Un año, un amor/ A year. One Love.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Haberte amado, aunque fuese un año, ha sido lo mejor que me ha ocurrido.

   Mi vida era gris, y todo parecía caerse a mi alrededor hasta que te conocí. Y fue mágico.

   Haberte amado me dio la oportunidad de crecer, de vivir. Desde tu boca hasta tus pies, desde mi corazón hasta mi alma.

   Iluminaste todo y me lo diste todo. Aquello que se deshacía en pedazos y aquello que aún naufragaba por la soledad.

   Y aunque haya acabado, haberte amado ha sido lo mejor que me ha ocurrido nunca.

   Y aunque todo parece que vuelve a empezar, mi fuerza nacida en ti logra mantenerme vivo.

   Mi cabeza me dice que hemos gastado el tiempo que teníamos para estar juntos. Mi corazón, arrepentido, llora cada momento de silencio, cada instante de completo abandono.

   Mi corazón sabe que no supe apreciarte, y mi cabeza sabe, lo sabe de sobra, que nada será igual sin ti.

   Y me duele el cuerpo y se me retuerce el alma al constatar lo solo que estoy, lo torpe que me siento.

   Y sin embargo, un año, un amor, han sido suficientes para expandir los límites de mi vida. Y aunque estos desaparezcan, haber sido capaz de amarte hasta la sequedad hace que todo valga la pena: el placer de haberte querido, el dolor de haberte perdido, el eco de la soledad sin nombre y la mañana que está siempre por venir.

   Porque siempre hay un siempre. Eso es algo que aprendí de ti.

   Haberte amado, amor, ha sido un regalo. Y aunque ya no te tengo, y aunque te haya perdido, quiero que sepas, que sepas, que sepas, que te sigo amando cada día de mi vida, cada noche estrellada, cada tarde de lluvia; cada vez que la chimenea encendida me recuerda tu presencia y tus besos.

   Un año, un amor. Y la felicidad encerrada en ti y en mí. Y liberada para hacerse más y más grande; única; infinita; hasta llegar a las estrellas.

   Y el agradecimiento que viene con el dolor; y el sentimiento que viene con el abandono; y el eco bum, bum, bum, de mi propio corazón que ha latido, un año, por tu nombre.

   Y que continúa amándote en la distancia y en el error. En el error de haberte dejado ir y de no haber sabido apreciar el inmenso tesoro que acaparas dentro.

   Lo que hubo, lo que ha habido, lo que hay en mi corazón hacia ti va… Y vuelve a mí.

   Gracias por el amor, aunque sólo durase un año. Gracias por el amor, amor, que me ha llenado de ti y me ha hecho libre.

¿Diferentes?/ Equals.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Enrique Toribio

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Una farsa (el amor)/ (Love is) A farce.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Hubo un instante, hace nada, en que pensé que mi amor podría ser suficiente.

   El amor, amor, que rompe barreras y cree en imposibles y hace lo imposible y logra lo imposible. Menos tú.

   Al menos no el mío, no el mío por ti.

   Sé que me quieres. Como a un cachorro. Con ese cariño absurdo que nace de la inconsciencia, que no significa nada.

   Yo no te quiero así. To te amo con los ojos abiertos y el corazón en la mano. Con el mundo girando sobre tu eje, el orto en tu mirada y el ocaso en tu sonrisa.

   Te amo con esa sensación que hace la vida posible, y los sueños carne y deseos también. Yo siento por ti esa farsa callada que llamamos amor.

   Tú permaneces mientras yo evoluciono. Del sobresalto a la ansiedad, de la ansiedad al sueño, del sueño a la necesidad, de la necesidad a la obsesión por tocarte, por olerte, por abrazarte, por hablarte, por besarte, por llenarte y por vaciarte. Y tú permaneces mientras yo me enciendo y me apago, pasando de la luz a la oscuridad, de la chispa a la ceniza.

   Una farsa es el amor. El amor no correspondido. El amor que sólo es usado y dejado de lado.

   Y ya me ves, a mi edad, enredándome en esta red de quimeras. Mientras tú pareces llevar otro camino, embarcado en otros sueños de los que te despertarás, como yo, de un mazazo.

   Pero eso será cosa tuya. Y esto es cosa mía.

   Menuda farsa el amor, amor, que rompe barreras y cree en imposibles y hace lo imposible y logra lo imposible. Menos tú.

   Y ya me ves a mi edad, enredándome en esta red de quimeras, humo y vacío. Y dolor.

   ¿Y no es una ironía? ¿Dónde están los payasos para amenizar este desastre? ¿Dónde están con sus bromas heridas y festejar así mi corazón desamparado?

   Hubo un instante, hace nada, en que pensé que mi amor podría ser suficiente…

   Pero no ha sido así.

   Y ahora no hay nadie aquí. Nadie. Ni siquiera tú, que eras la razón de mi vida.

   De la farsa de mi vida.

   ¿Dónde está el amor, amor, que tanta maravillas traía?

   No lo sé. Sólo sé que es una farsa. Una farsa que, aún a mis años, engaña.

Tengo que decirte algo…/ We need to talk.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   – Tengo que decirte algo…

   Pongo la mesa. Los platos, los cubiertos, un pequeño arreglo de flores; un par de copas.

– ¿Qué será?

Arreglo un poco el mantel, algo arrugado en una esquina.

– ¿Has traído la leña?

– Sí.

– ¿Y la tarta…?

– Sí.

Me distraigo un momento. Me acerco al candelabro y enciendo las velas.

– ¿Qué te parece?

Le pregunto mientras tengo una copa vacía entre las manos.

– Que ya no te quiero…

Algo se rompe. Bajo la mirada.

Mi corazón hecho trizas sobre el suelo.

Y silencio.

(Esta noche) Seremos jóvenes/ (Tonight) We Are Young.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Como ayer.

   Juntos. Tocándonos en la ceguera de la noche.

   Oliéndonos. Probándonos entre las sombras de las sábanas.

   Riendo. Juntos. Y besándonos.

   Sé que puedo dártelo todo. Ahora sé que lo cogerás y lo cuidarás con mimos. Mimos como los que me das.

   Y el mundo se enciende brillante como un sol. Un abrazo que alcanza al horizonte. Y la llegada de un gemido y de una caricia.

   Esta noche seremos jóvenes de nuevo. Porque nos hemos encontrado de nuevo. Sin sombras en nuestros caminos, sin pesares en el corazón. Porque todo quedó atrás.

   Beso tus cicatrices que son mis heridas. Y mi corazón cosido a historias perdidas está lleno de algodón, rebosado de tu compañía.

   En la calle, oí tu risa y el tiempo se hizo de chicle y me trajo tus ansias entre mis brazos, mis miedos y nuestras dudas. Y la belleza de lo que cremamos en esa combustión eterna que aún brilla como un planeta.

   Nuestro amor de estrellas que dejamos pasar.

   Pero esta vez no.

   Esta noche seremos jóvenes y viejos a la vez, y felices y divinos como ángeles y líquidos y densos como el aceite. Rodeando cada parcela de piel, un hombro, la rodilla, la montaña de tu pecho y el aroma, el aroma a facilidad.

   No sé cuándo te olvidé pero parece que te recuerdo como si fuese ayer. Y quizá fue ayer.

   Y a ti te ocurre lo mismo. Nos hemos mirado como maravillados y hemos ahogado una risa y el asombro nervioso de lo que no es posible.

   Porque juntos brillamos como el sol. Sol de medianoche, colgado en la esquina de tu cuarto oscuro, flotando en la ingravidez del amor.

   Esta noche volveremos a ser jóvenes, como una vez fuimos, y nos consumiremos sin defensas y nos hallaremos mañana enrollados en un abrazo, encadenados y abrigados, alegres y saciados, como el final de una historia de cuento.

   Como el principio de la eternidad.

   Esta noche seremos jóvenes. Porque los jóvenes siempre, siempre, vuelven al hogar.

   Y eso eres tú para mí. Ahora lo sé. Y no volveré a dejarte marchar. Nunca más.

   Como ayer.

Hacia adelante/ Moving forward.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

   Desde hace unos años llevo arrastrando, por así decirlo, una pregunta conmigo. O más que una pregunta, es un estado de insatisfacción y de falta de motivación que veo reflejado en mucha gente y ahora en amigos cercanos.

   No es la inestabilidad laboral, que puede que contribuya a ello. Es algo más. Cuando carecemos de metas claras que nos impulsan a ir hacia adelante, evolucionar es difícil e identificarnos con lo que hacemos y vivimos se hace cada día más complicado.

   Se me dirá que sólo una persona que tiene sus necesidades básicas bastante cubiertas puede preocuparse de algo así. Sin duda. Pero muchos, yo el primero, necesitamos trabajar para poder mantener ese estado de cosas: todos tenemos cuentas que pagar e hipotecas que saldar a principios de mes. Y en muchos aspectos me siento tremendamente agradecido y he encontrado muchas veces ayuda en el momento en que más lo necesitaba.

   Todo eso es cierto, pero es algo más. En cuanto a mí, que he vivido la vida con una especie de orejeras, con la mirada puesta en un horizonte que la vida no hizo más que dilatar; he perdido de vivir muchas cosas simplemente porque no me daba cuenta que estaban allí. Pero ni siquiera es eso: no es melancolía del deseo de lo que quiero hablar hoy, si no todo lo contrario: melancolía de la meta, de no saber hacia dónde ir, salvo hacia adelante. Yo tenía un objetivo; mi interés era conseguirlo y seguir hacia adelante con lo que tenía proyectado. Pero la vida no es así, al menos la mía; que juega al escondite y no me lo pone tan fácil. Ese objetivo lo conseguí en más tiempo del que deseaba; cuando lo obtuve, estaba tan vacío que no me importó para nada haberlo hecho. Es más importante la carrera en sí que la meta; a veces creo que sólo triunfan unos pocos porque disfrutan de ello; en mi caso, poseer aquello por lo que luchaba sólo me ha regalado un sentimiento de alivio que aún hoy me maravilla.

   Una vez llegado a ese punto, el que yo era hace unos años, que no veía más allá, que no tenía mentalidad de funcionario, no sabía cómo vivir en ese mundo y ni siquiera tenía la facultad de otear el terreno más allá de sus narices y de vislumbrar nuevas oportunidades de cambio. En eso estoy. Me pregunto muchas veces si lo que hago es correcto, y si cómo lo hago lo es. Hace mucho tiempo que la opinión ajena me ha dejado de importar en mi trabajo; todos cometemos errores, no somos infalibles, sólo que algunos tienen más desarrollada la capacidad de detectar el error ajeno que el propio; por lo demás, no es ninguna novedad en la historia humana. Me admiran los deportistas, o esos artistas, o esos personajillos que luchan por llegar a la meta, por alcanzar el triunfo, por ser admirados o deseados o simplemente conocidos… Yo no sé adónde dirigirme o qué querer; la lucha por la supervivencia diaria parece aniquilar mi capacidad de soñar; no tengo objetivos claros de futuro o un deseo más importante que el resto para seguir adelante.

   Un gran amigo mío, cuando fue padre por primera vez, me dijo al respecto que los hijos significaban una nueva fuerza para ir hacia adelante. Me pareció lógico mientras acariciaba con torpeza la cabecita de su niño recién nacido. Intenté imaginarme con un churumbel de pelo pincho con poco éxito. Y no es que no quiera a los niños, todo lo contrario, me llevo muy bien con ellos y creo que se dan cuenta, porque se me pegan como chicles y les gusta mi compañía; los trato como personitas adultas y no como seres sin cerebro. Aunque ninguno de sus padres me ha pedido jamás ser padrino de alguno de sus hijos, y eso es algo que me parece preocupante. Aunque no estoy hoy aquí para exponer las serias dudas que mis amigos parecen tener sobre mis capacidades para criar un niño.

   Intenté imaginar lo que significaba ser dependiente de un ser, porque un niño nos ata por vida; mis padres continúan encima como si tuviese dos años, y muchas veces con razón. Intenté sentir la fuerza que me impelería para lograr todo lo mejor para mi hijo. Y me di cuenta que sería la misma que me ha llevado a mí y a los míos adonde estamos, porque sólo por ellos se podrían soportar el acoso laboral, el desequilibrio laboral, el fracaso laboral y la desfachatez con la que se nos trata desde las administraciones como ocurre en estos momentos conmigo.

   Así que debe haber algo más. Algo que se me escapa. Sólo cuando estoy solo haciendo mi trabajo, rodeado de personas que quieren hacer bien el suyo, consigo cierta alegría; cuando un paciente sonríe o un familiar se siente agradecido sin que a mí me cueste trabajo, es cuando paladeo algo de esa culminación, de ese ímpetu que nos hace ir hacia adelante… Pero esos momentos son espaciados y, a veces, muy breves; manchados por el día a día, por los cuchicheos y esquemas hipócritas, y por una inestabilidad que es eterna.

   Y puede que en eso esté la clave de todo. El miedo al cambio, las responsabilidades que tenemos y que con gusto dejaríamos atrás para probar nuevos caminos; el sentimiento de que nuestro corazón pertenece a otra parte y que no es feliz allí donde está.

   No: nada me hace feliz. O no me hace tan feliz como una vez hizo: hay demasiado agua bajo el puente. Nada en mi vida es lo que una vez pudo ser: todo parece variar pero sigue siendo lo mismo. Defiendo la estabilidad de mi familia con uñas y dientes, pero eso no parece tener un eco en el universo. Cuando se abren nuevos caminos, estos se horadan por problemas inexplicables y muchas veces por falta de interés… Y sin embargo esa es la mano de cartas que me ha tocado, e intento hacerlo lo mejor que puedo. Pero ya sin pasión ni visión ni armonía. Y cada día me recuerdo que siempre he sido un pésimo jugador y que la Fortuna no me sonríe jamás como quiero que lo haga.

   Pero no deja de sonreírme día a día. Y eso hace que siga hacia adelante. En busca de lo que me haga realmente feliz.

Extraño/ Miss it.

El mar interior/ The sea inside