Errores (II)/ Mistakes (II)

El mar interior/ The sea inside

A ti va dirigida mi pregunta.

¿ Crees realmente que aquello que piensas, eso que sientes cada día con más fuerza, puede estar cambiando el sentido de tu vida, la idea del mundo?

Quizá esa apatía, esa especie de desgana encubierta con la mejor de las excusas (y la más comprensible) encuentre tal grado de rechazo por lo que hay debajo de ella. No sé, valdría preguntárselo. A veces sentimos más lo que está oculto que lo que se nos muestra; tanto más si vamos despojándonos lentamente de unas máscaras que acaban por ahogarnos o aburrirnos. Sí: te haces mayor, pero también te haces más amplio. Y en ese desarrollo ahora ya desproporcionado, está un mundo, un mundo que ya no es el compartido una vez. Has ensanchado tus miras, te has hecho simplemente diferente. Sientes más y más profundamente, tienes unos anhelos que jamás pensaste albergar en tu interior; quizá hayas conocido a gente más interesante (que no mejor), tal vez sólo deseas crecer más allá de lo habitual. Has atisbado tu potencial y sólo deseas ir a por él.

Llámalo responsabilidad o tarea. Amigo mío: esas diferencias, pequeñas al comienzo, se van haciendo abismo y acaban por notarse. Sí: te haces más hombre. Un hombre que desea el horizonte, la metafísica: Soy menor que ellos, pero más hombre… Un ser que observa la mediocridad de una situación y anhela su cambio, una transmutación. Un ser que mira más allá de su nariz: un hombre.

¿Te acuerdas? ¿No te comparé una vez a una mariposa? Mientras esperas desplegar tu nueva forma, ellos ya intuyen tus alas, y se sienten crisálida abandonada. Son incapaces de sentir la importancia que tienen en el nuevo orden de las cosas. No se los quiere menos sino que se los observa mejor. No puede haber abandono de tu parte cuando sigues sintiendo remordimientos, cuando sigue importándote lo que puedan pensar u ocurrirles. Quizá lo mejor es que vean realmente lo que ocurre y lo acepten. Si de verdad te quieren, nada debe serles más fácil, pues se refiere a ti.

Todo cambio trae consigo una renuncia. Y solemos renunciar a la ligera. Pero una vez hecho, ya no hay marcha atrás. Es como un remolino que todo lo engulle: sólo sentimos esa especie de fuerza, ese ánimo o esa locura y vamos hacia él. No es fácil aceptar las idas y venidas de los seres que amamos. Pero está en juego la huidiza felicidad; eso más tangible que es ser nosotros mismos. No vas a dejar de ser el que hasta hoy has sido, pero no debes dejar que frenen el desarrollo de lo que has de ser a partir de hoy.

Ojos de miel y de desierto… Desde que te conozco, ¡cuántas cosas han ocurrido! Y te estoy agradecido de todas y cada una de ellas. He observado uno a uno esos cambios: tan sutiles y continuados que semejan un pestañeo, una hoja acabada de leer. Y sin embargo se ha removido el fondo de ti mismo y ha emergido sin duda lo mejor de ti. Se ha ido desplegando lentamente… Un amanecer que despunta, una hoja que emerge, una voz de terciopelo oscuro que susurra…

No es sólo el exterior, que no es más que el reflejo de lo interior. Sino el centro mismo, tu base. Hablamos de crecimiento, hablamos de madurez: hablamos de un cambio continuo. Te estás convirtiendo para esos ojos en aquel que se fue y ya no es el mismo. Quizá al final no consigas evitar herirlos. A fin de cuentas todo tiene un precio. Sin embargo aquí estás, y todo el que te quiera no puede sino alegrarse de esa evolución, de esa profundidad de tu ser.

Porque aquel que eres es dulce, sereno, dueño de una aguda inteligencia, modesto, muy cariñoso y, por encima de todo, muy amante.

A fin de cuentas en eso consiste realmente ser un hombre.

1997.

Errores/ Mistakes.

El mar interior/ The sea inside

A veces me asaltan las dudas. Si hacer o decir lo correcto sea exactamente lo que se debe decir o hacer. O todo lo contrario.

Te veo risueño e intento captar, entre tanta bondad y cariño escondido, un estímulo más evidente que la compañía; una palabra, si bien pequeña, quizá absurda, pero real, sentida por mis oídos, por mis ojos, y venida de ti, que me diga: deténte o adelante.

El amor es seguridad. Tu amor es una seguridad. Debería saberlo, recordarlo, tenerlo aquí siempre presente. Pero el amor, incluso el más fuerte, también necesita del agua milagrosa, esa lluvia que hace nacer flores y frutos y que incluso hoy Tagore continúa pidiendo. Sí: el cariño se mantiene vivo en el corazón; pero trabaja con los materiales del alma. Y el cuerpo: una caricia, un roce, una palabra, forma parte también de ese embrujo.

Eres el mejor de los hechiceros.

Por ti he aprendido lo fácil que es ser delicado; lo poco que cuesta convertirse en lo que se espera, o intentarlo: eso ya es de por sí todo un mérito.

A través de ti he aprendido a tenerte paciencia; a observarte desde más de un ángulo. Por ti espero cada mañana tu llegada y tu saludo, ese calor que por un momento sólo a mí se dedica y desde mí rebota y retorna a tu centro. Por ti he ejercitado la tolerancia, el consuelo, la espera del futuro. A través de ti me he convertido en un visionario.

Veo tu porvenir. Veo lo que puedes ser: lo último, lo brillante, lo genial. Me es fácil: tú eres así. El futuro no es sino el presente potenciado, magnificado o esculpido por los avatares del día a día. Y en el tuyo estás tú más grande, más viejo, más amado. Cauteloso, abierto, amante. Deberías saber que todo se construye con las manos; deberías tener en cuenta que nadie puede escapar a su porvenir.

Eres el mejor de los brujos. Y me has hechizado: tampoco puedo escapar del mío. Y hoy no sé si lo deseo: en él te encuentras tú.

Esto es para ti. Y lo sabes. Cada línea, cada sílaba lleva escondido tu nombre, ese nombre que es esperanza y alegría. Sólo tú y yo conocemos el significado último de este su último fin. Tú eres la finalidad de todo lo que hoy escribo. Y yo a través de ti.

A veces me pregunto si hago lo correcto. Si tu vida y la mía entrelazadas deben seguir apareciendo una y otra vez sobre el papel. Me detengo y pienso…

Esto también es para mí. Pero necesito tu permiso para seguir usándote, para seguir soñándote.

Dime entonces: ¿me lo darás?

1996.

A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

El mar interior/ The sea inside

El pescador de la luna/ The Moon Hunter.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

a AA, a AU, a PR por estar siempe ahí y darme lo mejor sin merecerlo.

Mientras miro por la ventana en esta tarde en que muere septiembre, suspiro recordándote. Todos tus movimientos: recogiendo unas ollas, poniendo agua a hervir, pelando discretamente unas cebollas y ajos, y dejarlas pochando en la sartén a fuego lento, muy lento. El ruido de los servicios, chocando unos con otros al poner la mesa; la forma en la que te quitas el mechón que te cae sobre la frente; la mirada fija en la salsa, en el guiso, en el sabor exacto de la miel y el dedo de aceite y la pizca de sal.

Tus hombros enormes cubren casi toda la cocina; el paño que te sirve de mandil te queda grande atado a esa cintura tan fina, y recuerdo cómo me pregunto por qué tú sí y yo no, con lo que tanto cocinas y comes… Cómo te gusta cocinar: de primero platos delicados, aromas sutiles para paladear el apetito y un vino suave, dorado y muy frío; un segundo contundente, con personalidad aunque sean un par de huevos fritos con el encaje más crujiente alrededor; y finalmente el postre muy dulce, muy suave, muy poco, para no engordar, para no empalagar el beso que viene después, entre el aroma del café o de la infusión para dormir o de la copa antes de salir.

Mientras muere la tarde, ahora que acaba septiembre, te dibujo escalando la distancia que nos separaba cuando nos conocimos; mientras me convencías con cara de niño bueno; cuando me decías una y otra vez que sí, que puede ser, que todo se arregla, que nada es lo que parece y que siempre hay un mañana… ¿Sabes que eres un tratado de optimismo? Hasta que no me arrancaste una sonrisa no te diste por vencido, y hasta que no me invitaste a un café no te quedaste tranquilo. Y el aroma de un Australiano de dulce olor, salpicado de canela y un toque de vainilla, invadió mis pulmones y se mezcló con el perfume de tu piel, hechizando mis sentidos, mareando mi cabeza, destruyendo mis barreras y dejándome libre y a tu merced.

Porque me conquistaste a fuerza de cabezonería. Porque mira que eres guapo, mira que tu cuerpo es un sueño en movimiento, y yo no lo veía porque no quería verlo; porque mira que tu sonrisa es un cielo abierto y tus ojos están llenitos de estrellas, y yo no quería perderme en ellas; porque mira que eres dulce y tierno y apasionado y brujo y quiromante, con tus echadas de cartas y tus lecturas de mano, cerrando mi palma con un beso…

No sé porqué te tenía tanto miedo. Quizá fue demasiado brusco, quizá yo me sentía demasiado vulnerable, qué se yo… Y, sin embargo, no te diste nunca por vencido, y fuiste a por mí aún a pesar de mis constantes negativas, de mis modales a veces demasiado rudos… Nunca tus ojos mostraron cansancio, nunca tu sonrisa se nubló por un mal comentario, una salida de tono…

Mientras la tarde corre a través de la ventana, recuerdo que te veía raro. Porque mira que eres peculiar. Con tu belleza de mudez, con esa piel de terciopelo y esos ojos de océano, cómo te empeñaste en hacer de mí tu presente, tu existencia… Sonrío solo porque aún no lo sé. Después de un año juntos aún ignoro cómo hiciste para romper las barreras de mi corazón duro, cómo enamoraste mi cabeza, mis labios, mi piel y mi corazón. Porque mi yo de hoy, que mira ilusionado la noche llegar, es fruto de ti, de tus esfuerzos, de tu cocina de cielo, de tu piel de seda y de caricias…

Cuando nos abrazamos, aquella primera vez, llenos de temblor, de vergüenza y novedad, el mundo pareció cobrar todo su sentido y dejó de girar en esa hora, en esas horas en las que tú y yo, confundidos entre pieles, sudores, fluidos y aromas, conseguimos aprehendernos, sabernos casi de memoria y descubrirnos de nuevo una y otra vez… Y el desayuno, con aroma a chocolate espeso y leche fría en los vasos, y unos churros recién hechos, y un cruasán crujiente y un zumo naranja como el sol que amanecía tras los cristales, a través de los cristales de hielo del mes de enero.

Fue entonces cuando te vi con toda la luz: el pelo en cascada sal y pimienta; la sonrisa de pilluelo; los hombros más anchos que había gozado, los brazos más torneados que hubiese tenido entre mis brazos, y el torso erecto, defenso, poderoso y lleno de un vello suave como el de un niño… Eres un niño grande, un niño cocinillas, un niño que, calladamente, penetró en mi vida sin pedir nada a cambio y dándolo todo.

Tu generosidad, tu sonrisa de mundo y medio; tu espalda en la que llenar un millón de besos y la fuerza de tus piernas clavadas en el universo… Tu voz de terciopelo oscuro, tu mirada de gasa, tu sereno ulular cuando te quedas dormido junto a mí… Has conseguido que desaparezca todo rastro de tristeza, todo arrullo de melancolía, con el aroma de tu piel de vainilla, con el pimiento de tus labios y el dulce sabor de tu sonrisa…

Y hoy, mientras muere septiembre y la tarde se transforma en noche, una noche más a tu lado, la luna brilla en una esquina del cielo, y refleja su fulgor de plata sobre tu rostro perfecto, ocupado como estás en arreglar las flores de la mesa, en encender unas velas, en enfriar un poco más el vino blanco, en escanciar una botella de tinto, en dar un último golpe de horno al postre… Y me siento demasiado pleno, aunque nunca es demasiado; y demasiado lleno para sentir el mínimo vacío del pasado, y demasiado confiado para pensar en el porvenir…

Y te siento abrazarme por la espalda, mientras contemplamos ambos ahora el último rayo de sol, y la luna inmensa asomada en nuestra mirada. La cena lista espera por nosotros, el vino, el pan, los aperitivos y el postre. Pero el atardecer lo llena todo, la luna lo ilumina todo y nuestros corazones ríen sin palabras.

– ¿Quieres pescar la luna conmigo esta noche?

Me dices. Y te miro, tan bello y tan cerca de mí. Y no pienso en ningún milagro ni en ninguna suerte ni el el pasado ni en lo que está por venir. Sólo en en el hoy, en el ahora. Y en el inmenso regalo que eres para mi vida. Y, entre el aroma a peonías y el perfume de tu piel, sonriendo con tu boca de fresa, sólo puedo contestar con la fuerza de mi corazón.

– Sí, quiero.

Tiempo de llorar/ Crying Time.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Errar/ To Be Wrong.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

High Sierra. Dolly Parton, Linda Ronstadt and  EmmyLou Harris

A pesar de lo que me decía mi cabeza, verte y enamorarme de ti fue todo uno. No podía dejar de mirarte, el aire me faltaba si no estabas cerca y contaba los días en los que coincidiríamos, juntando esperanzas como quien junta un porvenir.

Y todo parecía un sueño, un sueño que vivía en mi corazón, que loco, acabó por engañar a mi mente y mi mente se unió a mi alma y entraste hasta donde nadie había entrado y una fantasía se hizo paso en mi vida, instalándose cómoda y feliz.

No puedo explicar toda la pasión que había en mí, toda la locura que encendiste en mi interior apagado, cubierto de lluvia, sediento de una locura que justificara la vida que llevaba.

Y fui feliz, muy feliz, mientras te tuve a mi lado, mientras la fantasía crecía a mi alrededor, envolviéndolo todo, incluso la verdad. Más que nada la verdad de tu nombre.

Tu nombre, Piernas de Alambre, que llevo aún escondido en algún lugar de mi ser, envuelto en el aroma de piel desnuda y limpia, de rizos cortados y sonrisa oscura, aliento de menta y juegos de escondite. Qué ciego fui con tu nombre, qué sordo con tu voz, qué inútil con mi propia vida.

Porque nunca he estado más equivocado que contigo, nunca mi mente procelosa más acertada y mi corazón más errado.

Y qué dolor, qué dolor que aún hoy dura, hoy más que nunca, cuando te necesito y no estás, y huyes y desapareces, y no quieres saber nada de mí, ni siquiera brindarme tu apoyo, mostrarme tu ayuda.

He estado en muchos sitios, he conocido a mucha gente, gente que hacía ruido, que se escondía y reaparecía, con su inconsistencia para el bien y su alta dedicación a sí mismos… Jamás pensé que tú fueras así, uno más, uno como cualquiera…

He sido maldecido y exaltado, he estado en prados yermos y en bellos jardines, y el amor que te tenía iluminaba esa belleza como una estrella, como un sol radiante… He estado equivocado muchas veces; he tenido razón otras tantas. Pero contigo mi corazón inició una cruzada, una cruzada que venció a la mente temerosa de ti, y se equivocó contigo como, profundamente, temía…¡Oh, miedo que no oí!

Y ahora estoy aquí, sin nada entre las manos, buscando salidas a calles tapiadas, y me acuerdo de tu nombre y del rumor de tu voz oscura; y esperando equivocarme, te busco desesperado porque desesperado me hallo y sólo encuentro una puerta cerrada, un silencio mortal y unos ojos que no brillan como antes y una boca que no sabe como antes y una indiferencia que hiende el acero más puro…

Y ahora estoy aquí, sin nada entre las manos, pidiéndote una ayuda que me niegas, que me niegas con indiferencia, y me doy cuenta de nuevo que no, nunca mi mente ha estado equivocada contigo. Pero mi corazón sí.

Y qué dolor.

Cuando termine septiembre/ When September Ends.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music