El mismo Hola, el mismo Adiós/ The Same Hello, the Same Goodbye.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

   Estoy en la puerta. La aldaba cuelga tranquila; pesada de hierro; pesada de corazón.

   Soy incapaz de emitir un sonido. Mi voz enmudecida grita tu nombre, pero no oyes. O te haces el sordo.

   El mismo Hola cada vez que lo intento. El golpe de la aldaba, tus pasos detrás de la puerta, un suspiro y te vas sin decir nada: el mismo Adiós de hace un año o de hace dos, ya no recuerdo cuándo.

   Y puede que no haya que decir. Nada que pensar. Todo pasó y todo dejó de pasar. Tú y yo repitiendo las mismas historias, las mismas frases, durmiendo la misma noche, soñando distintos sueños y rozando, acariciando y mintiendo.

   Pero me empeño cuando me entra la melancolía. Evoco tu aroma y como poseído camino hasta tu puerta. Y veo la aldaba de hierro, y toco a la puerta. Cada uno de sus llamados es un latido de mi corazón. Cada uno de tus pasos es una palabra que quiero decirte: hola, cómo estás, el mundo cambia y nosotros seguimos aquí…

   Pero la puerta no se abre. Y tú no estás. Tu corazón ya no está en mis manos, tu vida no me pertenece. Ya no hay nada que nos ate, salvo el mismo Hola en tu aldaba y el mismo Adiós en tu mudez.

   Debo irme, lo sé. Debo dejarte atrás para siempre. Lo sé. Lo sé.El corazón está vacío y tu paciencia atacada. Mi imaginación se colapsa pensando en lo que pudo haber sido y en lo lejos que hubiéramos ido juntos, despertándonos a la vez cada mañana, despidiéndonos cada noche, espalda contra espalda y aveces corazón con corazón.

   Estoy en la puerta. El mismo saludo, la misma despedida. Quizá hoy pueda soportarlo mejor que ayer. Quizá hoy sea la última vez que vea la aldaba solitaria y toque a tu puerta y diga el mismo Hola a través de la puerta, y a través de la puerta, oiga el mismo Adiós de tu mudez.

St. Elmo’s Fire.

Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Música/ Music

Quince años tenía y ellos estaban allí, y David Foster con su música, y muchos sueños por soñar y dejar atrás.

No hay día como hoy/ Not Day But Today.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Caminan de la mano.

   Se miran.

   Y a veces se hablan.

   Prefieren besarse.

   El viento los sigue de cerca. Y el remolino de hojas doradas tapizan la alfombra por donde su amor pasa.

   Se sonríen.

   Sólo están ellos dos. Hoy.

   Solos. De la mano. Callados.

   No hay día como hoy. Porque están juntos.

   El destino es incontrolable. Nadie sabe qué pasará mañana. Y aunque confían en sus almas, la historia se reescribe en cada latido de sus corazones que laten al unísono.

   No sueñan. Van de la mano. Y el día lleno de ocaso, y el otoño con ellos.

   No hay mañana, porque no hay día como hoy. Juntos casi sin decirse nada. Sonriendo. De la mano.

   Y se miran. Y se dicen tantas cosas con los labios llenos de sonrisas. Y el tiempo se detiene en las pupilas, en los hoyuelos de sus mejillas, en el susurro de cada respiración.

   No hay día como hoy.

   Nadie sabe del futuro. No se preocupan de lo que será. No tienen tiempo. Están demasiado ocupados siendo lo que son, viviendo el hoy, celebrando la alegría de estar juntos. Caminando bajo una lluvia de hojas secas, surcando el camino del amor.

   No hay día como hoy.

   Puro presente. Pura felicidad.

En el mundo real/ In The Real World.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Silencio. Sólo se oye el susurro de la respiración. Y el bamboleo suave del pecho subir y bajar. Y el roce de las sábanas. Y a veces el lento movimiento del dormido.

   Hace algo de frío. No hay calefacción. No la necesitaban hasta hace poco. El calor hacía sudar las ventanas; y las gotas caían sobre un cuello y sobre el otro, entre los labios abiertos y los brazos y las piernas. Y se acurrucan arrugando el edredón, y se acercan más y más, sintiendo en el sueño la caricia de la compañía y ese roce lento del placer saciado.

   El sol se asoma poco a poco. El amanecer es perezoso y atraviesa las rendijas de las cortinas como pidiendo disculpas. Aún no tiene fuerza suficiente como para rasgar el sueño de los amantes y calentar el día, pero la tendrá. Y puede que deshaga algo más que el sueño y el abrazo y la camaradería.

   Por eso se toma su tiempo. Y ellos también.

   Sin preguntas, sin dudas. Un encuentro y otro más. La vida de cada uno aparcada justo detrás de las palabras; jamás escondida pero sí suspendida: no puede haber mentiras en un abrazo febril, en una búsqueda que parecer haber llegado a su fin. Tampoco ninguna sombra ni ningún pasado: el tiempo se diluye en el amor sin calendarios, en las palabras no dichas, en los besos robados al sueño y al descanso.

   En el mundo real la vida se haya estacionada en el hueco que hay entre los dos amantes. Todavía es noche, todavía es una posibilidad. En el mundo real sólo los separan las sábanas y sus propias pieles, que se abren como flores, que se entregan como palomas mansas. Y no hay nada más.

   En el mundo real no hay soles, no hay mañanas. Ni hay finales ni hay porqués. Nada se dice y todo se sabe. El amor rueda indefenso y se atrapa indemne con la fuerza de un abrazo, con el sabor de un beso. Y se acuna, después de la locura y el éxtasis, regándolo con lágrimas de pura felicidad.

   Sin embargo, poco a poco el día avanza y el sol comienza a entrar desesperado por las ventanas. Indefensos, dormidos, serenos. Salvajes en el sentimiento, únicos y libres. Hasta que abran los ojos. Y dejen entrar el ritmo del reloj y de la vida en la habitación.

   Pero mientras tanto ellos están inmersos en un mundo libre, lleno de sueños que se tocan y de vidas que se saborean sin hartazgo. Mientras tanto, el mundo real los protege y los hace eternos.

   Hasta que despierten y todo vuelva a empezar.

Thriller.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Poco a poco/ Step by Step.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

   Me levanto. Hay mucho silencio. Tanto que casi no noto el ritmo de mi corazón.

   Sólo escucho el susurro que desprendes al dormir. Ese suave susurro que parece una caricia. Como las que nos dimos una y otra vez, como si no nos hubiésemos cansado, tú y yo.

   No sé qué me ocurrió. Después de tanto dolor, ha sido como una transmutación. El fuego quema y todo lo purifica. Si es así, lo de anoche ha sido un sacrificio de mi orgullo, una recapitulación de mi pensamiento, que parece arrodillarse ante mi corazón y rendirle pleitesía.

   Hay demasiado dolor entre nosotros, y sin embrago el mundo de la pasión, el de los besos abiertos sigue siendo nuestro país, nuestro punto de encuentro.

   Eres bello, quizá demasiado. Porque me hace dudar. Y siento que es una debilidad, pero es algo más. Demasiada historia juntos, demasiado ir y venir como para olvidar, y sin embargo…

   Y sin embargo te quiero.

   Todavía.

   Miro hacia afuera. El amanecer es perezoso en otoño. Los equinoccios me llenan de una rara energía. En primavera parece que explosiono y la sonrisa la tengo a flor de boca. Casi siempre al menos. Y en otoño me lleno de una sedosa melancolía, que tiene sabor a tu piel y que se parece a tu cuerpo, flexible y única.

   El amanecer se hace desear, con su velo de iris como un pañuelo a medio guardar. Y desde la ventana el vaho y la escarcha me hacen temblar. Y el recuerdo de esta noche y de tus dedos en mi espalda.

   Y pienso. Y no quiero pensar. Después del dolor, de las decepciones, de lo que creemos justo, llega la separación y el reencuentro posterior como si nada hubiese ocurrido pero sabiéndolo siempre. Y en cada caricia y en cada beso y en cada empuje desesperado los recuerdos se mezclaban en mi cabeza, tatuándoseme la memoria y las intenciones. Pero el oleaje de tu cercanía y el aroma de esa piel querida y el ruido de tu corazón en mi mano…

   Pienso demasiado en las cosas, tienes razón. Pero si no lo hago ahora, a la llegada del amanecer, no sé cuándo lo haré. Casi comienzo a notar ciertas formas oscuras…

   Ay, corazón mío… Si desoigo tus latidos moriré de tristeza; si me dejo guiar por ti, cómo acabaré… Adorando un imposible o ajustando mis sueños a la realidad: no eres lo que imaginaba, eres tú y yo soy yo. Tus defectos son los míos, yo no supe cómo amarte y tú cómo quererme. Y sin embargo sé que me amas y yo te quiero hasta en la distancia.

   Te has despertado. Lo sé porque respiras profundo y el ruido de tu cuerpo se parece al oleaje, que recorre cada una de las partículas de la arena hasta dejarlas empapadas y luego se va, desprendiéndose como una sombra o un suspiro.

   Yo no me muevo.

   El sol comienza a despuntar y el horizonte se llena de claridad.

   Me abrazas por detrás. Y tus manos acarician mi pecho. El calor de tu cuerpo cerca del mío es como un susurro de buenas intenciones y un mar de deseos.

   – Poco a poco, ¿vale?

   Me dices.

   Y puede que sea lo mejor. Poco a poco. Cada día un paso, cada día un afán.

   El día nace. Y puede que el amor también. Nuevo. A su manera.

Entre la lluvia y tú./ The Rain and You.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

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   Llueve.

   Repiquetea en los cristales.

   Las gotas se deslizan como caricias sobre la piel.

   Tu piel.

   Tu espalda libre.

   Y mis dedos como labios besándote.

   Apenas puedo abrir los ojos. El sueño del cansancio me conquista.

   Y el amor saciado.

   Dos en la carretera del deseo, recorriendo kilómetros de amor.

   Y la chimenea encendida, puro fuego que abraza la leña consumiéndose ambos en el ardor.

   Como tú y yo.

   Y un guiño me saluda rojo y azul, como tu vida.

   Y me quedo mirando ese punto de luz, ojos que me miran con la intensidad de la primera vez.

   Como tus ojos cada vez que nos vemos.

   Y resoplo. Y extiendo mi brazo buscándote en el mar de las sábanas.

   Y aquí estás. Hecho un ovillo, a mi lado y fuera de mí, siendo tú.

   La lluvia afuera lo empapa todo. Como tú adentro todo lo humedeces: mi mirada, mi boca, mi cuerpo desnudo.

   Lleno de ti.

   Entre la lluvia y tú la noche vaga serena. Y el sonido de las gotas al repicar en la ventana y el sonido de tu respiración profunda acunan mi sueño, me relajan y me hacen sentir feliz.

  Así. Simplemente.

   Qué felicidad.