
Día de calor
Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Los días idos/ The days gone, Lugares que he visto/ Places I haven been, Música/ Music

Te contemplo dormir. Me da un poco de vergüenza. Porque es más que estar desnudo a plena luz. Es ser nosotros mismos libres, sin disfraces, llenos de vulnerabilidad.
Pero es lindo. La libertad de tu cuerpo, la expresión serena de tu rostro. No hay luchas ni pretensiones, vives la inmensidad de ti mismo; no hay miedos ni dudas. Verte dormir es vivir la divinidad.
Huyes de todo; huyes de mí. No me importa. Desvelado intento atraerte a mí; vano intento. Pero me consuela sentir tu calor, ese toque sensual y ligero de la piel desnuda, ese movimiento planetario que tan pronto te acerca como te aleja de mí. Y me maravillo. Y me siento único. Me hallo amado.
Por ti. En tu dejadez. En tu abandono. En tu sereno dormitar.
Los párpados cerrados, la nariz suave, ese movimiento de los labios que apenas se tocan, y hasta el ruido juguetón de algún ronquido que se escapa, con ese tono grave de las cosas calladas.
Giras tu cuerpo. Duermes de lado, como los niños pequeños. Y es que tienes de infante ese gozo increíble, esa curiosidad infinita, esas ganas de reír y de no depender de nadie.
Quisiera decirte que te quiero. Como no me dejas hacerlo, intento demostrarlo en cada cosa que nos concierne, en cada detalle. Pero mientras duermes somos por entero libres, tú en tu mundo y yo en el nuestro despierto; me hago el valiente, me visto con mi corazón en la mano y te lo suelto así, con todas las letras: T-e-q-u-i-e-r-o. Y aunque baile solo conmigo mismo, compartiendo esto contigo transformo ese baile en un poema eterno, donde nuestros versos se entrelazan como piernas hambrientas y forman un universo nuevo, en el que ni tú ni yo pretendemos más de lo que queremos y obtenemos exactamente lo que anhelamos… Aunque sea un sueño (tuyo) y un desvelo (mío).
Te tapo con la sábana: comienza a refrescar. Ajusto mis almohadas. Me recuesto a tu lado. Así puedo seguir viéndote mientras se van cerrando mis ojos. Así puedo soñarte despierto mientras caigo dormido. Dormido en tu hechizo…
Te veo. No puedo dejar de hacerlo. Cada pincelada de tu pelo, cada movimiento de tu cuerpo, cada poro de tu piel.
Te veo. Eres como el terciopelo, rodando suave por mi corazón, acariciando cada latido. Andante, andante, me lleno de ti.
Quiero gritarte. Quiero besarte. Sentir esos labios suaves, encender un deseo tranquilo que acabe, andante, andante, en un chorro de ardor.
No hables. No ahora. Ven. Acércate. Déjame abrazarte. Y tócame. Siente mi cuerpo como yo sentiré el tuyo, y emitamos un canción que, andante, andante, nos llevará a la pasión.
A veces sólo necesitamos eso: la caricia presta, la escucha, la palabra dicha, el mohín perfecto, para escalar en el corazón y hundirnos, enormes, en él.
Así lo has hecho con el mío. Déjame morderte el tuyo, de a poquito, hasta que las cosquillas te lleven a abrazarme, andante, andante, hasta terminar llenos tú de mí, yo de ti.
Seamos música y atardecer; seamos poema y carrera. Seamos viento y tierra sólida. Seamos un sueño y una realidad fugaz, como el verano que corre, como la sangre que late entre los dos.
Hay luciérnagas en tu mirada y gaviotas en el cielo. El mar estalla a nuestros pies. Y me vuelvo arena entre tus dedos, me siento espuma entre tus labios. Y andante, andante, me hundo en ti hasta desaparecer en tu piel, hasta ser uno contigo, hasta ser yo mismo contigo dentro.
Mañana ya se verá. Mañana será otro día. Por ahora, andante, andante, hagamos de la noche un encuentro de amor.




