Proud Of Your Boy. John Barrowman.

Gracias.
Proud Of Your Boy. John Barrowman.

Gracias.

La calefacción está encendida. La noto sobre le sueño y siento que me arropa cálida y sabrosa. Como tus abrazos.
Entre el vaivén de la conciencia me muevo y sonrío. El espacio entre mi cuerpo y el edredón está lleno de calor y se siente rico, suave y apetitoso. Rozo con mi cara la almohada y se hunde haciéndome cosquillas. Sonrío. Y me muevo y parece que floto y nado a un mismo tiempo.
Me desperezo. Pero todavía tengo los ojos cerrados. Qué dulce el sueño, qué dulce el despertar del domingo contigo cerca. Atrás queda lo dicho la noche anterior, por delante aún está el porvenir. No importa. En este momento, en este ahora en el que te quiero el mundo se detiene y la luz entra a raudales por la ventana abierta; el otoño se va y con él la pureza de los días de cristal y la sensación de que todo puede aún ser.
Como nosotros.
Por la mañana todo es nuevo. Los pensamientos, los movimientos, los sentires que vendrán. Por la mañana tú y yo juntos, abrazados por detrás como queriendo poca cosa, y aspirar el olor de la piel dormida y la leve crispación de la mente que despierta.
Me acerco a ti… Y noto un espacio vacío, un conjunto de aire y frescor. Me aferro a tu almohada aterrado. Por unos instantes se detiene el pulso de mis arterias y mi conciencia se apaga y se congela.
Abro los ojos: una nota perfumada, unas líneas con tu letra, la tinta violeta de los recuerdos de amor.
Has salido a correr. Traes el desayuno.
Y el mundo vuelve a girar.
Por la mañana todo es perfecto. Hasta la ausencia, hasta el miedo a perderte. El amor, el deseo y también la tranquilidad.
Vuelvo a mi sitio y me arrebujo en el edredón tibio. Estiro mis piernas… Y oigo el sonido de la llave en la cerradura.
Abro los ojos y hay luz y la mañana entra a raudales con tu sonrisa, con tu voz.
Y todo es perfecto: el domingo, el desayuno, nuestros besos, nuestro abrazo y la felicidad.
Hoy es el día de la lucha contra el VIH. Pero no, no son los únicos. Son los más mediáticos, pero no los únicos que necesitan ser reconocidos y abrazados, apoyados y ser, más que nunca, lo que siempre han sido: normales.
Pero hoy es su día y mucho se ha avanzado. Pero falta más, mucho más. Por todos ellos y por todos aquellos que, siendo infectados por otros virus igual de letales y que tendemos a olvidarlos, vamos a pensar en rojo. Siempre.

España ha perdido a otro gran artista. España y Latinoamérica y el mundo, en realidad. Músico, compositor, letrita, el mundo desde los años sesenta hasta hoy ha tenido en las canciones de Juan Carlos Calderón a uno de sus mejores retratistas, sensual, tierno, feroz e íntimo.
En un período de gran carestía artísitca, en el que el talento se esconde detrás de arreglos electrónicos y falta de ideas, da dolor ver cómo nos olvidamos de aquellos que han hecho un poco más especial la historia de nuestras vidas y le han dado forma, matiz y melodía.
Tómame o déjame… Hasta pronto, maestro Calderón.
Me gusta el concepto de novel gráfica. Es algo más que un cómic siendo un cómic. Y para que los prejuiciosos se libren de caer en el concepto de mero hojeador de dibujos.
Llegué a Amores minúsculos gracias al estupendo blog Vivo en la era pop que lo recomendaba con viva insistencia. Y es cierto: Amores minúsculos es una pequeña maravilla. Pequeña por lo breve. Y sí, es un cómic. Y sí: es una relato gráfico.
Teniendo en cuenta que el único relato gráfico que he leído ha sido Maus, acercarme a Amores minúsculos no ha dejado de ser agradable y sorprendente. Bajo su aspecto sencillo esconde verdades como puños y una historia hilvanada y con poso; real como la vida misma, pequeña como todos esos amores pasajeros que se van pero que se quedan adheridos a la piel del recuerdo, al aroma de lo nunca olvidado y que, en realidad, suman una vida vivida.
Alfonso Casas consigue que el relato llegue muy adentro. Tres historias, tres personajes que fluyen y confluyen, que se llevan sorpresas y que son como nosotros, héroes de la mismidad, que caen y se levantan sin pretenderlo o apenas sin darse cuenta; lleno de silencios y de sentimientos como campanadas, y de encuentros y desencuentros que tiene el peso de la realidad.
En Amores minúsculos lo habitual es lo importante y nos enseña que, mientras buscamos esa relación, esa historia que nos marca la vida, es el presente y la aparente pequeñez de las horas que pasan lo que en realidad nos forma y nos hace ser lo que somos.
Fresco, tierno, implacable y candoroso, como la vida, Amores minúsculos fluye con la facilidad de lo bello y de lo extrañamente sencillo, siendo como es una labor de amor y de dedicación, y un soplo de aire fresco que se lee muy rápido, se saborea lentamente y nos deja con ganas de más, mucho más.