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Carta al amor/ Love Letter.

   Amor, querido fantasma, me hubiese gustado empezar ésta sin echarte de menos. Me hubiese apetecido escribir con la boca llena que ocupas demasiado sitio en mi vida, que quizá el hartazgo sea insuficiente y que deseo más de ti.

   Amor, querido espejismo, quisiera abrazarte hasta hacernos uno y olvidarnos juntos, en las tinieblas de una memoria perdida, lejos de aquí.

   Hubiese tomado tu mano y la hubiese venerado. Hubiese besado tus labios de pergamino y, húmedos, dejar mis huellas en ellos como quien deposita un regalo. Y mi corazón, como mis labios, caído en el hueco de esa mano que altera a la mente y que calma al alma.

   Y sin embargo…

   A veces siento que pierdo, a veces me siento solo. Sin tu compañía elusiva como una sombra, hasta el sentido de mi vida se diluye. La mañana trae consigo un día similar al anterior y la noche que llega, un maremoto de estrellas que brillan por otros y no por mí.

   Me hubiese gustado escribir que tu dulzor empeñó mi lengua a un sabor nunca superable. Me hubiese gustado decirte que mi vida, unida a ti, es una sola, sin principio porque me llevas de la mano, y sin final, pues la muerte no es más que una estación de paso de la cual huimos envueltos en oscuridad.

   Y sin embargo…

   ¡Amo! Amo tan fuerte que casi me duelen los brazos.

   ¡Abrazo! Abrazo tanto que mi pecho se funde con el tuyo hasta hacerse sangre y corazón, lleno de latidos que nublan mi pensamiento y me hacen sordo y mudo.

   ¡Callo! Callo como si de mi boca se pudiesen escapar todos los secretos uno a uno hasta dejarme vacío.

   Y bailo la misma melodía una y otra vez; una canción que tarareas sin fin hasta sentir que de mis pies brotan alas y me marcho, flotando, más allá del universo.

   Me hubiese gustado decir que erraste conmigo. Que tus dardos saltaban sobre mí, silbando cerca de las orejas, lamiendo los bordes de mi corazón. Me hubiese gustado decirte que no tengo ya alma, que equivocaste el camino, que tu sombra no me protege ya más.

   Amor, querido fantasma, me hubiese gustado decir que tu regalo era eterno, mas duró sólo una noche. Me hubiera gustado decir que tu visita me regaló la libertad; pero no, sólo me trajo la prisión de unos besos, el silencio elástico de un adiós. Y que mi corazón, que fue de dos, finge indiferencia, ríe sin voluntad y extraña, echando de menos aquello que era su vida y que ya no está.

   Amor, te hubiese exaltado, te hubiese sembrado el pecho de besos y de quimeras, y humedecido enteramente la playa de tu piel con el océano de mi saliva. Amor, te hubiese llamado por tu nombre, tatuado en mí desde ese primer instante que te vi y, equivocado o no, desoyendo todo consejo, corriendo todo riesgo, te hubiese arrullado y protegido día tras día hasta alcanzar una suma de eternidad.

   Pero ya nada puedo hacer. Nada que no hubiese hecho si hubiese conseguido abrazarte con la misma urgencia que tu a mí y con la misma probidad haberte regalado mi vida, que va unida a mi corazón.

   Pero no estás; quizá no hayas estado más que en mi mente, en el anhelo vibrante de mi corazón. Y lo que comenzó acabó, crucificando mi vida en ese ciclo eterno del que no escapé por haberme entregado a ti.

   Día a día mi vida que fue, Amor, calla. Mi vida que fue y que ya no es; que nunca será como la hallaste, pequeña y tierna, dulce y sedienta, enérgica y creyente.

   Mi amor, Amor; mi fe, Amor; mi vida, Amor, que ya no es lo que fue y que nunca será, Amor, para ti.

   Ni para nadie.

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