No vayas con extraños/ Don’t Go To Strangers.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Música/ Music

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A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

El mar interior/ The sea inside

Fuego: Sonido y Luz./ Fire: Light and Sound.

Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone, Lugares que he visto/ Places I haven been

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En el día de Galicia: Santiago de Compostela/ In Galicia’s Day: Its capital.

Arte/ Art, Lugares que he visto/ Places I haven been, Música/ Music

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El susurro de la caracola/ The sound of a shell.

Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

   Hay libros, como autores, que nos sorprenden. Unos para bien, otros no tanto. También está lo que buscamos en las historias que nos cuentan. Siempre hay un motivo: evasión, reflexión, sentimiento. Estoy menos apegado a la literatura contemporánea de lo que siempre he estado (es decir, nada), y sin embargo en estos últimos meses me he visto inmerso en la lectura de nuevas historias (que no novedosas) que traen consigo, en general, aromas refrescantes dentro de la vulgar monotonía de la producción cultural actual. No son novelas redondas, pero creo que tampoco aspiran a serlo. Nada es más fácil que criticar (pagamos por ese derecho: compramos una entrada, adquirimos un libro) pero nada está menos justificado. Excepciones aparte (campañas promocionales ingentes, digestión difícil de un personaje que se vende más que el producto que patrocina), creo que toda obra artística, nos guste o no, nos llame o no, tiene siempre el mérito de haber sido hecha, ese riesgo que sólo unos pocos se arredan en asumir y llevar a sus últimas consecuencias: una historia leída, vista o escuchada, nos puede agradar o no, pero tiene el mérito de haber sido construida por una persona que se arriesga a ese escarnio o a esa elevación popular, y ya por eso tiene mi respeto ganado de antemano.

   El susurro de la caracola, de Màxim Huerta, es una sorpresa. Desde su inicio hasta su fin. Una historia agradable, llena de ecos y de recuerdos, repleta de reflexiones profundas en su aparente liviandad, y llena de emociones a flor de piel.

   Es el retrato de una voz: los sueños soñados, las decepciones que le siguen, el amor anhelado y vivido, las miserias que nos acompañan, las obsesiones futuras que nos aprisionan, y la libertad última de aceptarnos tal cual somos. Por eso a Màxim Huerta no le importa los personajes secundarios. Esboza el ir y venir de su protagonista con una dulzura no exenta de crítica; evoca sus recuerdos con una intensidad tan delicada, que parece que oímos el rumor del mar, el olor de la salitre, el aroma de unas costumbres perdidas ya, con una luz nítida y preciosa, y nos acerca a ella poco a poco, hasta hacer que la aceptemos primero, que la comprendamos después y, por eso mismo, seamos incapaces de juzgarla luego.

   En ese mar de recuerdos inmenso, los aromas, los tactos, son fundamentales. El susurro de la caracola es un libro de olores, de pieles que se rozan pero que apenas se tocan, de recuerdos susurrados y de verdades mudas. Como lo es cualquier vida, la de su protagonista sin duda, y la de nosotros mismos. Y es una historia de redención, de paz en medio de un marco de sinsabores, donde la cárcel es liberación y la libertad una percepción del espíritu más que del cuerpo. Una reflexión sobre los grilletes de la existencia, quizá fundamentada en clichés, es cierto, pero tan bellamente descrita, que todo eso pasa a un segundo plano.

   El susurro de la caracola es una historia de sinsabores, pero también de un costumbrismo precioso y evocador, muy cercano a nuestra propia infancia, que ya no existe. Es una historia de añoranzas y de esperanzas en medio de la realidad cruel del día a día. La vida ya no es amable, quizá porque no nos permitimos serlo a nosotros mismos. Màxim Huerta sorprende, en este presente nuestro lleno de estereotipos, con la promesa de una prosa con poso, hedonista y temática, costumbrista y real, y  con los reflejos de un pensar profundo.

Júrame/ Promise me.

Música/ Music

   Pupila con pupila los dos yacemos juntos.

   Nuestra respiración acompasada como una coreografía. Nuestras voces susurradas y calladas. El vaho que nace de las bocas abiertas y que termina en beso.

   Caricias que dibujan relieves de piel abandonada y recuperada, que estallan en jadeos y nuevas palabras inventadas en ese lenguaje propio de los amantes.

   Esos que somos tú y yo.

   Labios con labios. Lenguas y dientes. Y manos y pies. Todos encontrados en un remolino de sensaciones, confundiendo los dedos y los tactos, revoltijo tuyo y mío de orillas disueltas, carentes de tiempo, fluyendo dentro de un espacio finito y maravilloso.

   Júrame que, aunque pase mucho tiempo, éste será nuestro hogar. Tu piel y la mía, tus besos y los míos, tu pecho y el mío en un encuentro desesperado y luminoso, lleno de ansia y de reposo. Júrame que, aunque el tiempo se diluya una y otra vez, la calma y la pasión unidas vivirán en nuestros corazones, ardiendo de fiebre por la cercanía y tiritando de frío en las lejanía de las horas que pasamos separados. Júrame que, aún sin sabernos del todo, sabremos de nosotros con los ojos cerrados, sentiremos la presencia uno del otro, buscaremos el encuentro como el sediento una fuente fresca.

   Sed. Hambre. Reposo e involuntario abandono. Tú y yo yaciendo juntos y separados. Jadeantes y dichosos. Y nerviosos por lo nuevo, por el porvenir.

   Júrame que, aún queriéndome, me dejarás marchar. Júrame que, aún no deseándolo, me abrazarás con pasión y me amarás con el pensamiento, de lejos y de cerca, porque nadie más que yo estará junto a ti. Júrame que, aunque pase mucho tiempo, no olvidaremos este día y esta noche, en el que las estrellas se diluyen en tu pupila y la mía, y en la que sellamos con un beso enamorado la búsqueda de la luna, el hartazgo del placer.

   Quiéreme. Quiéreme hasta el resuello. Exactamente como yo te quiero a ti. Y nada será amargo: ni el paso del tiempo, ni las separaciones necesarias, ni las decepciones que están por venir, ni las sorpresas del destino.

   Los dos yacemos juntos. Tu respiración agitada. Tu mirada serena, que mira más allá y que me dibuja en esta locura de amor. Mis manos de barro, tus brazos de bronce, nuestras almas se funden en una aleación nueva.

   Nos vemos. Nos besamos. Nos juramos. Y el tiempo pasa y el día llega y todo es casi lo mismo.

   Todo menos tú y yo.

   Júrame que estaremos siempre así, bailando el bolero de la intimidad, recordando en cada paso, en cada caricia, el momento en el que nos conocimos, el instante en que nos encontramos con un beso enamorado, con un hambre de mundo y medio y mucho miedo y muchas esperanzas. Y júrame, como yo te juro, que me amarás tal como hoy mañana, con los cambios del tiempo sobre nuestras pieles, tal como yo te amo a ti.

   Pupila con pupila los dos yacemos juntos. Y el mundo a nuestros pies.

Labios apasionados/ Passionate lips.

Arte/ Art, Música/ Music

 

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