Historia enjaulada/ History in Jail.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Lugares que he visto/ Places I haven been

La última lucha, el último suspiro por conservar la Belleza que destruimos sin sentido, las reformas que cambian  mundos y modifican realidades.

Cuando perdemos el norte de quiénes somos la revolución es inútil, a veces hueca, siempre dolorosa.

Y los restos de lo que dejamos atrás nos recuerdan quiénes fuimos. Y encerramos tras cristales blindados los últimos recuerdos de lo que fue y no volverá.

Historia enjaulada como recuerdos idos. Lucha de una memoria por seguir latiendo en el presente. Y nada, nada, volverá a ser lo que fue. Y menos nosotros mismos.

Noviembre/ November.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

Esta noche/ Tonight.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Nada es más bello. Nada hay más que tú para mí.

   Cada cosa que miro, cada respiro, cada pestañeo te dibuja cerca de mi corazón, en ese hueco caliente que dejas cada vez que nos separamos, que enciendes cada vez que nos vemos.

   Y ahora estamos tú y yo juntos, encendiendo la noche cuajada de nubes, tocándonos y queriéndonos sin palabras, divina mudez.

   Esta noche la luna se esconde tímida de nuestro amor, y las estrellas brillan tras el velo de las nubes con un fulgor semejante al fin del mundo. Estando juntos el mundo no tiene fin y me apetece quedarme echado a tus pies, besando uno a uno tus dedos hasta los tobillos  y ascender, como la noche que llega, hasta tus labios.

   Estando separados el día se alarga eterno hasta que nos vemos, y todo lo que soy se resume en tu sonrisa y se apiada entre tus brazos hasta hacerme sentir el más puro e irreal de los hombres. Porque tú eres todo lo que yo he deseado nunca, todo lo que he encontrado, y me dignificas y me defines, desde mi pelo a mis dedos, desde mi boca hasta mi corazón.

   Sé que eres lo correcto, lo mejor de mi vida, porque el mundo se detiene  y el cielo brilla y los árboles tejen melodías con sus ramas de estambre; sé que eres mi vida, porque no la concibo contigo en la distancia, separado de mí.

   Esta noche, mientras dormimos entrelazados, sueño contigo y con el amor, el amor extraño que visita nuestros cuerpos y que nos hace amantes y marea líquida y deseos floridos. Esta noche, entre tus brazos, rozo las estrellas y las guardo entre las telas de tu corazón, en el que descubro mi propio latido como un tesoro sin igual.

   En esta noche te amo, en estos días un milagro parece sucederse de continuo, y aquello que nació como una tontería se ha hecho mundo, planeta y universo. Un universo con el sabor de tu nombre.

Partir para vivir/ One Day I’ll Fly Away.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Uncategorized

   Lo sé. Siempre lo he sabido.

   Un rumor, un oleaje parecido a la razón dictaba mi intuición pero me reservaba del dolor o al menos de la sensación frustrante de no ser libre.

   Libre para amarte por entero.

   Algún día podré volar y seguir el sueño de tu nombre, perseguir libremente mis deseos y que mi razón carcelera se doblegue a ellos, como ellos lo han hecho a mis sueños.

   Conocerte ha sido un sueño, un signo, un sino. Tenerte cerca entre los susurros del amor despertó mi piel, e hizo mella en mis sentidos, dormidos hasta que te conocí, callados por desconocimiento, sedientos y hasta enojados. Pero tus labios, y el frío de tus dedos, y el contacto casual de tu desnudez con la mía, suave y rabiosa a un mismo tiempo, cayeron en cascada sobre mi alma turbándolo todo: mi vida, mi corazón prisionero del deber y la realidad.

   Pero un día me iré. Un día seré libre dejándolo todo atrás: las responsabilidades heredadas, los hechos que rebajan los sueños, la realidad que acosa a las personas hasta hacerlas copias borrosas de sí mismas, oscuras y tristes.

   Hay que partir para vivir, y mi vida está en tus huellas, tras las cuales el amanecer se desborda deseoso y altanero. Nada de lo que pueda decir mi razón que me ata aquí, lejos de ti, puede hacer que deje de pensar en ti, de soñar contigo, de viajar contigo en las alas de la imaginación y los besos que nos dimos, que todavía nos damos cada vez que cierro los ojos con tu imagen encerrada en mi pecho.

   Antes de conocerte todo era uniforme, gris y con un sentido plano. Seguía a la noche, cuyas sombras dibujaban el brillo de mis ojos; la luna en su cimitarra; las estrellas guarecidas tras nubes de lluvia. Antes de conocerte todo parecía predispuesto, y la inamovilidad, eterna. Sentía que me quedaba para morir, como se quedaron todos los que me precedieron, yaciendo sobre la tierra pensando en el fin del mundo, desconocedores de una vida de aventuras, de que un sueño lleno de energía puede alzarse contra todo y vencerlo. Antes de saber de ti, este mundo mundano era mi cárcel y mi escaso premio. Y mi única salida.

   Hasta conocerte.

   Y fue cuando supe. Cuando me di cuenta que mi intuición no me engañaba, que mi corazón latía por un motivo, y que nada tenía que ver con mi vida, si no con una libertad difícil, destructora y única: aquella que rompería las cadenas de mi pensamiento y me dejaría volar hasta tus brazos, saltado de sueño en sueño hasta aterrizar en la tierra sin fin de la vida, partiendo para vivir, cerrando los ojos al pasado, abriendo el corazón y la boca al amor y al futuro.

   Algún día podré volar lejos de aquí siguiéndote, deseándote, amándote.

   Partir para vivir, dejando todo atrás: la muerte de lo que me apresa, la sequía de la esperanza, la enfermedad de la soledad.

Berlín o el Fénix/ Berlin or Phoenix.

Lo que he visto/ What I've seen, Lugares que he visto/ Places I haven been

   Hay ciudades más bellas que Berlín. Las hay más antiguas, más caóticas, más nervudas.

   Europa está llena de capitales llenas de personalidad, aunque todas se parecen en esencia y eso es maravilloso. Europa tiene focos de atención indudables: desde Madrid a París, de Roma a Londres. América late vibrante de Buenos Aires a México, de San Francisco a Chicago. Pero en ambos continentes hay, quizá, dos ciudades que se hermanan en su espíritu, en su perpetuo estado de vibración, en su confrontación constante con la realidad.

   Nueva York es, desgraciadamente desde hace poco, recipiente de la historia contemporánea. Los atentados más desastrosos de la humanidad se perpetraron allí, como evento único, claro, que Irlanda, España y otros países que han sufrido una sangría mayor, por continua, tendrían mucho que decir en esto; y eso hace que por sus calles la vida lata al unísono con la Historia, más que el reflejo de un tiempo pasado, un albor que ya es ocaso. Y en Berlín pasa otro tanto.

   Ciudad arrasada, dividida, ultrajada por sus propios errores, y por la ambición ajena, se alzó en todo el siglo XX como símbolo vivo, como tea inflamada del horror pero también de la perseverancia, de la constancia y del renacer. Alza y caída, ruinosa existencia, vergonzoso traspiés, seguro levantamiento, unificación y evolución a la apertura y a la universalidad, Berlín nos regala en cada una de sus calles ese espíritu de historia vivida y presente, esa vibración neoyorquina de estado mental, que la hace para mí única y atractiva, imán en el que convergen, como los radios de una rueda, lo que hubo de malo y lo que hay de mejor del hombre y de su entorno.

   Todo es inmenso en Berlín. Sin una colina en kilómetros a la redonda, se extiende desparramada, llena de parques y de reconstrucciones, con un espíritu juguetón pero al mismo tiempo concienzudo y perseverante, y con una libertad sin miedos que no deja de ser admirable.

   Menos bella que Múnich, por ejemplo, joya de una Baviera llena de luz y verdor; Berlín se erige sin embargo en el corazón de Alemania y, por ende y por mucho más, en el de nuestra Europa unida de esta manera tan peculiar como juntan los políticos las cosas, con sus terrazas con calefactores y preciosas mantas rojas, con sus tabernas y sus constantes construcciones, con un choque de estilos arquitectónicos que sería extraño en otra ciudad salvo en ésta; con su gusto por el recuerdo sin aspavientos ni rencores (algo que en España quizá debiéramos revisar más detenidamente) pues el interés del grupo siempre es más importante que el del individuo (puesto que repercute directamente en él); sus calles hechas un lío, sus espacios enormes llenos de hierba y poca luz; y una vida nocturna agitada, vibrante y llena d e contrastes, entre lo retro y la vanguardia más acusada, la belleza traspasa sus límites y se convierte en un estado mental que la hermana sin duda con Nueva York, cuya belleza es cuestionable, pero cuyo atractivo es innegable.

   Lo que diferencia para mí Nueva York de Berlín es que en esta última sería capaz de vivir, mientras que en Manhattan me resultaría demasiado difícil, pues no es una ciudad amable. Nueva York es una ciudad para visitar, para cargarse de energía y de novedad, pero no para desplegar con serenidad las alas de lo cotidiano. Berlín, sin embargo, siendo tan similar, tiene esa cotidianidad, esa facilidad de las capitales europeas, que nos regalan cierta libertad a la hora de ser nosotros mismos además que miembros de una ciudad.

   La revolución arquitectónica, la constante perseverancia en no olvidar pero no detenerse, los pasos que huelen a historia y a errores, pero también a renacimiento y alegría, nos invaden por sus calles enormes, por sus edificios imponentes y sus parques llenos de berlineses, menos sonrientes que los muniqueses (abiertos y de corazón generoso), pero igual de amables y de ocupados… Todo llama la atención en Berlín, hasta los tópicos que se cumplen a medias (como suele ser lo habitual), pues también tienen sus huelgas, sus protestas, sus servicios a medio funcionar, sus constantes renovaciones y sus polos opuestos.

   Los alemanes en Berlín, esa raza de gigantes rubios tozudos y emprendedores, no dejan de ser, como nosotros, europeos (es decir, muy parecidos, pero con sus diferencias) y eso se nota en su risa, en su entrega al divertimento, y en un espíritu más alegre de lo que nos permite imaginar su entrega al trabajo y a aquello que se debe hacer. Y eso los ha hecho únicos a la hora de enfrentar las brutalidades de la historia, y únicos a la hora de superarlas.

   Berlín es un símbolo del ave Fénix. Y lo sabe y lo celebra, sin azoramientos ni orgullos mal entendidos. Y eso es de admirar. Como muchas otras más. Europa es una maravilla: horas son de que nos demos cuenta y disfrutemos con ello.

Empollones enamorados/ Nerds in Love.

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen

Un blog original, lleno de ideas brillantes: Nerds in Love.

 

 

 

Vacío interior/ Almost Naked.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside