Lo peor de todo es la luz: mágica nostalgia.

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9788416491292 Lo peor de todo es la luz es la nueva novela de José Luis Serrano para Editorial Egales. Una historia que navega entre las ilusiones perdidas, las esperanzas guardadas y la realidad, donde dos presentes fluyen hasta encontrarse y confundirse, un escritor que rememora y otro que sintetiza una historia de amor sin etiquetas, o que lucha contra las etiquetas que la sociedad (nosotros mismos) imponemos a las cosas.

Cuatro vidas, dos historias, dos personas y una ciudad en común: Bilbao, en verano y en otoño. Dos historias, dos personas que buscan respuestas a las preguntas de la vida: el hallazgo del amor, el hallazgo de la felicidad, su desgaste (o su pérdida) y la lucha, la lucha desgarradora entre hacer lo correcto o aquello que nos dicta el corazón.

El amor no debería dar tantos problemas. Pero los tiene. Sociales sin duda, pero sobre todo personales. El engranaje de sentimientos entre los seres humanos es tan complejo, que achispa la imaginación y sostiene mundos oníricos, intentando (casi siempre en vano) hacerse realidad. Koldo y Edorta son la cruz de la moneda de la que el propio autor es la cara amable, o el corazón pensante y sabio, que comprende y deja libre los destinos de los dos hombres cuya existencia le quita el sueño, o le transforma el sueño en realidades tangibles, tanto, que pudieron ser (y nadie sabe si lo fueron) verdaderos.

El amor entre dos hombres, que en la actualidad parece tener cierto lustro (¿cuándo dejará de ser algo llamativo?), no debería dar tantos problemas. Pero los tiene. Partiendo de la mera amistad hasta la verdadera camaradería, de la atracción sólo física hasta la entrega total, Lo peor de todo es la luz transcurre entre la nostalgia del tiempo ido y la severidad del destino con una placidez que esconde, en su poesía, un volcán en plena erupción. Nada más doloroso que no saber lo que se quiere, o, sabiéndolo, no poder conseguirlo o, sabiéndolo, dejarlo escapar para evitar males mayores que la propia muerte interior. Qué difíciles somos a veces los seres humanos.

En sus páginas se paladea un lenguaje mimado, buscado con intención; referencias culturales que nos sitúan en ambientes concretos en fechas precisas (los años ochenta; la actualidad; Bilbao como eje y referencia); y una cadencia que es casi poesía. José Luis Serrano consigue que la historia que intenta escribir y la que se recrea en la memoria de Edorta nos atrape; sus reflexiones, sus posturas sociales y morales (que casi vienen a ser lo mismo), su propia experiencia es transmitida de forma tan sentida y tan delicada que entendemos, literalmente, el conflicto que separa y une a dos hombres que se aman profundamente pero que se niegan a estar juntos, o no juntos como hubiésemos querido sus lectores, pues nada hay más desgarrador que renunciar por amor al amor, y vivir en la lejanía la vida que se pudo haber tenido y que nunca fue.

Esa es la magia de José Luis Serrano: a pesar del desgarrador presente de Edorta y Koldo, ni los disculpa ni los acusa, antes bien los entiende e intenta que nosotros también lo hagamos, y lo consigue, con ese lenguaje fluido, casi oceánico, entre la nostalgia y la racionalidad.

 Lo peor de todo es la luz que nos deja ver todo lo que somos, y nos ciega tanto, que nos impide aceptarnos tal cual somos. Sin duda.

El árbol: belleza indiscutible.

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9788415979975Hay libros brillantes. Pocos. Son como gemas raras, que se dejan caer a lo largo del gran año (parafraseando a Shakespeare) por eso las apreciamos mucho y las echamos de menos conforme pasan los días. El árbol, de John Fowles, es uno de ellos.

Siempre ha habido literatura de consumo, o lo que en cada presente se considera como tal (Don Juan Tenorio, como muchas otras obras de Zorrilla, se consideraba como tal en su tiempo, por ejemplo). Literatura que se publica y que se vende, de allí su importancia; hacen que el mercado se mueva, se enriquezca de una forma quizá punitiva para expresiones más arriesgadas o que vayan a contracorriente, pero necesarias para que continúe la sed por la lectura y su comprensión. Pues sólo leyendo se logra apreciar la belleza de las palabras escritas (que por ese eco de las cosas, ayuda a apreciar la belleza de la palabra hablada y de la compresión entre los seres humanos) y, con el tiempo, se sopesa entre lo efímero y lo eterno con poco margen de error.

Si por encima la edición del volumen a leer agrega su peso de belleza al texto escrito, la maravilla se hace total. Gracias a Editorial Impedimenta llega hasta nosotros esta pequeña obra maestra del ensayo, de los sentimientos, como es El árbol.

Mi conocimiento de la literatura anglosajona es más bien escaso (por lo demás, como casi toda mi cultura general, está basado en las filtraciones que mi gusto hace sobre las cosas del mundo); tal vez como reacción a su supremacía cultural, o, mejor dicho, a la sobreproducción que procede de un mundo con menos miedo, o con más ánimo de riesgo, por apostar por la cultura, cualquiera sea la expresión que adquiera la misma. De todas formas, lo dicho, sabía de John Fowles por La mujer del teniente francés, uno de los pocos casos que el cine me ha llevado a la literatura (La edad de la inocencia, Maurice o Las horas son otros ejemplos, casualmente -¿o no?- todos de origen anglosajón), y poco más, hasta tropezar con El árbol, una pequeña obra maestra del pensamiento, es decir de la poesía de las palabras hilvanadas con una precisión casi métrica y llena de una sinceridad indescriptible.

Toda la belleza de la Naturaleza, su defensa, sus aspiraciones y sus inspiraciones están dentro de El árbol. Como símbolo de lo bello, pero también de lo perdurable y de lo que hay en nuestro interior de sagrado, de ignoto, de salvaje. La contraposición que hace John Fowles entre la mentalidad cartesiana, que nos ha llevado a desgranar el mundo en pequeños fragmentos sin posible interrelación, con la observación juiciosa de su vida (y la de quienes le rodean, sobre todo su progenitor, cuyo peso específico se encuentra en la primera parte del relato) que le revela lo contrario, la eterna unión de todo lo vivo, hombres incluidos, está desgranada de manera virtuosa: llena de detalles, pero también de poesía, de cabezonería también y de elegancia. El alegato de John Fowles demuestra no sólo la madurez de un alma noble, si no que extiende esa bonhomía a todos los seres humanos, incluso a sus excepciones, que las hay, como en toda obra de la Naturaleza.

Emparentado con la filosofía que también describe en sus obras Thomas Moore, una cierta reverencia a lo oculto, a lo que desconocemos; una cierta reticencia a no dejarse atrapar por las garras de la estadística, El árbol es un alegato a la Naturaleza, a la belleza de la vida, y una profunda reflexión personal, tan sincera y delicada, tan dulce y a la vez recia, que deja un aroma insistente, como el perfume permanece entrelazado en la piel, tiempo después de su lectura.

Una pequeña obra maestra, una prosa libre, poética y sin embargo profunda y ligera, El árbol es un libro de una belleza indiscutible.

Los lugares pequeños de Paco Tomás.

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LosLugaresPequeñosLos lugares pequeños es la primera novela del periodista Paco Tomás. Mi primer acercamiento al estilo directo de universos interiores, casi de escalpelo, de Paco Tomás fue sin embargo el relato con el que contribuyó en el libro de Editorial Dos Bigotes: El cielo en movimiento. Allí, gracias a Bell Fruit Gum, pude acercarme, con esa sensación de asomarse a un precipicio, al estilo duro, sin anestesia, pero también sin rencor ni dobleces, de la prosa de Paco Tomás. Aunque el relato es posterior a la publicación de Los lugares pequeños, es una buena forma de tomar contacto, de paladear ese estilo sistémico, único, refrendado casi hasta la obsesión, en el que la náusea camina de la mano con la templanza y cuyo espacio para la ternura se haya limitado, encarcelado más bien, en la sabia comprensión (más que aceptación) de las debilidades de los seres humanos, incluso quizá de sus perversiones (y puede que nos preguntemos quién etiqueta una cosa o la otra y si en el fondo no son más que expresiones de la propia naturaleza humana, libres de juicio de valores) y de las luchas que libramos en ese constante cuadrilátero que llamamos vida que se vive.

 Los lugares pequeños no es un relato fácil. No lo es porque su protagonista no está construido, ni siquiera se nos muestra, para caer bien. Antes lo contrario, juega con una sinceridad que en el fondo no es más que una capa más de las mentiras con las que jugamos a estar en el mundo; pero expresada con una desnudez tal, que acabamos siguiendo su periplo vital con una mezcla de aceptación, tristeza y vívida curiosidad.

Paco Tomás escribe desde la cultura pop. O lo que así llaman algunos al movimiento cultural que construimos desde hace medio siglo (puede que un poquito más).  Y  lo hace con un dominio desbordante, con una referencia quizá demasiado constante, y sobre todo con una sinceridad que desenmascara todo proceso de idealización de personaje y relato. Paco Tomás nos toma de la mano desde la primera línea y no nos suelta, ni siquiera nos da un respiro, en ese viaje hacia el interior (o desde el interior al exterior, en una espiral sin comienzo ni final) de un protagonista que siente una desconexión total de su vida, o de la vida, a la que sin embargo se aferra confeccionando collages y viendo, a través de sus ojos y de sus pensamientos, como ese espectador ajeno pero muy implicado, con escayola en una pierna, lo hace a través de una ventana indiscreta.Paco-Tomás

El universo de Los lugares pequeños es similar al espacio radiofónico que su autor presenta en Radio Nacional Radio 5: Wisteria Lane. Como soy poco oyente de radio (y poco visualizador de televisión), lo he escuchado alguna vez, pero no lo bastante como para no haberme sorprendido su prosa una vez me introduje, más que en Bell Fruit Gum, en Los lugares pequeños. Esa prosa directa, dolorosa, libre de cadencia pero llena de sabiduría poética (esas reflexiones lapidarias son las de la vida, y dignas de relatos de mayor calado, que nos revela un autor que piensa, y que expresa lo que piensa, sin pudor alguno, pues la verdad desnuda no necesita de adornos para ser expuesta y apreciada) lleva el signo del autor, su forma de ver la vida, su forma de expresarse, pero también sus decepciones y, más que todo eso, el material con que están construidos sus silencios.

Los lugares pequeños se alza a sí como un libro que purga las veleidades de un ser humano, esos sueños que nunca se harán realidad; todavía más: comprueba, una y otra vez, que la posición moral en la que nos encontramos no es más que un espejismo, pues la vida misma así lo parece, y que nada es más grande que el espacio que ocupamos en el mundo, ni siquiera la sombra que proyectamos al morir la tarde. Hay en Los lugares pequeños mucho de decepción hacia la vida, o mejor, hacia los sueños con los que adornamos nuestra propia vida, que no deja indiferente a su lector.

El cielo en movimiento: pongamos que hablo de Madrid.

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Joaquín Sabina. Pongamos que hablo de Madrid.

El cielo en movimiento es la nueva propuesta de  Editorial Dos Bigotes. Me gusta que cada vez haya más hueco para editoriales pequeñas que desean y consiguen editar libros bellos, llenos de sentimiento y gusto por la lectura. Cierto que el mercado para posibles autores sigue siendo, si cabe, aún más restrictivo, pero estas editoriales inyectan oxígeno, originalidad y belleza al mundo de la la tinta y el papel.

 El cielo en movimiento quiere servir de retrato de Madrid. Una ciudad que, entre sus páginas, parece despertar de un largo reposo escocida, quizá algo amarga, rabiosa y excluyente. Desde la década de 1980 hasta la actualidad, dibuja una ciudad desbordante y desbordada, locuaz, zalamera, abierta, valiente y enfermiza, vitalista, llena de contrastes y siempre, siempre fascinante.

En treinta narraciones de los más variopintos autores, desde el que fuera alcalde de la ciudad don Enrique Tierno Galván hasta Iñaki Echarte Vidarte; desde Luis Cremades a Fernando J. López; desde Luis Eduardo Aute a Pedro Almodóvar, desde Leopoldo Alas hasta José Luis Serrano, todas las miradas de Madrid hacia Madrid derivan de un mismo polo, de un mismo hilo conductor: de la ciudad de Tierno Galván a la de Manuela Carmena, por donde respiraron también Álvarez del Manzano, Esperanza Aguirre, Ruíz Gallardón y Ana Botella (quizá la que más heridas produjo a ese corazón multicolor que se mueve en el cielo de Madrid), el cambio político parecer traer una especie de renacer, de despertar de un cierto estado de coma, no muy real, que muchos de estos autores describen, entre rabia mal contenida y quizá un poco de desazón innecesaria y que hacen que se resienta un poco la lectura de textos poderosos, llenos de una melancolía difícil de obviar y, también, de una clarividencia desarmante. Ni es posible que el espíritu de una ciudad que es pura apertura pese a todo, haya quedado entumecida con el paso del tiempo, ni que el paso del tiempo no deje huellas no tanto en la vida de la ciudad, si no en todos aquellos que la sueñan, con tanto amor y fruición a la vez.

Madrid deseada y admirada, odiada hasta la náusea pero siempre presente, como ese amor único que nos hiere pero nos da la vida, ese nido donde se nace, se pace, se goza y se olvida, un mundo dentro de un barrio, un barrio que es un mundo, una mente que piensa, una boca que besa y un corazón que late. Todo esto es El cielo en movimiento.

Versos, prosa, cómics, muchas de las expresiones gráficas conforman este precioso libro de Dos Bigotes. La edición está hecha con mimo, lo mismo que los textos y las imágenes editadas. Como un poemario o las hojas de un diario, sus autores nos abren el cofre de sus recuerdos, a veces su propio corazón, su historia, sus temores y sus rencores, sin dejarse nada en el tintero, vaciándose de sangre y tinta entremezclados.

El Madrid de El cielo en movimiento es el de la Movida, pero también el de los tiempos del Sida, el de la represión franquista y las desigualdades. El Madrid de El cielo en movimiento es el de los descubrimientos, las libertades, los encuentros y los desengaños; la droga, la prostitución, los amaneceres y los ocasos, el asfalto, la alegría, la duda, la tristeza y la melancolía. Todo eso es Madrid, no importa el barrio, no importa el género, no importa el origen ni el destino de cada reivindicación, de cada vida. Bajo el cielo de Madrid todos los colores se dan cita, todos los destinos, todos los gustos y los disgustos, el calor arrebatador y el frío congelante, la primavera gozosa y el otoño fugaz. El cielo en movimiento es un canto a lo diverso, a la rabia, al desengaño, pero por encima de todo, al amor, a la vida en la ciudad más cosmopolita de Europa, es decir del mundo: Berlín es maravillosa, Londres prestidigitadora, París muy chic, Tokio quizá demasiado excéntrica, Nueva York un volcán, lo que quieran. Pero ninguna ha sido ni será tan rabiosamente libre como Madrid, tan deseada y desdeñada y si embargo tan bella y tan chula, con ese cielo velazqueño, con esos palacios hechos para impresionar; su Gran Vía, arteria eterna siempre en movimiento; su Retiro inmenso, su Paseo del Prado, su Plaza Mayor y su Palacio de Oriente, su río perezoso, las verdes calles que se doran en otoño, y la inmensa masa humana que la habita, que la hace única, absorbente, envolvente y mágica.

Por todo esto, en el caleidoscopio de El cielo en movimiento, las palabras que resuenan en el bando de don Enrique Tierno Galván laten como el corazón de Madrid. Alberto Marcos nos retrata la eclosión de la Movida, y el valor de la que fuera quizá su primer víctima. Luis Cremades, con su prosa fluida y su experiencia única, analiza lo que este libro encierra: la evolución de una ciudad y de los sentidos y sentimientos de los habitantes de la misma, las expectativas no todas cumplidas, y las heridas que van quedando tras ellas. Paco Tomás nos describe el Madrid más actual, y nos demuestra que los usos, las costumbres, los gustos y la educación cambian de estilo pero nunca de corazón; todo puede gustar y en el fondo todo es despreciable. Fernando J. López retrata, en su guión, quizá una de las historias más dulces del compendio, mientras que Iñaki Echarte Vidarte abre su corazón de poeta para derramar, sin pudor alguno, el cuerpo de su alma al desnudo, su búsqueda infinita, su eterno deambular. Todos son una faceta de Madrid, ciudad poliédrica, ciudad por siempre libre, ciudad que ha sido para todos un trocito de música, un trocito de cielo. De cielo en movimiento. Leopoldo Alas (ya Luis Cremades se encargó de que le descubriera con gusto) despliega una vis cómica llena de ironía y autoparodia tan sana y que quizá la falte a muchos otros cuyas líneas se leen algo envaradas y demasiado comprometidas en un presente donde las ideologías sólo se resumen en el Hombre; José Luis Serrano hunde su pluma en la melancolía del tiempo ido, ese que nos hace recordar lo que quizá no fue así, o que no fue lo que una vez quisimos que fuese. Y Ana Curra, Carla Berrocal, Ariadna G. García y Alicia Ramos aportan, con un punto reivindicativo, el mundo femenino, el toque de lo que acoge, de lo que sostiene, lo que alimenta: las arterias de Madrid, las lágrimas, los fluidos y la carne que se expone (y es expuesta) a la intemperie.

El cielo en movimiento es esa evolución generacional, ese trasvase de tiempo que vivimos en general apenas sin notarlo hasta que nos vemos en el reflejo de un espejo en una calle cualquiera, en el baño de un bar o en el armario de un cuarto sin nombre.

 El cielo en movimiento: pongamos que hablamos de Madrid.

 

Caniche Editorial: recién hecho/ Caniche Editorial: Ready-Made.

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10164605_300x300Caniche Editorial es la nueva aventura ideada por Ernesto Miralta y Carlos Copertone con ladea de aunar el universo literario con el del resto de artes plásticas; acercar textos-arte en libros-joya llenos de belleza integrando en un mismo acto la lectura, la textura, el brillo, la transparencia y el reflejo.

Caniche Editorial nace con la intención de englobar la labor artística, de interaccionar lectura y lector, texto y soporte con ánimo lúdico, educativo y bello. Es difícil en la actualidad encontrar propuestas que aglutinen lo bello con lo práctico y mucho menos lo bello con lo cotidiano, acercando la gran fortuna de ese juego único que sólo pueden gozar algunos en su biblioteca y todos nosotros en salas de museos o de exposiciones.

Ready-Made, primer poemario publicado de Mateo Navarro ha sido el primer volumen escogido por la editorial para estrenar su propuesta. Lleno de luz con sus tintes plateados y de reflejos donde los versos se superponen al esfuerzo del lector, de transparencias en hojas de papel cebolla, y de ritmo y musicalidad, Ready-Made se erige como algo novedoso, más allá de su ritmicidad y temática poética, asentando las bases de lo que los editores buscan con Caniche.

La poesía de Mateo Navarro semeja en evolución, como la misma editorial, parte de intenciones elevadas y lenguaje rico y referencial, lleno de ecos y de búsquedas que se afinarán sin duda en la maduración del escritor como poeta y como hombre. El exceso y el sentimiento forman parte de Ready-Made, imagen especular de un mundo que escapa a borbotones por la garganta del poeta. El juego de espejos, de rasgados de página, de juego a fin de cuentas, nos envuelven en el ritmo premeditado de los versos y muchas veces encierran sus intenciones y lo reflejan.

Edición y poemario se hacen uno, idea que quiere llevar Caniche Editores hacia nuestras vidas: todo es posible, dentro de las dimensiones del arte, para alcanzar una experiencia completa, jugando con las expresiones artísticas, y el ánimo de los lectores.

No me dejes (Ne me quitte pas).

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OriginalPhoto-467051585.823095No me dejes es la quinta novela de Màxim Huerta. Su quinto regalo, una quinta sorpresa bellamente editada. Y cuentan que no hay quinto malo. Pues hay quinto un tanto distinto. Es Màxim Huerta en esplendor, París retratada con un amor pocas veces destilado en una novela, y esa búsqueda de la felicidad entre lágrimas del que es casi un maestro. Pero es más. Es una novela de evolución, de riesgos, donde abandona la comodidad del escritor narrativo para jugar con el lector, para hacerle partícipe de la historia, para que sufra y se emocione y se enternezca y juegue el mismo juego que la vida de sus personajes, regalando además pinceladas de homenaje a una de sus mentoras, introduciendo un personaje élfico, lírico, travieso, que se adivina ya en la dedicatoria y en las frases con las que se inicia el relato, especie de hada madrina o de Mary Poppins, pillastra y encantadora.

No me dejes es una historia de infelicidad brillante, o de felicidad oscura, como más nos guste. Porque la vida no es nunca en blanco y negro. Es amarga y dulce, adolorida y significante, trivial y llena de coincidencias. Es la historia de Violeta más que de Paulina; es la historia de Éttiene más que de Dominque, de Tilde más que de Mercedes, y sin embargo todos tienen un peso específico y un motivo y sirven de puentes de unión y de separación, de acogida y de despedida a los que nos tiene tan acostumbrados el autor, pero llevado aquí con una maestría de una pluma que fluye suave, directa, casi sin tropiezos.

Es una novela trampa, porque nos da mucho sin regalarnos nada. Hay múltiples referencias culturales que nos permiten fijarnos, quizá de más, en las situaciones, en los estados de ánimo e incluso nos dan pistas sobre le futuro de cada personaje. Pero la sorpresa estalla pasada las primeras páginas. Cada oración está preñada de magia y de amor, amor por la música, el cine, la literatura y las flores, las flores que cobran vida y magia y son, quizá, el personaje más vivo, más tierno, más mágico, más presente. Porque No me dejes es una selva de flores, un mundo de pétalos, de movimientos, de olores. París huele a flores, y el corazón de cada uno de sus protagonistas también. Hay un lazo de unión entre la Naturaleza vegetal y la Naturaleza humana que hermana las lágrimas, las alegrías, las angustias y los pormenores de cada uno y los justifica. Ellos están ahí por la flores, y las flores, ese regalo maravilloso, los unen por siempre. Cinco almas perdidas que se encuentran en el tejido del destino, y ese destino está sembrado de pétalos fragantes y de quimeras, de heridas a medio cerrar, de miedo y de esperanzas.

Porque la vida es así: sonrisas entre lágrimas, miedo ante lo desconocido y valentía para seguir adelante, decepciones de acantilado y alegrías de mundo y medio, y el espíritu vigilante que nos guía a todos, con esa sutileza de la coincidencia, hacia nuestro último destino, que si bien no es el soñado, es finalmente el ideal, el mejor que pudiera ser jamás.12118634_1009768635740774_2544727295712119222_n

Màxim Huerta rompe los moldes de la narración actual, dibujando un relato donde juegan todos: los personajes, el autor y los mismos lectores. Con apuntes de director de escena, el espíritu de Paulina va modificando las piezas de la vida de cada uno; el escritor pule los espacios y Violeta y Mercedes, Tilde y Dominque y Éttiene buscan en sus corazones, descubren y reaccionan a lo que la vida les regala y les quita, famélicos y desesperados, pero nunca desesperanzados, hasta encontrar cada uno su lugar en la vida de los otros, y por tanto en la eternidad.

La vida puede que merezca no ser contada. Hay pocos hombres que puedan interesarnos. Pero todo está en el cristal con que se mire o en la tinta con la que se escriba. La de Màxim Huerta se tiñe de los colores de París; se llena de pequeños detalles de alondra, y hace de cinco vidas insignificantes un mapamundi de emociones y de encuentros, de decisiones e ilusiones que nos conmueven y nos descolocan a la vez, igual que la vida misma. Todas las historias merecen ser contadas, aunque quizá algunas más que otras.

En No me dejes hay momentos de soledad dolorosa, y de risas entre lágrimas, y de olores a ciudad húmeda, a nieve amontonada y a miedos y a fracasos. Y aún así, también a café recién hecho, a lluvia que cae, a otoño, a invierno y a primavera. Y a indiferencia también, y a joven y a viejo.

Hay algo en No me dejes que queda impregnado en la piel, en el corazón. Y quizá sea ese retrato de la infelicidad, ese encuentro de dos olas tan distintas como la tristeza y la felicidad que se reconocen, se tantean y finalmente se hermanan. Hay mucho de vida vivida en esas páginas. Y no es perfecta, porque la vida, a fin de cuentas, tampoco lo es, o no como queremos que sea, o como sencillamente ella es. No me dejes, miedo y fracaso, pero también alegría y aceptación, encuentros y pérdidas… Y flores, y puro amor. Que no amor puro ni amor ciego, si no sencillo amor.

Oliver Sacks: En movimiento/ Oliver Sacks: On the Move.

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Oliver-Sacks-HBR-Cover2El Dr. Oliver Sacks ha sido un persona afortunada. No sé si él se vería de esta manera, pues un espíritu sabio y libre en línea generales no se reconoce como tal hasta que el largo viaje de la Vida se hace lo bastante transparente como para verse reflejado en las cosas que han ocurrido, en las reacciones que ha tenido, usualmente también en lo que ha hecho,  finalmente en el resumen de sentimientos que ha sentido y, por lo general, se asombra por un instante y después lo deja correr: todo esto y más está escrito en On The Move.

De los hechos y maravillas que el Dr. Sacks ha realizado durante su dilatada y fructífera vida, hay mucho publicado. Yo lo hubiese llamado, en la forma más respetuosa y cariñosa posible, Dr. Ollie o Dr. Maravillas quizá, por su asombrosa inteligencia, sus ojos luminosos, su aspecto de gigante de cuento y su corazón de oro. Y lo hubiese llamado así como médico, como persona, como amante de todo el mundo científico (desde el estudio de los elementos químicos hasta la biología, desde la física más elemental hasta los niveles cuánticos y subatómicos del universo) y del Arte (su amor por la música, su perpetua entrega a la literatura, su romántica visión de la pintura y el dibujo), por su prosa profusa, su voz grave y su andar de pato mareado y enérgico. No pretendo, en estas líneas, alcanzar tal estado de homenaje ni tales fronteras de elegía. Pero se los merece, por su fragilidad y su energía, por su forma de ser y su valentía.

On the Move es su historia, al menos el retrato apasionado y libre de su propia vida; un ejercicio de modestia sin límite y, sobre todo, de desnudez integral, que traspasa cualquier frontera de lo posible, mostrándose frágil, único y sobre todo, o más que nunca, verdaderamente libre. En sus páginas fluyen su vida familiar, sus años de formación, su vida muelle, su amor por el cuerpo masculino (que lo llevó al culturismo y a proezas de fuerza física increíbles en su época), sus adicciones, que las tuvo; sus accidentes, sus dudas, sus aciertos y sus errores; en esas páginas Oliver Sacks se desnuda como nunca, y se cubre como nunca de asombro y de ingenuidad, de ternura y de una pureza que traspasa los límites de las palabras y toca los corazones y las almas.Oliver Sacks

Oliver Stacks era un hombre puro corazón. Corazón con riendas tensas, pues temía ser desbocado; corazón que se desbordaba en la práctica de la Medicina; corazón dudoso; corazón inhibido; corazón angustiado y, finalmente, corazón liberado. Oliver Sacks, que se prohibió a sí mismo amar, fue un hombre que amó más allá de los límites del cuerpo, y que se halló liberado de todo pesar y de todo sentimiento de incapacidad al final del camino.

On the Move es la historia de un hombre que, temiendo una vida efímera y encallada, siempre estuvo en movimiento, en esa eterna búsqueda que a todos nos define y que nos lleva, dando tumbos en una dirección u otra, hasta que hallamos el verdadero camino, nuestro lugar en el mundo.

Oliver Sacks fue un hombre de despertares, de descubrimientos, de búsqueda. Buscó siempre el conocimiento, el porqué de las cosas, la explicación que une la fisiología con la conciencia, el puente que enlaza la vida consciente con la actividad molecular de estar vivo, despierto. Toda su vida médica estuvo dedicada a la investigación de la conciencia a pie de cama, en las trincheras como yo llamo a la actividad del servicio al paciente; quiso saber, y consiguió entender, con su vasto conocimiento de historia de la Medicina, que la Medicina no es un ente cristalizado, que lo que sabemos hoy no son más que señales de un camino mucho más vasto, que aquello que consideramos inmutable es en realidad una maraña más complicada (y a la vez más simple) de lo que pensamos, y que el milagro de la Vida está unido a los materiales de la tabla periódica tanto como a las estructuras cerebrales, a la historia de nuestro pasado y a la respuesta que creamos en el momento presente en el que nos encontramos.

En On the Move asistimos a ese darse cuenta, a ese hallazgo tan sencillo que hace que todo encaje: lo que fuimos, lo que hicimos, lo que sentimos y lo que somos, incluso lo que padecemos y cómo lo hacemos. Un hombre dedicado más de cincuenta años al estudio de los efectos de la Enfermedad sobre el individuo, de los efectos de un tratamiento sobre la vida de un paciente; vivió sus propias enfermedades desde esta dicotomía tan suya, y nos dejó legajos de pensamiento y de sentimientos únicos en donde somos al mismo tiempo médicos y pacientes, sufridores y sanadores, pero nunca dejamos de ser individuos, es decir, seres humanos.

Oliver Sacks es un hombre de defectos; de gran corazón; de manías, de inhibiciones. Pero en On the Move nos muestra cómo cada una de las etapas vitales sólo sirven para la purificación del pensamiento, para la entrega total de cuerpo y alma a lo más grande que tiene un ser humano: el Servicio a los demás, y el permiso a perdonarse a sí mismo, es decir, a la capacidad de ser libres.

BN-IE922_bkrvsa_J_20150501120651Cada capitulo de On the Move está lleno de idas y venidas, de marchas atrás, de idas hacia adelante; parecen ideas sueltas que sin embargo llevan cosidas a su vera un hilo común, y es el del descubrimiento, modestísimo, de una vida grande, de un individuo único y voluntarioso, inteligente, brillante más bien, pero por sobre todo trabajador constante, que descubrió su fin último, su motivo de vida, una vez se liberó de todas las taras que lo ataban a lo mundano, una vez que tocó la toba eterna.

Oliver Sacks, el Dr. Sacks, había nacido para escribir. No para unir Ciencia y reflexión mundana, no para acercar la naturaleza íntima de la actividad médica y las Enfermedades que nos afectan al gran público, si no para ser un gran escritor. Y su lucha en contra, o al menos, no a favor de reconocerse como tal, lo llevó a infinidad de triunfos mundanos (por lo demás vividos con extrema cortesía y con una bonhomía inigualables), a reconocimientos y homenajes, pero sobre todo, le dio vía libre pare reconocerse merecedor de amar y de ser amado, de ser apreciado y de ser realmente lo que hubo soñado desde que era niño: un verdadero escritor.

No hay nada de ficción en la extensa obra de Oliver Sacks. Ni falta que le hace. Él narra la Vida, que ya está llena de desgracias y de humor repartidos a partes iguales. Lo que hace de On the Move la joya que me ha apasionado, es que es su vida, su propio periplo, el que contiene cada gota de pasión, de desconcierto, de descubrimiento y de alegría, de errores y de fracasos, de brillante inteligencia y de delicada cortesía, que lo hacen un gran hombre, un hombre digno de ser conocido, y por sobre todas las cosas, querido.

Escrito a las puertas mismas de la muerte, On the Move es un libro de esperanzas, de verdades encontradas y sobre todo, por encima de todo, de libertad. No lo sabemos, no lo imaginamos hasta la última página, hasta la última referencia escrita, hasta que descubrimos que, ya en el final de su vida, abre su corazón, abre su alma al amor y se abandona, como el niño que nunca ha dejado de ser, a la belleza de ser amado, de sentirse encandilado por ese pequeño milagro que a sus ojos se hace inmenso, y por la perplejidad de reconocer que ha conseguido, sin saberlo ni esperarlo, lo que siempre había anhelado ser: un gran escritor.

Siempre cambiante, Dr. Sacks. Siempre en movimiento, querido Ink, ahora más en la muerte. Y gracias por todo.