Amores únicos/ Geek Love.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen

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Español:

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En concierto con Julie Andrews/ Julie Andrews In Concert.

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone

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En diciembre y para siempre/ In December and Forever.

El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen, Medicina/ Medicine, Naturaleza/ Nature

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Pero no sólo el VIH. También el virus de la Hepatitis C (VHC), el virus de la Hepatitis B, y el resto de enfermedades transmitidas por contacto sexual o por drogas por vía intravenosa. Todas las acciones con riesgo disminuyen nuestra capacidad como seres humanos, por más excitantes y adrenalínicas que nos parezcan.

   Ser responsable con la vida, no sólo con el aborto. Ser responsable de la vida de los otros, pues cada vez que nos acercamos a alguien lo hacemos acompañados de todos aquellos con los que hemos convivido íntimamente, aunque fuese sólo un fogonazo de placer.

   Y con la investigación, y con la falta de Salud.

La piel de otro/ Other One’ Skin.

El mar interior/ The sea inside, Lo que he visto/ What I've seen

   ArkansasTiene fama de raro. Incluso de pervertido.

   En el fondo es hasta gracioso que piensen eso de él allí. En aquel lupanar, el placer se paga como a veces pagamos el día a día; en él todos buscan descargar las tensiones, un instante de placer; el placer de ser observados y hasta gozados, y el más sordo del dejarse llevar. Menos él.

   Por eso era raro.

   Ya no era un chaval; ya no era más que un anciano en realidad. Ninguna de las maravillas de la ciencia hacían más efecto en él: ni cosméticas ni plásticas. Parecía que ya no había palmo de piel que tensar ni centímetro de arrugas que planchar. No había química que consiguiese mantener el tesón de su ajada musculatura, ni siquiera llenar de sangre aquellos secretos que lo habían hecho sentirse único, deseado y especial.

   Lo aceptaba: así era la vida. La vida que le ha tocado vivir. Ha aprendido que llega un momento en que la existencia deja de producir ruido y se conforma con un murmullo de fondo que apenas estorba. Él ya era así: un fondo oscuro que apenas molesta. Por eso seguía acudiendo a aquel lugar en el que una vez se hizo célebre y ahora no era más que la sombra de un recuerdo que ya nadie recordaba.

   Llega un momento en la vida en que sabemos que hay que parar. Y lo hacemos, más por obligación que por ganas. Y él lo sabe. Le ha ocurrido, aunque ya no repara cuándo y ni le importa.La sociedad nos relega, la biología nos aliena.

   Así es la vida, se dice, mientras evita verse en el espejo con los ojos de hoy y sale a la calle más para distraerse con la vida ajena que por necesidad u otra cosa.

   Cada mañana se acicala siguiendo el ritual de años sin memoria; antes le llenaba de satisfacción la atracción que provocaba, como el revuelo de las hojas caídas al contacto con el viento. Se levanta, se da una larga ducha, se perfuma, se peina, se viste con su mejor ropa interior, casi siempre nueva, y con la ropa más ajustada que encuentra. Se siente guapo cada mañana al salir de la habitación donde duerme a solas; cada mañana, al salir a la calle, despierta de su sueño y se da cuenta que el tiempo ido no se detiene ni en la retina de la memoria.

   Así es la vida.

   Ya no recuerda, quizá no quiera hacerlo por lo demás, cuándo perdió el último de sus amigos, cuándo el mundo del que era centro y parte dejó de existir como lo hacía. La mutación del tiempo a veces es tan cruel, que deja a la mente muy por detrás: creemos que somos aún latido cuando en realidad nos hemos quedado ya sin pilas. Eso es un golpe bajo. Porque es duro asumirlo; pueden pasar años (y de hecho pasan) antes de que la certeza nos venza y caigamos de bruces sobre la evidencia, sin poder responder a la llamada del placer que antes nos era tan delicioso y tan fácil y tan caro. La decadencia, se dice, se mide así, por la ausencia de placer activo, por la continua reducción del mundo que nos rodea. Y su mundo no era más que una habitación, por lo demás no muy grande, y por la casa de baños a la que acudía diariamente para rescatar algo de lo que una vez fue y que ya acepta (sí, lo acepta, no le queda otro remedio), no será jamás.

   Por eso tiene fama de raro en la sauna a la que acude puntualmente a la una de la tarde. Porque no hace nada, porque paga por un placer tan exquisito que no exige el mínimo esfuerzo de su acompañante, salvo el silencio.

   Alguno de los fijos del local se lo rifan: contadas veces con tan poco fingimiento consiguen lo que se proponen: unos euros para seguir alimentando un ego furibundo que terminará reduciéndolos a cenizas. De hecho, son incapaces de verse en su espejo. Él lo sabe, pero calla. No le escucharán, no le creerán. Él tampoco lo hizo. El mundo a una edad sin medida es una tabla rasa que se mide por placer buscado y consumido: una mirada entornada, una sonrisa, una caricia más profunda y un roce brutal: así es la vida. Hasta que deja de hacer ruido y de encenderse y de frotarse y se llena de silencio y soledad.

   No busca gran cosa con la compañía de esos hombres alquilados. Salvo conseguir esa pequeña parcela de placer que aún le resta de la vida. Cuando se pierde lo que nunca pensamos que se disolverá en el tiempo, sólo nos quedan los sentidos primarios: la oleada del olfato, el dulce latido del tacto. Y es lo que él usa, lo que le colma. Antes no había suficiente tiempo para saciar el placer; ahora, sólo con el roce de la piel de otro, sólo con el aroma cercano y esa tibieza tersa y todavía hermosa, alcanza un goce único, tan excelso en su silencio, que le hace olvidar las miserias de su presente, cada hora de un día a día que ya no reconoce.

   La piel de otro, con su tierna calidez, su dulce aroma a veces pegajoso y otras veces ácido y  chispeante; recorrer con la yema de sus dedos cada valle, cada altiplanicie de esos hombres que se abandonan inconscientes del gran placer que le regalan; sentir el ritmo de una respiración que se aquieta hasta casi quedarse dormida; liberar la sed de besos, el fuego de la posesión y el abandono, por ese supremo viaje hacia el pasado y el olvido, es lo que lo mantiene con vida. Con algo más de vida.

   Y quiere silencio, porque eso es de lo que está hecha su existencia. Y paga por sentir el roce de una piel que ya no es suya; y paga por el tacto que ya nadie busca en él; y le llaman raro y pervertido por saciar con la vista de sus dedos una belleza comprada, y por admirar con su olfato cada uno de los poros de la piel de otro, que le es ajena y que nunca gozará como una vez hizo.

   Cada mañana, a la una de la tarde, llega el raro, el pervertido, a buscar parte de su vida ida y recobrarla. Sin decir una palabra, sin buscar mayor solaz que la quietud del silencio tranquilo de un corazón que late a su demanda, hasta que se acaba el tiempo que el dinero aún puede comprar.

Una historia de amor/ A love story.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Lo que he visto/ What I've seen

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Español

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Samaín/ Samhain.

Arte/ Art, Lo que he visto/ What I've seen, Los días idos/ The days gone

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De la serie de TV La Bella y la Bestia (Beauty and the Beast), el capítulo correspondiente a Halloween, o Samhain como se dice en el mismo: Masques (1987). En la tradición celta, de la que esta tierra gallega está embebida y a la que pertenecemos en gran parte, Samaín tiene el mismo significado, el mismo rito, la misma esencia: el momento único en que la  pche y el día se envuelven en un abrazo aterro y hace aparecer lo que queda y lo que se fue.

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La Movida (serie).

El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen

   img_5462Una idea nacida para un proyecto de fin de carrera se está convirtiendo, poco a poco con la ayuda de mecenas anónimos (y otros no tanto) en una web-serie española que intenta reflejar problemas de hoy con cierta melancolía pasada que nos sirve de homenaje a un tiempo ido pero del cual somos deudores.

   De humor grueso pero a la vez alegre, con claras referencias ochentenas, hecho con una gran profesionalidad y una camaradería a prueba de bombas, La Movida (serie) poco a poco se va abriendo un hueco en YouTube y en todos los espacios 2.0.

   Un equipo estupendo, alegre y divertido t muy profesional, que intenta dejarse oír y evolucionar en el siempre difícil mundo de la creatividad audiovisual española.