Vamos cortos/ An animated short-film.

Arte/ Art

La vida en fotografías/ Life in Pictures.

Arte/ Art

   La vida de Annie Leibovitz no nos interesaría si su talento y su fama no la precediese.

   No se parece a nadie, tiene una personalidad muy marcada, tanto que podemos decir, al ver una fotografía, que lleva su firma. Eso la distingue sobre muchos de sus colegas generacionales.

   Y sin embargo nos interesa la vida de Annie Leibovitz porque se expresa a través de la fotografía; su trabajo es una extensión de sí misma y nos ha demostrado, con el paso del tiempo, que es su vida y todo se mezcla.

   El libro: Annie Leibovitz: Vida de una fotógrafa (1990-2005) es una joya por las imágenes que encierra, pero sobre todo por la historia que encierran todas las fotografías. Es un repaso por su talento, sí, y por lo tanto un canto a sí misma, pero es un viaje a su intimidad más escondida, a sus debilidades, a sus amores y sus raíces de artista.

   Nos enseña que el talento se vive de forma ciega hasta que un giro del destino nos lo desvela, y que debe ser bregado y desarrollado para poder desplegarse en todo su esplendor y transformarse en uno mismo: la fotografía y ella son la misma cosa, y esa transmutación la hace excepcional, pero por sobre todo, artista.

   (El documental sobre su vida y en el que se basa el libro, fue emitido por Canal Plus España; suyos son los derechos del mismo.)

La vida no es sueño/ Life Is Not a Dream.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Medicina/ Medicine

   Dándole vueltas a mi situación vital, que por momentos parece tan alucinada como todo lo que nos rodea, empecé la guardia de ayer.

   La guardia anterior había sido bastante problemática y llena de trabajo. Así que me tocó la labor de continuidad, de pulir los flecos pendientes y vigilar la evolución de los enfermos.

   Uno de esos flecos era un chaval de veintipocos años, accidente de tráfico, con traumatismo craneal y abdominal, que estaba ya en quirófano y que ocupaba la cama doce. Mientras esperábamos su vuelta, repasé todos los demás enfermos e intenté ponerme un poco al día después de un hiato importante de tiempo sin guardias. No es fácil estar en en una situación como la mía, en la que se depende de la buena voluntad de otros para poder trabajar; esa inestabilidad genera una sensación de vacío y de indefensión ante las consecuencias de los actos y de las cosas difícil de describir, pero que desgraciadamente muchas personas vivimos en la actualidad.

   Después de doce años de trabajo más o menos ininterrumpido no me imaginaba estar así. Después de tantos años estudiando, no esperaba estar así. Muchos nos enfrentamos a esto día a día. Y el clima que genera es lo que vivimos y así parecemos estar malhumorados y faltos de esperanza, a sabiendas que nadie resolverá la situación (o al menos no como deberían estar haciéndolo) ni se responsabilizará de ello. Cuando se tienen veinte años o treinta, estas circunstancias se afrontan de otra manera. A otras edades, se lucha además con la decepción, con el abandono de los sueños, e incluso con la certeza de sentirse perdido en un limbo del que es difícil escapar quizá por falta de fuerza o sencillamente por indiferencia y abandono.

   Nada ha salido como lo imaginé. De hecho ahora dudo si alguna vez soñé mi vida. Desde luego, si lo hice, no era así.  Cerrando los ojos veo a un chaval perdiéndose a gusto entre libros, juegos y responsabilidades; después vino el amor y las decepciones que lo secundan; la música que ayudaba a todo, el cine que lo concebía todo, la fantasía que hacía que todo fuese posible porque siempre se podía obtener, hasta que pasó el tiempo. Ignoro dónde me metí todo este tiempo que ha pasado, pero ahora que despierto, parece que estuve imaginando la vida de otro, porque lo que me ha quedado muy claro es que la vida es dura no importa el color ni la sonrisa que le pinten, y que por mucho que nos esforcemos, el pillo obtiene  su puesto y el que se esfuerza, si tiene suerte, también: la vida no es sueño, aunque lo que se sueñe en ella sí lo sea.

   El chaval salió de quirófano después de habérsele practicado una resección intestinal: el golpe había desgarrado parte del intestino y había sangrado dentro del abdomen. Del posible daño que el trauma craneal podría ocasionarle poco sabíamos por ahora, así que nada podía informar salvo malas noticias. Delgado, guapo, con unos ojos color del acero, volvía de una noche de farra como cualquier otra persona de su edad (y de otras edades). Pero ahora estaba allí. Jugando entre la vida y la muerte; sedado, intubado, conectado a un respirador; con sangre en la cabeza, con sangre en la barriga, sin un trozo de intestino, pero vivo. Y en nuestras manos. Verlo y recordarme nuestra situación actual fue todo uno. Mientras firmaba las órdenes de tratamiento me sentía responsable, como las enfermeras y auxiliares y celadores, de esa vida frágil que teníamos entre manos. Cuando fui a informar a la familia, a enfrentarme con aquella madre, con aquel padre preocupados y perdidos, sabía que era el máximo responsable de esa vida en ese momento y que debía asumir decisiones rígidas, probablemente no fáciles, y que era mi deber comunicarlas tal cual eran, para que comprendiesen si pudieran, pero sobre todo para que comenzasen a asumir una situación límite, delicada y cruel. Todo podría pasar, pero siempre había esperanza.

   Nuestro país está enfermo y la diligencia política es la causa, y siendo la causa no se diagnostica, y siendo la enfermedad, no la elimina. Como si yo asumiese que esa familia no debiera saber nada del paciente porque no podrían entenderlo, y yo no me dedicase a atenderlo porque no me siento responsable de su evolución… La vida, que no es sueño, está llena de espejos.

   Cada mes trabajo menos; cada mes se me recuerda que tengo algo de trabajo por la generosidad ajena. Es como vivir pendientes de un país vecino: España y yo somos uno. Por lo tanto la solución es la misma: o nos echan fuera del sistema o nos fuerzan a vivir según ciertas normas, según qué protocolos, intentando no forzar la máquina de la buena voluntad y a la vez demostrar cada vez que se nos deja, que sería un horror prescindir de nosotros, no sólo por lo que significa para nosotros, si no también por lo que valemos para los demás.

   No sé qué pasará mañana. Adónde me llevará esta ventisca en la que se ha transformado nuestra vida. Alguien gana; me esfuerzo en no recordar que siempre hay quien pierde y que, en general, siempre son los mismos. Pero lo que sí sé es que todo pasará. Y aunque la vida no es sueño, y nada, pero nada es como una vez imaginé, aquí estaré, un día sí y otro también, como ese chaval, hasta el final.

   Haciendo lo que tenga que hacer. Es decir, viviendo. Como ese chaval de la cama doce.

Persiguiendo sueños/ Chasing rainbows.

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   Ir detrás, siempre por detrás. Viendo cómo vas hacia adelante, siempre por delante.

   Sueños, anhelos, todo parece desmoronarse. Sin ti. Y sin embargo…

   Y sin embargo no dejo de soñar. Una y otra vez.

   Mi corazón te quiere, mi corazón te anhela, mi corazón parece morir sin ti.

   Y otros consiguen sus sueños, y otros tienen a quien amar, y otros parecen tenerte a ti.

   Menos yo.

   Que vivo persiguiendo sueños, sueños de alcanzarte por fin y de que me quieras.

   Para ser felices juntos, como en los sueños, por fin.

Cavilando/ Thinking.

El mar interior/ The sea inside

   Detén el flujo de pensamientos que hacen daño. Detén el odio que sentimos hacia nosotros mismos y que hace tanto daño. Que logra que torpedeemos lo que somos y lo que podemos alcanzar con aquello que realmente somos. Deja de pensar en todo lo que no eres y comienza a celebrar, porque sí y porque no queda más, la maravilla que eres y el gozo que da ser poseedor de tamaños dones y gracias. Y así salir libres del odio que nos oscurece y ser verdaderamente libres.

 

Con la forma de un corazón/ In The Shape Of A Heart.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   ¿Qué tengo entre las manos, caído al suelo y después levantado?

   ¿Qué es, que late una y otra vez, y se mueve con ruido de tuercas gastadas?

No lo había visto nunca.

Cuando te fuiste cerrando la puerta algo cayó de mi pecho, pude sentirlo, y se estampó contra la pared.

Pensé que había sido el ruido de la puerta al cerrarse, como cuando se bate una ventana y se cierra la única salida que tenemos para ser felices.

Pensé que no te quería nada de nada y que por eso te maltrataba.

Pero me equivoqué.

¿Qué es este dolor, que del pecho a la boca me abrasa y me abraza los labios diciendo tu nombre?

¿Qué es este sentido que me nubla la cabeza y que me hace pensar sólo en ti?

En ti, que te has ido hoy dando un portazo, que me abrió el pecho como un libro y del que cayó una roca, un deseo, una lágrima.

¿Qué tengo entre las manos que parece latir bum, bum, bum?

Tiene la forma de un corazón. Y se mueve con ruido de máquina añeja.

Y miro alrededor y sólo veo grietas y agujeros y emplastos mal ubicados, pintura desconchada y puertas cerradas.

Y algo con la forma de un corazón en mis manos latiendo bum, bum, bum por ti.

Bum, bum, bum por ti que ya no estás.

No es un rubí, no es una piedra roja y vacía, no es un hueco sin alma. Es mi corazón caído al suelo y recogido que late por ti.

Bum, bum, bum.

Ahora que ya no estás.

Un año, un amor/ A year. One Love.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

   Haberte amado, aunque fuese un año, ha sido lo mejor que me ha ocurrido.

   Mi vida era gris, y todo parecía caerse a mi alrededor hasta que te conocí. Y fue mágico.

   Haberte amado me dio la oportunidad de crecer, de vivir. Desde tu boca hasta tus pies, desde mi corazón hasta mi alma.

   Iluminaste todo y me lo diste todo. Aquello que se deshacía en pedazos y aquello que aún naufragaba por la soledad.

   Y aunque haya acabado, haberte amado ha sido lo mejor que me ha ocurrido nunca.

   Y aunque todo parece que vuelve a empezar, mi fuerza nacida en ti logra mantenerme vivo.

   Mi cabeza me dice que hemos gastado el tiempo que teníamos para estar juntos. Mi corazón, arrepentido, llora cada momento de silencio, cada instante de completo abandono.

   Mi corazón sabe que no supe apreciarte, y mi cabeza sabe, lo sabe de sobra, que nada será igual sin ti.

   Y me duele el cuerpo y se me retuerce el alma al constatar lo solo que estoy, lo torpe que me siento.

   Y sin embargo, un año, un amor, han sido suficientes para expandir los límites de mi vida. Y aunque estos desaparezcan, haber sido capaz de amarte hasta la sequedad hace que todo valga la pena: el placer de haberte querido, el dolor de haberte perdido, el eco de la soledad sin nombre y la mañana que está siempre por venir.

   Porque siempre hay un siempre. Eso es algo que aprendí de ti.

   Haberte amado, amor, ha sido un regalo. Y aunque ya no te tengo, y aunque te haya perdido, quiero que sepas, que sepas, que sepas, que te sigo amando cada día de mi vida, cada noche estrellada, cada tarde de lluvia; cada vez que la chimenea encendida me recuerda tu presencia y tus besos.

   Un año, un amor. Y la felicidad encerrada en ti y en mí. Y liberada para hacerse más y más grande; única; infinita; hasta llegar a las estrellas.

   Y el agradecimiento que viene con el dolor; y el sentimiento que viene con el abandono; y el eco bum, bum, bum, de mi propio corazón que ha latido, un año, por tu nombre.

   Y que continúa amándote en la distancia y en el error. En el error de haberte dejado ir y de no haber sabido apreciar el inmenso tesoro que acaparas dentro.

   Lo que hubo, lo que ha habido, lo que hay en mi corazón hacia ti va… Y vuelve a mí.

   Gracias por el amor, aunque sólo durase un año. Gracias por el amor, amor, que me ha llenado de ti y me ha hecho libre.