Aún puedo dibujar tu rostro/ I Still Can See You Face

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

11011220_10206581107223334_5194833935309412900_o   Al menos una vez al día te recuerdo. Me asalta de repente, sorprendiéndome al principio, cuando era una novedad. Ahora espero a que llegue con algo de ansiedad: tal paz tu recuerdo da a mi vida.

   Quizá sólo haya algo que me reproche por siempre, y es haberme alejado de ti. Aún con los años que han pasado y todo lo que ha llovido y lo que ha girado el mundo en nuestras vidas, saber que pude haber sido más que feliz contigo, más yo que nunca, hace que reproche mi torpeza, o mi orgullo o mi ceguera, o todo a la vez.

   Al menos una vez al día dibujo en mi memoria tu rostro. Tan natural, tan sencillo, lleno de sonrisa, los ojos cerrados, la nariz algo prominente, los labios plegados, y esa sombra única de tu espalda sobre la cama. Al menos una vez al día puedo dibujar tu rostro con una precisión de rayo láser.

   Y en en esos momentos me pregunto qué habrá sido de ti. Si te habrás casado, si habrás conocido una felicidad parecida (nunca la misma) que ambos tuvimos. Me pregunto cómo te habrá tratado la vida, si se habrá llenado de nieve tu cabellera oscura, si habrá surcos de tristeza alrededor de esos ojos maravillosos donde brillaba el mundo de los veinte años. Y si tendrás a alguien a tu lado que haga olvidar lo que yo cada día recuerdo más: el sabor de tus besos, el peso exacto de tu cuerpo sobre el mío; esa compañía llena de silencio y de presencia. Y si llegas a pensar en mí…

   En esos momentos en los que me lleno de tus recuerdos, oigo tu voz. Esa cascada grave, esa risa tintineante, esos reclamos amargos. Todo llega a mí: lo que tuvimos de extraordinario y de ordinario; lo que hicimos de único y lo que finalmente nos perdió. Qué injusta ha sido la vida con nosotros. Habrás encontrado, como yo, un amor sustituto que no era nuestro amor, pero que nos ha llevado, mecidos y adormilados, a nuestro hoy.

   Me gustaría buscarte, me gustaría saber de ti. Y sé de ti cuando cierro los ojos y el pensamiento dibuja tu rostro, paso a paso: las pestañas cerradas, la boca entreabierta, y los brazos relajados sobre tu cuello, elegante y lleno de mis besos…

   Cuánto tiempo ha pasado, y en cada recodo de mi memoria aún puedo dibujar tu rostro, y mi amor por ti brota, único, como la primera vez…

   Y es cuando me atrapa la duda y el ansia de saberlo de inmediato… A ti, ¿te habría pasado alguna vez?

Y sueño contigo, y pienso contigo, y amo contigo, como una vez fue.

Diana Krall: Wallflower.

Música/ Music

Diana-Krall-at-Hollywood-Bowl

Mika Live!

Arte/ Art, Música/ Music

Mika-tutupash-2

Love Wins (Again).

El día a día/ The days we're living

proudtobeirish-trending-as-ireland-votes-yes-to-marriage-equality-235-1432390476

Cuando estás solo/ When You are alone.

Los días idos/ The days gone

11176531_1388343418159085_1043207200_n

   Las sombras que juegan con tus ojos…

   A veces, cuando no te das cuenta, te observo. Me gusta verte lentamente, con una suavidad tan fácil; sólo percibes mi mirada después de un tiempo.

   En esos instantes, cuando más tú eres, estás relajado, y esa sonrisa o la preocupación o el vacío te dibujan y te regalan enterito a mis ojos. Entonces te tengo completo y termino escondiendo mi mirada de la vergüenza que me da al contemplar esa tu desnudez que es la del alma.

   Sé que te desagrada. Me has empujado cada vez que te das cuenta. Me recriminas entre azorado y enojado; me recuerdas que ese eres tú, sólo tú y nadie más.

   Una vez me dijiste que dejara de hacerlo… Tenías razón, pero no lo hago por molestarte o por hacerte cosquillas. Me gusta, me gusta encontrarte tan solo contigo mismo que todo espectador se haga un intruso, y ese pliegue de la boca y esa mirada lúcida perdida en el centro de la mente que piensa. Es demasiado atractivo ese ruido de engranajes que encajan, escuchar esa música que proviene de ti y que es la de las esferas. Se hace tan real…

   Pero no todo se resume en eso. Tú mismo eres el objeto analizado. En esos instantes de máxima soledad, cuando nos creemos abandonados a los sueños o las fantasías, aflora aquello que más cerca está de la divinidad, los propios miedos y un anhelo sutil que sin duda es lo mejor de nosotros. En esos instantes te veo capaz de abarcarlo todo: el mundo, el mañana, tú mismo. Y esa modestia que te caracteriza cubriendo la preciada energía que se derrama con ese brillo de lo tangible.

   Cuando estás en ti mismo eres tan grande que salpicas a aquel que te ve. Cuando olvidas esas barreras mentales, esos ojos, esos sueños, esa vivacidad escapada; esa inteligencia aguda, y tan quisquillosa, se dibuja cartesiana; esos miedos, esas dudas paralizantes, que me recuerdan tanto a mí…, merecen el mejor de los cuidados, el mimo más dulce, porque provienen de ti.

   Cuando estás solo yo estoy contigo. Mis ojos te hablan. Termino desnudándome por completo para unirme a ti.

   Cuando estoy solo siempre estoy contigo. Mi mente te habla. Termino encerrándote libremente en el fondo de mi corazón.

                   Cada latido es vida; cada pestañeo te retiene en el cerebro que te dibuja; cada aliento intenta alentar las velas de tu determinación.

                   Termino observándote cuando más callado estás. Sí: te desagrada. Pero mis sentidos te contemplan y sé que nuestras almas se tocan y gozan de esa suprema libertad. Entonces me rindo ante ese deseo y me expongo a que me regañes. No importa.

                   Las sombras que juegan con tus ojos también viven en mí. Esa tu lucha es la mía. Tu campo de batalla y el mío se confunden entonces y llegan a fundirse. Esas victorias que se mezclan…

                   Me expongo a que me regañes de nuevo. Pero no importa.

Amor a los veinte años/ Love at twentysomething.

Los días idos/ The days gone

   11246771_1675035472717703_712763857_n

   Te debo el consuelo.

   Sin ti, ¿qué sería de mí?

   Necesito de tu presencia; agua en medio del calor; abrigo del frío; almohada para una cabeza cansada.

   Sin ti, ¿adónde iría? ¿Con quién hablaría? ¿Qué haría?

   Eres la razón última para seguir. Lo sabes. Lo confieso. Pues en nadie más he embarcado mis sueños. Tu estela de cometa refulge en la lejanía, y la cola me roza la cara. Mis sueños sólo despegan porque tú los llenas de combustible.

   Somos ciegos. Nuestra propia herencia (que no es otra que vivir en el recuerdo de los que amamos) se esparce y se reparte, desigual o moderadamente, en todo aquel que nos conoce. Y sin embargo, apenas vemos los influjos que recibimos, los mensajes que damos. Ceguera que se reparte a partes iguales entre una modestia un tanto campesina y una incredulidad algo vana. Pero está ahí, forma parte de la vida: esa que nos sintetiza y esa que nos destroza; y debemos brindarle el tributo que se merece.

   Me has dado tanto. Te has dado sin preguntas, sin peticiones. Tu sabiduría de agua clara; tu inteligencia concisa, unificada, como un rayo láser; tu voz de terciopelo oscuro. Cuando quiero buscarte, sólo cierro los ojos: un perfume que es tu vida, un sonido con ecos de tu voz; una impotencia que es competencia y ganas e ignorancia y querer. Un espíritu que aspira sin darse cuenta a lo máximo; una entrega (quizá sin ganas; quizá angustiada) íntegra, llena de ese Deber del que están hechas las cosas.

   Todo me lo has dado: tu vida, tus secretos, tus angustias.

   Y tu corazón.

   Necesito de tu fuente; necesito tu calor. Tu compañía, que se diluye cuando no estás, se refuerza en cada paso, en cada día; cada palabra dicha por ti en mí rebota, y resuena como la cuerda una vez emitida la nota. Intento ser la caja de tus resonancias; tus intereses, únicos y válidos, que aspiren gobernar el trono de mis deseos; y el deseo de tu alma, fundido en el cobre del mío propio; almas que han estado juntas mil veces, que intentan despertar juntas, estorbadas una a la otra, y ampliadas, a esa vida que bota y rebota a los pies del mundo; de este nuestro mundo, que nunca cesa de girar.

   Sin ti, sin tu calor, sin tus palabras, sin tu experiencia, sin tus titubeos, sin tu amor…, ¿qué sería de mí?

   Háblame, apóyame, esfuérzame, siénteme, compréndeme, golpéame, abrázame…

   Te debo el consuelo. Y la luz de mi lámpara. Y mis deseos. Y mi fe.

   ¿Qué no serías tú sin mí? ¿Qué sería yo sin ti?

   Te debo el consuelo. Y el corazón. Gracias.

Atrapado en tu silencio/ Caught In Your Silence.

Los días idos/ The days gone

11098319_784516548301426_221832540_n

   Me gusta tu compañía casi silencio. Susurradas las palabras, lentas fluyen de esa tu boca, y llegan hasta mí llenitas de esa voz suave, firme, de terciopelo oscuro.

   ¿Deberé describirte? ¿Quién desea conocerte más que yo? Delgado misterio, misteriosa vida; tú mismo eres un susurro que se va extendiendo de a poquito, de a poquito, hasta hacerse casi imprescindible. Yo que me jactaba de no depender de nadie, cada día que pasa me engancho más a ti; jamás pensé que para ser libre bastaba con estar atado.

   Tú eres una de las formas más dulces de prisión. Tus exigencias son sensatas. No pides más de lo que das; a veces hasta parece no importarte. Pero sólo es un espejismo, una cortina que esconde, como las sombras chinescas, uno de esos secretos del alma. Sí que vale cada muestra de cariño, cada recordatorio, esa mano en el hombro o una broma a tiempo. Vale ese peso exacto que necesitas; cada alegría que consigues tiene el valor del corazón.

Intento siempre que estoy a tu lado regalarte mi vida, y nada me parece suficiente. Intento, con cada muestra de este mi cariño que no me cabe dentro, ganarme una parcelita de ese corazón que late encontrando amor.

   Somos exploradores: tú y yo. Intentamos encontrar sin buscar, como parafraseó Picasso una vez. Pero no nos limitamos al arte; más bien buscamos ese Arte que lo sintetiza todo, que todo lo contiene; una suerte de Dios.

   Tú y yo: un conjunto indivisible, una suma de sueños, de miedos medianamente confesados.

   Yo y tú, aquí juntos, unidos por el lazo más delicado y el más firme, suerte de ganga, de hallazgo casual.

   Somos buscadores: de abrazos inmateriales, de anhelos, de sonrisas, de olvidos.

   Yo te he encontrado a ti, y en ti lo he encontrado todo. Dime, tú que estás aquí conmigo: ¿lo has encontrado ya?

   Me gusta el silencio de estar a tu lado. Me he acostumbrado a él. Sin duda el cariño también es una suerte de costumbre. He estado tanto tiempo solo, que hallarte me ha trastornado, me ha mejorado, y me ha hecho evolucionar.

   Intento mirar hacia atrás y dibujar a aquél que fui y no puedo. Tu compañía todo lo deslumbra: el pasado, el presente, el futuro. Tu compañía todo lo transforma y lo ordena; lo hace cósmico y real a un mismo tiempo.

   Siempre fui un pájaro solitario, un pequeño héroe sin rumbo. Desde que tú estás aquí mi senda lleva tu nombre, que es símbolo; mis alas se han hecho más fuertes y mi vuelo ascendente, planetario. Todo a tu lado cobra el sentido de lo justo, de lo que ha de ser: lo maravilloso, lo oscuro, lo que debe realizarse. La justicia, la aceptación, el orgullo; el susurro, el beso nunca dado, el abrazo que muere a medio camino.

   Me gusta la calma de estar a tu lado. Incluso en esos momentos de nerviosidad; cuando todo ya ha pasado. Y esos instantes de recompensa, que se multiplican desde que estás junto a mí. Esos ojos de miel y desierto que brillan esperanzados, poderosos, tan auténticos..

   ¿Deberé describirte? ¿Deberé descubrirte? ¿Cómo trazar entre unas líneas el dibujo de tu ser?

   Me atrapa el silencio de esa voz de terciopelo oscuro…