Reserva el último baile/ Save The Last Dance.

Arte/ Art, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

No hay gran diferencia. Michael Bublé.

There’s no difference after all. Sam Cook (American version of Queer As Folk).

Las burbujas de Bublé/ Bublé’s Bubbles.

Arte/ Art, Música/ Music

Michael Bublé

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En la ciudad/In the City.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

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¿Por dónde empezar?/ Where Do You Start?

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

¿Por dónde empezar?

Pensé que estando solo me iba a ser más fácil: cambiar las cosas de sitio, esconder tu ropa, recoger tus libros y tus compactos, apilarlos en cajas sin nombre, esperando que el anonimato borrase del aire el perfume de tu piel. Pero me equivocaba.

¿Por dónde empezar este final? ¿Por dónde terminar una historia que parecía no tener fin, llena de esperanzas, de locuras sin nombre, de ilusiones apiñadas todas juntas en los límites de una cama, de un salón, de una ciudad inmensamente pequeña para el amor?

¿Por dónde empezar? ¿Dónde esconder el corazón que sigue latiendo con el ritmo de tu nombre, que sigue respondiendo al llamado de tu voz, ecos que retumban en el pecho que duele, duele una y otra vez, y que respira y que late?

No lo sé…

Pero algo tengo que hacer: ya no estás, te he invitado a irte de mi vida como quien deja un hogar abandonado, y te fuiste…Siempre me has hecho caso, y no sé porqué, pues siempre me he equivocado… Y sin embargo, era el momento, el momento en el que más te quería, y si no te dejaba marchar, te odiaría mucho más…Porque sí, te odiaría…

¿Por dónde empezar? No lo sé. Pero sí sé que no podíamos seguir así, escondiéndonos uno del otro usando mil excusas pequeñas que no tenían sentido; lamentando desencuentros que terminaban en gritos; ajustando mil reproches que sólo despojaban al amor de lo más íntimo y sagrado.

Nos perdimos en el viaje, y eso que juré estar siempre a tu lado. Dejamos de vivir juntos, de pensar juntos, de sentir juntos: en la cocina, en la cama, en el corazón. Y un beso era el roce de cuatro labios entreabiertos; y un guiño, la respuesta de una mota de polvo; y una sonrisa, un vago intento de alejar el porvenir.

Por nuestro amor sufrí mucho decidiendo este gran paso. Sufrí porque me hacías daño; y me hacía daño sufriendo por no querer ya quererte. Porque hasta llegué un día a desear no amarte. Pero sobre eso no tengo poder, como el de continuar amándote. Y no quería llegar a pensar en ti con rencor y erróneamente, y no quería ver destrozado un proyecto de locura que nació cinco años atrás y que ya no da más frutos, ni sombra ni cobijo.

¿Por dónde empezar nuestro final? Pidiéndote que te fueras; rogándote con los ojos que te quedaras; que olvidaras tus maletas, tus ojos y tus caricias, y que me dejaras solo… Sentidos contradictorios, mensajes sin cifrar, hechos muertos que rebotan sin sentido en un universo que, desgraciadamente, dejó de tener nuestros nombres.

Porque teníamos un mundo, uno muy nuestro, cargado de nuestro sudor, de nuestro olor y pareceres. Uno maravilloso que giraba con el ritmo de la luna; que fulgía en la noche oscura y clamaba en el sol abrasador de un verano sin límites. Y todo era bello: tus ojos de tierra, tu pecho de bronce, tus manos largas y sinuosas como ramas de árbol. Y las sonrisas que retumbaban en la habitación sin cuadros; que perseguían los sueños desnudos, que latían en nuestros corazones después de la lucha, una y otra vez, agotados ambos, agotado el reloj y despiertas las horas, pendientes de nuestros afanes.

¿Por dónde empezar? He guardado cada uno de tus recuerdos en cajas sin nombre para poder olvidarlos. He empacado cada una de tus ropas, dobladas una por una, planchadas y limpias, y las he envuelto en papel de seda para que no se dañen. He guardado los libros que me regalaste con polvos de talco y granos de arroz templado; tu música, tu sonrisa, tus vídeos; todo clasificado en los momentos y lugares que visitamos; en los recuerdos borrados que mil peleas ridículas diluyeron en nada… ¿Y qué he hecho? Nada, nada que no sea pensar en ti.

¿Cómo empezar a olvidarte?

Dímelo tú, que ya no estás aquí porque yo quiero. Dímelo tú, que continúas aquí, porque, aunque te odiaría, te sigo a amando y aunque te olvidase te recordaría siempre.

¿Dónde empezar a olvidarte?

Por mí, quizá.

El mundo en imágenes/ World in pictures.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

Timelapses.tv

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Vete de mí/ Go away.

Arte/ Art, Música/ Music

La Bohème o el Hechizo de Luna/ La Bohème or Moonstruck.

Arte/ Art, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

La primera vez que oí un aria de La Bohème fue a través de la película de 1.987: Hechizo de Luna. Una deliciosa película que, a día de hoy, me sigue pareciendo maravillosa, y cuya magia lunar continúa conservando todo su hechizo. Cher nunca ha estado más hermosa y cercana, y las historias entrelazadas sobre la desesperanza, el abandono, la madurez, el resentimiento, la vejez, el miedo y el amor, son tan válidas hoy como hace más de veinte años.

El personaje de  Nicholas Cage, a pesar del resentimiento y la rabia, conseguía a través de esta ópera, liberar parte de sus frustraciones y recuperaba, en los breves minutos que la música ascendía al cielo, una liberación casi completa. Y la imagen de Cher desnuda, contemplando la plateada luna llena a través de la ventana, y a través de su piel, aún brilla en mis recuerdos.

Y aunque simule poco lógico, dos obras de arte por más dispares que sean, pueden tener muchos puntos en contacto y entenderse en conjunto y por separado. Hechizo de Luna me llevó a La Bohème, como me llevó al Lincoln Center de Nueva York y, precisamente en un otoño, a una de sus representaciones… La vida que gira una y otra vez.

Todo de La Bohème me gusta: su historia romántica, su ambiente donjuanesco, sus personajes vivarachos, y esos momentos cumbres del encuentro, el reconocimiento, y la despedida.

Todo de Hechizo de Luna me gusta: su historia, sus personajes agridulces y tan profundos, sus temores internos y cómo el hechizo de la luna llena hace nacer en ellos la necesidad de evolucionar, de aceptar el paso del tiempo, las inseguridades y el amor. Y la música de Vicky Carr y Dean Martin. Y, por supuesto, Nueva York y Puccini.

Mucho he cambiado desde los 17 años… Pero algo sigue intacto en mí, muy dentro pero muy vivo, a pesar de todo. Y estos recuerdos forman para de eso. Y me alegra haberlo encontrado. Y saberlo.