Algo pequeñito/ Small Thing.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside

Al niño pequeñito, apenas un año, de la foto, quisiera decirle lo mágica que será su vida, la suerte dispareja de la que disfrutará; todo lo bello que verá; el dolor que sufrirá e infligirá queriendo o sin querer; los cambios que vivirá, en el mundo y en sí mismo; las luchas que librará, las batallas que perderá y la eterna oportunidad que tendrá de ponerse de nuevo en pie.

Me gustaría decirle que será cabezota, que será muy competitivo y que perderá esa pulsión una vez se dé cuenta que es, en todo, igual que los demás; que no logrará grandes sueños y que su vida será algo pequeñito, mucho más de lo que una vez soñará. Que amará sin ser correspondido; que estará solo; que será por siempre lo que ha sido, pero moldeado por las fuerzas telúricas del día a día.

A ese niño con la mirada melancólica y triste, impensable sólo con un añito, le contaría las sorpresas desagradables de su historia, los encuentros importunos con gentes de pobre espíritu que, pese a todo, despertarán en él primero rabia, después tristeza y, finalmente, compasión; le diría lo mucho que reirá a pesar de lo gris que será su futuro, y que, sin embargo gracias a ese sencillo milagro, será un hombre feliz y agradecido; y que aprenderá a ver su vida y la de los demás a través de los ojos del alma, encontrando finalmente en todo lo que le rodea, momentos y personas por las que vale la pena vivir su vida.

Le contaría que tendrá mal carácter cuando lo molestan, aunque a pesar de todo será fácil vivir con él; le diría que crecerá mucho más de lo que le dirán una y otra vez, y que su pelo se tostará al sol de la costa a los dieciocho años. Que no le querrá ninguna niña en el colegio, porque irá por delante en sus estudios y todas le quedarán grandes. Que su pasión por el Arte se perderá no sabrá en dónde, y su Norte también, y sus ganas de porvenir. Y sin embargo vivirá rodeado de amor ajeno, rodeado de cariño sorprendente y sorpresivo, del que nunca estará lo suficientemente agradecido.

Ese niño se dará cuenta de lo afortunado que será siempre; tendrá una salud de hierro; verá el mundo a través de unos ojos muy miopes, por lo cual las barreras y los límites que los demás imponen nunca los verá con nitidez; buscará una felicidad fuera de sí mismo porque llegará a odiarse, pues no será guapo, ni particularmente simpático ni extraordinariamente inteligente, ni astutamente sagaz. Y, sin embargo, me gustaría decirle que, pese a todo, será un hombre feliz, porque podrá darse cuenta de muchos secretos humanos, y porque en el fondo de sí mismo encontrará una paz que sólo Dios podrá darle, y aceptará con el paso del tiempo que todos los hombres son volubles, inestables, egoístas y, en las condiciones apropiadas, hasta sinceros.

Deseará lo que no podrá obtener y obtendrá todo lo que soñará paulatinamente, cuando se dé cuenta que no lo necesita para ser él mismo, ni más feliz ni más importante ni mejor persona de lo que ya es, ya es siendo así de grande, algo tan pequeñito como un bebé de un añito.

Me gustaría decirle que necesitará cuarenta años para aceptar alegremente que así es su vida; que siendo imperfecta, es su vida y lo mejor que ha podido ser, y que aún tendrá tiempo para vivir el tiempo de todo aquello que su visión recortada no le enseñará hasta entonces, y que vivirá rodeado de tanto amor, lejano y cercano, de tantas personas que lo querrán por y para algo y porque sí, que nunca tendrá la capacidad adecuada para agradecer ese milagro que significará estar en sus zapatos día tras día.

Será un buen hombre; algo huraño y serio, pero muy risueño y ruidoso, con una risa casi escandalosa pero tremendamente sincera. Mirará por lentes potentes, y por lentillas que le descubrirán un mundo de perfección arrebatada. Podrá viajar, casi siempre a los mismos lugares, algo que no le importará gran cosa, y tendrá la oportunidad de contemplar las maravillas de los hombres y la maravilla de los demás siendo lo que son.

En el fondo se arrepentirá de pocas cosas; del dolor que podrá causar; de las palabrotas que su orgullo dirá y que se diluirá con sus propios límites en el avance sin tregua por el tiempo humano. Buscará con miedo nuevas experiencias, y reculará de aquellas que le hacen sufrir. Vivirá momentos de desesperación y de lucha, lucha inconsciente porque será tan diferente que aún en el futuro le costará aceptar que es bueno serlo, y que no está de más que lo sepa; le avergonzará no ser brillante, ni divertido, ni dotado para los juegos ni los deportes. Pasará horas interminables dibujando ilusiones; haciendo que duerme la siesta mirando fotos de obras de arte, leyendo relatos o soñando despierto; mientras afuera el mundo girará a una velocidad tal, que él casi no lo percibirá nunca. 

No soportará el dolor ajeno; será recio y duro, con el corazón de acero y seda; tendrá unas manos delgadas con dedos largos y delicados, pero llenas de una torpeza fuera de este mundo y de una fuerza que ignorará por siempre. Podrá vivr sin sentirse asediado por la culpa paterna ni las angustias freudianas; se sentirá libre gracias a una fe que en él dilapidará fronteras, credos y religiones; se sentirá protegido y mimado, y casi por eso invencible; y se dará cuenta, con el paso del tiempo que no se detiene, que no será más que nadie, y vivirá muy feliz con ello.

A ese niño al que sostienen me gustaría decirle que siempre tendrá una mano que le ayudará, una sonrisa que lo animará, y un hogar al que pertenecerá de por vida. Echará de menos el mar que lo verá crecer, pero vivirá rodeado de la belleza verde y azul y gozará de la quietud del campo, de la sinfonía del atardecer; verá la procesión de la luna plateada, el eterno brillar de las estrellas, y contemplará el nacimiento del sol una y otra vez, con la misma alegría que sentirá al descubrir la armonía y la belleza que le rodeará siempre.

Será un hombre especial porque, sin saberlo si quiera, será muy querido; sin hacer gran cosa, cada día descubrirá que lo valorarán quizá en exceso, que lo apoyarán en silencio y lo admirarán en la distancia sin haber conseguido, en su mirada miope, nada que lo distinga de nadie a su alrededor.

Tendrá problemas e inestabilidad, y amará las causas perdidas; pero sabrá sobreponerse a todo y aprenderá, mal que le pese, que puede ser rencoroso y dejado, desmañado y ojerizo, orgulloso y petardo, pero encantador y gracioso, y sincero y leal. Amará con una ceguera enfermiza; olvidará con un empeño envidiable, y dejará todo atrás con una impresión errónea de salir ileso, sin heridas.

Tendrá una memoria asombrosa, memoria evocadora que todo lo recuerda y refleja gracias a una imagen, una frase o una melodía. Cerrará los ojos y podrá pintar el mundo como una vez fue y hasta recitará versos interminables y frases inconsecuentes y vacuas; se perderá pocas veces; tenaz, se cansará pocas veces; y temerá mucho, pero aprenderá lentamente a dejar atrás esos miedos como capas y capas de una cebolla que se deshace al arrullo del viento.

Querrá hacer muchas cosas, pero la vida le enseñará que sólo logrará unas pocas, y quizá algún día aprenderá que será feliz sólo con eso. Y descubrirá que, a pesar de sus desastres, de su torpeza, de su nula capacidad de brillar, será muy querido, muy requerido, muy arropado y muy admirado, y nunca, nunca sabrá el por qué.

Pero estará eternamente agradecido por ello.

Y me gustaría decirle, a ese niño de un añito, algo pequeñito que descubrirá treinta y nueve años después, gracias a la magia de un hombre que sabrá mirar a través de sí mismo  (ese maravilloso hombre será el fotógrafo del alma: Izak Amancio.) Esa mirada de la foto, esos ojos grandes, de un verde oliva y miel, que miran con una tristeza enorme y una melancolía de mundo y medio… Persistirá a través del tiempo, a través de las heridas y los avatares de la vida,  y llegará a su presente intacta, exacta, idéntica y maravillada…, única y, en el fondo, tranquila y feliz.

A ese niñito me gustaría decirle, cuando cumpla cuarenta años, que su mirada será el reflejo de su vida, y que esa vida, pese a todo y gracias a todos, será feliz.

Foto a color por Izak Amancio.

5 comentarios en “Algo pequeñito/ Small Thing.

  1. Bonito texto.

    Me sorpende que no temas exponerte de ese modo, mostrar tanto de tí mismo a gente que no conoces, a tus lectores…yo no podría (por lo menos, no tan directamente).

    Saludos.

    1. Muchas gracias por el comentario, Eleuterio.
      En cuanto a lo de la exposición pública…. Soy una persona bastante reservada y tímida hasta que no me encuentro cómodo; de todas maneras e incluso, no suelo revelar mucho de mí directamente. Eso es algo con lo que he tenido que ver durante estos cuarenta años de vida. Pero cada vez más me voy dando cuenta que no está mal y que no es difícil, siempre que se mantenga un cierto grado de delicadeza, de elegancia y respeto.
      A todos nos gusta que nos descubran; eso es algo maravilloso…. Pues no está mal que les demos algunas pistas.
      Por lo demás, si quiero aprender a escribir con el corazón, debo poner el corazón en lo que escribo. No es fácil, pero le voy cogiendo el truco.

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