El que se fue/ The one that got away.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Puede ser.

   O no.

   Puede ser.

   O no.

   Todo cambia. Todo. Menos el corazón. El mío congelado, que parece piedra transparente, hielo.

   Tú lo has hecho así. A tu imagen y semejanza.

   Y el tiempo pasa. Pasa por sobre todos. Menos por lo que siento.

   Puede ser.

   Y lo es.

   Aún te amo.

   Tantos años, tantas aguas perdidas río abajo y sigo aquí. Pensando en ti como quien se sorprende de vivir.

   La vida, esa jugadora de dados, esa ruleta rusa. Esa tramposa que nos hace creer que olvidamos, hasta que me trae de nuevo a ti.

   El que se fue todo lo pierde. Él cambia por irse, ya no es el mismo. Pinta colores divergentes, refracta con la vida que vuelve a encontrar.

   Eso te ha pasado a ti. Por irte. Con todo. Y con todos.

   Menos conmigo.

   Me transformé en piedra, mi corazón en un puño sangrando por ti. Y cuando te fuiste, me lo tragué de un bocado. Y me supo mal: a sangre, a dolor y a llanto.

   Una vez ido quedé sin nada, pues tú eras mi mundo. Y mira qué hiciste. Te fuiste sin importarte nada. Y, como el que se fue, me dejaste atrás sin importarte, sin una pizca de remordimientos.

   Y nada fue igual desde ese día. Hasta hoy. Que has regresado.

   Puede ser.

   O no.

   Puede ser.

   Y lo es. Que desde que el mundo es mundo, aquel que ama continúa su letanía del abandono para luego llenarse de dolor y finalmente de olvido, perdiendo de vista el amor, saboreando el dolor y dejando atrás al que se fue.

   Menos yo.

   Aún te amo. Y, por eso, no quiero saber más de ti.

Oh, Happy Day!

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Bajo las estrellas/ Under the stars.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   – ¿Bailas conmigo?

   – ¿Aquí?

   El balcón está casi desierto. Apenas hay plantas, raquíticas y desnudas de flores. La luz está apagada y sólo nos ilumina el brillo de las estrellas y el sereno platear de la luna. El cielo como un manto nos envuelve y el sonido apenas audible de una banda que toca una canción de amor.

   A lo lejos, en un ático enorme, una fiesta se lleva a cabo. Preciosas velas entre los setos; una fuente con agua cristalina borbotea cándida; sillas de raso blanco y mesas vestidas con grandes lazos y flores en cascada hasta el suelo; viandas repletas, champaña encerrada en copas del más puro cristal; y el susurro de los pasos de baile y de las telas frondosas al rozarse unas con las otras.

   Nosotros no tenemos nada. En vaqueros, en camiseta y descalzos, alargo mi mano y le pido que baile conmigo.

   – ¿Aquí?

   Repite. Y yo le sonrío.

   – No conozco lugar mejor.

   Y accede remolón.

   Entre sus brazos me escondo. Siento su calor rozarme la mejilla. Su pecho enorme, sus manos delicadas tras mi espalda; el lento ronroneo de dos cuerpos al acariciarse y bailar. Uno y dos, dos y tres, los pasos entre las piernas y entre los brazos, y el hechizo del roce y la caricia, el aliento entre el pelo desordenado y una sombra de barba.

   Sonreímos.

   La terraza se llena de escarcha mientras la música suena y nosotros bailamos. La desnudez se viste de seda y el brillo del cielo desciende a nuestros pies. Cada paso de baile es un encuentro de nuestros cuerpos y es una sinfonía agradable y eterna. Cada sonrisa de su boca y de la mía nos envuelve en un ensueño único. Y el ruido de las copas al brindar y de los cubiertos en los platos llega hasta nosotros, y el aroma de las rosas abiertas y una gardenia en la solapa con su perfume de hierba y caricia. El brillo rubio de la champaña y la estatua de hielo que lentamente se transforma en agua líquida, como los besos.

   Y en el baile nos besamos lento, como si no tuviésemos prisa. Y el calor de su pecho me protege y sus brazos sin nudos me abrazan hasta el infinito. La luna plateada baña nuestro ensueño mientras la orquesta a nuestro lado deslía las notas de una canción de amor. Y estamos vestidos con  galas de ensueño y sonreímos con alegría y con una facilidad de agua libre.

   Al bailar entre sus brazos la noche obra su magia. Y nuestra terraza desnuda se llena de verdor y de velas encendidas. Y bajo las estrellas nuestro amor de pies descalzos se transforma en el mejor regalo posible.

   La música de la orquesta casi es un susurro, pero sólo oigo el vals de su respiración y la mía. Cae la escarcha sobre las velas que se van apagando una a una, pero sólo veo el brillo de su mirada en la mía. Cesan los pasos de baile y nuestros pies descalzos se encuentran unos junto a los otros perfectamente alineados y descansados. Todo ha sido un sueño, un ensueño nacido de bailar juntos, muy juntos, y de estar entre sus brazos.

   Bajo las estrellas no necesitamos más que nuestros corazones enamorados para tenerlo todo.

   Qué felicidad.

Días de gloria/ Glory Days.

Música/ Music, Naturaleza/ Nature

A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

Arte/ Art

Noche de marzo/ March’s night.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   En la noche de marzo yacemos juntos. Uno al lado del otro.

   Silencio.

   La respiración suave del que se queda dormido. Y el latido de mi corazón agitado.

   Tiemblo por lo que puede pasar. Me estremezco por el futuro. Pienso en lo que puede ser, en lo que ocurrirá, en los fallos que habrá, en los errores en los que caeremos, en los malentendidos.

   Me muevo en la cama. Tú permaneces impasible.

   Pestañeo. La luna entra a raudales por la ventana abierta. Qué calor tan inusual para marzo. Echo en falta la lluvia.

   Sé que tú también, pero pareces amoldarte a todo. Te entregas al día a día con tanta facilidad, que deseo tenerla, que quisiera poseerla para que confiaras más en mí. Y en esto que empezamos juntos.

   El viento refresca la habitación. Se cuela por la ventana entreabierta. Y yo me cubro con el edredón. Tú sonríes. Y dejo de respirar por un momento.

   Mi corazón se detiene. Mis pensamientos dejan de fluir. Tienes el don de darme calma.

   Echas un brazo por encima de mí y me atraes hacia a ti. Siento el calor de tu piel, el aroma de tu cercanía.

   Me abrazas. Y cierro los ojos. Y respiro suavemente.

   Tú me das paz.

   ¡Qué felicidad!

Persiguiendo sueños/ Chasing rainbows.

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   Siempre me pasa lo mismo. Busco y busco en vano. Lo que encuentro no es lo que deseo, y lo que anhelo simplemente no es para mí.

   Me paso la vida persiguiendo sueños y ellos se van dejándome solo.

   ¿Qué he hecho con mi vida? Nada importante. Nadie se gira al verme pasar; nadie se fija en mi sonrisa o en el brillo de mi mirada. Nadie extiende su brazo a medianoche en busca de un abrazo que sólo yo puedo dar. Cuando anhelo un día de sol, llueve. Cuando quiero ser besado veo cómo esos labios anhelados atracan en el puerto de otra boca. Mientras espero por encarnar mis sueños, estos se diluyen en vano tras de mí.

   Y no quiero mirar alrededor, no quiero saber qué les pasa a los demás. La sonrisa, la algarabía, el éxito, los sueños encarnados, las alegrías, las tristezas… No quiero ver cómo los demás obtienen lo que desean, aquello por lo que luchan, el suspiro por el que viven. Yo vivo persiguiendo sueños que se me niegan; yo vivo deseando atravesar arco iris que nunca se abren para mí. Ni siquiera un rayo de sol, ni siquiera el guiño de una luna misteriosa. Me paso la vida persiguiendo sueños que nunca, nunca, se hacen realidad.

   Y tú has sido el más hermoso de todos. Y el más doloroso también.

   Siempre he soñado con tenerte a mi lado. Con que me amases si quiera con una parte de lo que yo te quiero… Pero te quedas callado, me sonríes como quien sonríe a un perro, y me acaricias sin más y te vas. Te vas buscando otros abrazos, otras palabras lisonjeras, otros rumores y otros amores que no te hacen bien, o no todo el bien que yo te daría… Y aquí quedo yo, solo, en medio de una oscuridad penetrante, persiguiendo el sueño de amarte, entre los brillos de un cielo que no se abre para mí.

   Me paso la vida persiguiendo sueños.., que nunca serán para mí.