A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

El día a día/ The days we're living

Tu voz/ Your voice.

El día a día/ The days we're living

Nunca te había llamado. Nuestra relación, hasta ese momento, había sido más impersonal, intercambio de correos electrónicos, algo de chateo por el teléfono; poco más.

Pero notaba algo. Algo en ti que me atraía irremediablemente.

Tus fotos, ese atractivo evidente, esa mirada comprensiva en la que se adivinaba una chispa de bondad. Ciertos ademanes educados. Y aquel torso maravilloso abierto al sol.

Pero ha sido oír tu voz hoy, a través del teléfono, y el corazón me dio un vuelco y lo supe de inmediato.

Nada me cabía por dentro. Los pulmones respiraban al revés y no sabía dónde ponerme. La caricia que de mis oídos llegó a mi corazón, impregnó toda mi alma, dejándola desubicada. Las palabras no salían de mi boca, que sólo estaba abierta esperando un beso imposible.

Tu voz de seda y caricia, serena y algo achispada; llena de un vigor y de un entusiasmo contagioso, se clavó en mi vida como un recuerdo indeleble: oscura, aterciopelada y jovial, joven y estupenda.

Si nos enamoramos del amor, yo me he enamorado de tu voz, que es poema para mis oídos y calor para mi corazón deshecho.

Si nos enamoramos de lo que vemos, tu voz se ha grabado a fuego en mis arterias y te llevan a todas las zonas de mi cuerpo, que se llenan de ti en la distancia y que salen de mí en un destello de placer.

Tu voz de menta y de canela; de suave murmullo y risa fácil; de sueño y de sorpresa, me pilló desprevenido, me dejó desatendido y me arrojó al mar de un amor en la distancia que se contenta con recuerdos.

Tu voz, encerrada en mi mente, alimentada por mi corazón, me ha enseñado el camino perdido de la ilusión y del amor.

Tu voz.

Primavera/ Spring.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

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Tal como era/ The Way He Was.

El día a día/ The days we're living

Robert Redford, en una entrevista realizada por la revista Time en la que se sintetizan 10 preguntas y en las que habla sobre su nueva película The Conspirator sobre el juicio posterior al asesinato del presidente de los EEUU, Abraham Lincoln, y sus posturas por todos conocidas que, con la evolución intelectual y personal que nos aporta el tiempo que vivimos, hace que siga siendo tal como era.

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– Soy Gilbert Cruz con Time y estoy en la compañía de un hombre cuyo currículum es demasiado vasto para resumirlo en un listado: fundador del Instituto Sundance y el Festival de Cine de Sundance; actor; productor; conservacionista; y director del nuevo drama ambientado en los tiempos de la Guerra Civil [Norteamericana] The Conspirator. Robert Redford, muchas gracias por estar aquí con nosotros hoy.

– Gracias por esta presentación.

– Este año se conmemoran 150 años de la Guerra Civil, un tiempo en que nuestro país se hallaba muy dividido… ¿Seguimos siendo en algún sentido una nación dividida?

– Tristemente, lo somos. El leit motiv que Lincoln usaba para mantener la Unión de nuestro país era: «Una nación dividida no puede ponerse nunca de pie». Y yo creo plenamente en ello. Vimos lo duro que fue durante la Secesión, y desafortunadamente esas circunstancias no se han diluido con el tiempo que ha pasado. El marco de la película es obviamente la Unión de este país y el asesinato de su Presidente, un marco histórico muy conocido y entendido. Pero dentro de ese período existe un capítulo no tan estudiado, que sólo conocen unos pocos (si es posible): el juicio a Mary Surratt y la relación establecida entre este hecho y el abogado que se ve forzado a defenderla, un ex soldado de la Unión… Cómo evoluciona la relación entre estos dos personajes permite establecer paralelismos con nuestro hoy (Guantánamo, la disposición del Habeas Corpus) aunque eso es algo que yo no pretendía pero que el público y la crítica parecen establecer pues florecen por sí mismos.

– ¿Existió algún momento en su carrera en la que creyó que podía dejar bien marcado el mensaje de sus películas en la audiencia que las disfrutaba?

– Bueno, cuando era más joven inocentemente pensaba que el mensaje de una película, cuando triunfaba y quedaban patente, podría cambiar el rumbo del pensamiento de la audiencia… Pero no. No creo que las películas tengan ese alcance, salvo quizá en el área de la Moda. Así que no espero nada de eso… Aunque, siéndole sincero, sí llegué a pensar que el cambio de mentalidad, de forma de ver el mundo, podría haber sido posible con mis películas… Quizá El Candidato tuvo algo que ver en acabar eligiendo políticos por su aspecto físico, como ocurrió en su momento con Dan Quayle, que era un buen hombre, pero no estaba cualificado para el puesto que ocupó… Así que todo, en realidad, ha ido a peor.

– ¿Qué les dice a sus actores, como director, siendo usted mismo actor, a la hora de trabajar en una película? ¿Qué puede aportarles usted que otros directores no actores no sean capaces?

– No creo que deba decir nada hasta no saber cómo es el actor que va a interpretar un rol. Es necesario llegarlo a conocer bien. Y dejarles hablar. Y que hagan preguntas. Como director, se le debe una guía al actor, se le debe una explicación de cómo se ve la película y hacia dónde va dirigida, lo que se desea contar y cómo… Pero una vez que todo eso está hecho se acabó el diálogo, pues se corre el riesgo de profundizar demasiado en detalles sin importancia, lo que a la larga es una pérdida de tiempo y material. Como actor, llega el momento en que hay que parar la investigación y la interiorización y ponerse a trabajar, sencillamente actuando.

– Usted ha dicho que esta película es esencialmente independiente. Aún a pesar de ser una cinta de época, ambientada en la Guerra Civil Norteamericana, a las que siempre se les ha endosado una etiqueta de gran importancia para la audiencia del país… ¿Cómo ha cambiado Hollywood?

– Ha habido un cambio profundísimo y constante. Fluye al minuto, hacia el espacio de Internet y las redes. Y cómo esto va a moldear la forma de trabajar y de hacer películas aún no está del todo claro… Hollywood tal como lo conocíamos ya no existe. Es una calle. Está algo más abierto al cine independiente sólo porque algunas de estas películas triunfan y recaudan dinero. Hollywood es un negocio básicamente, y sólo depende de si una película recauda dinero o no.

– De usted es bien conocida su faceta conservacionista, su trabajo para la preservación del medio ambiente… ¿Cree que la actual Administración, que Norteamérica, están haciendo un buen trabajo, en la preocupación de aquello que vamos a dejar tras de nosotros?

– He estado haciendo esto hace ya más de 40 años. Y es una batalla pírrica debido al inmenso poder que tiene la industria energética derivada del petróleo. Son los responsables de la evolución de nuestra economía, de nuestro bienestar y de nuestro poder. Y eso es magnífico. Pero en cuanto al empleo indiscriminado y eterno de esa energía…, el tiempo se ha agotado. Y el planeta es lo único  que tenemos y nos pertenece a todos. Así que tengo el convencimiento profundo de que debemos evolucionar hacia nuevas formas de energías alterantivas.

– Volviendo a la película The Conspirator. Aunque narra el asesinato de Abraham Lincoln, a éste nunca se lo ve en pantalla… ¿Por qué tomó esa decisión?

– Su rostro era tan característico y es tan bien conocido… Si se desea ser realista, si se aspira a ser auténtico, deberíamos conseguir un rostro semejante… Y eso es una batalla perdida, porque no hay una cara tan real como la del propio Presidente. Así que decidí no hacerlo, aparte que tampoco ése es el punto de vista de la película.

– Señor Redford, muchísimas gracias por hablar hoy con nosotros.

– Gracias a usted.

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Se me olvida/ I just forget.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Esta mañana antes de irme me quedé unos segundos observándote.

Aún dormías. Sé que te gusta la oscuridad profunda, mas toleras un poco de luz de la ventana porque sabes que a mí me aterra la noche cerrada. Qué tranquilidad esos momentos teñidos de amanecer. El alba se despereza como lo hago yo a tu lado. Y procuro ser sigiloso para que no te des cuenta. Y me muevo como un gato callado pensando en muchas cosas pero cuidando muy mucho no despertarte. Mi cabeza se llena de citas, reuniones, imaginando lo que puede salir mal (porque siempre hay algo que sale mal) y cómo resolverlo antes de que ocurra y asumiendo mil movimientos hasta el baño, hasta la ducha; el agua que corre y la ventanuca abierta al alba. Y siempre procuro no estorbar tu sueño tan preciado, ese que hace que tu belleza permanezca inalterada pese al tiempo y que me descubre, cuando la contemplo, un mundo maravillado que habita junto a mí.

Hemos estado muy liados con nuestras propias vidas. Apenas te veo. Y cenamos a veces en silencio, a veces entre el ruido ensordecedor de aquello que nos ha pasado al final del día. Y damos por sentado la presencia del otro al llegar la tarde; una cena con amigos quizá y una excursión de fin de semana que puede culminar en amor o entre enfados a veces y algunos olvidos que nos dan risa.

Hemos estado demasiado encerrados en nosotros mismos. Pero así es la vida de los adultos. Hemos dejado atrás aquello que parecía no acabarse nunca, la despreocupación de vivir, la ilusa seguridad en un mañana, y empezamos a jugar el juego de las parejas ocupadas, de la hipoteca y los muebles, y los sueños que se cumplen sólo pagando a plazos unas letras que vienen siempre de visita a fin de mes.

Y  no es que esté mal. Así son las cosas de los seres humanos. Mi último sueño es vivir en una hermosa casa blanca a orillas del mar; tener la suficiente seguridad como para afrontar cualquier capricho nuestro o del destino; la madurez justa, la juventud adecuada y la salud de hierro para seguir viviendo junto a ti esta danza extraña de la vida, esta experiencia sin límites fijos que llamamos a veces vida que se vive.

Pero eso no justifica que te pierda de vista. Que te compre un detalle en un viaje y que te lo pongas sin saber que, gustándote, te sienta bien; enterarme a última hora que tu sobrino se rompió un bracito y que lo has acompañado toda la tarde en Urgencias hasta que le colocaran un yeso, y ser el último de la familia en firmárselo porque mi trabajo de ocho a no sé cuándo me impidió verlo antes.

La vida ajetreada no es óbice para que mi vista deje de ver el cielo estrellado o el cielo de tus ojos cuando me llamas para cenar; o cuando, acostados, buscas mi pecho que ya no me afeito porque te encanta perderte en él. Tu vida de líos no es suficiente para sentirte llegar a veces tarde, abrir la ducha y limpiar tus frustraciones o tus éxitos, y entrar oliendo a limpio y a perfume en el lago de nuestra cama, cuyo oleaje hace que me acerque hasta ti y beba de tu piel desnuda, de tus ansias sujetadas hasta sentirme cerca.

Pero esta mañana, antes de irme, aprovechando que el alba guiñaba un ojo a través de nuestra ventana, te vi de cerca. Pude acariciar dulcemente ese perfil único, el dibujo de tus párpados cerrados, el suave aleteo de tus labios algo resecos, el bello reflejo de una frente que piensa en el sabor del sueño. Esta mañana, tras mucho batallar sin sentido, verte bañado de novedad trajo a mi corazón todo lo que te quiero; hizo que aflorara en mis ojos y en mi sonrisa todos los recuerdos que atesoramos juntos, esas tardes de locura bajo el sol, con la arena revuelta en nuestros cabellos y en nuestras espaldas, y el arrullo del mar llegando a nuestros oídos; los copos de nieve helada danzando sobre el cielo de invierno y aquella vez, angustiosa, en la que ambos esperamos el resultado de una prueba que puso a prueba la fuerza de estar juntos.

Hemos pasado por mucho, estamos inmersos en mucho juntos, pero nada justifica que a veces se me olvide lo que te quiero, lo que me preocupo por ti, lo que deseo de bueno para ti. Y aunque la cotidianidad forme parte de nosotros, las compras en el supermercado, la renta, el gimnasio, la dieta, los arranques de celos, las palabrotas, el fútbol, los días que se diluyen unos tras de otros, y que todo esto sea una forma de demostrarte lo mucho que te quiero y me ocupo de ti, nada justifica que se me olvide decirte todos los días que te amo.

Porque te amo con todas las letras, con todo el corazón.

Y esta mañana, cuando el alba asomaba entre los dos, antes de levantarme a sumergirme en el vaivén del día, te vi durmiendo, descansando con esa tranquilidad, con esa dulzura tan tuya, y me recordó la primera vez que descubrí ese rostro de mañana, ese cuerpo plegado sobre una almohada y la inmensa alegría que me regalaste aquella mañana, y todos los días siguientes, mientras tejemos sin cesar el hermoso tapiz de los días de nuestra vida… Que tuve que reprimir un deseo enorme de despertarte y de abrazarte y de acariciarte y de quedarme para siempre encerrado entre tus brazos de agua.

Te amo, te dije. Te quiero, te dije. Te deseo, musité. Hoy y mañana, como ayer y antes de ayer.

Y me prometí a mí mismo no olvidar, cada vez que te vea, decírtelo. No olvidarlo nunca más.

Me he habituado a ti/ I’ve grown accustomed to you.

El día a día/ The days we're living, Música/ Music

Siempre he ido de aquí para allá. Conociendo y siendo conocido, olvidando y siendo olvidado. Lugares, rincones, habitaciones, camas o espejos. Animales queridos, personas quizá valiosas, quizá pesadas. Todo quedaba atrás.

Hasta que te conocí a ti.

De naturaleza bondadosa, algo pesada y risueña. Sonríes de continuo, escondiendo malamente un optimismo de mundo y medio. Y esos ojos chiquitos y brillantes, enmarcados por unas pestañas tupidas y oscuras, y una naricilla de ciervo, pequeña y preciosa.

Cierro los ojos y tu risa retumba en mi memoria y el olor de tu piel al acercarte, y el sonido de tus pisadas en el suelo, el pesado ademán de un brazo sobre los hombros, un mohín apreciativo y un claro de luna en la playa, bajo el puerto.

Puedo dibujar los rincones más escondidos de ese cuerpo de gacela; sé a qué saben tus labios, y el agua de mar de tus lágrimas ocultas bajo el eterno ulular de tu respiración. Puedo evocar tu voz de ave, el silencio con el que empezamos el amor del cuerpo, y la mirada oblicua, cansada y caída al terminar. Y el sudor entre las sábanas y el viento entre las cortinas, entre nuestras pieles y nuestras risas.

No habré conocido personas como tú en este mundo que rebota, y sin embargo… Tu voz, tu perfil, ese pelo castaño, esos hombros redondeados, esa espalda de río… ¿Por qué te extraño tanto? ¿Por qué no sales de mis sueños? ¿Por  qué te empeñas en clavarte en mi pensamiento; aún más, en cada latido de mi corazón?

No habré saboreado yo otras vidas más fascinantes, más divergentes. Y sin embargo… El recuerdo de tus besos, el roce de tus dedos debajo de mi piel, el fantasma de tu sombra tras de mí y a mi lado, cogiéndome de la mano caminando al atardecer…

Me he habituado a ti. Poco a poco, como el lento navegar de un riachuelo hasta su destino, has horadado en el lecho tu camino hacia mi corazón y te has quedado para siempre. Cada latido me regala un hábito efímero, una palabra dicha en el claroscuro del amanecer, una caricia que todavía me estremece y un sentimiento que me enciende…

Yo, que siempre he ido de aquí para allá, conociendo gente y olvidando vidas, me he acostumbrado a tu saludo diario, a tus enfurruñamientos vespertinos, a tus mohines divinos y a tu risa de plata. Me he habituado al aire que respiras y a ocupar un espacio cerca de tu corazón. Me he descubierto queriendo compartir las horas del día, gozar de los momentos nocturnos, contemplar la salida de las estrellas y el lento arrullo del amanecer, rodeado por tu sonrisa, por la luz de tus lindos ojos, por la serena belleza de tus gestos y tu corazón.

Yo, que siempre he ido de aquí para allá, olvidándolo todo, lugares, rincones, habitaciones, camas o espejos, me he habituado al peso de tu cuerpo en la cama, al aliento de tu compañía al mediodía, al suave susurro de tu respiración sobre mi hombro. Y aunque el mundo es inmenso y rico, he de confesar que nada me parece más precioso que bailar entre tus brazos, nada sabe mejor que tus besos y nadie me ha querido sin pedirme nada, nada de nada, como tú lo has hecho… Nadie puede negar, ni yo mismo he de confesar, el hermoso hábito en el que has convertido mi vida.

Me he habituado a ti, a tu presencia y calor; me has cambiado tanto, tanto, que casi no me hallo en tu ausencia.

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Un buen día/ A great day.

El día a día/ The days we're living

You Make My Dreams. Hall & Oates.

¿Sabéis lo que se siente cuando nos despertamos completamente asombrados, el sol a raudales por la ventana abierta y es viernes?

Pues eso.

La primavera entró retumbando desde ayer, y esta mañana amaneció envuelta en trinos de pájaros y olor a tostadas y café. Zumo de naranja de bote, no importa. Y la mejor sonrisa estampada en la cara. En la mía y en la suya.

Qué bien.

¿Sabéis lo que se siente cuando inspiramos profundo y todo se libera? Hay música detrás de nosotros y todo sonríe, el vendedor de la ONCE aunque no le compremos el cupón, el del Chino sin saber por qué, y hasta la pesada de la vecina metiche nos parece adorable de simpática.

Pues eso.

Y eso se debe a ti. Has hecho mis sueños realidad y has transformado un jueves en un fin de semana, y una noche solitaria, en una festividad a dos.

Qué maravilla.

Ese pelo sedoso, esa caída de pestañas, esos ojos chispeantes. Y la sonrisa de mundo abierto. Y esos brazos de pulpo y esas piernas de gigante; garabato insuperable; compañía callada y parlanchina a la vez.

¿Sabéis cómo sonríe la mañana, las cigarras calladas, el olor a verde y a flores? ¿Y la música saliendo de cualquier parte inundando el corazón? ¿Y bailar, bailar sin sentido ni control por las calles, sobre las aceras, a la sombra de los árboles?

Pues eso.

Has hecho un milagro de mi vida. Y me has despertado a la luz del día, a la mañana eterna, a la primavera recién estrenada. Has hecho que hoy sea un buen día.

Qué felicidad.