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Errores/ Mistakes.

A veces me asaltan las dudas. Si hacer o decir lo correcto sea exactamente lo que se debe decir o hacer. O todo lo contrario.

Te veo risueño e intento captar, entre tanta bondad y cariño escondido, un estímulo más evidente que la compañía; una palabra, si bien pequeña, quizá absurda, pero real, sentida por mis oídos, por mis ojos, y venida de ti, que me diga: deténte o adelante.

El amor es seguridad. Tu amor es una seguridad. Debería saberlo, recordarlo, tenerlo aquí siempre presente. Pero el amor, incluso el más fuerte, también necesita del agua milagrosa, esa lluvia que hace nacer flores y frutos y que incluso hoy Tagore continúa pidiendo. Sí: el cariño se mantiene vivo en el corazón; pero trabaja con los materiales del alma. Y el cuerpo: una caricia, un roce, una palabra, forma parte también de ese embrujo.

Eres el mejor de los hechiceros.

Por ti he aprendido lo fácil que es ser delicado; lo poco que cuesta convertirse en lo que se espera, o intentarlo: eso ya es de por sí todo un mérito.

A través de ti he aprendido a tenerte paciencia; a observarte desde más de un ángulo. Por ti espero cada mañana tu llegada y tu saludo, ese calor que por un momento sólo a mí se dedica y desde mí rebota y retorna a tu centro. Por ti he ejercitado la tolerancia, el consuelo, la espera del futuro. A través de ti me he convertido en un visionario.

Veo tu porvenir. Veo lo que puedes ser: lo último, lo brillante, lo genial. Me es fácil: tú eres así. El futuro no es sino el presente potenciado, magnificado o esculpido por los avatares del día a día. Y en el tuyo estás tú más grande, más viejo, más amado. Cauteloso, abierto, amante. Deberías saber que todo se construye con las manos; deberías tener en cuenta que nadie puede escapar a su porvenir.

Eres el mejor de los brujos. Y me has hechizado: tampoco puedo escapar del mío. Y hoy no sé si lo deseo: en él te encuentras tú.

Esto es para ti. Y lo sabes. Cada línea, cada sílaba lleva escondido tu nombre, ese nombre que es esperanza y alegría. Sólo tú y yo conocemos el significado último de este su último fin. Tú eres la finalidad de todo lo que hoy escribo. Y yo a través de ti.

A veces me pregunto si hago lo correcto. Si tu vida y la mía entrelazadas deben seguir apareciendo una y otra vez sobre el papel. Me detengo y pienso…

Esto también es para mí. Pero necesito tu permiso para seguir usándote, para seguir soñándote.

Dime entonces: ¿me lo darás?

1996.

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