Menos mal que es Navidad/ Thank God It’s Xmas.

El día a día/ The days we're living

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

 

Cansado/ Tired.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside

Valero Rioja o el Talento/ Valero Rioja or Talent.

Arte/ Art

Con un talento único por su diversidad, encarnando un mundo interior que trasciende su propia persona y se refleja en una gran variedad de artes plásticas, retratando la Vida, como la Belleza como lo Efímero y lo que perdura,Valero Rioja despliega su Talento como si de alas se tratase, y remonta de la tierra, al igual que las alondras, para cantar al amanecer de la mirada que lo contempla, de la piel que lo siente y el corazón que lo admira.

Loran’s DanceJeff Mironov/Joe Sample/Joey DeFrancesco/Michael Brecker/Randy Brecker

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

En el aire/ Up in the air.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Una noticia de despido es una revolución astral: no se espera, trastoca el mundo y deja al despedido en un limbo de sensaciones, en un mar de decisiones urgentes e inútiles (por imposibles) y con una carga de angustia que es difícil de valorar.

Y  no hablo aquí sólo (si no fuera eso ya suficiente) de las responsabilidades de una o varias hipotecas, de pagar los recibos mensuales de una vida, que es la vida misma: luz, agua, teléfono, colegios, vestido, alimentos; si no de algo mucho más profundo, mucho más interior y por lo tanto, más secreto, más inconfesable.

Todo despido lleva consigo una serie de decisiones previas a las que no se les prevé (por inconvenientes o por ceguera) consecuencias inmediatas. La persona responsable sólo advierte números, situaciones bursátiles determinadas, ese juego de castillos en el aire al que hemos llamado Economía, ese dios creado por el hombre y al que hemos entregado, desde hace milenios, nuestra alma y nuestra felicidad. No valora, porque no se debe, las consecuencias personales y familiares de las personas a las que el despido afecta; porque un despido es una medida cautelar, inmediata, de resolución rápida, y tapa agujeros y apaga un incendio particular para encender uno más tarde. Es decir, despedir a un trabajador es una decisión procesada en bloque (porque no se despide a un trabajador, sino a un grupo en conjunto) diseñada para conjurar un mal que sigue manteniéndose en el tiempo pero que, al mutar de nombre, parece que cambia de responsables, y es un alivio momentáneo y frágil de esa red inútil e inestable que es la Economía, sea la de un hogar, la de una empresa, una región o un estado. Una vez acabado con ese problema momentáneo, la atención del responsable pasa a otra cosa, y se olvida pronto a aquellos que han dejado de ser problema, lanzados a otro aún mayor, pero que ya no está en sus manos resolver.

Vaya y pase cuando la persona despedida es inútil o irresponsable o que haya abusado de los privilegios del poder o de los beneficios de su posición: los trabajos que dejan vacantes saldrán ganando con ello, y esas personas quizá también. El problema radica en todos aquellos que, cumpliendo cabalmente con su labor y siendo útiles y necesarios, son despedidos por esas necesidades abstractas de cuadrar números o de justificar acciones de superiores igual de obtusos que las decisiones que se toman.

Todo puesto de responsabilidad acarrea una consciencia amplia, que debe abarcar no sólo el presente inmediato sino el futuro previsible. No se sabe el peso de ese trabajo hasta que se tiene sobre los hombros, pero eso requiere de la persona encargada una claridad de ideas y una falta de cinismo que es difícil de encontrar en estos tiempos de verdadera crisis humana, porque pocas personas son capaces de mantener una visión a largo plazo mientras luchan con los pormenores del día a día.

Esta imagen de perfección es menos romántica de lo que se piensa. Si bien es cierto que no se pueden evitar a veces ciertos daños secundarios, sí se pueden prever y, por lo tanto minimizar, el impacto en el tejido de las cosas que pasan. En Medicina ocurre: a veces tomamos decisiones que afectan a más de un órgano, pero el beneficio del todo justifica una acción semejante. Pero como el todo es el bien de cada uno de sus componentes, se toman medidas para que ese daño, de producirse, sea el menor posible, el más fácil de manejar o el que tenga el menor número de repercusiones futuras… Si en este campo de imperfección perfecta, luchamos por alcanzar con cada una de las decisiones la mejor solución posible, aún me cuesta entender que en esos campos de juegos de mentirijillas que hemos creado: la Política, la Economía, no se tomen medidas parecidas, o que requiera de altas dosis de clarividencia, y de valor, para hacerlo.

Por eso el mundo está en crisis: porque sus supuestos gobernantes no alcanzan las mínimas cotas de interés humano ni de estricta moral (y sí, hay una Moral, que nada tiene que ver con preferencias sensuales, culinarias o eventuales, sino con la base y el verdadero lazo de unión que nos relaciona a todos: ser seres humanos) que se requieren para tomar decisiones tan importantes y de tanto impacto personal como el de echar a un trabajador de una empresa, que depende de su trabajo y muchas veces su propia imagen personal, para subsistir.

El despedido es un ser perdido. Infravalorado por los suyos (que prescinden de él); se pregunta a sí mismo qué ocurre y las razones por las que eso pasa. Más allá de buscar culpabilidades propias o ajenas, pasa como una exhalación por todo un abanico de sentimientos, desde pérdida hasta odio e indiferencia, en franca soledad, y el peso de sus responsabilidades, propias y familiares, no aligera por un segundo la ruta por el limbo perdido por el que navega. Que la Vida nos coloca a veces en esos instantes de vértigo, en donde la Nada confluye con Todo y el mundo deja de ser lo que es y gira en otra dirección, es algo sabido: enfrentarse a ello es, quizá, uno de los mayores retos que tenemos como seres humanos; y sobrevivir a ello, un logro que valdría las loas más perfectas y los más secretos triunfos interiores.

Toda decisión tomada desde la responsabilidad es difícil de asumir, pero entendible. La razón y la explicación pueden allanar un proceso frustrante pero quizá necesario para el desarrollo de la personalidad y de la vida. Nada es fácil, pero si la persona que sufre una situación tan desesperada llega a saber que han pensado en ella no como un número o como una solución, y que le ofertan salidas alternativas que puede escoger, para renunciar más tarde o para recalar mientras se curan esas profundas heridas, el proceso psicológico y físico, el impacto emocional y vital (que no quita ni un gramo del peso de las responsabilidades individuales y familiares de cada persona envuelta en este estado) sería menor y tal vez, tal vez, podría alcanzar cierta justificación y cierto consuelo.

Nada hay peor para una persona que sentirse infravalorada, que sentirse manipulada o engañada, y lanzada al precipicio de lo que no importa por fines limitados y partidarios, equivocados. El fin sólo justifica los medios en casos de extrema necesidad, en la que la Salud está en juego, en el que la Paz peligra, en el que la Estabilidad de un mundo se tambalea. No en el momento, en un instante del fluir del Tiempo, en el que unos números deben cuadrar para justificar una acción, una labor ni un puesto de trabajo: sea barrendero, periodista, político, consejero, ministro o presidente. Nada justifica este vacío de personas conscientes de su labor de Estado, de su sentido de canalizadores del Orden de las Cosas, que estamos viviendo, ni nada perdona que se lance al aire la vida de una sola persona por justificar números, entelequias y magros votos políticos.

Un columpio/ A see-saw.

El mar interior/ The sea inside

No es ni mejor ni peor. Ni frío ni calor. Ni dolor ni alegría. Hay momentos, como hoy, en los que me asusta ser tan insensible. Porque estoy como muerto.

***

Miedo de enfrentarme a la Creatividad como al Cambio. Toda visita al precipicio me destroza los nervios, me recuerda mi intenso vértigo.

***

Pero a veces hay que saltar. Sin red o con ella. Sin sentido o con él. Pero hacerlo. Hacerlo siempre.

***

Pero, ¿cuándo?

***

El dolor ajeno sólo es eso: sentimientos de otros, no del Otro que llega a obsesionarnos. Ni siquiera el Nuestro, que nos atañe más.

***

Porque el Otro, aunque lo amemos, no deja de ser un extraño.

***

Porque el Otro, aunque lo amemos, es libre y nosotros somos su esclavo.

***

Amo como otros odian. Con la misma pasión y el mismo delirio. Por eso, y por muchas cosas que prefiero callar, me gustaría no tener corazón.

***

Pero tengo. Y late. Late sin cansancio. Desde el primer minuto hasta el postrero. Incansable, hasta cuando enferma… Pobre corazón.

***

Pobre…, ¿él?

***

Tengo tantas carencias que soy incapaz de ver, a veces, el Bien del que procede tanto defecto.

***

La falta de amor puede enloquecernos.

***

De amor propio. Y del Otro, que es ajeno a lo que nos pasa, pero que transforma nuestro paisaje hasta hacerlo perfecto. Tal es el poder de ese Hechicero.

***

He perdido mi libro de embrujos por alguna parte. El Destino se burla de mí y caen los años y me asombra ser ya viejo. Qué vértigo.

***

Me marea ser consciente de la inconsciencia con la que he vivido.

***

Me decepciona ser consciente de tantos errores.

***

Me irrita ser tan imperfecto… ¿Hay un mecánico en la sala?

***

¡Qué día tan perfecto! Qué noche tan oscura. Un intenso mapa de días perdidos.

***

Así es mi vida: un puro desperfecto, un constante malgasto.

***

¿Quién puede pensar en el futuro cuando el presente es tan oscuro?

***

Si he vivido para el bien, tocará también vivir para el mal. O para lo que creemos que es malo, que quizá sea lo mismo.

***

En este mundo de pantomimas, descubrirse inútil no es más que una patraña maravillosa del Destino.

***

Todos somos un dibujo inacabado, un trazo en el universo. Pero hay bocetos más logrados.

***

Mar verde de bosques en extinción. Mar azul de bruma intermitente. Faro que lanza su sonido de augurio, su luz de resaca. Niebla que todo lo acaricia y que penetra hasta el último rincón del alma. A veces soy mar embravecido, a veces árboles calcinados; a veces, sólo un pobre hombre en medio de la Nada.

***

Marea que marea, oleaje que viene y va. Como el vértigo que nos obliga a lanzarnos, con red o sin ella, en el vientre del Destino.

***
A veces me gustaría no tener corazón.

***

Pero lo tengo. Y puede que lo necesite. Y puede que no sirva para nada.

***

¡Pobre corazón!

***

Pobre…, ¿él?

 

Telón: después de todo/ Telón: After All.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

Después de todo este tiempo pasado con Alejandro, Miguel y el resto de la panda de Historias de Chueca, TELÓN se erige como el cierre de una historia estrambótica y tierna, delicadamente escatológica y maravillosamente real.

Telón está lleno de Chueca y, sin embargo, traspasa a Chueca, va más allá. Todos sus personajes se concentran en ella, se integran en ella, crecen en ella y, como nos pasa a los seres humanos, trascienden sus límites para tocar, con mucho humor pero sobre todo, o más que todo, con melancolía, los corazones de sus lectores.

Como Telón es Historias de Chueca, hay situaciones hilarantes y surrealistas dentro de ese casco urbano que todo lo contiene; hay dolor, también, y decepciones, y muchas sorpresas. Los personajes que han integrado la trilogía se encuentran aquí y completan el círculo invisible que los ha unido desde el principio. Telón es la historia de Alejandro, pero también es la de Stephan, ese niño maravilla, y la de JuanGa, que sigue deleitándonos con sus modelos inusuales y sus salidas de tono, tan maravillosas; y sobre todo la de Javier, un personaje que entra en el tejido de Telón para revelarse, en cada página, su corazón, su centro.

Lo más hermoso de Telón es su evolución. Pues hasta los personajes que integran Historias de Chueca evolucionan, se replantean aspectos de su vida; y buscan, buscan hasta la extenuación y con tanta fe, que al final todo lo consiguen. En Telón brilla la esperanza, la sensación de que todo es posible, y todo, de la mejor manera posible. Nada queda al azar en ese aparente mundo loco que Abel Arana ha creado, quizá porque, como él mismo dice, en el libro se integra la historia de todo aquel que ha vivido en Chueca alguna vez, esa historia de todos y de nadie en particular.

Telón va más allá de Historias de Chueca y revoluciona el mundo de MÁS con mayor calado. Las historias dentro del libro se suceden una detrás de otra, pero esta vez la melancolía del deseo se deja traslucir más, se desnuda en realidad, liberándose de la fantasía, de los juegos, de los sueños que la adornan, mostrándose tan pura y tan enigmática como es en realidad. Todos tenemos esa trastienda; todos guardamos en el patio de atrás deseos errados, truncados u olvidados, que nos hacen ser lo que somos y cómo somos y que terminan definiéndonos por encima de nuestra mente, unido como está al verdadero corazón que nos guía.

Y eso es lo que Abel Arana ha hecho con Telón: escribir con corazón. Alejandro es más él mismo; Stephan crece hasta conseguir ser, en esa libertad plena en la que vive, lo que desea (con una aguda perspicacia); Javier llega y revoluciona los astros; y el resto de la pandilla, tan cercana como nunca, sonríe desde su propio viaje y se mantiene tan enlazada como sólo el verdadero cariño puede unir.

No hay nada de Historias de Chueca que el lector no halle en Telón. Pero hay mucho más: una trimidensionalidad y un entendimiento único y un final arrebatador, en el que el amor triunfa por encima de las mil dificultades a las que lo abocamos, a través del Destino y de la Esperanza.

Telón nos regala, en sus páginas, un trocito de vida vivida. Telón nos enseña en sus páginas que, después de todo, un final no es más que un nuevo comienzo, un nuevo amanecer.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

Como un tonto por ti/ Just the Fools Rush In.

Música/ Music

Sabía que sería inadecuado. Lo sabía. Era fácil, sí. Era fácil saberlo. Casi tan sencillo como enamorarse de ti… ¿Y quién no podría? Esos ojos de miel y desierto, esa voz de caverna y terciopelo; ese pelo osucro, ese pecho enorme y esa sonrisa…

Oímos y desoímos a nuestra mente, que nos dice una cosa o la otra, que nos corta las alas, que nos baja a la tierra. Y sin embargo, cuando sentimos ese batir de tambores en el corazón, cuando de un pensamiento simple se teje las cortinas de una vida; cuando de un recuerdo que emerge como escondido, de luz baña la entera vida, y de la ensoñación se despierta con ganas de seguir durmiendo… ¿Qué le vamos a hacer? ¿Quién puede luchar contra ese sentimiento que es una locura, un vendaval que nos empapa y arrastra?

Sólo un tonto podría enamorarse de ti. Porque sólo un tonto puede entrar en tu vida de hielo, en tu corazón de acero, y hacerlo de frente, sin miedo a salir dañado, sin amparo y sin medidas. Por más que los ángeles de la cordura nos aconsejen, mi corazón pudo con todo, y esa idea de ti, ese sueño de ti, se impuso a todo lo demás, y mi respiración inhalaba el aire escapado de ti, intoxicándome, y mis ojos sólo veían el fulgor de los tuyos y no el peligro de su inabarcable fondo; las llamas de tu corazón insensibilizaron mi piel, y no sentí el calor abrasante de su cercanía; y todo me llevó hacia ti con esa inmensa facilidad de las causas perdidas… Como un tonto entré en tu vida para nunca más huir de ti.

No es sano, no está bien…. ¿Pero quién se lo dice  a un corazón enamorado? Sólo aquellos que nunca lo han sentido, que no saben de la locura que todo lo envuelve, ni de la sed enfermiza que nada sacia ni del dolor que una ausencia, por más nimia que sea, puede llevar escondida en el fondo del alma…

Y aquí estoy yo. Sin sentido viéndote partir después de haber destrozado mi corazón entre tus manos; después de que tus ojos dejasen de iluminar mi vida, si mi vida valiese algo en tu compañía; y sin ninguna oportunidad de seguirte y conquistarte de nuevo…

Sólo los tontos se enamoran así de ti. Y yo no conozco otra manera de acercame al amor ni a ti. Y, aunque te has ido con tu corazón de acero apenas mordido por mi boca ansiosa, de algo estoy muy seguro, y es que nadie jamás te amará con una entrega escandalosa, ni seguirá tus pasos con una fidelidad de cuento, ni sabrá escucharte con silencios negros, ni te amará con la entrega alocada de un cachorro o de un loco… Porque sólo los tontos se enamoran sin sentido del tiempo, sin cadencia ni dolor… Hasta que se dan cuenta de su error.

Eres un error. Siempre lo has sido. Mi cabeza lo sabía cuando nos conocimos. Pero eso no me importa ya. A pesar de todo, desde que nos conocimos mi vida despertó a esa sagrada locura, y aunque como un tonto caí en tu embrujo, mi locura me enseñó lo profundo y lo desinteresado que el amor puede llegar a ser. Aunque fueses tú quien le diera vida; aunque fueses tú quien menos lo valoró un día.