Amores minúsculos: amores que se van y se quedan.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

   Me gusta el concepto de novel gráfica. Es algo más que un cómic siendo un cómic. Y para que los prejuiciosos se libren de caer en el concepto de mero hojeador de dibujos.

   Llegué a Amores minúsculos gracias al estupendo blog Vivo en la era pop que lo recomendaba con viva insistencia. Y es cierto: Amores minúsculos es una pequeña maravilla. Pequeña por lo breve. Y sí, es un cómic. Y sí: es una relato gráfico.

   Teniendo en cuenta que el único relato gráfico que he leído ha sido Maus, acercarme a Amores minúsculos no ha dejado de ser agradable y sorprendente. Bajo su aspecto sencillo esconde verdades como puños y una historia hilvanada y con poso; real como la vida misma, pequeña como todos esos amores pasajeros que se van pero que se quedan adheridos a la piel del recuerdo, al aroma de lo nunca olvidado y que, en realidad, suman una vida vivida.

   Alfonso Casas consigue que el relato llegue muy adentro. Tres historias, tres personajes que fluyen y confluyen, que se llevan sorpresas y que son como nosotros, héroes de la mismidad, que caen y se levantan sin pretenderlo o apenas sin darse cuenta; lleno de silencios y de sentimientos como campanadas, y de encuentros y desencuentros que tiene el peso de la realidad.

   En Amores minúsculos lo habitual es lo importante y nos enseña que, mientras buscamos esa relación, esa historia que nos marca la vida, es el presente y la aparente pequeñez de las horas que pasan lo que en realidad nos forma y nos hace ser lo que somos.

   Fresco, tierno, implacable y candoroso, como la vida, Amores minúsculos fluye con la facilidad de lo bello y de lo extrañamente sencillo, siendo como es una labor de amor y de dedicación, y un soplo de aire fresco que se lee muy rápido, se saborea lentamente y nos deja con ganas de más, mucho más.

Maus.

Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

A Fernando Soto, que me regaló una historia maravillosa, un libro estupendo, desde su gran afición por el cómic.

Maus es una obra biográfica. Narra los avatares de Vladek Spiegelman durante los convulsos años oscuros del Nazismo. Sus dificultades, sus alegrías, sus desesperos, su soledad; el enorme amor por su esposa, de la que estaba separado en las torturas de un campo de concentración; su salida del infierno y, finalmente, su establecimiento en la tierra de promesas yanqui.

Obviamente, Vladek Spiegelman es judío. Y polaco. Y es un ratón.

Maus es una obra de arte. De escritura y dibujo. Maus es un cómic. Pero no es simplemente un conjunto de viñetas dibujadas. Ni una historia más acerca de la tragedia judía y del oscurantismo alemán. Lo que hace de Maus una rareza es su pretendida llaneza, su empleo de la metáfora y su juego de sentimientos. Art Spiegelman, su creador, un hombre de talento arrollador y único ganador de un premio Pulitzer (algo que a mí me resulta secundario) a una obra de ficción en cómic,  eleva a obra maestra una historia que, en otras manos, resultaría manida: otra sobre la tragedia judía. Pues sí, otra historia sobre la Segunda Guerra Mundial, el hambre, el frío, la oscuridad, el desarraigo y el exilio: nada que no hayamos leído antes ni recordado antes. Pero en Maus el juego de los espejos forma una sorpresa y encierra un secreto: no nos importa tanto la historia pasada de Vladek como su propio presente; aunque comprendamos su presente escuchando su pasado, Vladek nos engancha por el laberinto de sentimientos que esconde y manifiesta; por sus manías, por su turbulenta relación con el día a día; con su segunda esposa y, aún más íntimamente, con su hijo Art. Y, como si todo esto no fuera suficiente, el desafío que representa Vladek como padre y persona para su propio hijo, y el proceso que hace que Art, contando la historia de su padre, encuentre el ser humano complejo y admirable que, en el fondo de su ser, Vladek siempre ha sido.

Así que tenemos en Maus historias dentro de historias, como pequeñas cajitas de espejos que reflejan realidades externas que no son más que la revelación de mundos interiores convulsos, confusos y enredados, y el afán de un hijo por, primero, componer una historia que le interesa desde fuera, y que paulatinamente se revela esclarecedora, liberadora y de una importancia radical para su propia vida.

El mérito de Maus no es cómo nos narra una historia manida ya, sino cómo nos descubre la belleza de unos personajes imperfectos que luchan por comprenderse a sí mismos, por entenderse entre ellos y que descubren, finalmente, el verdadero lazo que une a toda vida: el amor.

Maus es un homenaje a la historia de un pueblo, a la historia de una caída y de una redención. Pero, por sobre todo, es el homenaje a la historia de un hombre complejo y difícil; lleno de matices; y, finalmente sin pretenderlo, o quizá todo lo contrario, al amor. Al amor de un hijo por un padre, y al de un hombre por otro hombre, que nace del seno pulsátil de la comprensión de un ser humano por otro.