¿Dónde estás, corazón?/ Where are you, love?

El mar interior/ The sea inside

¿Dónde estás, corazón, que solo me has dejado?

***

Te extraño, pero más extraño a ése que fui mientras a mi lado estabas.

***

Me llamaste egoísta porque no te quería como tú a mí.

Estabas equivocado, lo sé.

Pero de nada me vale decirlo ahora.

***

Porque ya no estás.

***

¿Dónde estás, corazón?

Te quise tanto, te quiero tanto, que nunca me has creído.

***

No te he mentido. Pero no me has creído.

Te he querido. Pero no me has hecho caso.

Me has encerrado en tu duda y, de tan preso, no me has dejado otra salida.

Otra salida que tu abandono.

***

¿De qué me ha servido amarte tanto?

A estar solo. Sin ti.

Sin ti

***

Quisiera llorar, pero hasta el llanto te lo has llevado.

Quisera gritar, pero me has dejado sin voz.

Sólo me queda estar solo, con la música de mi corazón latiendo por ti.

***

¿Dónde estás, corazón?

Limpiando las heridas que te hice.

Cosiendo el hambre de compresión que te regalé.

Lejos de mí y tan cerca de ti, que me cela esa cercanía.

***

¿Dónde estás, corazón?

Lejos de mí.

Tan lejos, que sólo oigo el latir de mi corazón.

***

¡Oh, corazón! ¿Dónde estás? ¿Dónde?

***

Y, ¿por qué?

Un corto, por favor/ A Shortfilm, please.

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside

Primera aventura en el mundo de los cortos del fotógrafo y surfista Daniel Almeida, en el que podemos disfrutar de su aprecio por la belleza natural, por el surf obviamente, y un rendido homenaje al ermita de Camelle, que siguió un impulso y consiguió una vida.

First short-film of photographer and surfer Daniel Almeida. We can enjoy his passion for wild-life, surf and, like a little secret, the beauty of Camelle,  one man’s dream that transformed into one man’s life.

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Algo pequeñito/ Small Thing.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Al niño pequeñito, apenas un año, de la foto, quisiera decirle lo mágica que será su vida, la suerte dispareja de la que disfrutará; todo lo bello que verá; el dolor que sufrirá e infligirá queriendo o sin querer; los cambios que vivirá, en el mundo y en sí mismo; las luchas que librará, las batallas que perderá y la eterna oportunidad que tendrá de ponerse de nuevo en pie.

Me gustaría decirle que será cabezota, que será muy competitivo y que perderá esa pulsión una vez se dé cuenta que es, en todo, igual que los demás; que no logrará grandes sueños y que su vida será algo pequeñito, mucho más de lo que una vez soñará. Que amará sin ser correspondido; que estará solo; que será por siempre lo que ha sido, pero moldeado por las fuerzas telúricas del día a día.

A ese niño con la mirada melancólica y triste, impensable sólo con un añito, le contaría las sorpresas desagradables de su historia, los encuentros importunos con gentes de pobre espíritu que, pese a todo, despertarán en él primero rabia, después tristeza y, finalmente, compasión; le diría lo mucho que reirá a pesar de lo gris que será su futuro, y que, sin embargo gracias a ese sencillo milagro, será un hombre feliz y agradecido; y que aprenderá a ver su vida y la de los demás a través de los ojos del alma, encontrando finalmente en todo lo que le rodea, momentos y personas por las que vale la pena vivir su vida.

Le contaría que tendrá mal carácter cuando lo molestan, aunque a pesar de todo será fácil vivir con él; le diría que crecerá mucho más de lo que le dirán una y otra vez, y que su pelo se tostará al sol de la costa a los dieciocho años. Que no le querrá ninguna niña en el colegio, porque irá por delante en sus estudios y todas le quedarán grandes. Que su pasión por el Arte se perderá no sabrá en dónde, y su Norte también, y sus ganas de porvenir. Y sin embargo vivirá rodeado de amor ajeno, rodeado de cariño sorprendente y sorpresivo, del que nunca estará lo suficientemente agradecido.

Ese niño se dará cuenta de lo afortunado que será siempre; tendrá una salud de hierro; verá el mundo a través de unos ojos muy miopes, por lo cual las barreras y los límites que los demás imponen nunca los verá con nitidez; buscará una felicidad fuera de sí mismo porque llegará a odiarse, pues no será guapo, ni particularmente simpático ni extraordinariamente inteligente, ni astutamente sagaz. Y, sin embargo, me gustaría decirle que, pese a todo, será un hombre feliz, porque podrá darse cuenta de muchos secretos humanos, y porque en el fondo de sí mismo encontrará una paz que sólo Dios podrá darle, y aceptará con el paso del tiempo que todos los hombres son volubles, inestables, egoístas y, en las condiciones apropiadas, hasta sinceros.

Deseará lo que no podrá obtener y obtendrá todo lo que soñará paulatinamente, cuando se dé cuenta que no lo necesita para ser él mismo, ni más feliz ni más importante ni mejor persona de lo que ya es, ya es siendo así de grande, algo tan pequeñito como un bebé de un añito.

Me gustaría decirle que necesitará cuarenta años para aceptar alegremente que así es su vida; que siendo imperfecta, es su vida y lo mejor que ha podido ser, y que aún tendrá tiempo para vivir el tiempo de todo aquello que su visión recortada no le enseñará hasta entonces, y que vivirá rodeado de tanto amor, lejano y cercano, de tantas personas que lo querrán por y para algo y porque sí, que nunca tendrá la capacidad adecuada para agradecer ese milagro que significará estar en sus zapatos día tras día.

Será un buen hombre; algo huraño y serio, pero muy risueño y ruidoso, con una risa casi escandalosa pero tremendamente sincera. Mirará por lentes potentes, y por lentillas que le descubrirán un mundo de perfección arrebatada. Podrá viajar, casi siempre a los mismos lugares, algo que no le importará gran cosa, y tendrá la oportunidad de contemplar las maravillas de los hombres y la maravilla de los demás siendo lo que son.

En el fondo se arrepentirá de pocas cosas; del dolor que podrá causar; de las palabrotas que su orgullo dirá y que se diluirá con sus propios límites en el avance sin tregua por el tiempo humano. Buscará con miedo nuevas experiencias, y reculará de aquellas que le hacen sufrir. Vivirá momentos de desesperación y de lucha, lucha inconsciente porque será tan diferente que aún en el futuro le costará aceptar que es bueno serlo, y que no está de más que lo sepa; le avergonzará no ser brillante, ni divertido, ni dotado para los juegos ni los deportes. Pasará horas interminables dibujando ilusiones; haciendo que duerme la siesta mirando fotos de obras de arte, leyendo relatos o soñando despierto; mientras afuera el mundo girará a una velocidad tal, que él casi no lo percibirá nunca. 

No soportará el dolor ajeno; será recio y duro, con el corazón de acero y seda; tendrá unas manos delgadas con dedos largos y delicados, pero llenas de una torpeza fuera de este mundo y de una fuerza que ignorará por siempre. Podrá vivr sin sentirse asediado por la culpa paterna ni las angustias freudianas; se sentirá libre gracias a una fe que en él dilapidará fronteras, credos y religiones; se sentirá protegido y mimado, y casi por eso invencible; y se dará cuenta, con el paso del tiempo que no se detiene, que no será más que nadie, y vivirá muy feliz con ello.

A ese niño al que sostienen me gustaría decirle que siempre tendrá una mano que le ayudará, una sonrisa que lo animará, y un hogar al que pertenecerá de por vida. Echará de menos el mar que lo verá crecer, pero vivirá rodeado de la belleza verde y azul y gozará de la quietud del campo, de la sinfonía del atardecer; verá la procesión de la luna plateada, el eterno brillar de las estrellas, y contemplará el nacimiento del sol una y otra vez, con la misma alegría que sentirá al descubrir la armonía y la belleza que le rodeará siempre.

Será un hombre especial porque, sin saberlo si quiera, será muy querido; sin hacer gran cosa, cada día descubrirá que lo valorarán quizá en exceso, que lo apoyarán en silencio y lo admirarán en la distancia sin haber conseguido, en su mirada miope, nada que lo distinga de nadie a su alrededor.

Tendrá problemas e inestabilidad, y amará las causas perdidas; pero sabrá sobreponerse a todo y aprenderá, mal que le pese, que puede ser rencoroso y dejado, desmañado y ojerizo, orgulloso y petardo, pero encantador y gracioso, y sincero y leal. Amará con una ceguera enfermiza; olvidará con un empeño envidiable, y dejará todo atrás con una impresión errónea de salir ileso, sin heridas.

Tendrá una memoria asombrosa, memoria evocadora que todo lo recuerda y refleja gracias a una imagen, una frase o una melodía. Cerrará los ojos y podrá pintar el mundo como una vez fue y hasta recitará versos interminables y frases inconsecuentes y vacuas; se perderá pocas veces; tenaz, se cansará pocas veces; y temerá mucho, pero aprenderá lentamente a dejar atrás esos miedos como capas y capas de una cebolla que se deshace al arrullo del viento.

Querrá hacer muchas cosas, pero la vida le enseñará que sólo logrará unas pocas, y quizá algún día aprenderá que será feliz sólo con eso. Y descubrirá que, a pesar de sus desastres, de su torpeza, de su nula capacidad de brillar, será muy querido, muy requerido, muy arropado y muy admirado, y nunca, nunca sabrá el por qué.

Pero estará eternamente agradecido por ello.

Y me gustaría decirle, a ese niño de un añito, algo pequeñito que descubrirá treinta y nueve años después, gracias a la magia de un hombre que sabrá mirar a través de sí mismo  (ese maravilloso hombre será el fotógrafo del alma: Izak Amancio.) Esa mirada de la foto, esos ojos grandes, de un verde oliva y miel, que miran con una tristeza enorme y una melancolía de mundo y medio… Persistirá a través del tiempo, a través de las heridas y los avatares de la vida,  y llegará a su presente intacta, exacta, idéntica y maravillada…, única y, en el fondo, tranquila y feliz.

A ese niñito me gustaría decirle, cuando cumpla cuarenta años, que su mirada será el reflejo de su vida, y que esa vida, pese a todo y gracias a todos, será feliz.

Foto a color por Izak Amancio.

El camino del amor/ The Way of Love.

El mar interior/ The sea inside

…a Piernas de Alambre, por abandonarme.

Sabía que serías peligroso para mi corazón. Lo sabía. Hasta ese momento mi mente podía más que mi corazón y me mantenía a salvo, a flote y alejado de cualquier error. Porque el amor es un error cuando no es correspondido, cuando el objeto amado no es más que un espejismo de nuestros sueños y cuando una sonrisa pasajera, una mirada intensa y una voz aterciopelada aterriza en nuestra vida para desbaratarla por completo.

Pero el camino del corazón es tortuoso y no gusta de atajos. O eso dicen. Porque mi amor por ti atravesó todas las barreras, todos los prejuicios, todos los bienes razonados. Era un error, estaba mal, no eras para mí…Tonterías. Mi corazón salió desprendido de mi boca y te lamió la cara, te comió el pecho y  me dejó sediento de tu sudor, hambriento de tu olor y mudo de sentidos vacíos. Porque cuando entré en el camino del amor, un momento de ceguera pasajera, un arrebato sin control se apoderó de mí, y corrí como un poseso y me detuve en tu cuerpo asiéndome a él con una intensa ansiedad arrebatada e idiota.

El amor nos hace imbéciles. Y el amor no correspondido nos obliga a naufragar por los médanos de la indiferencia, por las rocallas de la ingratitud y lo obvio, por el camino sin retorno de lo que nunca será.

Cuando vi tus ojos de miel y desierto, tu sonrisa de ángel caído y esos brazos afilados y morenos, atravesé el puente sin retorno del amor y contemplé cómo esas llamas heladas lamían sus bases y destruían mi seguridad. Tú me sonreíste como se le ríe a un tonto, y el amor que encendiste en mi pecho desbarató mis temores, congeló mis razones y me dejó solo, abandonado a tu merced, una voluntad de títere en unas manos de indiferencia.

Pues así es el camino del amor no correspondido, ése al que arrojé mis sueños por quererte, Piernas de Alambre. El camino del amor lleno de espinas, en las que una caricia hueca es un regalo del universo, y un abrazo perdido en la noche, es el mundo arrebatado de pasión inútil. Y aunque sabía que serías veneno para mi alma y que ese amor insano debilitaría mi vida hasta los cimientos; me dejé arrastrar por esa pasión insalubre, me dejé llevar por esos sueños alocados en los que sólo yo bailaba un vals asonante y pasajero, y cuyos momentos memorables, de tan simples, ya se los ha llevado el viento.

Y sin embargo, amor mío, no te culpo de nada, no te cargo de responsabilidad ni de olvido. Ni ese juego al que te abandonaste, ni que comieras mi corazón a cucharadas, ni que dejaras el rastro de tu piel atado a mí para siempre. Ya no busco culpables, porque incluso el amor loco, el amor hueco, el amor inútil tiene lugar en el mundo, en el mío al menos, que quedó vacío cuando descubrí que te habías ido sin decirme adiós.

El camino del amor no correspondido, el camino del dolor sin sentido, el sendero de la libertad desdibujada… Piernas de Alambre, sombra fugaz, fantasma informe, traidor de mi corazón, sueño desprendido, ansia descarnada, cobardía despechada y camino del amor imaginado…

Si tú supieras/ If You Knew.

El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Nina Simone (1933-2003)

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Variaciones de Izak/ Izak’s Variations.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Acuarela do Brasil.

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Que el Arte de Izak Amancio está lleno de fluidez, de elegancia y de luz, es algo que transmite con cada una de sus fotografías. Ese Arte no es más que su forma de ver el mundo, y ese mundo es de cristal y está poblado de gente maravillosa de la que él es reflejo y fuente al mismo tiempo.

Conocer a Izak Amancio es una suerte y una bendición. Su mirada límpida y oblicua, esos rasgos cincelados con el atractivo de su país natal, y una sonrisa preciosa, única, enigmática y fresca. Conocer a Izak Amancio es descubrir la belleza, la maravilla, una pasión única por y para el arte y para el amor. Izak Amancio ama con la misma pasión que fotografía la vida que pasa; y en el retrato revela cualidades de taumaturgo heredadas de su Brasil natal; y su cuerpo cálido, húmedo y sensual, tan fluido como su trabajo, exuda una mezcla extraña de alegría, melancolía, lucha y paz, que muchas veces nos deja intrigados y sedientos y abandonados e iluminados por esa estrella fugaz que se engancha en la mirada, en los gestos y en las sombras de una fotografía.

Izak Amancio es una persona gigante, lleno de un sí mismo que busca y que lucha incansablemente por ser la mejor versión de sí mismo, y que se agota a veces y se pierde otras, para reencontrarse siempre entre los focos, los técnicos, la ropa, las miradas, las sonrisas y la luz que él, con tanto acierto, retrata.

Izak Amancio es el fotógrafo del alma, porque logra extraer la belleza más íntima, la quietud máxima y la eterna maravilla que esconde cada ser humano. Izak Amancio es un fotógrafo lleno de alma, porque es capaz de reconocer en cada persona el secreto escondido y el corazón que late tras las sombras de la vida.

Y en estos días está de cumpleaños. Un hombre único, tierno y firme; fuerte en su delicadeza, sutil en su solidez; que ama sin pedir, que regala sin esperar nada a cambio, y que es único en su mirar. Y desde aquí me gustaría desearle todo lo que bien merece esa mirada y esa sonrisa de ángel.

Izak Amancio es un ángel caído del cielo, que busca sus alas de plata, una y otra vez, para ascender a las estrellas. Y que vuela alto, muy alto, haciéndole compañía  a la fugaz luna de mayo, en esa búsqueda incansable hacia la Eternidad.

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A veces me siento así/ Sometimes I feel this way.

El mar interior/ The sea inside

Carlos Docampo.