MÁS (Historias de Chueca 2)/ MORE (Chueca’s Chronicles 2).

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Mientras leía no estaba en este mundo. ¿Para qué? El avión se agitaba arriba y abajo por el viento y la lluvia; arreciaban las gotas en las ventanillas y, según me comentaron después, los demás pasajeros miraban angustiados por entre las nubes plomizas y densas. Yo no me di cuenta de nada. No podía. Estaba enclavado en el planeta Chueca, acompañado por esos amigos, viejos amigos ya; viviendo sus aventuras, sintiendo sus emociones y riéndome con sus locuras. Y eso me hacía un idiota frente al resto de pasajeros encerrados en ese pajarraco de acero, que atravesaba una tormenta interminable en la inestabilidad del aire que flota. ¿Qué más podía hacer? Notaba ciertos vaivenes, algún que otro golpe de viento; como me era imposible separar los ojos de esas líneas llenas de magia y era incapaz de escapar de la dimensión de Alejandro y Miguel y Matilde y Celeste y Felipe y Stephan y Juanjo y, cómo no, de Abel Arana, aquel viaje lo recuerdo como un paréntesis lleno de alegría y de ternura en medio de un huracán que no terminaba nunca, deseando en mi interior que ese avión no tocara tierra jamás hasta terminar de leer la última frase del libro. Desde luego, no debí ser el pasajero más popular del vuelo, pero eso a mí me tenía sin cuidado.

Un hombre puede ser muchas cosas, y puede serlas en la imaginación que bulle. Abel Arana es uno de los pocos cuya capacidad para plasmar esa imaginación excede la de los propios sueños; y con tesón y un talento que desarma, va consiguiendo, párrafo a párrafo, construir un abanico de personajes, una serie de escenas alocadas y tiernas, oscuras y sensibles, que embrujan, atrapan, absorben y nos dejan sedientos de más, más y más.

En MÁS expone, quizá por primera vez, ese regalo que se le ha dado, esa divina capacidad de crear mundos cotidianos pero surrealistas, amenos pero engañosamente superficiales, y de enseñarnos lecciones profundas y sutiles escondidas en la carcajada desatada y, a veces, en la lágrima más pura. Explota, con una energía mucho más contenida (pero no menos potente) de la que nos tiene acostumbrados, los sentimientos humanos más íntimos pintándolos con colores brillantes, y nos muestra diálogos sencillos pero certeros, hilarantes y sinceros, y situaciones cotidianas llevadas al extremo y desarrolladas con una mano firme y discreta a la vez. En MÁS encontramos a un Abel Arana que busca una profundidad, que siente necesidad de ser algo más que un mero contador de historias, sin sacrificar por ello la alegría, la aventura más alocada y los más extremos colores.

MÁS es energía en estado puro, una energía que nace del corazón y al corazón retorna, en ese viaje cíclico que es la vida. Los cabos se tocan: la alegría con la tristeza; la locura con la cordura; la tranquilidad con la angustia; la desazón con la serenidad. Todo esto se encuentra en su nuevo libro, que es más que una crónica, que es más de lo que aparenta ser. Está escrito con una sutileza asombrosa; delicadeza que puede escapar fácilmente al ojo más distraído, pero que atrapa al corazón del lector que se sumerge en el viaje de Alejandro, en su encuentro con el amor, la soledad, el miedo y la inocencia, la verdadera inocencia que nunca nos abandona, que nunca muere, pase lo que nos pase.

Todos sus personajes son símbolos. Todos. Y todos son divertidos. Todos. Pero MÁS contiene un secreto; en su núcleo se esconde la semilla que hace de su autor un hombre con talento, un ser capaz de trascenderse a sí mismo a través de lo que escribe, bullendo en una imaginación que crea mundos y realidades. Es una novela incasificable, porque navega constantemente en todos los extremos; en los meandros, en las orillas, en los remolinos más intrincados, en las aguas más quietas. MÁS sería una montaña rusa si la mano de Abel Arana no tejiera con firmeza cada uno de sus capítulos; MÁS sería difícil de leer si su autor fuese otro que Abel Arana. ¿Por qué? Porque nos muestra el latir de un corazón en estado puro envuelto en las carcajadas, a veces hirientes, de la vida, de la verdadera vida. Y porque nos muestra que, aún en los momentos más duros, en las equivocaciones más absurdas, gracias al verdadero amor, el corazón es capaz de sobrepasar todos esos obstáculos, esas incansables barreras, para continuar latiendo más fuerte, más sano y más sabio.

Cerré el libro justo cuando el avión tocó tierra. Ni siquiera el rebote que dio el aparato me liberó de la abstracción en la que me encontraba. Como despertando de un profundo sueño, la esencia de París de Saint Laurent inundó mis sentidos. Sin querer, ése es el aroma con el que, a partir de ese momento, identifico a MÁS. La señora sentada a mi lado se persignaba, con alivio y resignación. Debí mirarla con cara de alucinado, porque no me devolvió la sonrisa con la que la recibí. Ella sólo se dignó a ver la portada, roja como la sangre, y el enorme reflejo blanco de sus letras impresas.

– Debe de estar muy bien. El libro.

Tenía el pelo como un nido de pájaros. El avión se detuvo y comenzaron a sonar decenas de móviles. El perfume asomaba de su piel. Yo le volví a sonreír mientras apretaba el libro contra mi pecho. Sí, lo estaba… Y, a pesar de todo lo que había vivido hasta ese momento, o quizá por todo lo que había vivido hasta ese momento gracias a él, me di cuenta que yo sólo quería más. Y MÁS.

MÁS.

El día a día/ The days we're living, Literatura/Literature

En Diciembre…

Las Horas/ The Hours.

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12_las_horasLeí Las Horas por el revuelo crítico que causó la película del mismo título, aunque yo no la había visto todavía; lo que es un riesgo a veces y, otras, una bendición. No sabía nada de su autor,  Michael Cunningham, más sí del director de la versión cinematográfica (Stephen Daldry), y del maravilloso plantel de actores de la misma. Es uno de los pocos casos en los que me vi abocado a leer una novela debido a una película. Y ambas me sorprendieron.

Las Horas no es una historia fácil. Ni pretende serlo. Porque no se deja leer con facilidad. Está llena de estuarios que son miradas y gestos; de silencios que bullen con los sonidos de recuerdos sofocados; brota del dolor y al dolor retorna; se asienta en la desesperación llegando, sin embargo, a la calma. Y, a pesar de todo, o debido a todo, la historia fluye, fluye a través de sus páginas con una sutileza admirable sin detenerse nunca, sin dar respiro al lector. La historia imbricada de tres mujeres que en nada se parecen pero que son tan similares; el ambiente de cada una, opresivo, abigarrado, lleno de las naderías de la existencia normal; los sentimientos que las hermanan; la desidia que las corroe; la lucha que las iguala; y, finalmente, el dolor que las reproduce. Porque son mujeres que dan fruto: se quedan en nuestro corazón y se mantienen, flotando como espíritus benevolentes, por muchos días. Y ése es el mérito de Michael Cunningham: trasciende una historia triple, opresiva, dura y desesperada, en la que triunfa el individuo, el ser, y ese triunfo lo mide en intangibilidad, en evocación, en nada. Fascinante.6a00d8341cc27e53ef010535d6d3cb970b-450wi

Las Horas es un libro magnético, escrito con esa sencillez casi minimalista que caracteriza a cierta prosa norteamericana llena de trazos de Hopper, con su desolación y desesperanza, en la que la vida de tres mujeres tan diferentes en tiempo y espacio, se imbrican a través de la fascinación que sienten una por la otra, por la fantasía de una historia que se gesta y que es contada y por las consecuencias que nuestros actos siempre tienen, en los demás (algo tan freudiano que quizá debiera pasar de una vez de moda) y sobre todo, y más que todo añadiría yo, en nosotros mismos. Son tres mujeres llenas de flaquezas; interiormente rudas y plenas; que luchan por salir a la superficie y por respirar el aroma de la verdadera libertad: la ausencia de unas ataduras inútiles, el batir de las alas al remontar el vuelo, y el bramar de la tierra al quedarse atrás… Las Horas contiene en las horas que pasan cada uno de los sueños, cada una de las ideas y de los sentimientos atormentados y atrapados de estas mujeres que luchan, luchan siempre y siempre contra sí mismas, sin importarles nada. Son verdaderas artistas, capaces de desangrarse a sí mismas, y a los que les rodean, para conseguir sentirse plenamente ellas mismas, seres únicos, indiscutibles, serenos y, a la postre, libres.

La versión cinematográfica es igual de fascinante. Engatusa al espectador con la fluidez de las imágenes, con el baile de miradas, de sensaciones (todo se toca, se huele, se saborea en la distancia; todo se observa desde dentro y desde fuera: los besos, las caricias, las soledades) y de angustias, que culminan en el parto de una idea que evoca, en otro tiempo y lugar, la libertad de una mujer hastiada y la angustia de una mujer encerrada entre un amor imposible y un amor que le puede dar lo que más ansía: la libertad. Porque, a pesar de ser una obra de desesperación y de angustia por conseguir ser individuos al completo, Las Horas es el canto a la libertad real, a la libertad de espíritu y de facto, aquella que sólo somos capaces de darnos a nosotros mismos y que, quizá, nos costaría menos, o la saborearíamos mejor, si comprendiésemos que los que nos rodean nos aman lo suficiente como para dejar que seamos lo que deberíamos ser.

Y la belleza de las imágenes, la transparencia de cada una de las extraordinarias creaciones del elenco de actores; la ambientación detallada; las luces, las sombras, las reacciones, los detalles, las flores y los aromas, no valdrían de nada sin la maravillosa banda sonora creada por Philip Glass, llena de incisión, de voluntad; tan amable con el espectador como la misma historia, tan brillante sin embargo en su casi desaparecer, y tan fluida, que hilvana las horas que pasan con el ritmo incesante de lo que no tiene fin. Y que queda grabada en la mente y el corazón, con la resonancia de lo verdadero, una vez se cierra el último plano y cesa el arrullo de su ritmo.

Era un aire suave…/ The Air Was Gentle…

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Rubén Darío (1867-1916):

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Era un aire suave…

Era un aire suave, de pausados giros;

el hada Harmonía ritmaba sus vuelos,

e iban frases vagas y tenues suspiros

entre los sollozos de los violoncelos.

Sobre la terraza, junto a los ramajes,

diríase un témolo de liras eolias

cuando acariciaban los sedosos trajes,

sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias.

La marquesa Eulalia risas y desvíos

daba a un tiempo mismo para dos rivales:

el vizconde rubio de los desafíos

y el abate joven de los madrigales.

Cerca, coronado con hojas de viña,

reía en su máscara Término barbudo,

y, como un efebo que fuese una niña,

mostraba una Diana su mármol desnudo.

Y bajo un boscaje del amor palestra,

sobre rico zócalo al modo de Jonia,

con un candelabro prendido a la diestra

volaba el Mercurio de Juan de Bolonia.

La orquesta perlaba sus mágicas notas;

un coro de sones alados se oía;

galantes pavanas, fugaces gavotas

cantaban los dulces violines de Hungría.

Al oír las quejas de sus caballeros,

ríe, ríe, ríe la divina Eulalia,

pues son su tesoro las flechas de Eros

el cinto de Cipria, la rueca de Onfalia.

¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!

¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!

Con sus ojos lindos y su boca roja,

la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.

Tiene azules ojos, es maligna y bella;

cuando mira, vierte viva luz extraña;

se asoma a sus húmedas pupilas de estrella

el alma del rubio cristal de Champaña.

Es noche de fiesta, y el baile de trajes

ostenta su gloria de triunfos mundanos.

La divina Eulalia, vestida de encajes,

una flor destroza con sus tersas manos.

El teclado armónico de su risa fina

a la alegre música de un pájaro iguala,

con los stacatti de una bailarina

y las locas fugas de una colegiala.

¡Amoroso pájaro que trinos exhala

bajo el ala a veces ocultando el pico;

que desdenes rudos lanza bajo el ala,

bajo el ala aleve del leve abanico!

Cuando a medianoche sus notas arranque

y en arpegios áureos gima Filomela,

y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque,

como blanca góndola imprima su estela,

la marquesa alegre llegará al boscaje,

boscaje que cubre la amable glorieta

donde han de estrecharla los brazos de un paje

que, siendo su paje, será su poeta.

Al compás de un canto de artista de Italia

que en la brisa errante la orquesta deslíe,

junto a los rivales, la divina Eulalia,

la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.

¿Fue acaso en el tiempo del rey Luis de Francia,

sol con corte de astros, en campos de azur,

cuando los alcázares llenó de fragancia

la regia y pomposa rosa Pompadour?

¿Fue cuando la bella su falda cogía

con dedos de ninfa bailando el minué,

y de los compases el ritmo seguía,

sobre el tacón rojo, lindo y leve el pie?

¿O cuando pastoras de floridos valles

ornaban con cintas sus albos corderos

y oían, divinas Tirsis de Versalles,

las declaraciones de los caballeros?

¿Fue en ese buen tiempo de duques pastores,

de amantes princesas y tiernos galanes,

cuando entre sonrisas y perlas y flores

iban las casacas de los chambelanes?

¿Fue acaso en el Norte o en n el Mediodía?

Yo el tiempo y el día y el país ignoro;

pero sé que Eulalia ríe todavía,

¡y es cruel y eterna su risa de oro!

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The Air Was Gentle…

The air was gentle, circulating clamly;

the fairy Harmnoy  made rhythmical flights,

and vague phrases and soft sighs mingled

with the sobs of the violoncellos.

On the terrace, besides the tree branches,

it was like a tremolo of Aeolian lyres,

when the silken dresses were caressed

by the white magnolias tall of their stalks.

The marquise Eulalia was uttering laughter and cold remarks

at one and the same time to two rivals:

the blond viscount fond of issuing challenges

and the young abbé who composed madrigals.

Nearby, garlanded with vineleaves,

the bearded statue of the god Terminus laughed into his mask.

and like an ephebe who porved to be a girl,

a Diana was displaying her marble nudity.

And in a grove that was an exercise ground of love,

on a rich pedestal of the Ionan order,

with a candleholder grasped in his right hand

Giambologna’s Mercury was flying.

The orchestra poured out its magic notes like pearls,

a chorus of winged sounds could be heard;

gallant pavanas, fleeting gavottes

were sung by the sweet Hungarian violins.

On hearing the laments of her suitors,

divine Eulalia laughs, laughs, laughs,

becasue in her own treasury she possesses the arrows of Eros,

the girdle of Cyprus, the spinning of Omphale.

Woe is the man who gathers the honey of her speech!

Woe is the man who truts her song of love!

With her pretty eyes and red lips,

divine Eulalia laughs, laughs, laughs.

She has blue eyes, she is malicious and beautiful;

when she gazes she sheds a strange vibrant light;

from her moist, starlike pupils there peers out

the soul of the yellow glass of Champagne.

It is festive night, and the fancy-dress ball

blazons forth its glory of social triumphs.

Divine Eulalia, dressed in lace,

picks apart a flower with her smooth hands.

The harmony keyboard of her elegant laughter

is equal to the merry music of a bird,

combined with a ballerina’s stacatti

and the madcap pranks of a schoolgirl.

Amorous bird that utters its warbling,

sometimes hiding its beak under its wing!

It hurls rough words of disdain from under its wing,

under the perfidious wing of its light fan!

When Philomel heaves forth her song at midnight,

moaning in golden arpeggios,

and the ivory swan imprints its wake

on the still pool, like a white gondola

the merry marquise will come to the coppice,

the coppice awninged by the charming arbor,

where the arms of a page will hold her close;

only her page, but he will be her poet.

To the beat of a sung by an Italian performer,

which orchestra diffuses into the wandering breeze,

besides the rivals divine Eulalia,

divine Eulalia laughs, laughs, laughs.

Was it perchance in the days of King Louis of France,

a sun with a court of stars, in asure field?

When palaces were filled with fragance

by the royal, pompous Pompadour rose?

Was it when the beauty gathered up her skirts

with nymphlike fingers, dancing the minuet,

and followed the rhythm of the musicians’ beat

on her high red heels, lovely and light of foot?

Or when shepherdesses in blossoming valleys

adorned their white lambs and ribbons,

and, like divine Thyrsies of Versailles, listened

to their suitor’s declarations of love?

Was it in the good old days of ducal shepherds,

amorous princesses and tender wooers,

when the dress coats of the chamberlains walked

amid smiles and pearls and flowers?

Was it perchance in the North or the South?

I don’t know the time or day or country,

but I know that Eulalia is still laughing

and is cruel and eternal her laughter of gold!

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Mundo de rocío/ World of Dew.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Literatura/Literature

Rocio-8486

Haikus de Kobayashi Issa (1763-1828)

Este mundo de rocío

mundo, como es, de rocío

y, con todo…

****

A las sombras de los cerezos en flor

personas del todo extrañas

no hay ya.

****

Mundo de tristeza:

aunque dulces, las flores deben caer

como nosotros, y aún así…

****

Silencio…

Y las nubes jugueteando

en el lago.

****

Paso a paso

alzándonos sobre la montaña del verano…

¡el mar!

****

En la cima de la montaña

la blanca luna llena sonríe,

haciendo palidecer las flores.

****

El rocío se evapora

y todo en el mundo rocío es

tan claro, tan fresco, tan sencillo…

gotas-de-rocio

Haikus of Kobayashi Issa (1763-1828):

The world of dew

A world of dew it is indeed.

And yet, and yet…

****

In the city fields

Contemplating the cherry-trees

Strangers are like friends.

****

A saddening world:

Flowers whose sweet

Blooms must fall

As we too, alas…

****

Stillness…

Clouds peak

in the lake.

****

Step by step

Up a summer mountain

Suddenly: the sea.

****

Over the mountain

Bright the full white moon

now smiles…

On the flower-thief.

****

Dew evaporates

And all the world is dew…

So clear, so fresh, so floating…

Don Juan Tenorio.

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DSC01364Don Juan Tenorio, de José Zorrilla (1884), en versión bilingüe que encontré en/ in bilingual version found at: http://www.poetryintranslation.com.

Tradición es de la escena española, inaugurar la estación teatral con esta obra en verso que reivindica la figura mítica de Don Juan con el empleo de sombras, estatuas, la naturaleza nocturna y la eterna lucha entre el egoísmo, la entrega, la pasión, la obligación y el verdadero amor representado en el personaje de Doña Inés. Así que, en esta nueva estación, extractos de esta maravillosa muestra del Teatro Romántico español.

Spain’s Theatre tradition opens Theater Season with this play, that shows a new point of view of Don Juan, different from the other ones, because in it Don Juan liberates himself of egoism and passion and self-centered attitude through kindness and love between Doña Inés and him. So, in this new season, an excerpts of this wonderful Spanish Romantic Theater play.

DOÑA INÉS: (Lee.) (She reads)
«Inés, alma de mi alma, “Inés, soul of my soul,
perpetuo imán de mi vida, my life’s eternal goal,
perla sin concha escondida a pearl concealed, without a shell,
entre las algas del mar; deep beneath the ocean swell:
garza que nunca del nido bird that never from its nest
tender osastes el vuelo, dared to stretch its wings and fly,
el diáfano azul del cielo through the translucent azure sky
para aprender a cruzar; learning how to cross:
si es que a través de esos muros if at the world beyond those walls
el mundo apenada miras, you peer in misery,
y por el mundo suspiras and sigh for a world of liberty
de libertad con afán, with yearning, understand
acuérdate que al pie mismo that at the very foot
de esos muros que te guardan, of those same walls, await you
para salvarte te aguardan to save you, yes, await you,
los brazos de tu don Juan.» the arms of your Don Juan.”
(Representa.) (She shows her emotions.)
¿Qué es lo que me pasa, ¡cielo!, Dear heaven, what’s happening to my state
que me estoy viendo morir? of mind, for I seem to be dying?
BRÍGIDA: ¡Ya tragó todo el anzuelo. (Aside) She’s already swallowed the bait!
Vamos, que está al concluir. Go on, for he’s almost finished sighing.
DOÑA INÉS: (Lee.) (Reading)
«Acuérdate de quien llora “Remember the one who weeps
al pie de tu celosía, below your window pane
y allí le sorprende el día till the day surprises him again,
y le halla la noche allí; the night still finds him there.
acuérdate de quien vive Remember the one who lives
sólo por ti, ¡vida mía!, only for you, my sweet,
y que a tus pies volaría who would fly to your feet
si me llamaras a ti.» if you were to call me there.”
BRÍGIDA: ¿Lo veis? Vendría. Do you see? He’d come.
DOÑA INÉS: ¡Vendría! He’d be here!
BRÍGIDA: A postrarse a vuestros pies. To kneel at your feet, no less.
DOÑA INÉS: ¿Puede? Could he?
BRÍGIDA: ¡Oh, sí! Oh yes.
DOÑA INÉS: ¡Virgen María! Sweet Maria!
BRÍGIDA: Pero acabad, doña Inés. But finish, Doña Inés.
DOÑA INÉS: (Lee.) (Reading)
«Adiós, ¡oh luz de mis ojos! “Farewell, oh light of my eyes.
Adiós, Inés de mi alma: Farewell, Inés of my soul.
medita, por Dios, en calma consider, in God’s name, the whole
las palabras que aquí van; of what is written here: be calm
y si odias esa clausura, and if you would hate the cloister
que ser tu sepulcro debe; to be, as it will be, your tomb,
manda, que a todo se atreve at your command is he who will come,
por tu hermosura don Juan.» daring all for your beauty, Don Juan.”
(Representa doña Inés.) (Showing emotion)
¡Ay! ¿Qué filtro envenenado Ah, what a deadly venom
me dan en este papel, has been given me with this paper
que el corazón desgarrado for I feel my heart ripped open
me estoy sintiendo con él? on reading his letter.
¿Qué sentimientos dormidos What slumbering oceans
son los que revela en mí? are those it reveals to me?
¿Qué impulsos jamás sentidos? What never-experienced emotions?
¿Qué luz, que hasta hoy nunca vi? What light I could never see?
¿Qué es lo que engendra en mi alma What is it my soul creates,
tan nuevo y profundo afán? such a new, deep, yearning? Who can
¿Quién roba la dulce calma steal my sweet calm, who takes
de mi corazón? it from my heart?
BRÍGIDA: Don Juan. Don Juan.

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(Dichas, Don Juan) (As before, Don Juan)
DON JUAN: ¿Adónde vais, doña Inés? Where are you going, Doña Inés.
DOÑA INÉS: Dejadme salir, don Juan. Let me leave, Don Juan.
DON JUAN: ¿Que os deje salir? Let you leave?
BRÍGIDA: Señor, Señor,
sabiendo ya el accidente now he knows about the fire
del fuego, estará impaciente he can have only one desire,
por su hija el Comendador. for his daughter, the Comendador.
DON JUAN:
¡El fuego! ¡Ah! No os dé cuidado The fire! Ah! Now I see:
por Don Gonzalo, que ya about Don Gonzalo, don’t worry:
dormir tranquilo le hará the message I’ve sent already
el mensaje que le he enviado. has him sleeping peacefully.
DOÑA INÉS: ¿Le habéis dicho…? You have told him?
DON JUAN: Que os hallabais You are safe with me,
bajo mi amparo segura, in my  protection, where
y el aura del campo pura the pure earth’s gentle air
libre por fin respirabais. is yours to breathe, you see.
(Vase Brígida.) (Brigida exits.)
¡Cálmate, pues, vida mía! Be calm then, my dear care!
Reposa aquí, y un momento Rest here and, for a moment,
olvida de tu convento forget about the convent
la triste cárcel sombría. the gloomy shadows there.
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor, Oh, my angel of love, do you see
que en esta apartada orilla that on this secluded shore
más pura la luna brilla the moon shines clear and pure
y se respira mejor? and one breathes more easily?
Esta aura que vaga llena The gentle air from the fields
de los sencillos olores filled with its sweet scents
de las campesinas flores of the wildflowers’ incense
que brota esa orilla amena; that this sweet shore yields:
esa agua limpia y serena that limpid wave so calm
que atraviesa sin temor that the fishermen here
la barca del pescador cross without a fear
que espera cantando al día, as, singing, they wait for dawn,
¿no es cierto, paloma mía, isn’t it true, my dove,
que están respirando amor? that they are breathing love?
Esa armonía que el viento That harmony that the breeze
recoge entre esos millares creates among countless leaves
de floridos olivares, of flourishing olive trees,
que agita con manso aliento; that it stirs so tenderly,
ese dulcísimo acento that sweetest mystery
con que trina el ruiseñor from the tree-top, close to dawn,
de sus copas morador that calls the approaching morn,
llamando al cercano día, the nightingale’s trill, sweet spell,
¿no es verdad, gacela mía, isn’t it true, my gazelle
que están respirando amor? that they are breathing love?
Y estas palabras que están And these words that can
filtrando insensiblemente be heard insensibly,
tu corazón ya pendiente in your heart, unfailingly,
de los labios de don Juan, from the lips of Don Juan
y cuyas ideas van and whose thoughts are then
inflamando en su interior lighting, in you, desire
un fuego germinador their incipient fire,
no encendido todavía, though still not shining far,
¿no es verdad, estrella mía, is it not true, my star
que están respirando amor? that they are breathing love?
Y esas dos líquidas perlas And those two pearls so chaste
que se desprenden tranquilas that in silence slide
de tus radiantes pupilas from your radiant eyes
convidándome a beberlas, inviting me to taste
evaporarse, a no verlas, in order not to see
de sí mismas al calor; them vanish with their heat:
y ese encendido color and the blush so sweet
que en tu semblante no había, not in your cheek before,
¿no es verdad, hermosa mía, is it not true, my beauty pure,
que están respirando amor? that they are breathing love?
¡Oh! Sí, bellísima Inés Oh, my loveliest Inés
espejo y luz de mis ojos; mirror and light of vision,
escucharme sin enojos, listen without derision,
como lo haces, amor es: as you do so, it’s love: yes,
mira aquí a tus plantas, pues, see here at your feet, I confess
todo el altivo rigor all the haughty pride
de este corazón traidor of this traitorous heart inside
que rendirse no creía, that never thought to yield,
adorando, vida mía, adores you, my life, ah, I feel
la esclavitud de tu amor. the slavery of your love.
DOÑA INÉS:
Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!, Oh God! Silence! How can I stand
que no podré resistir to resist, with my sighing,
mucho tiempo sin morir any longer, without dying,
tan nunca sentido afán. ah, such longing, Don Juan?
¡Ah! Callad por compasión, Ah, to silence, for pity’s sake, turn,
que oyéndoos me parece for hearing you seems to me
que mi cerebro enloquece to bring my mind infirmity,
se arde mi corazón. and cause my heart to burn.
¡Ah! Me habéis dado a beber Ah! You have doubtless given me
un filtro infernal, sin duda, an infernal potion, oh some
que a rendiros os ayuda charm that helps you overcome
la virtud de la mujer. a woman’s purity.
(Tal vez poseéis, don Juan, Perhaps, Don Juan, you possess an amulet
un misterioso amuleto a thing of mystery
que a vos me atrae en secreto that draws me secretly
como irresistible imán. like an irresistible magnet.
Tal vez Satán puso en vos: Perhaps Satan set in your eyes
su vista fascinadora, his fascinating gaze
su palabra seductora, his seductive maze,
y el amor que negó a Dios. of words, and the Love he denies
¡Y qué he de hacer ¡ay de mí! to God. Ah, what am I to do,
sino caer en vuestros brazos, but fall into those two
si el corazón en pedazos arms, if  you continue to
me vais robando de aquí? shatter my heart in two?
No, don Juan, en poder mío Don Juan, it’s no longer in me
resistirte no está ya: to own the power to resist you: no,
yo voy a ti como va I turn to you as the river flows
sorbido al mar ese río. that runs down to the sea.
Tu presencia me enajena, Your presence maddens me,
tus palabras me alucinan, your words hypnotize me,
y tus ojos me fascinan, and your eyes fascinate me,
y tu aliento me envenena. and your breath envenoms me.
¡Don Juan! ¡Don Juan!, yo lo imploro Don Juan! Don Juan, I implore you
de tu hidalga compasión: in your noble heart, of pity,
o arráncame el corazón, either tear my heart from me,
o ámame, porque te adoro. or love me, because I adore you.
DON JUAN: ¿Alma mía! Esa palabra My soul! Those words indeed
cambia de modo mi ser, change my whole state of being.
que alcanzo que puede hacer and I know perhaps I am seeing
hasta que el Edén se me abra. Paradise open to me.
No es, doña Inés, Satanás Doña Inés, it is not Satan, in sin,
quien pone este amor en mí; who creates this love in me:
es Dios, que quiere por ti it is God, who wants, perhaps
ganarme para Él quizás. through you, to win me to Him.
No, el amor que hoy se atesora No, the love that is precious
en mi corazón mortal in my heart, that is mortal,
no es un amor terrenal is not that love, terrestrial,
como el que sentí hasta ahora; that up to now I’ve treasured;
no es esa chispa fugaz nor is it a fleeting spark of need
que cualquier ráfaga apaga; that a breath of wind defeats:
es incendio que se traga it is a roaring fire that eats
cuanto ve, inmenso, voraz. all it sees, in its vast greed.
Desecha, pues, tu inquietud, Calm then your fears, oh you
bellísima doña Inés, my most beautiful Inés,
porque me siento a tus pies for at your feet I feel that, yes,
capaz aún de la virtud. even I am filled with virtue.
Sí, iré mi orgullo a postrar Ah, I will swallow my pride
ante el buen Comendador, before the good Comendador,
y o habrá de darme tu amor, and he’ll either give me you to adore
o me tendrá que matar. or death will be my bride.

*****************************************************************

DON JUAN: Mi buen padre empleó en esto My good father spent the whole
entera la hacienda mía; of my inheritance on this display;
hizo bien: yo al otro día he did well: on any given day
la hubiera a una carta puesto. I’d have bet it on a hand of cards. So,
No os podéis quejar de mí, you can’t complain of me, you
vosotros a quien maté; whom I chose to kill:
si buena vida os quité, if I took your noble life, still
buena sepultura os di. I gave you a noble tomb.
¡Magnífica es en verdad This pantheon and it’s art,
la idea del tal panteón! truly, a magnificent idea!
Y… siento que el corazón And I feel the solitude here
me halaga esta soledad. is soothing to my heart.
¡Hermosa noche…! ¡Ay de mí! A beautiful night! Ah me!
¡Cuántas como ésta tan puras How many like this, and as pure,
en infames aventuras in notorious adventure
desatinado perdí! I wasted foolishly.
¡Cuántas al mismo fulgor How many times, in the same bright hour
de esa luna trasparente of that translucent moon,
arranqué a algún inocente I wrenched away too soon
la existencia o el honor! some innocent’s life or honour.
Sí, después de tantos años Yes, after all these years
cuyos recuerdos me espantan, whose memories terrify me,
siento que en mí se levantan I feel thoughts well inside me,
pensamientos en mí extraños. the new and strange appears.
¡Oh! Acaso me los inspira Oh! Perhaps they arise in me
desde el cielo en donde mora from heaven where she dwells,
esa sombra protectora one of the guardian angels,
que por mi mal no respira. who through me no longer breathes.
(Se dirige a la estatua de doña Inés, hablándole con respeto.) (He addresses the statue of Doña Inés, speaking to it respectfully.)
Mármol en quien doña Inés Marble, in which Doña Inés,
en cuerpo sin alma existe, a body without soul, exists,
deja que el alma de un triste permit the soul of a sad wretch
llore un momento a tus pies. to kneel a moment, in his distress.
De azares mil a través Through misadventure’s excess
conservé tu imagen pura, I kept your image pure,
pues la mala ventura since evil destiny, before,
te asesinó de don Juan, through Don Juan, murdered you,
contempla con cuánto afán contemplate with what true
vendrá hoy a tu sepultura. grief he comes here once more.
En ti nada más pensó With you his thoughts were burning,
desde que se fue de ti; from the time he left, I say:
y desde que huyó de aquí since the hour he ran away,
sólo en volver meditó. he dreamed only of returning.
Don Juan tan sólo esperó Don Juan’s only yearning
de doña Inés su ventura, was for joy with Doña Inés,
y hoy que en pos de su hermosura now, seeking her loveliness
vuelve el infeliz don Juan, wretched Don Juan returns:
mira cuál será su afán see with what pain he burns,
al dar con tu sepultura. finding her tomb, his distress.
Inocente doña Inés, Innocent Doña Inés
cuya hermosa juventud whose beauty and tender years
encerró en el ataúd were closed in a coffin here
quien llorando está a tus pies; by him who weeps, ah yes,
si de esa piedra a través if through this stone, no less,
puedes mirar la amargura you can see the bitterness
del alma que tu hermosura of a soul that adored your loveliness
adoró con tanto afán, with such yearning, then for that man
prepara un lado a don Juan prepare a place, for Don Juan,
en tu misma sepultura. in your tomb, where he may rest.
Dios te crió por mi bien, God created you for my good, I
por ti pensé en la virtud, thought of virtue, for you,
adoré su excelsitud I adored your sublimity, too,
y anhelé su santo Edén. and longed for your holy paradise.
Sí, aun hoy mismo en ti también Yes, even today my hope still lies
mi esperanza se asegura, in you, entrusted to you,
que oigo una voz que murmura for I hear a voice, that’s true,
en derredor de don Juan that murmurs round Don Juan,
palabras con que su afán words which calm me, as I stand
se calma en tu sepultura. here in pain, by your grave, by you.
¡Oh doña Inés de mi vida! Oh Doña Inés, my life itself!
Si esa voz con quien deliro If that voice I babble of
es el postrimer suspiro is the last sigh, above,
de tu eterna despedida; of your eternal farewell;
si es que de ti desprendida if that voice from your very self
llega esa voz a la altura reaches the farthest sky,
y hay un Dios tras esa anchura and there is a God on high,
por donde los astros van, with stars on either hand,
dile que mire a don Juan tell him to gaze at Don Juan,
llorando en tu sepultura. by your tomb, and my weeping eyes.
(Se apoya en el sepulcro, ocultando el rostro; y mientras se conserva en esta postura, un vapor que se levanta del sepulcro oculta la estatua de doña Inés. Cuando el vapor se desvanece, la estatua ha desaparecido. Don Juan sale de su enajenamiento.) (He leans on the tomb, hiding his face; and while he maintains this posture, a vapour that arises from the grave hides the statue of Doña Inés. When the vapour dissipates, the statue has disappeared. Don Juan comes out of his trance.)
Este mármol sepulcral This sepulchral marble’s essence
adormece mi vigor, seems to drain away my strength
y sentir creo en redor and round me I feel the sense
un ser sobrenatural. of a supernatural presence.
Mas…, cielos! ¡El pedestal But….my God! The pedestal’s stone
no mantiene su escultura! no longer holds her sculpture.
¿Qué es esto? ¿Aquella figura What is this? Was that figure
fue creación de mi afán? my imagination alone?
ESCENA IV SCENE IV
(El llorón y las flores de la izquierda del sepulcro de doña Inés se cambian en una apariencia, dejando ver dentro de ella, en medio de resplandores, la sombra de doña Inés.) (The weeping willow and the flowers to the left of Doña Inés’s sepulchre change into a stage decoration in which one can see, in the middle of glowing lights, the spirit of Doña Inés.)
(Don Juan, la sombra de Doña Inés) (Don Juan, the spirit of Doña Inés)
SOMBRA: No; mi espíritu, don Juan, No: my spirit, Don Juan,
te aguardó en mi sepultura. waited for you in the grave.
DON JUAN: (De rodillas.) (Kneeling)
¡Doña Inés! Sombra querida, Doña Ines, beloved spirit,
alma de mi corazón, soul of my very heart,
¡no me quites la razón don’t rob me of reason’s art
si me has de dejar la vida! if you plan to let me live yet!
Si eres imagen fingida, If you’re only the child of my madness,
sólo hija de mi locura, if you’re only a false illusion,
no aumentes mi desventura do not increase my misfortune,
burlando mi loco afán. by mocking my mad passion.
SOMBRA: Yo soy doña Inés, don Juan, I am Doña Inés, Don Juan,
que te oyó en su sepultura. who heard you in her tomb.
DON JUAN: ¿Conque vives? So you’re alive?
SOMBRA: Para ti; For you: but see
mas tengo mi purgatorio my purgatory is there
en ese mármol mortuorio in that marble mausoleum where
que labraron para mí. they made a grave for me.
Yo a Dios mi alma ofrecí I offered my soul to God, the fee
en precio de tu alma impura, for your impure soul, and yes,
y Dios, al ver la ternura God, on seeing the tenderness
con que te amaba mi afán, with which I loved a man,
me dijo: «Espera a don Juan said: ‘Wait then for Don Juan
en tu misma sepultura. in your grave’s loneliness.
Y pues quieres ser tan fiel And since you want to be loyal
a un amor de Satanás, to the love of a son of Satan,
con don Juan te salvarás, you’ll be saved with Don Juan
o te perderás con él. or be lost with him. You will
Por él vela: mas si cruel watch over him; but if he’s cruel
te desprecia tu ternura, and scorns your tenderness
y en su torpeza y locura in his crudity and madness,
sigue con bárbaro afán, and goes on, in barbarous zeal,
llévese tu alma don Juan he will carry off your soul
de tu misma sepultura». from the very grave itself.’
DON JUAN: (Fascinado.) (Amazed!)
¡Yo estoy soñando quizás Perhaps I only dream
con las sombras de un Edén! of the spirits in Paradise!
SOMBRA: No; y ve que si piensas bien No: you’ll have me at your side
a tu lado me tendrás; if your thoughts are always seen
mas si obras mal causarás to be good, but if you seem
nuestra eterna desventura. evil, you’ll damn us eternally.
Y medita con cordura And so consider wisely
que es esta noche, don Juan, this is the night, Don Juan,
el espacio que nos dan the moment we have at hand
para buscar sepultura. to seek our fate, you see.
Adiós, pues; y en la ardua lucha Farewell, then; in the intense
en que va a entrar tu existencia, battle your being will enter
de tu dormida conciencia listen to the voice you’ll hear
la voz que va a alzarse escucha; of your dormant conscience:
porque es de importancia mucha it’s of the first importance
meditar con sumo tiento you ponder with deepest care
la elección de aquel momento your choice of that moment, where
que, sin poder evadirnos, what we cannot evade
al mal o al bien ha de abrirnos will open the door of the grave
la losa del monumento. to the good or evil there.

Verdes son los Sauces/ Green are the Willows.

El mar interior/ The sea inside, Literatura/Literature

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PRÓLOGO.

Las horas pasan con lentitud. Pegadas unas a las otras, simulan un solo bloque visto en perspectiva, cuando la guardia termina y los problemas puntuales y los riesgos adquiridos quedan por fin atrás.

Lo mejor de una guardia es que salimos de ella. No hay mayor sensación en la vida (de eso puedo estar casi absolutamente seguro) que la renovada libertad y el arrebato de alegría que nos embarga cuando conseguimos salir del hospital una vez finalizados los períodos de diecisiete o de veinticuatro horas de trabajo. Nos sentimos invencibles aunque vulnerables; cansados pero aliviados, y nada, ni siquiera el error más nimio (aquel que rondará por la cabeza una vez haya reposado unas horas) puede corroer la completa epifanía de ese instante, que es un momento sagrado. Sentir los rayos del sol, la frescura de la lluvia o un arrebato de viento en la cara no tiene precio. Yo suelo elevar mi rostro al cielo, agradecer ese final épico que secretamente espero desde el comienzo de mi turno de trabajo, y me dejo acariciar por la Naturaleza, arrullar por el juego del viento entre las ramas de los sauces de mi jardín; y cierro los ojos, guardando silencio en honor de esa comunión más pura que ninguna, y dejando que el cansancio lave mis energías gastadas dando tumbos mientras camino en dirección a mi hogar.

Nada de eso se dice en las facultades de Medicina. No se comenta la lucha diaria contra las adversidades no ya de la Enfermedad, sino de las causadas por los propios seres humanos; el miedo ante situaciones difíciles; la amarga responsabilidad, representada por todo un equipo que espera las órdenes precisas para cumplirlas de inmediato, y sus resultados evidentes al poco tiempo; los roces cotidianos, que llevan a amistades cómplices o a equívocos enconados; el sacrificio que significa Servir, en su concepto más amplio y casi místico. No se enseña las realidades del mundo, ni que las enfermedades no siempre son como se reflejan en los libros. La Naturaleza no es lineal porque no es perfecta (aunque su inclinación propia sea al puro equilibrio); la Medicina de las aulas no es más que un compendio de signos y síntomas comunes, generalizados, medidos con el peso de la frecuencia. Pero las excepciones son muchas, tantas que no cabrían en los extensos tratados que manejamos diariamente; por eso se escriben artículos, se describen nuevas variantes, presentaciones novedosas, nuevos descubrimientos que llevan a sintetizar lo que, por lo demás de una forma un tanto ufana, llamamos Literatura. Médica, se entiende; aunque muchas veces, en conversaciones con otros colegas, parece ser la única que existe. Eso y el fútbol, claro, y la política (hospitalaria y general) y los chismorreos de turno. La vida hospitalaria no es como la vemos en las series de televisión: es más aburrida y, a la vez, más apasionante. Pero casi se le parece.

Creo que eso es lo que se debería enseñar en las facultades. A enfrentarse con los problemas básicos, que ignoramos al empezar la residencia después de aprobar el muy famoso examen MIR; a saber identificarlos y resolverlos y también a sobrellevarlos; en fin, no sólo deberían ser clases para oír a alguien balbucear palabras ya escritas y descritas tiempo atrás por otros más avezados o con mayor suerte de preocuparse, reaccionar, describir y luchar contra una enfermedad que adivinan nueva y que toman como causa vital; sino para saber cómo encarar y actuar ante un paciente sin parecer lo que, con claridad, salta al ojo más ciego: que somos novatos en todo.

De esto se puede deducir la pobre opinión que tengo de las escuelas de Medicina españolas; y es cierto. Alguien me dijo una vez (médico, claro), que estudiar esta carrera en España es bastante fácil: se echa a rodar un melón desde el primer año y llegará rodando al último casi sin ningún tropiezo a poco que ponga de su parte.

La educación universitaria en Medicina es pobre, aburrida, caduca y carece de conexión con la realidad. ¿Raíces del problema? Probablemente formas de enseñanza heredadas del pasado, junto con ciertas plazas de profesorado; y ese sentimiento de exclusión que se respira entre las gruesas paredes de los claustros universitarios.

Generalizo porque es lo común. Las excepciones, de haberlas, destacan por sí mismas, y no hace falta señalarlas. Lo que sí es cierto en el batiburrillo de la Medicina de pre-grado es que exige tiempo, mucho tiempo a veinteañeros con poca paciencia y muchas ganas de vivir los primeros sorbos de libertad; y una claridad de ideas que tantos apuntes y nombres y folios y exámenes no permiten tamizar con cuidado. Pero lo mismo se puede decir de las Ingenierías, del Derecho, de Historia o de Farmacia. El que crea que todo se resuelve con poco esfuerzo es un candidato al lastre universitario; y en España existe una cierta y vergonzosa tradición, y es que la gran mayoría de las carreras no se acaban en el período establecido; se dilatan en el tiempo. Eso no existe como regla en otros países; y puede que en esto, como en otras tantas cosas, el viejo tópico de que España es diferente se cimente sobre fondos reales.

Pero, de todas maneras, no creo ser el mejor de los ejemplos para alzar mi dedo crítico, pues me llevó (por distintas circunstancias de la vida) el doble de tiempo terminar con mis seis años de formación pre-grado. Y mis calificaciones nunca fueron estupendas; seguramente por culpa mía, pues no se puede esperar mucho de un examen que sólo se lleva preparando una semana. Ésa era mi media. Cuando conseguía sobrellevar la apatía del estudio, y alcanzaba el más que suficiente período de dos semanas (o incluso tres) de preparación, las notas mejoraban apreciablemente. Pero un vistazo a mis calificaciones arroja como resultado que esos arrebatos de responsabilidad fueron bastante escasos, si no casi excepcionales, y que estudiaba obligado más por las circunstancias prácticas y por una conciencia pesada como el plomo, que por placer.

Lo mismo se puede decir del período de preparación del MIR. Si hubiera sabido lo que me esperaba en el pos-grado, hubiera puesto más empeño y hubiese sufrido menos en ese duro período de prueba que es inhumano y que tensa los nervios hasta el paroxismo. Existe mucha mitología con respecto al examen MIR, como en toda oposición que se precie. Múltiples rumores; recetas mágicas; datos y estadísticas que manejan diligentemente las academias preparadoras: verdaderas rémoras del bolsillo de la ciudadanía. La preparación de cualquier oposición, tenga el nombre que tenga, aunque difícil y autoexigente, debería estar exenta de tanto fariseísmo que sólo busca beneficios a costa de sembrar el miedo y la desesperanza. Estoy en contra de todo sistema alienante. Y la mayoría de estas academias lo son. Se inventan métodos; emplean conexiones en la cosa pública; manejan informaciones tamizadas y reformadas: por una módica suma, casi garantizan un éxito que, en realidad, sólo está supeditado al individuo que realiza la prueba opositora.

Tuve yo dos oportunidades de vivir esa experiencia. La primera vez que presenté dicho examen no tenía la cabeza en su sitio. Estaba descentrado, cansado; recién liberado de los grilletes de la facultad, la sola idea de encadenarme a esa nueva forma de tortura rebelaba ira en mi interior y me complicaba la existencia. Parte de mí sabía que, si deseaba ejercer, era la única vía que tenía de hacerlo (merced a una famosa ley que se construyó para reformar el poco carácter práctico de una carrera eminentemente práctica); otra parte de mí sospechaba que sería demasiado desastroso como médico en activo. Y otra parcela, mucho más pequeña pero no por eso menos ruidosa, estaba harta de tanto lío y sólo quería que la dejasen en paz. Ésa llevaba la voz cantante. Pero ni así. La primera vez que me presenté tuve suerte en el MIR de Familia, como habitualmente llamábamos a aquel examen que aseguraba 3.000 plazas para desarrollarse como Médico de Familia (o de Atención Primaria) y que ahora ya no existe; pero renuncié a esa posibilidad porque me veía incapaz de enfrentarme al paisano de a pie casi con las únicas armas de mi conocimiento (que a la sazón, juzgaba demasiado endeble); así como a otras razones de índole familiar, que han seguido marcando mi destino desde hace ya algún tiempo. Así que renunciar a esa plaza me pareció lo adecuado; claro que no pensé que a otras diez mil personas se les ocurriera lo mismo. Cuando llegó el turno del MIR de Especialidades, con sus 3.000 plazas propias, tuve a bien quedarme fuera por cuatrocientos puestos, cosa que no estuvo mal visto el desastre de preparación que hice, pero que me dejaba en jaque por un año, sin posibilidad de trabajar y sin otra cosa que hacer que dedicarme de nuevo al estudio.

Los miembros de la academia en donde malamente preparé dichos exámenes nada me dijeron de bueno al respecto (tampoco merecía una palmada en la espalda); más bien todo lo contrario. Me parecieron unos ineptos y juré no volver a pisar sus instalaciones virtuales nunca más (la sede oficial de la susodicha academia estaba ubicada en Madrid, y lo que hacía era mandar a sus profesores una vez a la semana a los distintos puntos del país en donde dichas sedes virtuales estaban establecidas.) Más me valdría haber cerrado la boca.

Entre medias, opté por asistir a una entrevista de trabajo que organizaba una conocida industria farmacéutica. Fui a regañadientes, acuciado por la necesidad de trabajar y de aportar ayuda económica en mi casa. De hecho, la cita fue pedida por mi padre, un antiguo y exitoso profesional de las ventas del sector agroalimentario.

La reunión se llevó a cabo en el mismo local que servía de sede a la desalmada academia preparatoria. Aquello no podía deparar nada bueno. Nos reunieron a aquel grupo variopinto de personas disfrazadas con trajes de chaqueta de entretiempo otoñal, en uno de esos salones con forma de mesa redonda, presidida por una ejecutiva disfrazada de hombre, o como una mujer mal informada piensa que debe vestir un hombre si un hombre ocupara su puesto de seleccionadora de personal. Yo ignoraba lo que hacía aquella mujer allí, salvo lo que le oía explicar en un tono de voz monocorde, acorde con el horario de la entrevista (justo después del mediodía.) Hacía bastante calor en aquella sala, o al menos eso creía yo; no estaba muy nervioso puesto que no me jugaba nada. O eso creía.

La entrevista en sí misma no era personal, o al menos no en aquella primera etapa. La idea de aquella reunión era medir nuestros conocimientos de un fármaco determinado y calibrar nuestras distintas ideas y formas de expresarlas. Por norma general, soy excesivamente tímido. Lo que muchas veces pasa por distanciamiento no es tal; mi timidez casi enfermiza se alía con mi enfermiza miopía, y esto hace que prefiera pasar desapercibido. Aunque pocas veces lo consigo porque, por el contrario, soy bastante alto y desesperadamente torpe: una mezcla explosiva que termina atrayendo la atención sobre mí sin pretenderlo en lo más mínimo. Una especie de broma cósmica, creo.

Pero ese día mi timidez estaba bajo mínimos. En aquel grupo de personas (no más de veinte) había muchos profesionales de farmacia, biología y hasta de veterinaria, pero el único médico era yo. Y además, uno con el conocimiento fresquito después de sacar el 3.400 en el inmediatamente anterior MIR. Eso me envalentonó, porque conocía el fármaco, sus mecanismos de acción, sus posología e indicaciones. Para qué fue aquello.

El chiste de la reunión era calibrar nuestra capacidad de conocimiento y de venta de la susodicha medicina, un antiagregante plaquetario de alto coste. Y allí me lancé al ruedo con el desparpajo habitual que me embarga cuando me siento cómodo en un ambiente antes desconocido. Quizá fui un poco excesivo en cuanto a llamativo. La mujer que vestía como ella creía que un hombre creía que debía vestir una mujer en un puesto semejante, me miraba de arriba abajo, con cierta expresión de sorpresa, aunque muy discreta eso sí, en aquella cara de esfinge.

La entrevista parecía estar diseñada para desarrollarse en tres fases: se escogía a los que pasaban de fase y se despedía al resto. No vi que a nadie se le dijese la razón de su rechazo. Pero conmigo hizo una excepción la susodicha. Se acercó a mí y me recomendó, en voz baja que casi parecía un susurro, que saliese por donde había venido, que no necesitaban personas de mi talla intelectual ni de mi capacidad expresiva, rallante casi en el manierismo más rosa. Yo la miré de hito en hito sin creer lo que estaba oyendo. Es uno de esos momentos que se quisieran volver a vivir para poder decir todo aquello que el orgullo herido se molesta en argumentar una vez ha pasado la ofensa. Pero sólo llegué a decirle que intentaría en lo posible no recetar su fármaco cuando tuviese oportunidad de hacerlo, porque, aparte de muchas cosas, tengo una memoria de viejo elefante africano. Ella se limitó a sonreír y dijo que dudaba que yo llegase algún día a ejercer esa parcela de poder mientras me enseñaba la puerta. Pobre mujer. Se equivocó. Y ese fármaco nunca entró en el arsenal terapéutico de mi práctica habitual hasta que esa compañía pasó a ser absorbida por una multinacional aún mayor. Nunca receté un fármaco de esa casa comercial, y no me arrepiento de ello. Puede que haya en mí mucho de reconcomio y testarudez, pero no soy de los que juzgo por la pasión, el ardor ni las ganas de trabajar por más rosa y plumas que adornen la fachada de las personas. Aquella mujer me dio una gran lección de sabiduría humana y de sapiencia. Puede que sólo estuviese cumpliendo con su deber; haciéndonos sentir durante un instante como aspirantes a estrellas del espectáculo. Pero su actitud homófoba no dejaba de estar clara y sus ganas de deshacerse del exceso eran más que evidentes.

E incluso ahora, después de tantos años, puedo reconocer que además me hizo un favor. Pues si apenas yo me veía a mí mismo con capacidad para ejercer; las posibilidades que tenía como visitador médico eran inexistentes. Ahora que los conozco, y que mantengo cierta amistad con la mayoría de ellos, sé que hay que tener mucho aguante, mucha paciencia y mucha mano izquierda, cualidades de las que yo no ando muy sobrado. No hubiese durado un día en ninguna empresa de ese estilo, porque mi umbral para tolerar a los idiotas es muy bajo. Y en este mundo hay demasiados para mi gusto. Así que no me quedó más remedio que volver al redil del estudio, que nunca había abandonado por completo, y al estrés añadido de encontrar trabajo lo más pronto posible porque ya estaba en edad para ello.

A nadie se le escapa que una oposición lleva su tiempo. Absorbe la vida del opositor, la moldea y casi la destruye. Un opositor no es feliz. Olvídense de lo contrario; y quien sostenga que es falsa esta aseveración, o no sabe lo que dice, o miente, que es lo más seguro. Vive en una constante lucha mental (falta de trabajo, falta de dinero, falta de tiempo; qué preguntarán; cuáles temas serán los adecuados; duda si podrá con todo) que se extiende al plano físico: malos humos, mal descanso y cierta tendencia al desenfreno como válvula de escape de una miseria que le rodea día a día.

Mi cuñada, con esa templanza que sólo tienen las mujeres, suele decir que es por eso que la mitad de la población española vive amargada y es tan competitiva con sus coetáneos: todos desean trabajar para el Estado, inmensa mole que intenta retroalimentarse como puede. En un país que prima la estabilidad laboral perpetua, aunque quien ocupe ese puesto sea un inepto de cabo a rabo, no es fácil vislumbrar otra salida. Así que el ciclo se cierra y se eterniza. Qué tristeza. Pero así queremos que sea.

El MIR no es más que una oposición nacional que garantiza la formación pos-grado de todo aquel que alcance la nota suficiente para alzarse con una plaza en uno de los innumerables hospitales formadores de especialistas del país. Es el pasaporte y el pasaje al mercado laboral oficial, y al futuro de miles de licenciados forrados con un título que es papel mojado sin este certificado posterior.

Decir que es un buen método, pero que es muy cruel e injusto también, es llover sobre mojado. Vamos, yo lo aprobé, no debe ser tan difícil (aunque lo sea.) A la segunda oportunidad (lo que tampoco está tan mal.) Pero no deseo volver a hacerlo, y vive Dios que no seré de nuevo residente en esta vida. Ya me bastó con serlo una vez como para querer repetir la experiencia. Aunque mi naturaleza me dicte a pasar y repasar más de una vez por los diversos terrenos de mi vida, esta aseveración está llamada a ser la excepción que cumple la regla. Menos mal.

Muchos de mis amigos y compañeros de facultad consiguieron plaza a la primera (eso es poca ayuda para el ego, puedo confirmarlo.) Muchos otros, yo en el paquete, no. Pero lo hicimos a la segunda. Y otros tantos a la tercera y a la cuarta. Y está bien que así sea. Actualmente en el hospital donde trabajo ya de Adjunto Clínico, he coincidido con un compañero de la facultad que es residente de primer año (de ahora en adelante R1) y ha sido un placer el encuentro. Por ambas partes: siempre es agradable encontrar gente conocida en cualquier lugar, ya que se crea una corriente de simpatía al mínimo contacto sin necesidad de que naden muchas palabras de por medio. Una vez atravesada esa barrera invisible que es el MIR, todos volvemos a ser iguales. O casi. Pero ésa es otra historia.

La apatía, el desasosiego y la falta de seguridad que un examen así siembra en el espíritu humano son muy poderosos. Como una superstición, no me corté el pelo hasta saber que había probado el examen. Allá estuve, mes tras mes con las greñas en los ojos, estudiando y estudiando, o forzándome a estudiar más bien, mientras el pelo crecía salvaje y desordenado. También me dejé la barba, oscura y tupida como la de un eremita dubitativo. Nadie me reconocía, ni siquiera yo mismo. En la ducha diaria apenas me miraba al espejo; soy incapaz de acordarme de cómo era yo durante ese período. Como persona no existía. Apenas comía (pero no adelgazaba), apenas dormía. No hablaba con nadie; no leía nada ajeno a temas médicos; no iba al cine ni apenas oía música. Y algo todavía peor: no repasaba lo estudiado. Me esforzaba tanto preparando cada tema durante una semana, que apenas tenía fuerzas, a la semana siguiente, de repasar lo ya visto. Con cada examen de control me repetía a mí mismo que debería releer lo aprendido, buscar el momento para desandar lo andado; pero aquí la apatía me ganaba la partida, y las buenas intenciones morían tan rápidamente como eran formuladas. Con esas vistas, estaba como para albergar un nido de esperanzas.

Soy un hombre de palabra: volví a la academia que había dejado el año anterior a petición de mis padres, que no confiaban mucho en mi espartano método de estudio propio. Deberían haber tenido más confianza en él. Y yo. Pero al menos volví sólo en la segunda vuelta, así que apenas nos sacaron cuarenta mil pesetas mensuales durante unos cuatro meses, y no los nueve habituales del contrato completo (el sistema académico se basaba en tres vueltas del temario: la primera, una especie de toma de contacto, la segunda de estudio pormenorizado, y la tercera de repaso; huelga decir que me salté los dos extremos sin ningún tipo de pudor.) En detrimento de la academia debo decir aquí que llegué a esa segunda vuelta mejor preparado de lo que ellos jamás hubieran conseguido conmigo si hubiese repetido todo el curso según sus métodos, y que viví de esos réditos hasta la llegada del examen.

Aprobé el MIR en el segundo intento pensando que lo suspendería sin remedio; a tales cosas nos lleva la mente insegura. Lo he dicho: no se puede ir a un examen de estas características, en donde nos jugamos el todo por doscientas cincuenta preguntas, sin repasar ni siquiera una coma. Porque lo que se consigue es una especie de ataque de pánico en medio del ejercicio. Pensando lo peor y absolutamente desconcentrado, me imaginé a mí mismo tirando de un carrito lleno de mis greñas sin cortar, de un blanco cenizo por los años pasados, haciendo la cola para entrar por enésima vez al examen… Tal frustración me llegó a la garganta que, dueña de sí misma, aulló con voz más que elevada por el callejón sin salida en el que me encontraba:

–       ¿Pero podré aprobar esta mierda alguna vez?

Cuando me di cuenta de lo que había dicho, y cómo, enrojecí de vergüenza, me cubrí con la melena castaña y musité bajo mi barba una disculpa: siempre hay quien nos mira con cara de irritación para reprochar una molestia inútil.

Y pude. Y lo hice en el año 2.000, cuando el mundo estrenaba un nuevo milenio y yo una nueva década de mi vida, apenas confiando en mis propias facultades. Desde aquella fecha, muchos estudiantes que rondan por el hospital me piden consejo para enfrentarse al MIR. Si bien es cierto que en la actualidad no reviste la competitividad de antaño (pues ahora hay tantos licenciados como plazas formadoras); no ha rebajado un ápice su carácter perturbador del alma. Yo siempre les digo que soy malo dando consejos, y que después de todo no valen para nada, pues hacemos caso omiso de ellos. Pero lo que sí les encargo muy mucho es que repasen, una y otra vez, para asegurar que esos conocimientos (la mayoría puro baladí) estén claramente presentes en el momento de responder las preguntas. La imagen de mis greñas tiradas por un carrito no me ha abandonado nunca, ni la idea de dejarme melena ha vuelto a pasárseme por la cabeza desde que el peluquero me preguntó, desconcertado, el día que fui a cortármelo (había salido el resultado esa misma mañana, el día de mi cumpleaños):

–       ¿Estás seguro? Con el pelo tan bonito que tienes.

Pocas veces lo había estado tanto. La barba siguió al cabello y parecí que retornaba a la vida. Cuando miré el suelo de la peluquería, esos mechones abandonados se me antojaron retazos de mi vieja vida; una piel que, aunque conservaba cierta forma recordatoria, no era ya mía nunca más. Fue como salir de un estado inducido de anestesia; como una larga resaca tras una corta borrachera; en cierto sentido, había abandonado una crisálida y me maravillaba de lo que veía.

Jamás cumplir treinta años llenó de tanta dicha a alguien. Me sentí completamente despierto, lleno de primavera, y vivo de nuevo. El sol brillaba, la lluvia caía, las flores se abrían cada hora con más fuerza, y mis pasos ganaban en firmeza. No sabía a qué me arrojaba ese resultado, adónde ni cómo; sólo me sentía ligero, completo y, sobre todo, libre: había cumplido con mi trabajo y podía ser yo mismo de nuevo. Exactamente la misma sensación que tengo cada vez que salgo de guardia. Ese estado, próximo al paroxismo, mezcla de ensueño y de cansancio, es un puro renacer, un milagro que se sucede cada semana. Y del que me maravillo sin saciarme; como me asombra cada día ver, cuando me encamino con paso a veces reluctante al hospital, que ejerzo como médico activo, con más o menos acierto y con más o menos pasión, y que no soy tan malo como creía.

¡Oh, las vueltas que damos en la vida!