El tiempo pasa pero no pasa. Es como un acúmulo de momentos presentes que se suceden de continuo, sin límites o fronteras que ayuden a definirlos, a separarlos, a pensarlos.
El tiempo es como un río, siempre corre y siempre está ahí. Así también es mi silencio, que callado lo llena todo: mis pensamientos, mi boca y mis intenciones. Ideas y proyectos pululan por doquier, brillando con mayor o menor intensidad, sin definirse en mi interior, sin hacer notar su fuerza gravitacional, su murmullo de atracción.
Y muchos aspectos de la vida que se vive pasan a través de mí y parece que no me afectan, chocando con unas barreras inviables que parecen rodearme desde hace mucho tiempo.
Y callado veo el día llegar a la noche y con el insomnio, la llegada de la mañana con la misma falta de interés. Todo me importa, todo me atrae, tira de mí y hasta me hace sentir culpable, pero la inmovilidad es atractiva y el silencio una adicción.
Soy adicto a quedarme callado. A hablar sin decir nada. A vivir sin vivir y a seguir adelante sin parecer estar caminando.
Pero todo vuelve, todo evoluciona, y poco a poco la vida se alza de nuevo, y proyectos nuevos y la eterna esperanza de cambiar de vida, de evolucionar, de ser por fin libre. Libre de unos grilletes que sólo están en mi interior.
Lo vi. Y me sonrió. Y le sonreí de vuelta. Así, divertido.
No nos dijimos apenas nada, pero lo noté suave, algo cansado, y sin embargo con los ojos chispeantes y hasta agradecido de verme.
Nos tomamos de las manos. Y, tras un segundo de nerviosismo, nos abrazamos. Y sentí de nuevo esa fuerza de planetas unidos; el aroma a madera de su piel, el cosquilleo de sus labios y la caída suave de su pelo.
Y me sonrió. Y le sonreí de vuelta. Así, como si no hubiera pasado un lustro y hubiese sido ayer.
No nos dijimos nada más. Sus ojos en los míos, sus palabras en mi corazón. Y un sueño que se escapó de mis manos hasta el infinito.
Si llegase hoy a mi vida, ¿hubiera sido más amable con él, más comprensivo, más amoroso? ¿Hubiera sido más agradecido de los besos que me daba, de las sorpresas que me guardaba tras su boca callada? ¿Hubiera sabido saberle mejor, sentirle mejor, ser diferente?
Si llegase hoy a mi vida, ¿sería distinto? ¿Conseguiría hacerle saber lo que le amo, sabría hacerle sentir perfecto? En ese momento único, ¿sabría darme cuenta de su valor, de sus costumbres, de su ciega pasión también y de sus manos delicadas?
¿Podría no exigirle más de lo que pudiese dar? ¿Intentaría oírle y admirarle y quererle sin pedirle nada a cambio?
¿Sería capaz de abrazarle sin celarme, de sonreírle sin sentirme culpable, de confiarle sin cegarme?
¿Su mundo viajaría más lento por tenerme a su lado? ¿Se sentiría menos presionado, más deseado, menos desamparado y más abrazado? Si llegase hoy a mi vida…, ¿sabría amarle mejor?
Y no nos dijimos apenas nada, cuando estaría toda la noche charlando quedo, olvidando el gentío que nos rodeaba, como una vez hubo sido y una vez dejó de ser. Y lo noté suave, apenas cansado por una jornada intensa. Y sus ojos brillantes de tiempo ido y su sonrisa de ala sin tacha. Y el aroma a recuerdo y a algarabía.
Nos tomamos de las manos y casi sentí la revolución del universo de mi alma. ¿Hub¡era sido aquél que esperaba de mí si llegase hoy a mi vida? ¿Hubiera sido aquél que merecía llegar a amarlo?
No lo sé. Sólo sé que nos abrazamos tras un ligero titubeo y que en ese abrazo cabía un río entero, con sus meandros y sus estuarios, con sus rápidos y sus deltas, como es toda vida. La suya y la mía. La que una vez tuvimos juntos.
Sólo sé que, por un instante fugaz, deseé que nunca se hubiese ido de mi vida, e imaginé lo hermoso que hubiera sido si él llegase a mi vida de nuevo, y todo lo que hubiera podido ser.
Y me sonrió. Y le sonreí de vuelta. ¿Hubiera cometido los mismos errores, hubiera desesperado y querido y deseado y sentido lo mismo si hoy llegase a mi vida?
Documental sobre la vida y la obra de Stephen Sondheim basada en seis de sus mejores canciones, o al menos que resumen mejor su actividad como artista y su pensamiento académico y critico.
El documental esta primero en Inglés y posteriormente en Español (sobre la mitad de la reproducción). Los derechos de autor obviamente son de James Lapine y de la cadena HBO y del Canal Plus España para su reproducción televisiva.