Desde el día que te fuiste sin decir adiós, esa tarde de tormenta boba. Hasta hoy, que te veo y se me deshace le corazón en la boca.
Parecía imposible, lo sé. Después del orgullo herido, de las razones que desconocemos, de todo el embrollo del corazón humano, ese hechizo que nace de tu pecho sigue envolviéndome, sigue haciéndome sentir.
Tu mirada que me dice tantas cosas que tu boca me niega, todos esos besos que podrías darme, todos los abrazos que una vez se tejieron entre los dos y que ahora parecen disueltos en una intención no dicha y en el temblor de mis brazos.
Ahora sé que siempre seguiré siendo tuyo y que tú sigues siendo lo que fuiste: el centro de mi universo, el motor que pone en marcha mi corazón. Quise luchar contra tu recuerdo; quise olvidarte. Pero no he podido. Porque sigues siendo tú, aquel que me quiso y me dejó, y ése que ha vuelto para poder quedarse entre mi espalda.
Si tan solo me hubieras dicho adiós. Si tan sólo me dijeses cuáles eran tus intenciones, no habría albergado en mi corazón todos los reproches, todas las duda y la esperanza pura del amor.
Nada es más doloroso que la espera estéril.
Porque sigues siendo tú y nos pertenecemos. En la cercanía de una intención, en la lejanía de los cuerpos.
Y sé que nunca más podrá ser. Y de que quizá tú también sientas lo mismo.
Pero hay niños por medio y una promesa que debes renovar cada año… Aunque mi energía eres tú, a pesar de que mi vida y el aire que respiro provenga de ti… Nada hay que hacer.
Tienes tu vida completa lejos de mí, y quizá seas hasta feliz…
Pero cierro los ojos y aún te dibujo hermoso y delicado, y sostenido y fuerte…
Tú eres tú, lo mejor de mi vida, lo más bello y con sentido en este sinsentido del día a día
Sigues sendo tú. Por más que luche para olvidarte. Por más que, lejanos, nos veamos.
El pelo sal y pimienta, con los rizos muy cortos, y unas gotas pequeñas de sudor en la frente.
Los párpados cerrados y las pupilas dormidas. Esas pequeñas arruguitas en la piel morena.
Esa nariz, esos labios, tan dulces como el primer día, de un rosa pálido, destacando en la piel del rostro como un corazón que late.
Y los hombros redondeados, desnudos y dulces todavía. Y los brazos enormes, que engarzan garabatos apasionados que todavía arrebatan.
Y tu pecho enorme, lleno de un vello suave salpicado por algunas hebras grises de tiempo ido.
Y unas piernas sin fin que corren en pos de los días por venir.
Duermes. Y yo a tu lado.
Después de tanto tiempo juntos, aún te veo como el primer día, con la emoción de lo nuevo y el tacto de lo único.
Fuiste un universo una vez; continúas siendo, para mí, un mar de planetas.
Y no me cansa verte dormir pues descansamos ambos.
Te mueves con lentitud, aprendidas las maniobras para no despertarme. Tanto que nos conocemos. Y sonrío.
Después de tanto tiempo seguimos juntos y la pasión, que no es la misma, y la confianza expandida, están aquí, con nosotros, y pulsan con el ritmo de la vida que vivimos.
Tú y yo.
Dulces sueños, amor mío. Te veo con treinta años y te veo ahora, tras el tiempo pasado. Y todo es igual y nada es lo mismo. Ni tú ni yo.
Si te viese con ojos ajenos vería el paso de la vida en tu rostro precioso, en ese cuerpo que del acero parece hecho ahora de plumas ligeras. Pero te sigo viendo con los ojos del amor que nace día a día, y para mí siempre serás hermoso.
Descansa, amor mío. Que el mundo sigue girando mientras giramos en esta cama enorme que se nos queda pequeña.
Busco tu mano y acaricio esos brazos que me abrazan en la inconsciencia, buscando un refugio conocido, un paréntesis de paz.
Eso soy para ti.
Y tú para mí.
La noche pasa. Nosotros también. Otros vivirán una vida similar. Otros nos dejarán de lado y nos olvidarán. Pero tú y yo seguiremos siempre juntos, en este mar de la tranquilidad, hasta que los días se apaguen y la noche se prenda de sol.
Buenas noches, amor. Una y otra vez. Buenas noches, amor.
La red nos permite literalmente vivenciar el nacimiento y el desarrollo de intentos artísticos que quizá, sin esa inmediatez, no sería posible llevarlos a cabo.
El escritor de novela histórica, Carlos Hugo Asperilla, muy dado a recobrar el tiempo perdido navegando en las raíces de la personalidad humana y de sus consecuencias, ha comenzado junto a sus compañeros Elena Montesinos y Óscar Moreno, la redacción a tres manos de un relato epistolar que desea retratar, más que la desgastada realidad española de la posguerra inmediata, el universo interior de tres hombres marcados por ella, sus miedos y sus deseos, frustrados o no, y cómo el miedo, el fracaso y las heridas abiertas afectan a su día a día y a su destino como seres perdidos en un universo desecho que intenta, mal que bien, volver a levantarse, volver a ser lo que era, o lo que debe ser a partir de ese momento.
De esta forma, en Tres Líneaslas vidas de Dalmacio, Luis Miguel y Emilio desfilan ante nosotros haciéndonos partícipes de sus pensamientos más profundos, de sus miedos y de los errores y éxitos que los definen y los impulsan a seguir con vida. Más que un alegato político, como ha sido la gran mayoría de las manifestaciones artísticas ambientadas en esos tiempos convulsos, la tarea de estos tres escritores es más íntima, y por tanto más interesante: no es una defensa ideológica, más bien es un retrato de aquello que se ha perdido y de cómo las consecuencias de nuestros actos llegan a afectarnos hasta los cimientos.
A través de este viaje epistolar, muchas veces clandestino, vamos descubriendo, entrega a entrega, el universo profundo que afecta a estos tres hombres, y cómo cambian y se adaptan a la realidad que les rodea y que acaba afectándoles, de una manera u otra, como nos ocurre a todos, incluso en nuestros días, llenos de vacío cultural y de identificación con nuestra única humanidad.
A través de Facebookpodemos vivir, literalmente, el nacimiento y el desarrollo de este experimento, de esta historia a tres líneas, como una nueva forma de hacer Literatura (epístolas y fotos son todos procedentes de sus autores), y de disfrutar en el proceso y de interiorizarlo y compartirlo.
Grace Coddington es el alma creativa de Vogue América. Su trabajo único, su elegancia, ese maravilloso gusto por hacer no sólo la mejor fotografía, si no, lo que es su fin, mostrarnos de la forma más atrevida posible y más poética, lo bello que tiene la Moda y lo que nos aporta de bastión, de proa.
Grace: A Memoir son sus memorias, su forma de ver la vida, los pequeños secretos que hacen de ella una mujer completa, y al mismo tiempo, un retrato de lo que ha sido la última mitad del S. XX y la primera casi cuarta parte de este siglo.
Se define como anticuada y no entiende los impulsos electrónicos de los nuevos tiempos. Pero es una cortina de humo: ella posee en su interior la verdadera base de lo que sabemos es la vida, y nos demuestra cada mes, cada vez, que las tendencias van y vienen, pero sólo lo básico, lo real, lo duradero es lo que al final perdura. Está más allá de toda tecnología, porque el Arte que posee es lo que la define y la hace eterna.
No es un libro de grandes definiciones; no necesita si quiera de un orden aparente. No busca retratarse culta, no necesita si quiera etiquetas que la definan de una manera u otra: nunca la han podido restringir en una categoría, ni como modelo ni como editora de moda. Siempre ha sido ella, Grace Coddington, y siempre será ella misma. Algo que no sólo el mundo de la Moda, si no del Arte, le agradecerá una y otra vez.
La Moda no es Arte, pero su trabajo sí lo es. Tiene un propósito: toda obra artística nace, en un principio, para algo determinado. Pero cuando es verdadero Arte, esos motivos se trascienden, pasan a un segundo plano, y se revela la universalidad, la belleza y, a fin de cuentas, llega a tocar el corazón de quien lo observa, haciéndose uno con el alma de quien lo disfruta. Un vestido no es Arte, tampoco un zapato, ni un complemento. Pero su conjunto, expuesto a través de su imaginación, hace que florezca y que perdure, como una fragancia única, a través del tiempo.
Descubrí a Nate Berkus, el interiorista gurú de The Oprah Winfrey Show, en el otoño del 2004, mientras estaba haciendo mi rotación extranjera en Boston (EEUU). Desde el primer momento me llamó al atención. Me pareció agradable, cercano pero distante a la vez, y que destilaba un aroma a cariño por su profesión que lo hacía muy atractivo para el televidente.
Compré su primer libro de decoración, Home Rules, con la esperanza de encontrar el momento necesario para remodelar el interior de mi propio hogar, con las ideas que siempre he tenido dentro. Y eso que mi casa es preciosa, pero a qué negarnos, siempre hay algo que mejorar.
Ahora ha publicado su segundo libro de decoración, The Things That Matter y me ha parecido maravilloso. No por el lujo de esos ambientes, ni por las personalidades atractivas que desfilan por sus páginas, si no por la historia de su vida, que cuenta con un candor y una sinceridad admirables, y que roza la cercanía más absoluta a la confesión.
The Things That Matter no es un libro sobre decoración: es un libro sobre cómo la vida, al ir desplegándose en nosotros mismos, se ve reflejada en las cosas que tenemos, que recolectamos o que dejamos atrás; y en sí mismo, es un reflejo de lo que Nate Berkus ha aprendido y ha vivido, desde su infancia hasta la actualidad, y un boceto de su filosofía de vida.
Es un retrato, capa a capa, año a año, objeto a objeto, de lo que fue, lo que es y lo que siente un hombre profundamente realizado, con sus idas y venidas, con sus meteduras de pata y sus aciertos, y sobre todo, con sus ganas enormes de aprender. The Things That Matter es un libro escrito y creado para mostrar la Belleza: de las cosas que nos rodean y del amor hacia sí mismo y hacia los demás; de las lecciones aprendidas y de lo que nos queda por vivir.
Nada hay más valioso que las cosas que importan: recuerdos, sensaciones, vivencias, reflexiones, tactos, olores, sonidos e imágenes que quedan congelados para siempre en nuestro recuerdo y en lo que nos rodea.
I just discovered Nate Berkus, top Interior Designer of The Oprah Winfrey Show (and I must add, I found out who Oprah Winfrey was back then) in 2004 fall, during my internship at Mass. General Hospital in Boston (USA). Since the very first moment I saw him on the TV screen I felt his nearness and distance, his glow and that unique love about his profession, his Art, that makes him so special and unique.
I was so under his spell that I brought his book Home Rules just to feel I was still in my little ugly room in Boston, watching the TV show and the snow fall down, dreaming about to do a makeover of my place and transforming it as what he liked to say : a place in where I like to live at.
Now he just published his second book, a new kind of Interior Design book title The Things That Matter. What a remarkable and beautiful book. And it is so not only about the beauty of the pictures and the people who is portrait on it, but it’s just a gem because of Nate Berkus’ true essence, his painted soul, his human journey, he’s searching, his flawless and his spirit that truly take fly and rise beyond words and goes into our hearts and souls.
The Things That Matter is a soul journey, a man searching, a man finding and truly a treasure to be kept. Nate Berkus show to us how our places can speak about us, how our stories make our own spirit and are reflected in the things we collect, in the vows we make and in the steps we take in the search of our soul, of our own kindness and perfection.
The Things That Matter is full of beautiful people, chic places, luxury and beauty statement. But its real treasure is hiding in the words he write, in the story of a soul’s journey he describes and shares with us. It’s through his work that he transmits the lessons he learnt about present and past, about love himself and forgive himself and others; about facing the future with hope and a little freak control. But his words are the ones that make magic. His own story, his very own portrait, his soul searching and his acceptance make this beautiful book take fly.
Beauty is the end of a thoughtful soul. So, it’s the reason we love to be surrounded by things that remind us so. Let’s make room to Beauty in our lives to be reflected by it and, then, to be one with it, from the outer to the inner, from the inner to the outer. And finally be free.
Those are the things that matter: those who made us who we were: the best version of ourselves forever.