Rómulo Gallegos o la forma de mirar/ Rómulo Gallegos or a kind of looking.

Arte/ Art, Libros que he leído/ Books I have read, Literatura/Literature

Sería difícil clasificar a Rómulo Gallegos (1884-1969) como un escritor. Lo era, de fondo y de presencia, pero fue algo más. Una persona dedicada al optimismo, al desarrollo de un país, a un sueño que creía posible y que, pese a la dureza del día a día, consideraba factible y duradero. Fue poeta, profesor, novelista, político, presidente de su país (Venezuela), derrocado, y un alma libre pese a las circunstancias que rodea toda vida.

Calificado de costumbrista, fue el puente que sirvió a escritores posteriores, como el insigne Gabriel García Márquez, a desarrollar la magia que la naturaleza suramericana tiene de esencia. Sus mejores novelas, las que han transcendido la historia de un ser humano, han estado ambientadas en ese lugar inhóspito, lleno de dureza pero al mismo tiempo de esperanza y arte, que es el Llano venezolano, la selva que, siendo libre y lo que es, se entromete en la evolución del alma capitalina que viene a conquistarla, para ganarlo a veces, y otras veces, para perderlo.

Cantaclaro, en la que el folklore, su capacidad de poesía y de narrativa alcanzan un punto álgido, nos muestra una serie de personajes que sufren, luchan y, finalmente aceptan, sea de buen grado o dando su vida en ello, a esa Naturaleza que todo lo envuelve, el eterno ululuar del viento entre la estepa, el sol inclemente, y la sombra pasajera, las tradiciones más imbricadas y las novedades más absorbentes, y de la que emergen, en ese crisol de aventuras narradas a modo de cuento sin principio ni fin, como seres únicos, extraños y, por tanto, casi irreales.

Doña Bárbara, la más famosa, una de las más duras, uno de esos personajes femeninos que todo escritor de categoría (o que merece lo que, llamémosle ahora, «categoría») llega a retratar, es una mujer hecha de circunstancias, de nacimiento opaco, de vida tortuosa, niega su corazón como niega su pasado, y vive en constante lucha entre la naturaleza propia del amor y el fuego abrasador de un odio comprensible, pero insano, que al final termina por inmolarla. Además, es un retrato del choque cultural de principios de siglo XX, en los que la industrialización pretende abrirse camino a bocazos en la selva, perdiendo motivos y ganando otros, transformando el paisaje y cambiando ella misma en ese encuentro tanto físico como cultural.

La Trepadora, un canto a la alegría proveniente del poeta del Optimismo; tan bella historia no podría tener, en la mezcla que supone entre las dos mencionadas antes, más que un final de algarabía y de atardeceres teñidos con esperanza. Nada es fútil en La Trepadora y todo es contagioso: la historia tan bien trazada, el retrato de una época ya desaparecida, la pasión abrasadora y el final de mediodía. Es una novela de verano para leer en cualquier época, porque la savia de sus páginas, verdadera Trepadora incombustible, sólo estalla en un grito de alegría y de bienestar duradero.

Rómulo Gallegos tiene un talento único, y es el de trascender a sus límites geográficos y culturales, y hacerlos universales, con prosa poética, con poesía rimada y achispada, con un juego de simbología costumbrista cercano a Rosalía de Castro, por ejemplo, pero que consigue ir más allá. La narrativa permite al autor traspasar los límites personales que la poesía parece crear, y gracias a sus personajes, todos similares y todos ellos mismos, consigue hablarnos, desde ahora un siglo atrás, sobre las maravillas y las dificultades de un mundo muerto ya, en los que su existencia, sin negarle ni un ápice de dureza, nos demuestra que el mundo evoluciona siempre, y siempre, pese a los grandes cambios que llegan a transformar universos, para mejor.

¿Bailamos?/ Shall We Dance?

Arte/ Art, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

 

¿Bailamos? El atardecer es lento y perezoso y la noche llega, cargada de estrellas encendidas para nosotros. Juntos, muy juntos, sintiendo la frescura del viento entre nuestros cuerpos que se unen y se separan, la tibieza de nuestras palmas, y la sonrisa velada por el jardín a oscuras y el aroma de las rosas en flor…

¿Bailamos? Para unirnos y deshacernos. ¿Bailamos? Un vals que dure la brevedad de la noche y la dulzura de este jardín escondido, muy escondido, bajo los puentes de París…

Tú y yo, juntos, muy juntos, fundidos en un beso eterno, al cobijo de los puentes de París.

 

La Música de la Belleza/The Music of Beauty.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, El mar interior/ The sea inside, Música/ Music

Joshua Bell (1967) es un violinista prodigioso. Y no porque lo haya sido desde niño, sino porque su pureza, su delicadeza, la forma mediúmnica de transmitir la Belleza a través de la Música hacen de él un artista completo, único e impactante.

Más allá de la magnificencia de su instrumento (un maravilloso Stradivarius cuya historia debe estar harto de contar), más allá de sus comienzos, Joshua Bell es un hombre que entiende que el Arte, como la Vida, es algo que se adhiere, que se interioriza, se transforma y se transmite sin verbalizar, sin racionalizar, sólo dejando libre al sentimiento, a la magia y a la voluntad divina, que rige los dedos, que templa los acordes y libera la Belleza de los sonidos como rayos de luz, como ondas luminosas que, iridiscentes, se entrometen en el alma del oyente con la misma delicadeza y el mismo compás que emergen de su cuerpo único, acoplado a un instrumento y a una intención, que es la de Dios.

 Ladies in Lavander.

No hay razas en la Música, no hay géneros en la Música, no hay ideologías en la Música. La Música es Arte y, por encima de todo, es Belleza: la música de Joshua Bell es tan diáfana como el cristal, es tan etérea como el alma que la crea y tan universal como el sentido mismo de la existencia.

Ha sido protagonista de un curioso fenómeno. Con su instrumento y su talento, estuvo tocando en la entrada de una estación del Metro de Washington en hora punta, y nadie se detuvo lo bastante para apreciar la delicadeza, la aparente simpleza y la serenidad de su música. Él mismo ha confesado que llegó a sentirse ignorado. Cientos de hipótesis emergieron de este episodio, como ocurre con muchos otros; todas vacías. Preconizaban que la Belleza se aprende, no se aprecia; que la Música se educa, no se aprehende; que la vida humana, tan ocupada en banalidades, pasa de largo sin percibir el olor de las rosas, la belleza de la vida. Puede ser… Pero la Belleza vive por sí misma, como la Bondad, como la Serenidad, como la Paz. El hombre sólo es conductor, puente, vía de paso, nunca fuente ni transformador, nunca creador ni creado… Yo creo que todo es cuestión de actitud ante nuestro día a día: el lento amanecer con sus colores de rosa y oro, la bella luminescencia del sol al mediodía, que transforma en verdes reflejos el brillo de las hojas; la serena tranquilidad de un atardecer ambarino y magenta; la noche bordada de zafiros y de estrellas; la luna de plata reflejada en el sereno fluir de un riachuelo a medianoche… O mio babbino caro.

El viento entre las ramas de los árboles; la fragancia de las flores silvestres al reventar la primavera; el suave planeo de las hojas ocres al llegar a la tierra; el lento lamento del río sobre los pedernales y la llegada del mar manso a la orilla de la playa… La Belleza no se enseña, como no se enseña la Dulzura ni la Paz. Forman parte de nosotros, de nuestro exterior, de nuestro interior, y de lo que nos rodea, por más cotidiano que nos parezca, por más insignificante que nos resulte. El mundo habita en un grano de arena y cabe en la palma de una mano abierta a la noche. Una furtiva lagrima.

Joshua Bell, con su violín, da a luz la Música de la Belleza, porque sólo con oírlo, y sin necesidad de ser un entendido, toca las fibras más escondidas de nuestra alma y despierta sentimientos, derrumba diques impuestos y diluye sombras, regalando la entera libertad, la verdadera libertad que necesita el ser humano; dándole alas, alzándolo en fluido vuelo, velando sus ojos de lágrimas transparentes, para llevarlo lejos, muy lejos, al espacio de sonoro cristal en donde habita la Serenidad, la Pasión, la Dulzura y, sobre todo, la Belleza, la eterna y única Belleza. The Swan.

Su mundo se despliega desde la música de cámara propiamente dicha hasta las grandes piezas clásicas, desde el cine hasta el teatro… Su talento se eleva, una y otra vez, junto con el lamento maravilloso de un instrumento único, que me hace recordar, cada vez que lo escucho, mi dulzura dormida, mi debilidad escondida, y que logra arrancar, desde mis ojos cansados, un mar de lágrimas. Lágrimas de plenitud ante la maravilla de oír, por una vez, la Música de la Belleza.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

Donde la hierba es verde/ Where the grass is green.

Arte/ Art, Música/ Music

Sé que hemos recorrido mucho juntos. De hecho, sé que has estado pensando lo mismo que yo ya durante un tiempo.

Sé que han pasado muchas cosas, todas inevitables quizá. Hemos estado unidos y separados, y otra vez juntos, y todo ha sido una locura, una explosión que parecía no terminar nunca.

Nos hemos comido la vida  a cachos, con un hambre insaciable. Y ahora me pregunto (y sí, tú también) si ése ha sido nuestro error. Puede ser. Puede, porque siento que el tiempo ha llegado y que son horas de distanciarse de la vida, al menos de lo que hemos conocido como tal, y respirar. Profundo y tranquilo por una vez.

Por una vez quiero disfrutar de la tranquilidad del mar, de la orilla de arena blanca repleta de conchas vacías; del rumor de la salitre en la hierba y del verde ondular de su marea. Hemos quemado la vida sin pensar, sin siquiera valorar lo que nos unía ni porqué lo hacía, ni si era lo correcto o si nos conocíamos lo bastante. Porque nunca nos hemos amado sin contacto, nunca nos hemos besado en la distancia, y no sé qué es vivir sin ti ni lejos de ti, ni amarte en la distancia, ni recordarte, porque has estado junto a mí, pegado a mí, desde esa primera noche, en el bar aquel que ya ha cerrado de aburrimiento, entre olores humanos que no eran nuestros y que llegaron a ser nuestros una vez que nuestras bocas se unieron, que nuestras salivas se mezclaron y todo se apagó a nuestro alrededor.

Y después vino el éxito, la fama rápida, el ajetreo y la pose, las fotos de cuerpo entero, una desnudez que no era nuestra, sino una mala copia de nosotros. Y los viajes y las luces y la música eterna y el aplauso y el éxtasis. Nada más lejos ni más sabroso que el amor que nos tenían, mayor del que juntos jamás hemos creado. Y la evanescente locura, la noche cuajada de estrellas como soles y los días vestidos de naranja y oro…

Sé que hemos vivido mucho juntos. Pero nunca hemos estado juntos. No como cuando nos encontramos en aquel bar, ya cerrado de aburrimiento. Yo mismo me he cansado de verme en el espejo junto a ti como si fueses un extraño; un cuerpo sin nombre anclado a mi vida como un fardo pesado. Lo he estado pensando, y sé que tú también, porque lo veo en tus ojos y en las caricias que ya no nos damos, y en los besos que quedan congelados en el espacio que nos separa y en las palabras que ya no nos decimos.

Esto tiene que terminar. Tiene que parar. No me importa lo que cueste ni a quién deje detrás. No quiero saber de más carencias que de las mías, que son las tuyas si quieres que sigan siéndolo. Quiero detener esta loca carrera que nos lleva a ninguna parte, para ver la belleza del mundo que corre, la inmensidad del océano azul, la eterna marea de la hierba verde ondulante al viento. Quiero ver cómo florecen los frutales en primavera, cómo los árboles se tiñen de oro y naranja en otoño, y cómo, donde la hierba es verde, crece lenta y fresca bajo los pies, y sentir el lento planeo de mis labios sobre los tuyos, para encontrarse donde se perdieron, para hallarse en el laberinto en el que se han secado hasta dejar de ser ellos mismos.

No quiero decir que este tiempo junto a ti no haya sido divertido; todo lo contrario: ha sido demasiado. Ahora quiero ir más lento, porque siento que se me escapa de las manos sin que haya probado realmente su lento paso, su eterno peregrinar. Y veo cómo cambian las cosas a mi alrededor, cómo crecen y maduran, y cómo me llaman incesante y cómo crecen en mi interior las ganas de querer seguir su ritmo sin fin.

Sé que hemos recorrido mucho juntos. Sé que han pasado muchas cosas entre los dos. Pero quiero que sigan pasando, junto a ti, lejos de aquí y cerca del mundo, un mundo que sé que nos pertenece y del que formamos parte. Quiero besarte lento sin contar los minutos; acariciar tu cuerpo sólido sin deshacerme en segundos perdidos; sentir tu belleza suspendida; oler el campo lleno de manzanilla y oír crecer la hierba bajo el peso de nuestros cuerpos unidos, enraizados en la tierra que nos brinda una nueva oportunidad de crecer, juntos, hasta el cielo, hasta la eternidad.

Donde la hierba es verde, una esperanza que se abra para nosotros, juntos por fin, de verdad.

 

Callejeando ente piedras/ Walking on Stones.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living, Lo que he visto/ What I've seen

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

Una vuelta por el Camino/ A Glance of The Camino.

Arte/ Art, El día a día/ The days we're living

ArteHistoria.com

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

Un beso/ A Kiss.

Arte/ Art

Gustav Klimt (1862-1918)