/ Dreamer.

El mar interior/ The sea inside

   be5ee1dc368b11e39ddd22000aeb0e17_8Cierro los ojos. Siento cosquillas en los párpados y sé que mis pupilas, moviéndose, intentan acostumbrarse a la oscuridad de la mirada.

   El mar entra suave, con esa facilidad divina de lo natural. Como llegaste tú a mi vida: sin esperarte pero deseándote; sin saberlo pero conociéndote.

   Qué hermoso todo: los problemas y las rencillas tontas. Oigo tu voz dentro de mi cabeza, resonando como en una catedral. Y la mía propia, desgranando argumentos inútiles: quién quiere llevarse la razón mientras te tenga a mi lado.

   Así, en silencio, oigo el latido de mi corazón. Late pum, pum por ti. Y por mí. Porque le da la gana y desea amarte, anhela saberte a su lado, compartiendo el mismo aire, el mismo espacio que ya no está vacío y que se escapa más allá de mí.

   Llevo mi mano al pecho. Me hace cosquillas y me hace gracia. Es tu mano también y también es tu caricia, y a veces la indolencia de las horas perezosas y también la pasión que nos separa buscando un placer efímero: porque todo lo que no viene de ti se diluye y desaparece, hasta ese orgasmo fluido y perfecto que consigo a tu lado.

   Nada es más importante que estar juntos. Hasta la distancia desaparece, como la noche se diluye en la mañana. Y aunque tú eres tú y yo soy yo, somos una adición al cuadrado, un misterio que desvela sus encajes con el paso de las horas.

   Estás aquí. Estamos juntos. Sin tocarnos te sé cerca; sin hablarnos sé que me amas. Y como un soñador empedernido, me esfuerzo en vivir cada instante como si fuese el último, beber de tu sudor, gozar de tus caricias, enhebrar un anhelo junto a ti. Y como un soñador, con los ojos cerrados dibujo el mundo que lleva tu nombre, y con un eco, llenar la burbuja de la realidad con mi amor por ti.

   ¿Cuánto dura un sueño? No lo sé, ni me importaría saberlo. Porque la eternidad es demasiado enorme y rompe todas las cancelas, aún las de la distancia, el enojo y, lo sé, las de la muerte.

   Te amo despierto, cómo no adorarte soñando.

   Qué felicidad.

Tan simple como eso/ As simple as that.

El día a día/ The days we're living

As simple as that. Michael Feinstein.

ece65b3622f211e390a322000a9f1438_7 Este es mi sitio. Porque es el tuyo.

No me importa dónde estar, mientras estemos juntos.

No me importa saberte lejos, mientras vuelvas a mí.

No me importa estar lejos si tú estás aquí.

Somos un hogar pequeño; somos un hogar nuestro. Tan simple como eso.

Lleno de abrazos me ves besarte. Y yo cierro los ojos porque te imagino mejor, labios y pieles en ese encuentro delicado entre dos, que siempre termina en un furor de sábanas y risas.

Te pertenezco, tan simple como eso. Porque te amo. Tan maravilloso como todo esto.

Y ahora despiertas. Juro que he intentado no hacer ruido. El domingo se cuela por las cortinas transparentes. Qué bello el otoño en tu mirada. Y se me hincha el corazón llenándome de sangre la cara. Me tocas y se me revuelve el pecho. Y me sonríes, acunando mi alma.

Todo es así junto a ti. Tan simple como eso. Porque nos amamos.

Buenos días…

¡Qué felicidad!

Coming Out Day.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

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No sé si debería existir un día como éste. No debería ser una obligación, ni un motivo de orgullo y mucho menos de vergüenza. No debería existir, como tampoco el día del Niño, de la Mujer o de la Tierra.

   Pero conmemoraciones como ésta sirven para recordarnos que NO somos iguales, que NO somos tratados todos con equidad, que hay muchas diferencias entre los mundos y en nuestros propios mundos, y que NUNCA debemos olvidar que NO somos diferentes y que todos vivimos, soñamos, mentimos, olvidamos y amamos por igual.

   Bridegroom es una historia de amor truncada, y sin embargo una historia de amor que aún florece, tocando el corazón de aquellos que la conocen.

   No hay géneros sólo sentimientos; no hay nada más que corazón. Esas son las historias que me interesan, aquellas que tocan mi alma, engrandecen mi espíritu y que me ayudan a seguir adelante. Todo lo demás, ese ruido que nos envuelve la vida, no son más que ecos sin importancia, sin resonancia real en el ser humano.

Entre los dos/ Us.

El día a día/ The days we're living

0ac5eae62c5711e3a55d22000aeb36a0_8   – Siéntate.

   – Me siento.

   …

   – Callas.

   – Hablaría si tuviese ganas.

   …

   – Pero me gusta tu silencio. Así, sentados juntos.

   …

   – ¿Quieres coger mi mano?

   – Sí.

   – ¿Qué notas?

   …

   – Que te amo.

   – Y yo. Amarte es lo mejor que me ha pasado. Nunca nadie me ha hecho sentir lo que tú despiertas en mí. Tus palabras y tus silencios. Y este espacio entre los dos…

   …

   – Te has acercado.

   …

   – Tus besos me saben a hierba.

   – Y a amor.

   Entre los dos.

La Movida (serie).

El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen

   img_5462Una idea nacida para un proyecto de fin de carrera se está convirtiendo, poco a poco con la ayuda de mecenas anónimos (y otros no tanto) en una web-serie española que intenta reflejar problemas de hoy con cierta melancolía pasada que nos sirve de homenaje a un tiempo ido pero del cual somos deudores.

   De humor grueso pero a la vez alegre, con claras referencias ochentenas, hecho con una gran profesionalidad y una camaradería a prueba de bombas, La Movida (serie) poco a poco se va abriendo un hueco en YouTube y en todos los espacios 2.0.

   Un equipo estupendo, alegre y divertido t muy profesional, que intenta dejarse oír y evolucionar en el siempre difícil mundo de la creatividad audiovisual española.

Andrés (Pequeños cuentos confusos).

Arte/ Art, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

andres_amazon_cutEl Hombre Confuso ha publicado su primer relato corto a través de Kindle en la página web de Amazon.

 Andrés es el primer cuento de la serie Pequeños cuentos confusos. Una historia de iniciación, de descubrimientos, y de heridas que hacen daño dejando hondas huellas que llegan a olvidarse.

   Hay mucho de El Hombre Confuso en este relato: su gusto por la moda, su detallada recreación de los estados de ánimo, una mirada entre irónica y ácida pero, a la vez, también muy inocente, sobre lo que nos rodea.

 Andrés es un retrato de todos nosotros. De lo que fuimos y de lo que todavía somos. Un trocito del corazón de Andrés late en todos nosotros, no importa lo equidistante que estemos de él.

Todo vive en nosotros: la ilusión de lo nuevo; los sueños que se convierten en pequeñas pesadillas; la búsqueda que termina siendo decepcionante, la huida a veces y a veces, o casi siempre, la aceptación última.

   No importa nuestro género, nuestras preferencias sensuales: el mundo que se retrata en Andrés, aunque apenas pincelado y siempre a través de personajes que se suceden de forma líquida, es tan rabiosamente actual y tan realmente vacío, que casi duele. Nos identificamos con todos sus personajes pues hemos sido, o pudimos haber sido, todos ellos alguna vez. Y ese eco queda reverberando cuando terminamos de leer este relato.

   Como todo lo que tiene que ver con El Hombre Confuso, Andrés es muchas cosas a la vez más que el simple retrato de un chico de pueblo que llega a una gran ciudad sin saber qué hacer. La vida llega y lo dirige de aquí para allá, de situación equívoca en situación equívoca, y lo llena de dudas, de sensaciones, de sentimientos, de miedos y de fracasos que no son tales: Confuso es un hombre de mil facetas, capas que se suceden y que se desprenden como las hojas de un libro. Nada es lo que parece, pero todo tiene una columna vertebral sólida que lo hace reconocible y único.

   Andrés es un pequeño cuento confuso lleno de sinceridad, nada amable porque es verídico, lleno de delicada ironía y mucho menos feliz de lo que aparenta. El Hombre Confuso nos promete recrear un mundo feroz y real, en que se sufre pero a la vez se aprende, en el que la sensualidad, reina de nuestras pulsiones, nos hunde en el lodo, pero también nos redime, y sólo a veces, nos salva.

Quédate/ Stay.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

*    2ccde4601ae911e3b04822000ab5bd58_7Se miran sin verse. Al menos uno de los dos.

   Antes eran eso: dos. Ahora no lo saben bien. Hay días en que parece que la vieja camaradería persiste: se ríen juntos, juntos se callan; se acarician queriendo y sin querer se rozan; se miran y suspiran, como en un sueño.

   Pero ahora se cuentan esos momentos con los dedos de una mano. Por decirse, ya hasta ni discuten. Ls palabras se hallan secas entre los dos, y huecas a veces, rebotando y estrellándose contra el suelo desnudo. Porque no duermen desnudos. Antes el mero toque de piel contra piel desbordaba la pasión y hacían maravillas del mero silencio. Ahora el silencio cae pesado y ninguno de los dos lo recoge. Miran para otro lado y no se oyen. Cesaron las palabras como las caricias y como las ganas.

   Al menos para uno de los dos.

   Se quieren, o eso se dicen. Pero ya no pueden estar juntos. O eso es lo que uno de ellos piensa. No le gusta la imperfección ni los juguetes rotos: a eso se ha reducido su amor, o eso se dice.

   Uno navega entre el querer y el no poder. Late su corazón con ritmo de loca ansia. Quiere decir que todo puede arreglarse, que el amor congela lo olvidado y reanima lo vivido. Uno sabe que se muere de ganas por tocar, por abrazar, por seguir amando. Sabe que la vida no es fácil y que lo que llegaron a tener no lo volverán a encontrar nunca. Que el amor es más poderoso que el orgullo y quizá más que la pasión. Y que dura, seguro que dura, mucho más. La vida es larga, el querer se enraíza y a veces tropieza para volver a levantarse. Que el tiempo pasa y nada es ahora fácil, que el tiempo ha pasado para los dos aunque no se dieran cuenta.

   Intenta sujetar el brazo que se posa en el pomo de la puerta. No hablan. Uno cierra los ojos y suspira. Qué difícil es lo que tan sencillo parecía en su mente.

   No hablan. Pero uno quiere gritar: ¡Quédate!

   El otro lo que quiere oír. Pero sólo hay silencio y el tiempo se congela. Y nada más.

* © Carlos Puig-Padilla