Hojas caídas/ Falling leaves.

El día a día/ The days we're living

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Gracias/ Thank you.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Medicina/ Medicine

En tiempos en los que nos fuerzan a dejar de trabajar en una profesión a la que le hemos dedicado años porque los números no cuadran y nos sentimos maltratados primero por el propio Servicio al que pertenecemos, después por la gerencia del Hospital en el que trabajamos y, finalmente, por los responsables últimos de las tomas de decisiones (el Servicio Gallego de Salud, SERGAS); en momentos en los que nos planteamos mil dudas, la adecuación a una profesión como la Medicina que exige mucho más de lo que pensamos, pero a la que nos acostumbramos tanto que ya ni lo notamos, la propia capacidad siendo así que se prescinde tan fácilmente de nuestra presencia, recibir una nota pública de agradecimiento por algo tan pequeño es algo que nos sorprende, nos sonroja y nos deja casi sin palabras. Una sorpresa tan agradable y tan dulce fue lo que recibí el viernes, casualmente mientras estaba de guardia, y su sabor lo llevo aún en los labios y el bálsamo que me regaló, aún lo noto en mi piel.

Cris Sin Más es una usuaria de Facebook amiga de un amigo común al que admiro profundamente, el escritor Carlos Hugo Asperilla (autor de Rosas Blancas para Wolf.) Mientras hojeaba unas fotos suyas, dio con una mía. Y esa foto le llamó la atención. Tanto, que comenzó a ver más fotos en las que yo aparecía, y se hizo la luz de tanto interés por mi persona (al que no conocía de nada.) Primero, me pidió ser un contacto en Facebook, que acepté. Y después, escribió, en un juego de adivinanzas, la siguiente nota titulada Fotos del hospital…, con tanto candor como cariño y agradecimiento:

Fotos del hospital…

Ya había comentado que me gustaba más que fotografiar con cámara, hacer fotos mentales; esas que todos guardamos en el álbum de nuestros recuerdos personales, unas las hago a conciencia y otras no, salen de forma involuntaria y se quedan grabadas a fuego, y por mucho tiempo que pase no se borran. Las que describo hoy pertenecen a esta categoría.

Hace un tiempecito pasé una época bastante movidita, y hay unos cuantos «clicks» que me recuerdan aquello. Algunos buenos, otros malos y hasta los hay milagrosos. Mi madre en la UCI (casi se muere, tenía un tumor benigno cerebral y se complicó la operación), mi padre solícito, tierno, cuidándola, mi hermano pequeño, todo coraje, llegando desde Madrid y permaneciendo a su lado hasta que todo se solucionó, Cris y A. (siempre A. conmigo) corriendo hacia el hospital. Hay muchas, muchas fotos de aquella época, que me hacen llorar aun.

Pero no quiero hablar de mi entorno, sino de aquellos, mis héroes, que cuidaron a mi madre noche y día como si de una más de su familia se tratase. A mí siempre me ha pasado que cuando alguien está gravemente enfermo, me siento, por muy acompañada que esté, sola e impotente. Es como si al enfrentarme cara a a cara con la enfermedad, la muerte, me enfrentase también a mí misma, conecto con lo más profundo de mí, lo mejor y lo peor, y allí, en el hospital, conecté con lo mejor, no sólo porque ver sufrir a mi madre me trastocó hasta el infinito, sino porque descubrí, dentro de aquellas paredes de la UCI, más vida que fuera (la segunda vez que me pasa). Una vida que se refleja en dos fotografías que siempre llevo conmigo.

La imagen de una chica, muy joven, aseando y arreglando con amor, un inmenso amor, a una ancianita desvalida.

Y la gran empatía de uno de los médicos responsables de mi madre. Hablé con él dos veces, y nunca he podido olvidar su mirada (inmensa, profunda, humana) y los gestos de cariño y consuelo que tuvo hacia nosotros. Jamás lo he olvidado.

Me sentí profundamente acompañada en aquellos momentos. Profundamente. Un extraño pasó a formar parte de mi esfera más íntima, porque llegó a mi dolor, y ese don no lo tiene mucha gente. Este chico sí, sin duda. Alma de sanador.

Mi madre se recuperó, afortunadamente, y sin secuelas físicas, pero seguro que las tiene en el alma, como todos nosotros. No sé si vuelve mucho a aquella época porque no hablamos con frecuencia de ello, pero cuando lo hace y habla de su tiempo en la UCI aparece otra foto: su mirada, la del agradecimiento eterno.

Hoy he escrito esto porque nos quejamos demasiado de la Sanidad que tenemos (y es de las mejores de Europa) y en los medios aparece reflejado lo peor y lo infrecuente (que es lo que vende) y no estas situaciones, que son lo normal. Visito con frecuencia hospitales porque tengo amigos trabajando en Sanidad y el 90 por ciento de la gente responde al panorama que he pintado hoy. Así que… gracias… a mis amigos anónimos, los ángeles de mi madre, y a todos aquellos que velan por nuestra salud y que ya, para siempre, formarán parte de mi álbum personal :). De corazón, gracias.

Cuando leí esa nota, muy sentida y sincera, le agradecí, como parte de la profesión (aunque maltratado en grado sumo por la Administración), sus palabras y sus deseos. En esa nota se resume lo que siempre he buscado en la Medicina: Servir. Y ver que alguien, una usuaria del sistema, se había dado cuenta de eso, me llenó de calor y de agradecimiento.

Lo que yo no sabía en ese momento es que, en ese juego de adivinanzas, Cris Sin Más terminaría desvelando que el médico al que ella hacía referencia era yo. Y me lo dijo haciendo que evocara el caso de su madre, que es como yo, en general, recuerdo a los pacientes y familiares. Cuando me di cuenta de eso…, me quedé mudo. No sabía qué hacer. En medio del torrente de sentimientos contrapuestos que mi situación laboral actual me ha arrojado, entre las dudas que siempre tengo sobre mi actitud, mi habilidad, mi interés y mi conciencia; durante una guardia que acabó siendo fatigosa y eterna, aquella nota, aquellos sentimientos expresados con tanta sencillez y luminosidad, me regalaron algo tan bello, que aún resuena en mí la serenidad y la dulzura que me transmitió.

A pesar de las mil dudas con las que me enfrento en cada día que trabajo (ahora, desgraciadamente, sólo trabajo por días), la última intención de cada hora que dedico a la Medicina es Servir. Y en ese acto de Servicio (que reinvindico como una labor de equipo), a pesar del miedo que conlleva y las interrogantes que plantea, encuentro un camino y una meta, que se llena de alegría al ver, sólo a veces, que, sólo a veces, llegamos a nuestro destino siendo lo que queremos ser.

Muchas gracias, Cris Sin Más, por este regalo. Y a Carlos Hugo Asperilla, por ser el puente que unió los extremos de una sorpresa semejante.

Piensa en rosa/ Think Pink.

El día a día/ The days we're living

Para bien/ For Good.

El día a día/ The days we're living

For Good. Idina Menzel & Kristin Chenoweth. Wicked.

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Una reflexión de Abel Arana/ A Reflection from Abel Arana.

El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen

Querid@s lector@s:

A principios de esta semana les hablé de un chico de 18 años que se había suicidado después de no poder soportar el escarnio público al que le habían sometido dos compañeros de universidad porque era homosexual. Y resulta que me ha picado la curiosidad y me he puesto a investigar y esto es lo que les quiero decir hoy:

En las dos últimas semanas, cinco adolescentes (gays y lesbianas) se han suicidado en Estados Unidos. La noticia puede parecer banal ya que todos los días mueren muchas personas. Pero lo que me parece grave es que en el 2010 en una sociedad supuestamente civilizada unos adolescentes prefieran la muerte a seguir viviendo una vida de acoso, insultos y barbarie por su condición sexual. No sé lo que es vivir esa situación y, por lo tanto escribo desde una situación privilegiada. Y quiero aprovechar precisamente ese privilegio para pedirles a todos ustedes que si tienen cerca de ustedes a un adolescente gay (es decir, un ser humano en proceso de formación), que por favor le echen un ojo y le protejan lo que puedan.
¿Por qué les pido esto? Se lo pido porque a pesar de que vivimos en un país que ha avanzado una barbaridad en derechos civiles, al mismo tiempo vivimos en un país donde la palabra “maricón” sigue siendo un insulto, donde se siguen contando chistes de “mariquitas” y donde Rosa de Benito en Tele 5 y en prime time afirma orgullosa que ella sabe que un niño es gay porque juega con muñecas. Rosa llama a los gays “mis niñas de pelo corto”. No voten a partidos que les consideren “diferentes”, no acudan a espectáculos que les denigren, no rían ciertas gracias.
España no es ni Madrid ni Barcelona. Hay miles de pueblos donde sigue existiendo la figura del “maricón del pueblo”. Hay cientos de agresiones a gays y lesbianas. ¿Se imaginan que un día a sus madres les pegan una paliza porque resulta que son heterosexuales? Quiero pedirles de corazón que protejan a esos niños y niñas y que les hagan ver que NO son diferentes, al menos no más diferentes que cualquier otra persona. De la misma manera que hay ganadores de Oscars, Grammys o Premios Nobel heterosexuales, también los hay homosexuales. Hay futbolistas, toreros, policías, abogados, trapecistas, políticos corruptos, bomberos…hay de todo. Porque lo que uno hace en la intimidad de su dormitorio no condiciona la humanidad ni la esencia de nadie. Es tan solo un detalle en la intimidad, porque hasta donde yo lo entiendo, la sexualidad es una cosa íntima.
No se puede condenar, ni vejar a un adolescente por su condición sexual porque esos críos están en un momento en que necesitan adaptarse y aprender, necesitan sentir que encajan y ser aceptados por su entorno. Crecemos aprendiendo a ver diferentes opciones. Crecemos aprendiendo a respetar distintas opiniones y maneras de ser. Avanzamos como personas. Y algunos de nosotros hemos tenido la inmensa fortuna de crecer en un entorno (gracias Mamá) donde se nos ha respetado, se nos ha querido y sobre todo, no se nos ha tratado de manera diferente. Hemos crecido y nos hemos convertido en hombres seguros porque nadie nos cercenó por seguir un instinto natural. Y me siento en deuda con los que no han tenido mi misma suerte.
Si tú que me estás leyendo, eres un adolescente que te encuentras en esta situación, solo quiero que seas fuerte. Tienes que saber que las cosas sólo pueden ir a mejor y tan sólo tienes que confiar en que el destino te pondrá delante un montón de gente que se sentirá atraída por tus opiniones y por tu manera de ser. Nunca disimules quién eres, el éxito de una vida es la honestidad y no hay nada malo que tenga que ser disimulado. Habrá momentos malos, claro que sí, pero las cosas irán a mejor, mucho mejor y tú encontrarás tu sitio. Al final lo encontrarás. Y ese día mirarás atrás y tan sólo sentirás lástima por las personas que te hicieron daño. Porque tú habrás conseguido ser mejor que ellos. Porque al final, solo se trata de que seas una buena persona y con quién te acuestes no es tan importante…digan lo que digan.

Gracias por leer.

Abel Arana

Lo que nos enseña la vida/ What we learn from Life.

El día a día/ The days we're living

A Víctor Molina, por descubrírmelo.

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Errar/ To Be Wrong.

El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

High Sierra. Dolly Parton, Linda Ronstadt and  EmmyLou Harris

A pesar de lo que me decía mi cabeza, verte y enamorarme de ti fue todo uno. No podía dejar de mirarte, el aire me faltaba si no estabas cerca y contaba los días en los que coincidiríamos, juntando esperanzas como quien junta un porvenir.

Y todo parecía un sueño, un sueño que vivía en mi corazón, que loco, acabó por engañar a mi mente y mi mente se unió a mi alma y entraste hasta donde nadie había entrado y una fantasía se hizo paso en mi vida, instalándose cómoda y feliz.

No puedo explicar toda la pasión que había en mí, toda la locura que encendiste en mi interior apagado, cubierto de lluvia, sediento de una locura que justificara la vida que llevaba.

Y fui feliz, muy feliz, mientras te tuve a mi lado, mientras la fantasía crecía a mi alrededor, envolviéndolo todo, incluso la verdad. Más que nada la verdad de tu nombre.

Tu nombre, Piernas de Alambre, que llevo aún escondido en algún lugar de mi ser, envuelto en el aroma de piel desnuda y limpia, de rizos cortados y sonrisa oscura, aliento de menta y juegos de escondite. Qué ciego fui con tu nombre, qué sordo con tu voz, qué inútil con mi propia vida.

Porque nunca he estado más equivocado que contigo, nunca mi mente procelosa más acertada y mi corazón más errado.

Y qué dolor, qué dolor que aún hoy dura, hoy más que nunca, cuando te necesito y no estás, y huyes y desapareces, y no quieres saber nada de mí, ni siquiera brindarme tu apoyo, mostrarme tu ayuda.

He estado en muchos sitios, he conocido a mucha gente, gente que hacía ruido, que se escondía y reaparecía, con su inconsistencia para el bien y su alta dedicación a sí mismos… Jamás pensé que tú fueras así, uno más, uno como cualquiera…

He sido maldecido y exaltado, he estado en prados yermos y en bellos jardines, y el amor que te tenía iluminaba esa belleza como una estrella, como un sol radiante… He estado equivocado muchas veces; he tenido razón otras tantas. Pero contigo mi corazón inició una cruzada, una cruzada que venció a la mente temerosa de ti, y se equivocó contigo como, profundamente, temía…¡Oh, miedo que no oí!

Y ahora estoy aquí, sin nada entre las manos, buscando salidas a calles tapiadas, y me acuerdo de tu nombre y del rumor de tu voz oscura; y esperando equivocarme, te busco desesperado porque desesperado me hallo y sólo encuentro una puerta cerrada, un silencio mortal y unos ojos que no brillan como antes y una boca que no sabe como antes y una indiferencia que hiende el acero más puro…

Y ahora estoy aquí, sin nada entre las manos, pidiéndote una ayuda que me niegas, que me niegas con indiferencia, y me doy cuenta de nuevo que no, nunca mi mente ha estado equivocada contigo. Pero mi corazón sí.

Y qué dolor.