Ante todo no hagas daño: de Medicina, Neurocirugía y otras cosas.

El mar interior/ The sea inside, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature, Medicina/ Medicine

captura_de_pantalla_2016-01-02_a_las_16.51.26.png

Ante todo no hagas daño es el relato de memorias médicas del dr. Henry Marsh, médico británico especialista en Neurocirugía, ya cercano a jubilarse, en la que nos expresa sus experiencias y sus impresiones (que no siempre es lo mismo aunque vayan muy unidas) sobre la Medicina, la Neurocirugía en particular, sobre le Servicio Nacional de Salud británico (NHS) y lo que afecta su propia percepción de las cosas y a su vida el hecho de ser todo eso, y además un ser humano, paciente y hombre que piensa, sufre y se desarrolla en el ambiente hospitalario y todo lo que eso conlleva.

Escrito con una desarmante sinceridad, cualidad que siempre lo habrá caracterizado pero que con la edad aflora en todo su esplendor (cosa de agradecer), el dr. Marsh nos va explicando, a través de casos, la huella que su práctica médica, sus ideas, sus sensaciones, su ego, sus miedos y fracasos han dejado en él como hombre y como profesional.

Aparte de que considera a la Neurocirugía como el súmmum de la práctica médica (todos los cirujanos, todos los grandes especialistas piensan lo mismo de su especialidad. ¿Alguien ha oído a un cirujano cardíaco o a un cardiólogo, por ejemplo? Pues sabrá a lo que me refiero), sus sentimientos encontrados, el retrato de la práctica médica diaria, las contradicciones a las que nos vemos enfrentados, las decisiones a veces equivocadas, la rapidez de acción, la lentitud en la formación, la asociación de ideas y conocimientos que nos llevan del orgullo malsano más absoluto a la más humana sencillez de pensamiento y sensaciones, todo ese maremoto personal y pasional que significa ser médico en activo fluyen con una ligereza y una profundidad maravillosas a través de unas páginas que se leen con deleite y, siendo como soy médico y de una especialidad que se complementa a la suya y que claramente no conoce, con una identificación y una critica únicas.

Está escrito para ser leído por legos, pero está escrito en realidad para sí mismo. Es una larga reflexión, un reflejo que le devuelve más de treinta años de experiencia y la cercana jubilación. Está escrito desde el punto de vista de un médico que ha sido estudiante, residente, adjunto joven y finalmente jefe de servicio; está escrito como un hombre que ha sido paciente pero no deja de ser médico, y está escrito con una mezcla de tristeza y humildad que llegan al corazón, lo abren y lo cierran con delicadeza y humanidad.

Quizá sea porque esos casos a los que se expone, esas decisiones, y quizá sobre todo las consecuencias de sus acciones, me son muy cercanas (nuestro equipo trabaja codo con codo con el servicio de Neurocirugía de nuestro centro, y tenemos muchos casos en común) su lectura se me hizo sencilla; su búsqueda, sus sensaciones y finalmente sus sentimientos y forma de pensar se hermanaron con los míos y encontré en sus páginas más puntos en común que diferencias, por los que devoré el libro en un día. Le aseguraría quizá que todas las especialidades (desde el médico de familia hasta el intensivista, pináculo de la pirámide de la Medicina) se necesitan entre sí, que todos dependemos de todos, y aún más de la base: Enfermería, Auxiliería y Celaduría. Le recordaría que la Medicina no es tan estanca, aunque necesite serlo para la demanda actual de servicio y excelencia (por decir algo), pues los seres humanos no lo son; y que esa sensación de poder, valentía y punto kamikaze existe en casi todas las especialidades, y que ese vértigo, por lo demás breve, nos embriaga a todos y nos deja tan vacíos después, como el mejor de los orgasmos posibles.

Ante todo no hagas daño es un libro brillante porque es el retrato de un corazón abierto; está lleno de sinceridad, y qué necesaria es en el mundo. Y enseña, sobre todo a nosotros los españoles que siempre pensamos lo peor de nosotros mismos porque no vemos alrededor lo que ocurre en otras latitudes (¿para qué?), que los Sistemas Nacionales de Salud tienen problemas similares, directores obtusos, decisiones burocráticas ridículas, falta de camas y de recursos y personal inepto o descorazonado o simplemente cansado de luchar contra los elementos. Exactamente lo que nos pasa con estos 17 reinos de taifas que llamamos España, con una Seguridad Social dividida que es incapaz de comunicarse entre sí, que impide que un ciudadano de Albacete sea tratado en Huelva si está de visita porque carece de tarjeta sanitaria activa o porque no se puede acceder a su historia clínica, por ejemplo; repleto de gestores ignorantes de la realidad más allá de sus números, y de trabajadores, la mayoría, entregados a su labor y que sólo desean Servir, a pesar de los inconvenientes.

Ante todo no hagas daño es un libro que todo médico debería leer (como los libros del dr. Oliver Sacks o de la dra. Elisabeth Klübler Ross); nos acercan la experiencia del cuidado de los vivos, del cuidado de los desahuciados; nos acerca a nuestros miedos como profesionales pero también a nuestras alegrías, y nos hace preguntarnos a nosotros mismos, si somos lo bastante sensibles para eso, qué debemos modificar y qué debemos ahondar en nuestra práctica médica. Y para los legos en Medicina, para que aprendan a ver a los médicos y al personal sanitario como seres humanos, capaces de lo más brillante y de lo más bajo, y que necesitan un tiempo, como todo hombre, para aprender a servir de la mejor forma posible y también quizá de la más altruista.

El amor es…

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

IMG_2114

Coraje LGTB.

El día a día/ The days we're living

 

13428377_996933847093846_4223348226588047508_n

Serendipia o un grato hallazgo.

Arte/ Art, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

image

 Serendipia es en primer poemario-álbum fotográfico de David Sadness, creador polifacético, primero y antes que nada retratador de la vida y después directr de vídeo-clips, soñador de películas por venir, y escritor.

 Serendipia mezcla sus poemas escritos con sus poemas visuales, unos inspirados por otros, cargados de una belleza directa, propia de una generación hecha a base de mensajes y mails. Las imágenes de un poderío y una delicadeza maravillosas, maridan el ritmo de versos cortos, carentes casi de puntuación (única cosa que echo bien de menos), pero tan profundos y sensuales, sensibles y directos que llegan al corazón cargados con la munición de la emoción pura, de esa belleza casi impoluta de la juventud.

Amor, desamor, encuentros, desencuentros, noche, luna, estrellas, amaneceres y ocasos sirven de metáforas a sentidos que se desvelan eternos y largos, enormes en las fotografías que reproducen el texto y finalmente se hacen uno con él.

Habiendo tenido esa idea hace años, cuando empecé este blog, me parece maravilloso que haya editores con la confianza suficiente y el coraje adecuado para llevar esta idea a cabo; bien es cierto que David Sadness es poseedor de ese coraje y de esa sensibilidad tan inmediata, tan directa y tan dulce, necesarias para llevar a buen puerto un poemario como Serendipia.david-sadness1

No importa que esté lleno de tópicos: la vida es un tópico que se repite de continuo. El prólogo es una introducción a ese mundo joven que se cree por siempre único, bellamente escrito, con ese código oculto de amistades que se conocen mucho, no importa el tiempo que haya pasado o que nunca se hayan visto en persona. Ls páginas de Serendipia se llenan de luz con esas imágenes arrancadas del día a día y esas letras llenas de sentimiento y sencillas a la vez, etéreas, que intentan en su desnudez alcanzar la altura de las imágenes de las cuales proceden y a las cuales le aportan sin embargo cierto sentido y gravedad.

Hay mucho en David Sadness por descubrir; la madurez traerá consigo un mirar profundo, un pensar universal. El epílogo de Serendipia es un puente a ese futuro donde habita el sentimiento, cerrando un poemario que recorre las emociones humanas y sus miedos y sus alegrías en ese hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta y tropezamos con alguien como David Sadness.

Cambio/ Real Change.

El día a día/ The days we're living

CkxhuuIWgAAJAbv

Nuestro mundo debe cambiar (para bien).

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Literatura/Literature

396620-1g

Los personajes secundarios (en la obra de Màxim Huerta).

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature, Uncategorized

CjueR6-XEAAln9K

Partiendo de la idea que no creo que haya personajes secundarios en ninguna buena historia, los personajes que soportan la historia central de un relato son la base e incluso pueden llevar a robar protagonismo al personaje principal al que deberían servir.

Un buen actor dirá que no hay personaje pequeño. Parte de esa habilidad está escrita de antemano en el papel, y parte (mucha) procede de su propia sensibilidad para explotar la veta de oro que encuentra al leerlo. Un buen actor secundario siempre (siempre) roba la escena al actor principal cuando sabe que trabaja sobre la ganga de un personaje bombón. Él se da cuenta, y nosotros como espectadores, disfrutamos de esos momentos que son únicos. Michael Caine es uno de esos grandes maestros, y Chus Lampreave, también.

En la obra de Màxim Huerta abundan estos personajes que, como cometas, atraviesan las historias que hilvana, dejando un brillo intenso, y en muchos casos, llevando realmente sobre sus hombros el verdadero peso del relato. No creo que haya intención alguna en el escritor (¿quién puede decirlo realmente?); al contrario, pienso que en todo proceso creativo, cuando es real, el escritor no es más que un canal por donde la historia fluye como desea ser expresada; cuando nos bloqueamos, es sólo un fallo en la red de comunicación, que si forzamos, nos frustra, llegando incluso a abandonarlo por un tiempo. Cuando la relación se restablece, cuando dejamos que la historia vuelva a fluir, por más que deseamos, quedará escrita como desea, no como la hemos pensado.

Cuando se posee ya un cierto volumen de trabajo como le ocurre ahora a Màxim Huerta, no sólo se analizan los estilos o las intenciones como creador; esa calidad nos permite asimismo investigar un poco en los entresijos de esas historias en aspecto livianas (esconden verdaderas oscuridades humanas iluminadas, eso sí, de la forma más tierna y, verbigracia, humana posible) que salen de una pluma enérgica, vibrante, casi incansable. Y de ello saco yo las conclusiones de lo que más me gusta del escritor y de sus escritos, la única forma real de comunicación que podemos establecer,a  nivel creativo, con un escribidor tan prolijo e imparable como él.

No repetiré aquí lo que opino de sus obras, pues hay otras entradas de este blog donde ya se ha expuesto, al contrario: sólo quiero anotar, a vuela pluma seguramente, lo que más me ha atraído de esas historias donde el corazón rebosa y los personajes consiguen descifrar el intrincado acertijo de su destino entregándose ciegamente a él. De todas las novelas de Màxim Huerta lo que más me ha llamado la atención ha sido la construcción de sólidos personajes secundarios en los cuales los protagonistas se reflejan y viven sus desventuras con una entrega fiel y constante. De hecho, he llegado a querer más a esos personajes, trazados con amor y habilidad, y con una cierta sabiduría que siempre me deja asombrado.

En Que sea la última vez… Margarita Gayo es un ciclón, pero quien inicia, quien enciende, quien le da vida a esa aventura es Willy. Esa solidez de cuerpo y alma, esa entrega para nada ciega, esa absoluta presencia llena de presente, hace que la entendamos, que la sigamos y que valoremos su evolución posterior.

En el Susurro de la caracola, siendo como es el primer sonido que escuchamos el eco de una celda al cerrarse, toda locura, todo mimo, todo cuidado, toda justificación en las acciones de Ángeles gira en torno de Marcos, el joven actor que vive, quizá por ser joven y bello y casi perfecto, un presente perpetuo, en el que se confunde el tacto de la ropa recién planchada y el olor embriagador de los dulces y el amor que se desprende de esos pequeños detalles que se desvelan en la comodidad de un hogar que ya no parece vacío, en el silencio que arrulla un sueño deseado, y una sonrisa que es la mejor recompensa, tanta, que vale la cárcel y la cadena perpetua.

Y llegamos a Una tienda en París, para mí la (mejor) novela más Màxim Huerta, en donde su estilo florece y evoluciona, en la que vi por primera vez ese escritor que deja de ser promesa y construye en una historia  cuya complejidad está escondida, precisamente, en los personajes secundarios. Pues Alice es Una tienda en París. Su aparición llena de viento fresco al relato; su delicadeza que, a pesar de la brutalidad del mundo, nada empaña; sus conflictos internos, el amor que brota de los mimos, el lujo y la belleza, y sobre todo o por encima de todo, ese ser fiel a sí misma la convierten en el corazón de la novela, quizá en el motivo último de haberla concebido y escrito.

   La noche soñada es Màxim Huerta en estado de maduración. Una historia más polifónica, mediterránea pero preñada de un realismo mágico tan latinoamericano (que le aporta consistencia y belleza y que se conjunta tan bien, que debería ahondarse más en esta mezcla de la que saldrían sin duda relatos maravillosos) en la que se juega a tres niveles, pero cuyo centro, su corazón, está encerrado en tres hermanas, comandadas por la tía Visitación, envuelta en boleros de Olga Guillot, en azúcar glaseado y harina y besos intangibles dejados sin querer a la sombra de los cristales empañados.

En No me dejes no es la ruptura de la pared entre el lector y el escritor lo que me atrapa (antes bien, quizá me estorbe, por inesperada sobre todo); no es Violeta ni el delicado Dominique, ni siquiera Paulina o Mercedes, que entretejen el entramado parisino de una historia llena de silencios y de malentendidos; es Étienne el personaje que me atrae, que me impulsa, que es distinto, que eleva la trama, la transparenta y la lleva, sí, hacia la cristalización que merece un relato tan complejo.

Y en El escritor, el eje no es Teresa, como creemos, con sus paseos llenos de silencios, la hermosa puerta verde de su hogar, las persianas bajadas, su pelo eterno, su mirada líquida. Es el Escribidor quien nos llama la atención, aquel que, aún callado o hablando por los codos, no dice nada de sí mismo y sin embargo lo dice todo.

El secreto de un personaje secundario está en la simbiosis única entre una personalidad arrolladora, el peso de su presencia en la historia y en lo que nadie nos cuenta de ellos. Un relato en primera persona, como el de Justo Brightman, es el retrato de una voz: no podemos esperar más que sesgos de aquellos que conviven con él, reflejos de los sentimientos que evocan en él; la magia está en retratar con pocos trazos, pero firmes, personalidades que valen un universo y que dejan huella. Cuando el relato es en tercera persona, el riesgo está en dar más importancia a los detalles que a la historia a la que sirven. El mérito de Màxim Huerta es haber encontrado ese equilibrio, poco frecuente en la literatura actual, que hace que un lector ávido y nada obtuso encuentre verdadera belleza en el paisaje que se retrata más que en el retrato, en la habilidad oculta más que en el resultado final; en el eco de las teclas al ser presionadas y las palabras que aparecen en el papel, hilvanando historias llenas de magia y contención. Y en donde todo es importante. Desde el principio al final.