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Aún te tengo en el pensamiento.
Ayer te vi de lejos. Ibas caminando como si nada, de la mano, y como guiado. Cara de sorpresa, sonrisa de niño pequeño, paso de ángel, el cabello al viento, suave y ondulado.
Caían algunas gotas. Y resbalaban por mis pestañas anegándome los ojos.
No me dejaban verte bien; se entremetían en la mirada, entre la distancia y tú. Y luché por contenerlas, para que no llegasen a mis labios. Pero no pude…
Y la voz que quiso llamarte quedó muda, y como un cisne pasó cerca de ti sin emitir ningún sonido.
Ese aire decidido y juguetón, ese pelo al viento, la lluvia y tus rizos, y la mirada hacia adelante, hacia adelante y nunca al pasado, donde estoy yo.
Y las gotas de lluvia ahogándome los ojos y esa felicidad efímera quemándome el corazón…
Aún te tengo en el pensamiento, y la música que creamos sigue latiendo en mi corazón. En un pasado que ha pasado, en un momento que nunca volverá.
Salvo en mi memoria.
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Como nunca hemos estado.
Desnudos.
Libres.
Ni una urgencia, ni un deseo.
Solos tú y yo juntos. Ahora.
Ningún miedo nos sujeta. Ningún error parece ensombrecer nuestro presente.
Nuestro presente que es ahora.
Ahora. Tú y yo juntos. Viéndonos, conociéndonos.
Y ahora, cuando nos despertamos un sentimiento de calidez nos atrapa.
Y de hogar.
Juntos en una casa que es un universo.
Un universo que es amor.
Y el amor somos nosotros.
Y nosotros somos ahora. Ahora juntos. Para siempre.
O hasta mañana.
Ahora.
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Amor, querido fantasma, me hubiese gustado empezar ésta sin echarte de menos. Me hubiese apetecido escribir con la boca llena que ocupas demasiado sitio en mi vida, que quizá el hartazgo sea insuficiente y que deseo más de ti.
Amor, querido espejismo, quisiera abrazarte hasta hacernos uno y olvidarnos juntos, en las tinieblas de una memoria perdida, lejos de aquí.
Hubiese tomado tu mano y la hubiese venerado. Hubiese besado tus labios de pergamino y, húmedos, dejar mis huellas en ellos como quien deposita un regalo. Y mi corazón, como mis labios, caído en el hueco de esa mano que altera a la mente y que calma al alma.
Y sin embargo…
A veces siento que pierdo, a veces me siento solo. Sin tu compañía elusiva como una sombra, hasta el sentido de mi vida se diluye. La mañana trae consigo un día similar al anterior y la noche que llega, un maremoto de estrellas que brillan por otros y no por mí.
Me hubiese gustado escribir que tu dulzor empeñó mi lengua a un sabor nunca superable. Me hubiese gustado decirte que mi vida, unida a ti, es una sola, sin principio porque me llevas de la mano, y sin final, pues la muerte no es más que una estación de paso de la cual huimos envueltos en oscuridad.
Y sin embargo…
¡Amo! Amo tan fuerte que casi me duelen los brazos.
¡Abrazo! Abrazo tanto que mi pecho se funde con el tuyo hasta hacerse sangre y corazón, lleno de latidos que nublan mi pensamiento y me hacen sordo y mudo.
¡Callo! Callo como si de mi boca se pudiesen escapar todos los secretos uno a uno hasta dejarme vacío.
Y bailo la misma melodía una y otra vez; una canción que tarareas sin fin hasta sentir que de mis pies brotan alas y me marcho, flotando, más allá del universo.
Me hubiese gustado decir que erraste conmigo. Que tus dardos saltaban sobre mí, silbando cerca de las orejas, lamiendo los bordes de mi corazón. Me hubiese gustado decirte que no tengo ya alma, que equivocaste el camino, que tu sombra no me protege ya más.
Amor, querido fantasma, me hubiese gustado decir que tu regalo era eterno, mas duró sólo una noche. Me hubiera gustado decir que tu visita me regaló la libertad; pero no, sólo me trajo la prisión de unos besos, el silencio elástico de un adiós. Y que mi corazón, que fue de dos, finge indiferencia, ríe sin voluntad y extraña, echando de menos aquello que era su vida y que ya no está.
Amor, te hubiese exaltado, te hubiese sembrado el pecho de besos y de quimeras, y humedecido enteramente la playa de tu piel con el océano de mi saliva. Amor, te hubiese llamado por tu nombre, tatuado en mí desde ese primer instante que te vi y, equivocado o no, desoyendo todo consejo, corriendo todo riesgo, te hubiese arrullado y protegido día tras día hasta alcanzar una suma de eternidad.
Pero ya nada puedo hacer. Nada que no hubiese hecho si hubiese conseguido abrazarte con la misma urgencia que tu a mí y con la misma probidad haberte regalado mi vida, que va unida a mi corazón.
Pero no estás; quizá no hayas estado más que en mi mente, en el anhelo vibrante de mi corazón. Y lo que comenzó acabó, crucificando mi vida en ese ciclo eterno del que no escapé por haberme entregado a ti.
Día a día mi vida que fue, Amor, calla. Mi vida que fue y que ya no es; que nunca será como la hallaste, pequeña y tierna, dulce y sedienta, enérgica y creyente.
Mi amor, Amor; mi fe, Amor; mi vida, Amor, que ya no es lo que fue y que nunca será, Amor, para ti.
Ni para nadie.
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Cuando me enamore me faltará el aire. Eso creo. Hace tanto tiempo y me he equivocado tanto y tan profundo, que se me va a cortar el respiro y se me cerrará el estómago y adelgazaré, siendo incapaz de tragar nada, y viviré como los peces, inflamado de agallas.
Cuando me enamore el mundo dejará de girar, porque he sufrido tanto, tanto, que nadie me creerá. Y me verán saltar de alegría y reír como un loco, locuaz y rebelde, escupiendo palabras como perlas y olvidando recuerdos como plomos.
Cuando me enamore, y bien sabré cuándo, cerraré los ojos y miraré con el tacto y oiré esa voz, que será su voz, encallar en mi corazón para siempre. Cuando me enamore, y sabré bien cuándo, dejaré de correr porque habré llegado a mi hogar.
Cesará el odio que guardo dentro. La ojeriza que le tengo a los demás que no son para mí; la inquina que guardo en mi propio interior y que sólo se dirige a mí. Se acabarán las pesadillas y empezarán los sueños, los reales vestidos de presente; y me dejaré querer como otros se abandonan a la imaginación y podré dormir en esa paz de la compañía y de la soledad llena de mundo, un mundo que tiene una piel que acariciar, una boca que besar y un pelo que revolver.
Se iniciarán planes que ahora sólo se posponen; crecerá la hierba en el jardín, y verdearán los tilos delgados y los sauces dejados sin cuidados. Volveré a ser yo mismo porque dejaré de adolecer lo que no tengo, y viviré la plenitud de amar sin esperar nada a cambio, sin cambiar a nadie por mí.
Porque cuando me enamore todo será distinto. Las nieblas ascenderán hasta la estratosfera; la luna brillará llena y plateada, y el sol en un atardecer sin fin recorrerá los caminos abandonados de mi piel con un sosiego nuevo, como si fuese un regalo perpetuo y una constante novedad.
Cuando me enamore seré libre, libre de mí y mi sentimiento de opresión. Intentaré cambiar el mundo porque éste me cambiará a mí; y podré valorar la compañía como compañía y no imposición, como algarabía y no necesidad; sabré ganar amor libre y amor bueno; acallaré el egoísmo de la piel muda y velaré el sueño de lo amado con un desasimiento casi infantil.
Cuando me enamore la tierra verterá lágrimas de lluvia, océanos enteros de vivas y alabanzas. Y aquel que amaré será libre por fin, cargado con todo un amor ligero como una pluma, porque nada le será pedido y todo lo tendrá a manos llenas. Porque por fin seré yo a manos llenas.
No habrá medias tintas cuando me enamore. No habrá más oscuridad ni indiscreciones. Ni miedo ni malentendidos. Cuando me enamore todo será distinto, porque yo seré distinto, y todo cobrará sentido, porque yo seré libre de mis miedos y mis odios y de mi cárcel.
Cuando me enamore de ti, enamorado quedaré, y será para siempre porque no habrá tiempo, si no pura eternidad.
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